Blog de Boris Muñoz

El crepúsculo del chavismo; por Boris Muñoz

Por Boris Muñoz | 19 de mayo, 2016
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Fotografía de Diego Vallenilla. Haga click en la imagen para ver la galería completa aquí en Prodavinci.

A mediados de 2014, cuando el presidente Nicolás Maduro había logrado extinguir con una brutal represión la oleada de protestas denominadas #LaSalida, su gobierno comenzó a discutir un programa de ajustes para remediar la crisis económica que ya era imposible negar. Pese a los nubarrones, el petróleo estaba a 90 dólares por barril. Se flexibilizarían el control cambiario y los controles de precios y se revisarían las leyes laborales.

Había todavía margen de maniobra.

El plan había sido preparado por economistas competentes. No representaba un verdadero cambio de modelo, ni una panacea. Pero hubiese aliviado algunas de las aristas más dañinas de la crisis y podía haber sido el principio de un nuevo de rumbo.

La población estaba consciente de la necesidad de darle un giro a la economía. Pero los intereses particulares de los distintos grupos del chavismo privaron sobre el interés nacional.

En cuanto al poder de esos intereses, vale recordar tan solo que el programa le costó la cabeza a Rafael Ramírez, su principal arquitecto, entonces todopoderoso Ministro de Petróleo, quien era considerado un pilar del régimen chavista.

Ni entonces ni después se tomaron los correctivos indispensables.

Lo cierto es que en menos de dos años, la economía venezolana, dependiente en más de 90% del ingreso petrolero, ha llegado a la parálisis casi total.

Estos son temas que Nicolás Maduro ha querido esconder debajo de la alfombra usando el subterfugio de una supuesta “guerra económica”, promovida por los sospechosos habituales: la oligarquía y el imperialismo yanqui. La verdad es que el enorme agujero fiscal, que hoy alcanza 20% del Producto Interno Bruto, no tiene un solo culpable.

Es una suma de despilfarro, corrupción, políticas económicas destructivas, el asalto incesante al tesoro público y, last but not least, el monstruoso derroche de la última campaña presidencial de Hugo Chávez, algo que han reconocido y documentado sus propios ministros.

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Fotografía de Diego Vallenilla. Haga click en la imagen para ver la galería completa aquí en Prodavinci.

Durante casi una década, el boom petrolero y el endeudamiento imprudente lograron crear el espejismo de una movilidad social ascendente. No importa si sólo se trataba de una redistribución de la renta petrolera que Chávez repartía entre la población pobre en forma de lavadoras, carros, apartamentos y comida, como si él fuera el animador de un show de concursos. El dispendio tuvo sentido mientras Venezuela recibía los petrodólares de su mayor bonanza histórica. Cuando murió Chávez y se acabó la bonanza se hizo evidente que la prosperidad era un acto de ilusionismo, sin sostén en las capacidades económicas reales del país.

Esto es un dato revelador sobre la naturaleza del chavismo: no es una revolución ni una democracia, sino una cleptocracia sustentada en los hombros de un líder carismático.

La crisis que hoy se vive en Venezuela se ha irradiado a todos los ámbitos de la sociedad con una velocidad exponencial, arrasando todo a su paso y generando los peores vicios de una economía del desastre dirigida por un Estado no sólo ineficiente y autoritario sino profundamente corrupto.

La respuesta de Maduro ha sido más controles, confiscaciones e intimidaciones al sector privado, y más represión para la oposición. Como si intentara apagar un incendio con gasolina, ha acelerado el deterioro apostando por las mismas fórmulas fallidas.

Pero el problema real de Venezuela es que la economía es solo un aspecto sintomático de cuestiones que son estructurales.

Chávez agravó todos los problemas históricos asociados con un modelo económico basado en la extracción de riquezas naturales. Pero para operar ese modelo le añadió la monopolización total de las instituciones. Tras 17 años de chavismo en el poder, el control es hoy tan absoluto que la sociedad no tiene mecanismos para defenderse. Quienes sufren la violencia no tienen autoridades que hagan justicia. Quienes van a los hospitales los encuentran en ruinas. Quienes hacen colas para comprar alimentos, medicinas y artículos del sustento diario no encuentran casi nada. Y cuando lo encuentran la inflación (que puede alcanzar 100% de un mes a otro en ciertos rubros) ya ha devorado su dinero. Pero lo peor es que quienes quieren remover a Maduro democráticamente, a través de un referéndum presidencial, no pueden hacerlo porque el Consejo Nacional Electoral y todos los poderes públicos, salvo el Parlamento, están férreamente controlados por el chavismo.

