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Blog de Fedosy Santaella

El enemigo exagerado, por Fedosy Santaella

Por Fedosy Santaella | 17 de Marzo, 2013
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Los enemigos en el discurso del candidato Maduro son cada vez más alucinatorios, o mejor cada vez más virtuales. Es así, el discurso del candidato del «gobierno» es cada vez más virtual. Virtual porque existe en una realidad exagerada, hiperbolizada.

La hipérbole es una de las características de lo virtual. En la serie de los filmes de The Matrix vemos el combate cuerpo a cuerpo llevado a los extremos de la acrobacia; se salta, se escalan paredes, se corre por techos, se generan mil puños a alta velocidad. En un juego de realidad virtual puedes volar hasta una discoteca (volar literalmente), conseguir pareja de baile en cinco segundos, bailar de mil maravillas salsa (aunque no sepas bailar), conquistar a tu compañera y tener sexo con ella casi de inmediato. En otro juego virtual, puedes asesinar a cientos de monstruos, a cientos de zombis en apenas minutos, y nunca quedarte sin municiones.

Esa exageración de lo real también está en el discurso del candidato Maduro. Pero lo peor es que el discurso del candidato Maduro es además hipervirtual, pues trabaja, copia, exagera —sobre todo exagera— un discurso que ya de por sí era virtual en su exageración: lo sabemos, el discurso del candidato Maduro es la copia virtual del discurso virtual —utópico, revolucionario— del fallecido Hugo Chávez.

¿Un ejemplo? Pues volvamos al enemigo. Los venezolanos que no estamos con el candidato Maduro y con el hiper candidato Chávez (el verdadero candidato de fondo), somos cada vez más oligarcas y burgueses, feroces e indolentes de nuestro país. Somos el enemigo exagerado.

Pero olvida el candidato Maduro la historia personal y familiar de muchos, de muchísimos venezolanos que en su discurso son etiquetados como «burgueses». Olvida el candidato Maduro que una gran cantidad de venezolanos que le adversan han venido de capas sociales no privilegiadas, que muchos de ellos han trabajado con denuedo y se han esforzado por darles estudios y mejor vida a sus hijos. Olvida el candidato Maduro que muchos hijos de estos venezolanos, hoy día en mejores posiciones, vivieron durante muchos años en la misma condición de humildad (de humildad, y no de pobreza) que sus padres.

Dejando atrás el discurso más o menos académico que me antecede, quiero recordar a mis padres. Mi papá, el señor Víctor Santaella, fue un hombre humilde de Caracas que no pudo terminar los estudios de primaria y que trabajó desde muy joven. Sin estudios, desde abajo, mi padre se dedicó a aprender el oficio naviero y aduanal, y se convirtió en un hombre con amplio conocimiento en este campo. Mi madre, Nadia Kruk de Santaella, es hija de dos señores ucranianos que llegaron de Europa sin un centavo. Eran campesinos, y el gobierno de entonces los llevó a El Sombrero a sembrar. Allí no encontraron buena tierra, y mi abuelo se regresó a pie —a pie— de El Sombrero a Puerto Cabello. Le tomó varios días, por supuesto, y mis tías y mi mamá cuentan que llegó al puerto con los pies sangrantes. Allá, mi abuelo consiguió trabajo como vigilante nocturno de una fábrica. Mi abuelo era guachimán. Pero él se esforzó grandemente, y les dio educación a sus hijos. Mi mamá estudió secretariado, y se desempeñaba como secretaria en la compañía Eduardo Römer el día que mi padre empezó a trabajar allí. Se enamoraron, se casaron, duro trabajaron durante varios años y me tuvieron. Con ahínco siguieron trabajando para que yo tuviera una buena educación. Hoy día tengo un buen trabajo, un buen carro, una buena vida. No tengo por qué sentirme avergonzado de ello. No tengo tampoco que aceptar verme reflejado en un discurso virtual —y falso y cínico— como un apátrida sin corazón. No soy el enemigo despiadado que el candidato Maduro denuncia. Muchos venezolanos que leerán este texto, tampoco lo son. Conozco ejecutivos importantes que han sido hijos del panadero, del vigilante de un banco, de la peluquera, del zapatero, de la señora que hacía almuerzos. Conozco profesionales dignos que han salido de pueblos muy pequeños y muy humildes del interior del país. Muchos, pero muchos venezolanos que no están con las ideas del movimiento chavista, son de origen humilde y muchos hoy día llevan una vida próspera en este país. Pero el discurso del candidato Maduro quiere hacer ver otra cosa. Le conviene. El discurso revolucionario (debemos asumir que la retórica  —sólo la retórica— del candidato Maduro es revolucionaria) se proyecta siempre hacia la utopía, el lugar donde viviremos mejor siempre, el lugar ideal para el pueblo y cada uno de los hombres de ese «pueblo». Pero téngase en cuenta esto: ese lugar que llamamos utopía queda en ninguna parte, o mejor, queda en el futuro. Ya en sus entrañas la revolución (revolución igual a revuelta, caos, movimiento constante) lleva el engendro del fracaso: la revolución se acabaría si llegara alcanzar ese futuro que promete; dejaría de ser revolución, se convertiría en masa pesada, en el poder que critica y ataca. Venezuela, en revolución, siempre será un futuro que no llega. La revolución, como buen argumento de la modernidad, cree en el futuro, en el porvenir. Pero la modernidad también cree en la constante reinvención de sí misma, en la constante destrucción de sus propias invenciones y realidades. La modernidad se contradice a sí misma. ¿Pero pertenece a la modernidad la Revolución del siglo XXI? Pues sí, sí pertenece, pero también es posmoderna, o hipermoderna. La revolución del siglo XXI arropa el gran argumento socialista de la modernidad, pero también arropa la religión cristiana, afroamericana e indígena (lo que contradice la pretensión científica del marxismo), el espectáculo la publicidad a toda costa, y el mercado capitalista.

