No hay palabra que haya sido usada de un modo tan indiscriminado, y sobre todo, tan aburrido, como la palabra neoliberalismo. Tanto que a veces se tiene la inevitable impresión de que sólo es utilizada como medio retórico para descalificar opiniones divergentes. Basta que alguien se atreva a criticar a algún representante de las ideologías estatistas para ser calificado de inmediato como neo-liberal.
En gran medida los llamados anti-neo-liberales recurren a la palabra neoliberalismo de un modo muy parecido a los estalinistas cuando recurrían al concepto de burguesía. Todo aquello que discrepaba respecto al último informe de la URSS era calificado por los comunistas de ayer como una representación de la ideología burguesa.
Lo dicho contrasta con el hecho de que de los ideólogos que se denominan anti-neo- liberales, ninguno ha hecho jamás una crítica seria al llamado neoliberalismo.
Pues ¿qué es el neoliberalismo?
Antes que nada es preciso decir que no se trata de un cuerpo doctrinario homogéneo, sino de un conjunto de diversas teorías económicas, muchas veces divergentes. Unas, como las de Friedrich Hayek, Ludwig von Mieses, Carl Menger, se refieren fundamentalmente al significado del Estado en la economía. Las escuelas de Fribourg y Münich (Wilhelm Röpke, Alexander Rüstow), ponen el acento en la generación de los precios y de las ganancias, hasta llegar al monetarismo norteamericano de Milton Friedmann, quien sugiere controlar el área de la producción mediante el manejo de los mecanismos de la circulación de capital.
Así como las teorías económicas de Ricardo, Smith y Marx son hijas de la máquina a vapor, las llamadas teorías neoliberales son hijas de la robotización, de la computación, y de la digitalización. En gran medida se trata de teorías macroeconómicas reactivas, es decir, de teorías que han surgido como respuesta teórica frente a transformaciones que han tenido lugar en los procesos de producción contemporáneos. Procesos que han incorporado una tecnología extremadamente ahorrativa de fuerza de trabajo, hasta el punto que ha tenido lugar -voy a utilizar por un momento la propia terminología marxista- una alteración de las relaciones entre capital variable y constante donde el factor trabajo propiamente tal se ha convertido en un agregado secundario y no esencial, como ocurría durante el periodo basado en la producción industrial clásica. O para seguir expresándome en jerga marxista: En virtud del desarrollo (cualitativo más que cuantitativo) de las fuerzas productivas han tenido lugar modificaciones radicales al interior de la composición orgánica del capital.
Ahora bien, el uso y abuso indebido del concepto de neoliberalismo, que tanto caracteriza a las elites pro-autócráticas de América Latina -cuyo pensamiento trabaja todavía con las categorías propias a la era de la máquina a vapor- no concuerda en modo alguno con la presencia real de los llamados neoliberales en la gestión económica de los diversos gobiernos. Quien no me crea, tómese la molestia de analizar el currículum de los ministros de finanzas y economía del continente. No hay casi ninguno, quizás ninguno, que pueda ser calificado como neo-liberal. Véanse también los nombres de los principales profesores de economía en las universidades latinoamericanas. Los así llamados neoliberales, en el sentido verdadero y no ideológico del término, constituyen una minoría absoluta. Analícense las publicaciones de instituciones académicas, económicas y sociológicas. Casi lo único que es posible encontrar en ellas son enconados ataques al neoliberalismo pero, cosa muy curiosa y sintomática, sin nombrar jamás a un solo neoliberal, como si el neo neoliberalismo no fuesen los neoliberales sino un espíritu maligno que recorre el mundo y que de pronto se apodera de los seres humanos.
En sentido estricto, la contrapartida del liberalismo o del neoliberalismo es el keynesianismo. Los ideólogos del neo-estatismo no se declaran, sin embargo keynesianos. Ellos se declaran socialistas, y socialistas para ellos significa lo que siempre ha significado para todas las doctrinas antidemocráticas de todos los tiempos: el estatismo.
El socialismo ha sido y es una ideología del estatismo político. Si bien no todo estatismo es socialismo, todo socialismo, en cambio, es estatista. Por eso no ha de sorprender que donde más uso y abuso obtiene la palabra neoliberalismo es en aquellas naciones en donde desde los respectivos gobiernos se incuban proyectos autocráticos e incluso dictatoriales.
La verdad es que la contradicción entre neoliberalismo y socialismo no existe. Es una simple invención del estatismo antidemocrático de nuestro tiempo cuyo objetivo no es otro que la apropiación del Estado a través de la alianza entre determinadas elites para-estatales y el populismo de masas. El neoliberalismo, independientemente a su existencia real, cumple la función de operar como el polo ideológico negativo que requiere el estatismo para afirmarse a sí mismo. La verdadera contradicción, si elevamos el tema al plano político, es la contradicción de siempre, la misma que ha recorrido a las naciones latinoamericanas desde los momentos de su propia fundación hasta ahora.