En un chat de WhatsApp que mantengo con mis compañeros de escuela primaria y secundaria, María Zenayda Fuentes, una amiga, que vive en Puerto La Cruz, ciudad en la costa oriental del país, resume el espíritu de los tiempos:

“No sólo en Caracas hay hambre, sino en todo el país. Caracas es donde menos se ha sufrido la miseria. Ya [los gobernantes] no pueden mantener la mentira, ya no pueden callar las voces de los barrios. Chávez le temía a eso. Sabía que era el punto débil. Hoy no tienen como callarlos y si Caracas explota será el fin de la revolución, el resto del país hará como indica el himno nacional: ‘Seguid el ejemplo que Caracas dio’”

Este clamor crece cada día. La gente que es obligada a hacer colas declara que está harta de la demagogia de los voceros oficiales y que está blindada contra la manipulación. Quiere soluciones. Encuestas recientes confirman el malestar popular. Más de 70% de la población no cree en el discurso del gobierno. Escenas de saqueos, linchamientos y represión policial circulan profusamente todos los días por las redes sociales y es cada vez más común escuchar que la crisis no se arreglará por vías pacíficas y democráticas, sino de manera violenta.

Observadores como Michael Penfold creen que se ha llegado al punto en que las apuestas son tan altas que ni el gobierno ni la oposición ni los empresarios ve ningún beneficio en trabar acuerdos con el adversario. Cada quien en su trinchera cuida su interés particular.

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Fotografía de Diego Vallenilla. Haga click en la imagen para ver la galería completa aquí en Prodavinci.

El deterioro de las condiciones de vida es el caldo de cultivo para un estallido social como El Caracazo, la ola de saqueos de 1989 que fue salvajemente reprimida por el ejército y dejó más de 300 muertos. Esta coyuntura creó las condiciones que hicieron posible la llegada de Hugo Chávez al poder una década más tarde. Un evento así perturbaría aun más el forzado balance de poder existente alternado radicalmente el tablero político.

La incógnita es si los militares respaldarán a Maduro saliendo a la calle a reprimir o si dejarán que las cosas pasen sin usar la fuerza, una tácita señal de que le han retirado su apoyo al gobierno.

El Vaticano está trabajando intensamente por una solución. Se sabe que ha habido reuniones con altos funcionarios del gobierno chavista, como el vicepresidente Aristóbulo Istúriz y la canciller, Delcy Rodríguez. En la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, en Washington, se evalúan medidas posibles, incluyendo la aplicación de la Carta Democrática Interamericana. Dado que lo que piensa el estamento militar es una caja negra, el enigma militar sólo será despejado si hay un gran acontecimiento. Pero, en cualquier escenario, los militares son vistos como un factor decisorio.

Lo que vive Venezuela es el dilatado crepúsculo de una utopía arcaica basada en el delirio de un caudillo.

No hay dudas de que Chávez y el chavismo seguirán dando de qué hablar durante largos años. Pero, en rigor, los sueños que Chávez encendió cuando irrumpió en la escena política se han apagado. Aunque el gobierno continúe, Chávez es una estrella muerta cuya luz mortecina podemos seguir viendo largamente después de su extinción.

No es la primera vez que esto sucede en la historia venezolana, marcada por golpes, revoluciones y caudillos monstruosos y delirantes, como lúcidamente lo captó el historiador Jesús Sanoja Hernández. Décadas después de la muerte del tirano Juan Vicente Gómez, sus acólitos seguían hablando de “El Benemérito”. Incluso sus víctimas más torturadas lo evocaban sin querer cuando se referían al pasado terrible como “En los tiempos del general…”.

Boris Muñoz 

Comentarios (10)

Diego
19 de mayo, 2016

Excelente texto, muy recomendado.

¿Cómo se entiende que un Gobierno, con el monopolio del poder durante más de dos años sea incapaz de todo? Cuando pudieron hacer correcciones las obviaron y ahora exacerban la situación. Ahora sí, nunca nadie votará de nuevo por un rojo.

Chacao Bizarro
19 de mayo, 2016

Don Boris. Me permite que por su intermedio le haga llegar un recado a su amiga María. En Caracas hay un poquito más después de 8 horas de cola. Si alcanza. El tormento se instaló hace meses en la capital. El infierno es todavía más grande en Anaco, Cantaura, Casanay, Berlín (Estado Sucre), San Juan Bautista, Macanao, Cumaná, Carúpano, Punta de Mata, El Furrial, Guiria etc.

Una ñinguita más afortunados son unos pocos guireños que atraviesan Boca de Dragos para recalar en Trinidad. Allí son vistos con ojos de misericordia por el pueblo llano trinitario y sus autoridades. Que les permiten buscarse la vida sin que sean perseguidos, maltratados y deportados. Ver: http://www.guardian.co.tt/news/2016-05-09/venezuelans-cautious-entering-cedros-icacos

leonardo
19 de mayo, 2016

¡Los enigmas son tantos en Venezuela! Es importante insistir en la frase de Penfold. ¿Por qué debería negociar la oposición si se trata, en últimas, de ayudar a salvar el chavismo? Y el chavismo ha generado mucho odio como para entregarle cuotas de poder a los que considera como sus enemigos (que no venezolanos). El chavismo tiene muchos años por delante y lo más probable es que si logran sacarlo del poder regresará. Solo queda esperar que cuando vuelva (si se va, que no es seguro) renovado. Un tirano acaba siempre solo y sus aliados lo abandonan. El chavismo es un movimiento en el que muchos aún tienen fe, Maduro es un simple avatar inconsistente. Cometen un gran error de apreciación los que creen que sacando a Maduro sacan al chavismo del poder.

