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El Café de Pascal

El café de Pascal: Traidores y héroes, mártires y espías

Por El café de Pascal | 26 de Octubre, 2012
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La Alemania nazi estableció bajo una pátina de legalidad un sistema que apuntó a exterminar cualquier disidencia, utilizando el aparato estatal y público. En tales condiciones hegemónicas, la resistencia fue rara, según escriben Elisabeth Sifton y Fritz Stern en The New York Review of Books. Pero el abogado Hans von Dohnanyi y su cuñado, el pastor protestante Dietrich Bonhöffer, lograron conspirar desde dentro de la contrainteligencia militar alemana, la llamada Abwehr. Dohnanyi entró en 1929 al Ministerio de Justicia; conoció desde el inicio los crímenes nazis y recopiló secretamente pruebas, guardándolas en una base militar en Zossen. Se acercó a los oficiales de la Wehrmacht que quisieron derrocar a Hitler para evitar la guerra en Checoslovaquia, pero el appeasement franco-británico entregó al país en 1938. Bonhoeffer mantuvo una notoria postura crítica frente al régimen y su intento de crear una iglesia protestante limpia de “elementos judíos”. Su mentor en EEUU, el teólogo e intelectual Reinhold Niebuhr, le ofreció refugio, pero regresó a Alemania: tenía que buscar la derrota de su país para salvar la civilización cristiana. Ambos lograron entrar a la Abwehr, librándose de la conscripción. La conspiración se intensificó con la invasión a la URSS en 1941 (“inicio de una barbarie organizada como Europa no había nunca visto”, escriben los autores) y la conferencia de Wannsee que lanzó la “solución final de la cuestión judía”. Dohnanyi y Bonhöffer lograron sacar a catorce alemanes judíos hacia Suiza, como agentes de la Abwehr. En 1943 fueron hechos presos, pero sus carceleros no lograron sacarles nada. Sin embargo, la Gestapo encontró los papeles de Zossen. Hitler, iracundo y al borde de la derrota ordenó su liquidación. Dohnanyi, enfermo y drogado, fue colgado en Sachsenhausen. Bonhoeffer, en el campo de Flossenbürg, con las tropas americanas respirándole en la nuca a los alemanes. Ambos sucumbieron al último espasmo asesino del régimen. Sesenta y siete años después, la hija de Niebuhr, Elisabeth Sifton, les rinde el homenaje de este artículo, por haber –como dijera Dohnanyi- tomado “el camino inevitable de toda persona decente”.

Charles Lane entrega un reportaje en Letras Libres sobre el caso del poeta salvadoreño Roque Dalton, fusilado por sus compañeros de armas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1975, tras un “juicio popular”. La acusación de que el poeta era un agente de la CIA se revela como falsa; documentos desclasificados registran que si bien fue presionado en 1964, siendo miembro del Partido Comunista de El Salvador, “el retrato de Dalton que de ahí surge no es ni traicionero ni heroico…no cedió al chantaje de la CIA, pero su comportamiento durante el interrogatorio no fue tan audaz como él mismo sugeriría más tarde”. Dalton sí habría sido agente, pero de la Dirección General de Inteligencia de Cuba, con el alias de “Juan Montenegro”. Un desertor lo describe como inteligente, pero dado a la bebida y a las mujeres. Los cubanos habrían instado al líder del ERP, Alejandro Rivas Mina, a aceptar a Dalton como asesor político; dado el carácter indisciplinado del poeta esto habría equivalido a buscar deliberadamente un enfrentamiento. “Para principios de la década de 1970, Dalton sabía más sobre el funcionamiento interno del Estado cubano que una década atrás, y su afición por la bebida y las mujeres había empeorado mucho”, sostiene Lane, y aventura: “De una u otra forma, por el riesgo que representaba, Roque Dalton estaba destinado a ser anulado. Y, el 10 de mayo de 1975, lo fue”.

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