Perspectivas

El arte, la política y Gustavo Dudamel; por Fernando Mires

Por Fernando Mires | 6 de enero, 2017

blog_fernando_mires_arte_politica_dudamel_640416

Sé que el artículo que voy a escribir no está orientado hacia un público especializado. Por eso no será fácil abordar el tema. Quiero escribir sobre las relaciones entre arte y política como consecuencias del vendaval de agresiones que ha desatado una parte de la oposición venezolana en contra del exitoso y joven director de orquesta Gustavo Dudamel.

Dudamel ha sido acusado por una parte de la oposición del “delito” de no haber roto con el chavismo ni haber tomado posiciones frente al régimen que impera en su país. La dificultad que asoma es que para abordar este tema es ineludible hacer un intento, por breve que sea, para cotejar la especificidad de lo artístico y de lo político. Lo intentaré.

1. Arte

Si voy a hablar de arte tengo que recurrir a quienes mejor han intentado entender el sentido de su ejercicio. Confrontado con el tema, los primeros nombres que llegan a mi mente son los de Nietzsche y Heidegger.

Según el Nietzsche de Así Habló Zaratustra y del Nacimiento de la Tragedia, el arte surge de la “voluntad de poder”. No obstante ese poder no tiene nada que ver con el poder ejercido sobre las personas y las cosas. Mucho menos con el poder político. Se trata de un poder extracorporal pero que, por paradoja, debe ser alcanzado con y a través del cuerpo. Un poder extrasensorial pero que a la vez debe ser conquistado con el uso limitado de nuestros sentidos. Un poder cuyo “sí mismo” está destinado a acceder a otra realidad  pero que a la vez usa como punto de partida la realidad que habitamos. En breve, se trata de un poder metafísico.

El arte lleva de por sí  una práctica metafísica o trascendental. Sin trascendencia, según Nietzsche, no hay arte. Esa es una de sus proposiciones centrales en Zaratustra.

En El Origen de la Tragedia, Nietzsche se distancia un tanto de la contradicción entre la esencia metafísica e inmanencia apariencial (sensorial) y propone un dualismo no antagónico entre lo dionisiaco y lo apolíneo. Lo dionisiaco corresponde al estado de embriaguez y éxtasis.

El arte, cualquiera sea su expresión, no puede prescindir del desvarío, afirma Nietzsche. Por esa razón el devenir del arte no transita por caminos rectos sino por laberintos. El artista presiente lo que busca, mas no lo sabe. Hacer arte supone confrontarse con un continuo perderse en sí mismo. El arte es tormentoso, es pasional y en sus orígenes, desenfrenado. Por eso Dioniso, dios de los placeres, a fin de no sucumbir aplastado por el peso de sus pasiones, necesita de Apolo, el dios del equilibrio, la perfección y la armonía. Pero para poner en orden a las pasiones, Apolo también necesita de ellas. Entre Dioniso y Apolo se establece entonces una relación de fraternidad e incluso de complicidad. De la comunicación entre ambos surgirá el arte. Sin uno o sin el otro, todo arte será un remedo del arte.

Heidegger, profundamente nitzscheano, continúa el pensamiento de Nietzsche, sobre todo en el primer tomo de su tratado sobre Nietzsche (son tres). Según Heidegger, el arte no termina en las cosas, no es cósico. Trabaja en y con las cosas pero en busca de una –este es concepto central en Heidegger- “apertura”.

La “apertura” se encuentra, según Heidegger, no fuera de alguna caverna como imaginó Platón, sino en las ocultas profundidades del Ser. En lo oculto, dijo Heidegger, vive la verdad. Arrojar luz hacia lo oculto es, en consecuencia, tarea principal del artista. Sin búsqueda de la verdad no hay arte -aquí Heidegger toma un camino distinto a Nietzsche, camino que transita precisamente en su libro Caminos del Bosque (Holzwege)-. El artista es un revelador de la verdad. El modelo del arte total, así como Nietzsche creyó encontrarlo en la música de Wagner, lo encontró Heidegger en la poesía de Hölderlin.