Esa es la contradicción entre democracia y dictadura.
La doctrina hegemónica en el pensamiento social latinoamericano no es el neoliberalismo, es el estatismo. No obstante, como ni al interior de los diversos gobiernos ni en las principales instituciones que cobijan al pensamiento macroeconómico es posible encontrar auténticos neoliberales, los sociólogos y economistas autodenominados anti-neoliberales han inventado la fábula relativa a que el neoliberalismo viene de afuera. ¿Desde dónde? Pues, del imperio.
Pero ¿qué es un imperio? Cualquier diccionario define como imperio una nación que practica una política expansiva mediante anexiones territoriales realizadas por ejércitos de ocupación. De ahí que todos los imperios modernos, desde el británico, pasando por el otomano, hasta llegar al último imperio clásico que fue el ruso- soviético, han sido imperios coloniales. En ese sentido, los EE UU si han practicado una política territorial expansiva, ha sido mucho menor que la que han llevado a cabo naciones muy pequeñas, como por ejemplo Holanda. De tal modo que en la lista de los imperios clásicos, los EE UU están lejos de ocupar el primer lugar.
Para el marxismo post-Marx en cambio, no fue la categoría “imperio”, sino la categoría “imperialismo” la que ocupó un lugar central en sus teorías. Desde Rudolph Hilferding, pasando por Lenin y Rosa Luxemburg, hasta llegar a André Günder Frank y la teoría de la dependencia que tanto éxito tuvo en la América Latina de los setenta, el imperialismo designaba una determinada fase en el desarrollo del capitalismo mundial (la última o la penúltima, no importa aquí). El imperialismo no era una nación en particular sino un sistema económico mundial. En ese punto estaban de acuerdo todos los teóricos de la teoría del imperialismo.
El gran genio teórico que identificó el concepto imperialismo con una sola nación fue, como es sabido, Stalin. En cierto modo la tesis estalinista del “imperialismo en un sólo país” (EE UU) fue un derivado de la tesis también estalinista aunque radicalmente anti-marxista del “socialismo en un sólo país”.
Stalin fue el primer estadista que habló del “imperialismo norteamericano”. Sin embargo, como toda producción teórica estalinista, sería inútil buscar una teoría coherente detrás de esa designación.
La designación de EE UU como “imperialismo norteamericano” fue una respuesta a la Doctrina Truman (1946), doctrina que cerró el paso del avance militar de la URSS en Europa occidental, en el sudeste asiático después, y en América Latina, con todas las nefastas consecuencias que todos conocemos. El término fue asumido por los partidos comunistas, y después por Castro, Che Guevara, Marulanda, Abigaín Guzmán, y otros benefactores de la humanidad, todos ellos empeñados en aquella locura destinada a convertir América Latina en un nuevo Vietnam.
Mao Tse Tung por su parte, aplicó el término imperialismo a la propia URSS de los años sesenta. El nuevo concepto “made in China” se llamaba “social imperialismo”.
Según la doctrina de Mao Tse Tung, el “social imperialismo soviético” era el enemigo fundamental de nuestro tiempo -en las palabras de Mao: la contradicción principal- razón por la cual dio señales a USA para detenerlo en conjunto. Kissinger advirtió rápidamente que esa era la oportunidad para salir del pozo en que había caído USA en Vietnam, e intensificó sus contactos con el líder chino. China detuvo así el avance soviético del Vietkong en Vietnam, brutal y genocida operación que no duró más de un mes. A partir de ese momento, el imperio soviético (que eso era) reconoció que había llegado al límite de su expansión territorial y se encerró en sí mismo, hasta que las revoluciones democráticas del Este europeo de fines de los ochenta pusieron fin a tan siniestro capítulo de la historia universal.
Mas, a fines del siglo pasado, nuevamente el término “imperio” fue puesto de moda. Una de las razones que explica la reactualización del “imperio” devino de la publicación de un extraño libro llamado precisamente Empire, libro cuyos autores son Michael Hard y Antonio Negri. En ese libro los autores nombrados intentaron reactualizar la teoría marxista leninista del imperialismo. Empire, en ese intento, menos que un imperio era un concepto para designar a la fase de la globalización del capital, fase que seguía a la imperialista, considerada por Lenin como “la fase final”.
El libro Empire fue muy bien recibido por restos ortodoxos de la intelectualidad marxista quienes después de la caída del muro de Berlín no podían entender por qué el llamado capitalismo, habiendo, según ellos, alcanzado la fase imperialista, en lugar de abrir las compuertas a la llegada del comunismo, había ampliado su radio de acción incorporando a las pujantes economías vietnamitas, camboyanas, y sobre todo, el nuevo motor del capitalismo mundial: China. A la vez, Rusia y sus satélites, particularmente, Bielorusia, se han transformado en las zonas del capitalismo más salvaje que es posible imaginar. Porque al lado del capitalismo mafioso de Putin y Lukazensko, el practicado por la señora Thatcher y por el presidente Reagan era un simple juego de niños.
