Blog de Marcy A .Rangel

El primer concierto de Chyno sin Nacho en Bogotá; por Marcy Alejandra Rangel

Por Marcy Alejandra Rangel | 16 de agosto, 2017
Fotografía de Luis Felipe Franco

Fotografía de Luis Felipe Franco

En un restaurant de comida rápida trabaja Irene, una venezolana graduada en Administración de Empresas que hace de mesonera mientras se regulariza su situación migratoria en Bogotá. Es sábado por la noche y el sonido del aceite friendo papas se confunde con las voces en el televisor. El primer fin de semana de agosto la ciudad cumple 479 años y, a pesar de que la sensación térmica es de diez grados de temperatura, la alcaldía decidió celebrarlo con un festival de verano que incluye la instalación de unas piscinas. Los animadores hablan de los artistas urbanos que van a participar en el evento y, desde ese local de hamburguesas en Chapinero –epicentro bohemio y juvenil de la ciudad–, se escucha la voz de Chyno, uno de los vocalistas del dúo venezolano Chino y Nacho, que hoy ofrece su primer concierto como solista.

Venezuela es una afirmación constante en Colombia. Los periódicos impresos, que se venden hasta pasadas las 10:00 de la noche en las calles del centro de Bogotá, muestran con frecuencia fotografías del presidente Nicolás Maduro y la protesta opositora. En las esquinas se escucha el “chévere” con un acento distinto al andino. Los taxistas tienen siempre una conclusión para ofrecer sobre la crisis del país vecino y en los locales nocturnos son cada vez más los venezolanos que presentan como identificación la cédula para resguardar el pasaporte.

Irene se sorprende mientras sirve una de las mesas. Susurra “Mi Niña Bonita”, la canción que internacionalizó al dúo en 2010 y que se escucha en el televisor. En la mesa contigua están Carlos y Génesis viendo el concierto y conversando sobre su reciente llegada a Bogotá. También son venezolanos y recuerdan el día en que ella tomó un avión y recibió una notificación en su teléfono que desde antes de abordar ya le aliviaba el nuevo comienzo: los venezolanos que ingresaran a Colombia de manera legal hasta ese día, 28 de julio, podrían pedir un Permiso Especial de Permanencia para trabajar y estudiar por un período prorrogable hasta 2 años. Desde 2014, el proceso de obtención de un permiso de trabajo se había vuelto un camino de obstáculos para los venezolanos porque Colombia suspendió la visa de Mercosur por falta de reciprocidad. La medida se dio justo después de que Cristian Krüger, el director de Migración Colombia, afirmara que hubo un éxodo masivo de 26000 venezolanos durante el fin de semana previo a la elección de la Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela.

En el local se escucha un susurro colectivo. Las hamburguesas se enfrían en las bandejas mientras Chyno sigue sonriendo en la pantalla y los comensales cantan con la mirada fija en la tarima.

Génesis estudia Odontología en la Universidad Central de Venezuela pero, debido a las protestas de los últimos cuatro meses en su país, no pudo presentar el examen que la promovería al último año de la carrera. Por eso viaja: pretende hacer “todo el dinero que pueda” en estos meses de vacaciones para retornar a Venezuela cuando se reanuden sus estudios y así ayudar a su familia. Carlos, en cambio, es estudiante de Comunicación Social. Llegó por tierra desde La Fría –el aeropuerto venezolano con vuelos activos más cercano a Cúcuta– y edita videos por Internet. “Nunca he pedido la nacionalidad colombiana que tiene a varios de mi familiares en distintas ciudades de Colombia y quisiera volver para terminar el semestre que me falta, pero creo que ese permiso nuevo me permitiría conseguir un trabajo más estable aquí mientras decido”.

Si Génesis y Carlos logran establecerse en Bogotá, pasarían a formar parte de los 300 mil venezolanos que han llegado a Colombia durante 2017, según cifras oficiales. Naciones Unidas estima que la cifra total asciende a más de un millón de inmigrantes que han llegado a Colombia huyendo de Venezuela en los últimos tres años.

Chyno continúa el show que ambos ven a través de la pantalla. Suena “Me voy enamorando” un tema que interpretó originalmente junto a Nacho y Farruko, un reguetonero puertorriqueño de la industria de la música.