El arte según Heidegger se aproxima a la búsqueda de Dios pero convertido en La Verdad (Para Heidegger –legado socratiano- Verdad y Belleza son casi sinónimos). Solo a partir de la revelación de lo oculto comienza el proceso de la creación artística. (Re-creación, corregiría Ratzinger, pues el humano puede inventar o componer, nunca crear, atributo exclusivo de Dios).

El arte, al “desocultar” lo oculto, nos lleva a reconsiderar la existencia en el marco de otra historia, o lo que es igual, de otro tiempo distinto al de nuestra existencia. De tal modo, gracias al arte, salimos, al igual que Nietzsche, desde el más acá hacia el más allá, con la diferencia que, según Heidegger, ese más allá no esta fuera del más acá sino en los lugares más recónditos, quizás en el fondo mismo de nuestros corazones. La “apertura” para Heidegger es en cierto modo un regreso: un regreso hacia la esencia del Ser.

Y bien. Dejaremos en este punto esta síntesis acerca de la esencia del arte para dirigir la vista hacia ese otro espacio que nunca Nietzsche y Heidegger exploraron. Nos referimos al espacio de la política. Un espacio hacia el cual se atrevió a caminar, aunque muy sola, Hannah Arendt. A lo largo de ese camino podemos descubrir, guiados por Arendt, la enorme antítesis que existe entre el pensamiento artístico y el pensamiento político.

2. La Política

La antítesis entre ambos pensamientos explica a su vez la hipertensión que existe entre esos dos modos del ser, el del estar aquí y el del ser fuera de sí. La política, en efecto, no está situada en las profundidades del ser sino en su mera superficie. Sobre esa superficie se erigen las ciudades y en ellas debaten los ciudadanos sobre las cosas de este mundo. La política por lo mismo reside en el nivel de las apariencias, nunca en el de la trascendencia. Y mucho menos en el de las esencias. Una política no superficial no sería política. De la política no debemos esperar ninguna redención.

La política, a diferencias del arte, tiene lugar –afirma Arendt- bajo la luz de lo público (¿Qué es Política?). Su objetivo no es la búsqueda de la verdad sino, simplemente, de mínimas certidumbres. Para defender nuestras certidumbres, luchamos unos contra otros, pero al mismo tiempo establecemos compromisos. La política, luego, no es trascendente, sino radicalmente inmanente. Su práctica no se deja regir por las pasiones, ni por el amor, ni por el odio, sino que por una razón instrumental que nunca puede ni debe regir la actividad artística. Arte y política son en ese sentido excluyentes. Como el agua y el fuego, nunca podrán juntarse. Así se explica por qué casi no existen políticos dedicados al arte (a menos que consideremos como arte los mamarrachos que pintaba Chávez). A la inversa, cada vez que los artistas han intentado incursionar en política, los resultados, salvo raras excepciones, han sido catastróficos.

El arte actúa hacia lo desconocido. La política, en cambio, actúa sobre la base de lo existente. Sin acontecimientos no hay política. La política, en fin, no es actividad metafísica sino existencial. Todo proyecto encaminado a elaborar una política trascendental y metafísica, lleva, según Arendt, al totalitarismo (Los Orígenes del Totalitarismo) es decir, hacia el fin de la política. Tesis verificada durante los totalitarismos nazis y comunistas.

Con estos apuntes ya es suficiente entonces para percibir por qué los caminos del arte y la política están separados por campos minados. Esa es la razón, además, por la cual los artistas enfrentan una contradicción insalvable. Como habitantes de la ciudad, deben cumplir obligaciones ciudadanas y a veces asumir tareas políticas. Como artistas, están condenados a distanciarse de las cosas de este mundo.

Desde que hay política y arte, el dilema para todo artista ha sido: o poner la política al servicio de su arte o poner su arte al servicio de la política. Si elige la primera vía, será denostado por sus conciudadanos. Si elige la segunda, dejará de ser artista para convertirse en un mercenario al servicio de poderes circunstanciales. Por eso muchos artistas eligen un camino intermedio. Ese parece ser el elegido por el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel.