Ahora ¿qué es el imperio para la ideología autocrática? Lo mismo que el neoliberalismo: Nada, o cualquier cosa, o todo junto a la vez. Porque vano será buscar detrás del concepto “imperio”, no digamos una teoría, sino por lo menos un par de ideas coherentes. Lo único cierto es que “imperio”, así como el “neo-liberalismo”, es todo lo que no está de acuerdo con sus arcaicas doctrinas. El “imperio” ha llegado a ser una fuerza cósmica frente a la cual los ideólogos estatistas imaginan librar una lucha sin cuartel.
En fin de cuentas, el “neoliberalismo y el “imperio” son construcciones ideológicas destinadas a orientar políticamente a débiles mentales. Sirven para justificarlo todo. Luchando contra el “neoliberalismo y el imperio” hasta las dictaduras más terribles del mundo se convierten en virtuosas. En la noche oscura del “imperio” todas las vacas son negras. La satrapía persa, la despotía de Lukazensko, la dictadura cubana, la dictadura de Corea del Norte, la dictadura de Siria etc. Incluso las FARC han pasado a engrosar los nobles ejércitos del antimperialismo de nuestro tiempo.
El antimperialismo y el neoliberalismo, en la versión de los regímenes autocráticos, ya está en vías de ser lo que fue el “antifascismo” para las “nomenklaturas” del Este europeo. Calificando como fascistas a cada adversario, cualquiera violación a los derechos humanos podía ser justificada. Así como el antifascismo, antes de que fuera convertido en una ideología de poder era una actitud política y moral que llama al respeto y a la admiración, el antiliberalismo y el antimperialismo -ideologías que en el marco determinado por la “guerra fría” tuvieron cierta fundamentación política- han sido transformadas, por las autocracias de nuestro tiempo, en simples ideologías de poder.
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Ideas


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12 de Septiembre, 2012
Como siempre, excelente y una verdadera lección para alumbrar tanta insensatez que circula por estos países …
12 de Septiembre, 2012
100% identificado con su idea. Pero la falla en definir acertadamente los sistemas politicos existen en todos los paises. La teoria politica espera por una revision muy profunda de sus explicaciones de como realmente funcionan los sistemas de gobierno, y del eterno conflicto del elector entre un sistema que favorece el individualismo y uno que favorece la colaboracion/coordinacion. La seleccion de un justo balance entre ambas necesidades no ha recibido suficiente “ciencia” como para que los gobiernos respondan mejor al elector.
12 de Septiembre, 2012
Mis respetos Profesor, su exposición magistral al diferencial el Estatismo del Anti-Estatismo ha sido impecable. Es en ese terreno donde los políticos latinoamericanos no quieren entrar porque están acostumbrados a aplicar su política populista a la sombra del Estado antidemocrático.
Lo que los estatistas denominan Neo-liberalismo no es más que los nuevos fundamentos con los que se ha venido nutriendo la Teoría Económica General como respuesta a las adaptaciones que han venido haciendo las sociedades democráticas como respuesta a los cambios provocados por la modernidad. Por lo tanto, el Neo-liberalismo no es una ideología, es el resultado de la experiencia de la convivencia en democracia, aplicada con mayor o menor intensidad en los países que de verdad han progresado. No el progresismo ficticio recitado por la lírica comunista.
El socialismo, fascismo, nazismo, comunismo no son más que Dictadura de Estado, o sea, diferentes presentaciones del Estatismo, que es muy diferente al Keynesianismo. La intervención del Estado en la economía, que es lo que recoge la Teoría de Keynes, fue para destrancarla no para amarrarla, que es lo que hacen los estatistas; fue para inyectarle dinero, no para sacarle dinero a la economía, que es lo que hacen los estatistas.
Ahora el socialismo moderno tiene un nuevo eslogan: “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. Sin querer percatarse que la agonía de la pobreza se extiende hasta llegar un día en que el conflicto social sea incontrolable. Amanecerá y veremos. No se vislumbra quien se atreva a ponerle el cascabel al gato.
13 de Septiembre, 2012
Estimado Fernando, muchas gracias por tus palabras.
“Luchando contra el “neoliberalismo y el imperio” hasta las dictaduras más terribles del mundo se convierten en virtuosas”. Concuerdo con eso.
