Blog de Rafael Rojas

El Nobel de Dylan y la querella de trovadores y poetas; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 17 de octubre, 2016
Bob Dylan, Englaterra, 1966.

Bob Dylan, Inglaterra, 1966. Fotografía de Jean-Marie Perier

La concesión del premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, esperada desde hace años, ha provocado diversas reacciones en medios literarios y digitales. La de quienes se alegran porque son fans de Dylan o porque piensan que la distinción se abre al reconocimiento de una literatura más allá de la literatura misma. Y la de los que piensan que premiar a Dylan fue la manera más fácil de evitar un Nobel al narrador Philip Roth o al poeta John Ashbery, dando por sentado que este año tocaba a Estados Unidos.

En uno de los artículos que circularon en las redes, de Karina Sainz Borgo, se sostenía que el galardón a Dylan suplantaba el de Roth porque distinguía a otro judío que fue ícono de la izquierda de los 60, pero que, a diferencia del autor de Pastoral americana (1997), se replegó del posicionamiento público en las últimas décadas, sin dejar de producir una música atenta al sonido y el sentido de las palabras. Premiar a Roth, en cambio, habría sido reconocer a uno de los mayores críticos de la corrección política, el puritanismo sexual y la hipocresía diplomática en Estados Unidos.

En otro artículo, que circuló por algún rincón de la red, alguien decía que sumar a Dylan a la lista de los Nobeles era un paso más en el camino de la hegemonía del imperialismo cultural yanqui. Todo imperialismo, decía el twittero, posee un proyecto de cultura pop y el norteamericano, con Dylan ahora, como antes con Elvis, aspira a barrer la diversidad musical y literaria del planeta. En la misma cuerda, aunque matizando el argumento, se alistaron los que decían que si daban el Nobel a Dylan también deberían otorgarlo a Leonard Cohen o Joan Manuel Serrat.

El debate me recordó episodios personales en La Habana de los años 80, cuando una nueva generación de trovadores (Santiago Feliú, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Frank Delgado…) se ganaba la simpatía de la juventud universitaria, a la que yo pertenecía. Recuerdo que por entonces, alguien, tal vez la poeta Reina María Rodríguez o el periodista Bladimir Zamora, propuso un debate en la Casa de las Américas entre trovadores y poetas, sobre las formas escritas o cantadas de la poesía.

Creo ver al poeta y ensayista Rolando Prats Páez reprocharle al trovador Santiago Feliú sus letras incomprensibles, que el verso “se le caen los dientes a mi barba”, con que arrancaba una de sus canciones, era de mal gusto y erróneo. Feliú, que era tartamudo, no respondió a Prats, pero alguien lo hizo por él invocando una frase de Eliseo Diego a propósito de Silvio Rodríguez. Éste, según Diego, era un poeta que, frente a otros de su misma generación, tenía la ventaja de “cantar sus poemas”. El público se polarizó más de lo que estaba antes de llegar a Casa de las Américas.

El debate sobre el Nobel de Dylan tiene esa cualidad irreductible. Nadie convencerá a nadie. Quienes descreen de la Academia Sueca porque nunca premió a Borges o a Nabokov, seguirán descreyendo. Quienes confunden la poesía con la trova y piensan que Dylan es mejor poeta que Ashbery o prefieren las canciones de Silvio Rodríguez a los poemas de W. H. Auden, seguirán celebrando el veredicto de Estocolmo, que convertirán en antecedente de su causa contra la buena literatura.

Porque, por más que adoremos a Dylan, desde “Don’t Think Twice, It’s All Right” hasta “Moonlight”, preferiríamos que el Nobel del músico no ocupara el lugar que corresponde a Roth o a Ashbery, el poeta de “los ardientes horizontes pavimentados de oro”. Ashbery, quien ha dicho que el poema debe ser escuchado mentalmente antes de ser escrito y que piensa que todo, desde comerse un melón hasta quedar parado en medio de la calle, sin sentido, es poesía.

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Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (1)

Eduardo
18 de octubre, 2016

Es posible y solo es posible que en efecto el Nobel para Dylan sea el comienzo de otros premios para Cohen o Serrat puede ser tan solo el principio. Por otro lado creo que si Trump gana las elecciones no dudo que le condesan a Roth el Nobel a manera de protesta a todo lo que Trump representa.

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