Para Rodrigo Blanco Calderón
Tristemente, quien esto escribe no cree lo suficiente en Dios como para creer que su tiempo es perfecto. Por el contrario, está absolutamente convencido de la realidad de una máxima maquiavélica: la guerra no se evita sino que se difiere. Con ella no quiere otra cosa el florentino que señalar la importancia que tiene para la política reconocer el tiempo perfecto para actuar de una determinada manera.
Es sabido que más allá de la enorme imaginería que se ha construido sobre Maquiavelo y la que es su obra más conocida, El Príncipe, el punto central de esa epístola no es otro que la relación-tensión que existe entre la Virtù del Príncipe y la Fortuna. Siendo la primera el conjunto de capacidades humanas más o menos desarrolladas que posee un individuo y, la segunda, una determinada configuración espacio temporal o, para decirlo con Marx: una determinada realidad histórico-material.
El Príncipe ideal maquiavélico es aquel que tiene la capacidad (virtud) de leer la fortuna y actuar en consecuencia para alcanzar sus objetivos. Pero, advierte Nicolás, que hay también príncipes producto de la pura fortuna.
El pasado domingo los venezolanos asistimos a una contienda guiados unos por un príncipe afortunado y otros por uno virtuoso. El resultado lo sabemos. Lo que está por verse, y para seguir con Maquiavelo, es cómo la Zorra, hoy vencida por el León, hace gala de su astucia y trata de sacarle el mayor rédito a su derrota.
De los hechos: el gobierno hizo una pésima campaña y tuvo, por lo menos durante un momento del día, las elecciones comprometidas. Chávez, nadie duda de esto, tuvo que recurrir al abuso descarado de los medios públicos, al chantaje y al miedo, antes, durante y después de las elecciones. En la otra acera, la campaña de la alternativa progresista, encarnada en el liderazgo de Henrique Capriles Radonski, se enfrentó a la guerra sucia, la arbitrariedad y el abuso, y, contra todo pronóstico, tuvo un desempeño superior a lo extraordinario.
Sin embargo, faltó poco, pero faltó. Y es la lectura correcta de ese poco que faltó en la que puede encontrar el virtuoso su gran oportunidad. Ha quedado demasiado claro que el gobierno, como su líder, gozan de una muy mala salud de hierro. Capriles ha demostrado en el pos no sólo reconocer esta situación, sino, además –algo que revela sus dotes de gran Príncipe–, que la propuesta roja está débil y enferma, pero no está muerta. Y cuando una fuerza tan destructiva como el chavismo está malherida es tan peligrosa como en su mejor forma.
Hay que recordar y repetirlo hasta la saciedad: a Chávez le han dado mayor ganancia los muchos errores de sus adversarios que sus pocos aciertos. Por eso los movimientos sutiles de Capriles encierran el reconocimiento de que la ganancia que puede sacarse de la derrota pasa necesariamente por la respuesta perfecta: perdimos un juego, pero todavía queda liga. Con esto se ganó el respeto y la confianza de algunos que no pudieron o todavía no quisieron votar por él, y mandó el inequívoco mensaje de que está todavía en batalla.
Un poco más: Chávez, por mucho que nos duela, tiene todavía un capital político nada despreciable. Negarlo no colabora en nada a la salude del país. Trascender el chavismo necesita de una lectura muy precisa de su tiempo político. Recordemos y comparemos la diferencia y las consecuencias de la forma en que Argentina y Chile, respectivamente, salieron de Perón y Pinochet.
No tengo la menor duda de la calidad de la Virtù de Capriles Radonski y por eso confío plenamente en su lectura del momento. Si no confiamos en Dios, por lo menos debemos confiar en el hombre. Nos queda trabajar para diciembre.
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11 de Octubre, 2012
Atenta reflexión, hecha con la distancia justa. Un abrazo.
11 de Octubre, 2012
Me gusta mucho Garcilazo, gracias por estas reflexiones. Con un abrazo.
11 de Octubre, 2012
Muy bien escrito y derivado. Felicitaciones
14 de Octubre, 2012
Sus palabras ayudan a salir de la tristeza que siento por mi país