Carlos
19 de mayo, 2016

Excelentísimo artículo. Da una visión histórica óptima. Los últimos tres párrafos están llenos de optimismo… y de inevitabilidad.

Carlos
19 de mayo, 2016

Sr. Leonardo, ud. peca de exceso de pesimismo. El sueño de Chávez está roto, destrozado por él mismo, pero sobre todo por Maduro. El venezolano puede aguantar muchas cosas, y a lo largo de su historia lo ha hecho, pero no perdonará jamás el que lo dejen morir de hambre y de mengua en pleno siglo 21. No solamente Maduro tiene 15% en las encuestas,(de 22% en diciembre) sino que la figura del extinto ha bajado 4 puntos… y seguirá bajando. Le recomiendo que busque la encuesta de Venebarómetro de Abril 2016. Ya comenzó la caída de la figura del “gigante”. Y aquí es donde la anécdota sirve para ilustrar: cuando yo era un niño, en los años 80, recuerdo señores de la edad de mi abuelo, y mayores, hablando con cariño y nostalgia de M.Pérez Jimenez…. y aún, del Gral. Gómez. Existía el partido FUN, perezjimenista. Y muchos de los vzlanos de la tercera edad… lo votaban, en plenos años 80! yo, siendo preadolescente, me daba cuenta que eran nostálgicos, raros, estaban fuera de tiempo. Vamos, que eran figuras del pasado. Con Chávez pasará igual: las hoy aún jóvenes, futuras abuelas, tal vez sigan votando por alguna figura del chavismo, (en el futuro, porque al dia de HOY no hay carisma en el Psuv, ningún candidato aglutina esa fuerza) pero sus hijas y nietas jamás lo harán, viéndolas con la misma extrañeza que reflejan los rostros de la película “Jurassic Park”.

Carlos
20 de mayo, 2016

Sr. Leonardo, ud. peca de exceso de pesimismo. El sueño de Chávez está roto, destrozado por él mismo, pero sobre todo por Maduro. El venezolano puede aguantar muchas cosas, y a lo largo de su historia lo ha hecho, pero no perdonará jamás el que lo dejen morir de hambre y de mengua en pleno siglo 21. No solamente Maduro tiene 15% en las encuestas,(de 22% en diciembre) sino que la figura del extinto ha bajado 4 puntos… y seguirá bajando. Le recomiendo que busque la encuesta de Venebarómetro de Abril 2016. Ya comenzó la caída de la figura del “gigante”.

Carlos
20 de mayo, 2016

Y aquí es donde la anécdota sirve para ilustrar: cuando yo era un niño, en los años 80, recuerdo señores de la edad de mi abuelo, y mayores, hablando con cariño y nostalgia de M.Pérez Jimenez…. y aún, del Gral. Gómez. Existía el partido FUN, perezjimenista. Y muchos de los vzlanos de la tercera edad… lo votaban, en plenos años 80! yo, siendo preadolescente, me daba cuenta que eran nostálgicos, raros, estaban fuera de tiempo. Vamos, que eran figuras del pasado. Con Chávez pasará igual: las hoy aún jóvenes, futuras abuelas, tal vez sigan votando por alguna figura del chavismo, (en el futuro, porque al dia de HOY no hay carisma en el Psuv, ningún candidato aglutina esa fuerza) pero sus hijas y nietas jamás lo harán, viéndolas con la misma extrañeza que reflejan los rostros de la película “Jurassic Park”.

leonardo
21 de mayo, 2016

Señor Carlos, ¡me gustaría ser más optimista! pero no creo que el chavismo desaparezca por un cambio de gobierno. Aunque la figura de Chávez pierda fuerza. Aunque no haya un liderazgo claro por ahora, pero puede surgir. Lo que se puede esperar es que evolucione, que la cúpula que lo dirige actualmente desaparezca por completo, que ha sido un horror no solo por la conducción del país sino por la confiscación total del poder tanto en el partido como en el estado! En Argentina el peronismo está vivo, el PRI regresó al poder en México, los sandinistas regresaron también al poder. Lo importante es que en el futuro piensen en Venezuela y en el pueblo venezolano y no exclusivamente en la realización del socialismo.

Tulio Malesani
21 de mayo, 2016

Impecable artículo

Ernesto Marcano
22 de mayo, 2016

Excelente Boris…

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