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Chino y Nacho fue un dúo venezolano que logró hacerse un lugar dentro de la música urbana en Latinoamérica con canciones románticas, durante una época en la que el reguetón se reducía a letras sexistas y nombres puertorriqueños. Ambos participaron en un reality show de Venevisión, formaron parte de la agrupación Calle Ciega y, en adelante, lograron 44 nominaciones como dúo y ganaron al menos diez de los más importantes reconocimientos musicales internacionales, incluyendo un Premio Grammy británico. Todavía en 2017 suena “Andas en Mi Cabeza” en los primeros lugares de sites como Spotify o Youtube, dos años después de haber lanzado su último álbum en conjunto.

Mientras Nacho lidia con un concierto que no pudo dar en Italia a causa de fallas de producción, Chyno se presenta gratuitamente ante unas 5000 personas en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, el mismo lugar donde el Papa Francisco oficiará una misa para 140000 feligreses en septiembre, la capacidad máxima del aforo que hoy deja amplios vacíos entre la torre de sonido, las gradas y la salida. “Démosle un aplauso a mi compañero Nacho, porque sin él estas canciones no hubieran sido éxito en el continente por diez años”, dice antes de bajarse de la tarima y montarse en una camioneta rumbo a su próximo show.

Irene apaga el televisor del local de hamburguesas y sigue atendiendo comensales. Génesis y Carlos piden la cuenta.

Fotografía de Luis Felipe Franco

Fotografía de Luis Felipe Franco

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El segundo concierto de Chyno esa noche es en Andrés Carne de Res, el local nocturno emblema de los turistas en Bogotá. “Hoy tendremos la visita de Chyno, del dúo Chino y Nacho, de Venezuela” anuncia el portero del local de la Zona T. Hay una fila de personas en las escaleras que pretenden tomar lugar en uno de los cinco pisos que tiene el “bailadero”. “No vale la pena si está Chino sin Nacho”, dicen unas muchachas que se marchan luego de escuchar el costo de la entrada. Y ese es uno de los retos que afrontan ambos vocalistas ahora: cargar con todo el peso de las dos voces y las colaboraciones de otros artistas en playback, mientras la mayoría del repertorio se lo deban a un dúo que ya no existe.

En la esquina inferior derecha del local hay un bol de rosas rojas que combinan con “Cándida”, “Alina” y “Neruda”, las tres mesas contiguas al escenario. Es Bogotá pero se escuchan las mismas canciones que arropan lo que queda de rumba caraqueña. Una mujer alza su teléfono para grabarse a sí misma mientras deja ver su cédula venezolana contenida por el protector transparente del celular. Hacia atrás hay un par de amigas que decidieron uniformarse con su gorra tricolor. Los hombres también aguardan y uno de ellos ayuda a una muchacha a sujetarse una bandera de Venezuela en el antebrazo. Chyno cambió una chaqueta roja por otra de jean y está en el camerino saltando la cuerda para amilanar los nervios de su primer día como solista. Afuera, los pocos colombianos que están intercambian con los venezolanos: “¿Hace cuánto tiempo llegaste?”, “¿Qué estás haciendo?”, “¿Cómo hiciste para venir hasta aquí?”.

Una novia con traje largo celebra su matrimonio en el concierto, con canciones como “El Poeta”, “Tu Angelito” y “Chica ideal”, cantadas en vivo a través de la pantalla que proyecta el concierto en uno de los pisos. “En diez años de carrera hay gente que se ha enamorado con nuestras canciones, se ha casado y ahora hasta tiene familia”, dice el vocalista mientras la pareja se besa.

Chyno va quitándose de a poco las capas de ropa que necesita el frío bogotano. Saluda a las mujeres colombianas y se escucha una ligera barra, pero cuando nombra a su país, Venezuela, se despliegan banderas, gorras tricolores y gritos en el 90% de los presentes. “Londres es la ciudad que más me ha sorprendido por la cantidad de venezolanos que coreaban con nosotros” dice. Junto a la consola, algunos trabajadores de la cocina se asoman con sus delantales para grabar lo que puedan. Los celulares, esa nueva manera de ver los shows en vivo, advierten a sus seguidores del 2.0 que la fiesta en Andrés Carne de Res hoy sabe a Venezuela.

Antes de despedirse, el público grita consignas contra Maduro, mientras Chyno pronuncia unas palabras que se convierten en mantra para todos los venezolanos que lo han visto hoy: “Gracias, Colombia, por permitirnos a tantos venezolanos trabajar mientras todo mejora en nuestro país”. Y el público asiente. Algunos, hasta con lágrimas en los ojos.

Marcy Alejandra Rangel 

Comentarios (1)

Dona mar
17 de agosto, 2017

Celebro sus conciertos ahora solito. Tiene una dulzura, una humildad y un carisma que se pierden de vista.Además el artículo nos permite una mirada sobre los venezolanos en Bogotá.

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