Una vez más: en la revolución la utopía nunca ha de llegar (por conveniencia propia de los revolucionarios) y por lo tanto, en vista de esa contradicción irreconciliable, son necesarios los enemigos. Los enemigos que son los obstáculos a la utopía, los enemigos que son los culpables del futuro inaccesible. Pero señores, ese enemigo del país no somos nosotros. El enemigo del país es la virtualidad más que mentirosa y cínica, el discurso utópico momificado y las ganas desmedidas del poder.

Fedosy Santaella 

Comentarios (8)

Vilda
17 de Marzo, 2013

Sencillamente muy acertado su discurso amigo, me identifico plenamente con él.

Rosmar Brito
17 de Marzo, 2013

“Venezuela, en revolución, siempre será un futuro que no llega” Es una frase aterradora. Una realidad más aterradora aún.

eduardo lizarraga
17 de Marzo, 2013

En este articulo me veo reflejado; reflejado a mis padres a mi esposa y a muchos a mi alrededor y me gustaria mucho que nuestros compatriotas comprendieran que nosotros ni nuetras familias esclavisaron ni pisotearon a nadie para conseguir la cosas que hoy tenemos, que fue por el gran esfuerzo de generaciones venezolanas…Y pensar que ahora nos invitan a irnos del pais si no nos gusta lo actual…!

Toledana
17 de Marzo, 2013

Muy buena calidad y claridad la del artículo .

Migda Elizabeth
18 de Marzo, 2013

Plenamente identificada con este articulo. A mi me toco trabajar como sirvienta en casa de familias en los meses de vacaciones del liceo para ayudar a mis padres, ya que la cosa estaba muy apretada en casa. Cada vacaciones del liceo buscaba trabajo para ayudar. Hoy toda una profesional y con mi propia empresa no me vengan a decir que soy una burguesa floja y explotadora…. eso si me saca la piedra!!

Nelly Tsokonas
21 de Marzo, 2013

["...la revolución se acabaría si llegara alcanzar ese futuro que promete"] ¡Y si no lo alcanza – nunca lo hace – también! El epítome del chavismo es Cuba, en su largo viaje a la pobreza y en decadencia total. Parece que va de salida.

Como siempre, muy claro para expresar tus ideas. ¡Qué gusto leerte!

Door
22 de Marzo, 2013

eso se llama ser un desclasado, salir de la pobreza material para tener una pobreza moral.

Milagros Azancot
23 de Marzo, 2013

Muy bueno tu artículo.Yo,como tú y la mayoría de los venezolanos,venimos de familias muy humildes que nos dieron las mejores herramientas que padres deben legar a sus hijos:los valores,la responsabilidad,elamor a la familia…..Nuestros padres y abuelos,muchos,vinieron de lejanos parajes,con una mano adelante y otra atrás;pero tenían coraje y buena voluntad para darle a su desendencia lo mejor de ellos mismos.

Este nefasto grupo etiquetó de enemigos y todos los más negativos epítetos a buena parte de la sociedad.Muchos de sus integrantes también son descendientes de gente trabajadora.Es imperdonable,que por cuotas de poder y por querer regresar a modelos de gobierno ya decadentes,tengamos que sufrir esta inoperante y descocada revolución

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