Por otro lado, yo como ciudadana del mundo, joven, a quién “la academia” la decepcionó un poco, puedo decir que si se está planteando una lucha contra el imperialismo o neo liberalismo. Es una lucha silenciosa, es un trabajo de hormiguita, es un cambio de percepción de la vida, un cambio de consciencia.
Este video habla un poco de que va esto del “imperialismo”. Ojalá algún día la gente empiece a bajar la guardia, a subir su autoestima, a exorcizarse del ego y a trabajar por construir ese país soñado.
Mi ideología política… no se, cualquiera donde el humanismo la naturaleza y la tecnología estén en armonía.
Saludos…
http://www.youtube.com/watch?v=mUMESPBJlQo&feature=related
16 de Septiembre, 2012
Neoliberalismo, imperialismo, chavismo chapucero, castroenterismo tiranosáurico o cabronihilismo correísta-cretinista, vienen a constituirse en cacareadas y caudillejas consignas de tantos bastardismos badulaques revolufleros que, pestífera y protervamente, proliferan en esta apocalíptica hora macabronuda del satrapismo socialistoide sigloveintiúnico, con que muchos mercantinflescos mandamases mesiánicos del nefasto ALBAñal totalitario, pretenden perpetuarse hugorilariamente en sus sanguinarios sistemas de anacronismo autocrático, esperpéntico exterminio y oprobiosa opresión, retrógradamente redentora, del ominoso ogro filantrópico, amén de otras estulticias y escatológicos escarnios de lesa humanidad. Corolariamente estaríamos en concordancia con el autor de este egregio enfoque analítico, Fernando Mires, visualizándolo por el lado flaco más vulnerable de los derechosos o neoizquierdosos lenguaraces burocratizados del endemoniado ente estatal, según desentrañen con caligulesco desparpajo dichos terminajos, cuando nos advierte que una y otra palabreja se constituyen en construcciones doctrinarias (des)orientadas a propiciar mañoserías manipuladoras politiqueras, de toda esta flatulenta fauna de demenciales demagogos y dictatoriales débiles mentales, que actualmente plagan esta novomilenaria y calenturientamente ozónica centuria. Enhorabuena por este apodíctico análisis de índole ideológica, gracias. Cordialmente, Víctor Garay Oleas.
16 de Septiembre, 2012
!Excelente ¡ Comparto plenamente los comentarios de otros lectores del estupendo artículo del Profesor F. Mires. El análisis documentado e inteligente no deja espacios para rechazar sus señalamientos. En especial los latinoamericanos padecemos del síndrome de culpabilidad ajena…ese culpable de nuestros fracasos es el “imperio” (EEUU). Carlos Fuentes dijo “los males de Latinoamérica no son culpa de loa Estados Unidos”. Como también señaló Oppenheimer ” Basta de historias”, de mirar y refugiarnos en el pasado.
23 de Septiembre, 2012
Gran artículo; es una verdadera lástima que los que más necesitarían leerlo, y comprenderlo, no lo vayan a hacer, pues ya están condicionados por lo que Carlos Rangel llamaba el mito del buen salvaje, expoliado por el imperialismo, que busca su redención por el buen revolucionario.
10 de Octubre, 2012
Me parece muy constructivo que acuses al gobierno de estatismo, y que denuncies la banalización de estos dos conceptos. Pero de ahí a negar la existencia del neoliberalismo como doctrina económica y elevar las teorías neoliberales como un “air du temps” inevitable, que encaja con la era digital, me parece un reduccionismo muy grave y tendencioso. Hablas de teoría macroeconómica pero en ningún momento hablas de instituciones. El neoliberalismo es la doctrina que aplica el FMI, el BM, la U.E, la TROIKA a sus socios en forma de medidas de reducción del gasto público, liberalización de sectores, deslocalización, etc. El neoliberalismo es también la doctrina que impidió limitar la volatilidad de los mercados, la burbuja inmobiliaria…, que originaron la actual crisis económica mundial de la que Venezuela y otros países estatistas “anacrónicos” como tu dices, apenas resienten. Para terminar, gobiernos afines al credo neoliberal no dudan en volver a estatizar en tiempos de crisis (interviniendo bancos o sectores estratégicos) y a menudo abanderan intervenciones militares, no para crear colonias de población, pero si para apoderarse de recursos o abrir mercados. Si hubieses leído a Negri quizás entenderías esta interacción moderna entre Estados, ejércitos, industria armamentística, industria comunicativa y ONG. Entenderías también que la libre circulación de mercancías y la inexistencia de aranceles es perfectamente compatible con el cierre de fronteras, el aumento del efectivo policial y del gasto militar, situaciones de excepción jurídica, y graves limitaciones en la red. Pero nadie te impide que le sigas colocando eufemismos a dichos fenómenos, llámale “teorías macroeconómicas reactivas” al neoliberalismo, o “intervenciones de pacificación” a las operaciones militares de Estados Unidos.