3. Dudamel

Gustavo Dudamel decidió a muy temprana edad -siguiendo la línea de su maestro José Antonio Abreu, fundador del sistema nacional de Orquestas y Coros Juveniles- aceptar la colaboración del gobierno de turno como venía ocurriendo desde los años ochenta. El precio módico fue rendir respeto al gobierno sin poner la música bajo su servicio exclusivo.

Dudamel ha intentado, como miles de artistas en el mundo, un compromiso desde el reino de la música con el reino de este mundo. El problema es que esa solución intermedia no ha sido entendida por gran parte de la oposición política venezolana. Situación inédita en la historia de la música. Mientras más éxito alcanza Dudamel, más aversión despierta en sectores de la oposición. Los medios afines al chavismo tampoco lo glorifican. Seguramente esperan de él una toma firme de posiciones, loas al poder y juramentos de fidelidad a Maduro. Tampoco lo han logrado. Dudamel, simplemente, no quiere hablar sobre política. Decisión que contrasta con la de otros artistas latinoamericanos quienes pese a que intentaron opinar sobre política, jamás despertaron el odio concitado por Dudamel entre sus con-nacionales. Pensemos por ejemplo en dos muy grandes. Neruda y Borges.

Pablo Neruda nunca ocultó su militancia en el partido comunista. Pero su poesía era admirada más allá de su partido. Dos de sus mejores amigos no eran de izquierda. Hernán Díaz Arrieta (Alone) eximio y ultrareaccionario crítico literario de El Mercurio, nunca ahorró loas a Neruda. El escritor Jorge Edwards, al final de la vida de Neruda, fue confidente del gran poeta. Neruda, pese a ser comunista, iba mucho más allá de la dicotomía izquierda-derecha. Como Dudamel cuando dirige, Neruda, aún en su poesía política, estaba más allá de la política. Para mí Neruda –no pido a nadie que comparta mi opinión- era y es “la poesía”.

El caso de Jorge Luis Borges es aún más interesante. Siempre Borges presumió de anti-político. Pero pocos escritores han destilado más veneno político que Borges en contra del peronismo, del comunismo y del “progresismo”. Sin embargo, todas esas corrientes lo respetaron. Los escritores peronistas –son muchos- se declaran en su mayoría, devotos de Borges. Borges, para la intelectualidad argentina y gran parte de la latinoamericana, es el maestro. Si se quiere bromear un poco, Borges es el Maradona de los artistas e intelectuales de su nación (lo escribo con cierta sorna: Borges odiaba al fútbol)

Podríamos decir palabras similares de otros grandes como García Márquez (El “Gabo” es símbolo nacional) Octavio Paz e incluso Vargas Llosa cuya actividad política ha sido más que profusa. Los éxitos logrados en el exterior por esos escritores han sido celebrados por la inmensa mayoría de los habitantes de sus respectivos países quienes han sabido deponer diferencias cuando llega el momento de honrar a sus glorias nacionales. Eso lamentablemente no ha ocurrido en Venezuela con respecto a una de las figuras más representativas de la música contemporánea: Gustavo Dudamel.

En el campo de la música es difícil encontrar a alguien que haya elevado tan alto el nombre de su nación como Gustavo Dudamel. Ya sea en los Ángeles o en Gotenburg, en Chicago o en Stuttgart, en Nueva York o en Viena, ha ganado un reconocimiento internacional sin paralelo en la historia de la música latinoamericana. Hay directores de orquesta que ya lo comparan con Leonard Bernstein. Pocos han logrado sentir el espíritu de Mahler o de Brahms de un modo tan intenso. Verlo dirigir la cuarta de Brahms es un espectáculo. Dudamel no solo dirige, “vive” en Brahms.

Adonde vaya Dudamel será visto como embajador artístico, no de un gobierno, sino de una nación. Gracias a Dudamel muchos amantes de la música se han enterado de que Venezuela no solo produce petróleo, reinas de belleza y militares corruptos. Quieran o no, los venezolanos, no solo los chavistas, tienen una deuda con Gustavo Dudamel. Más grande será cuando llegue el momento de desagraviarlo frente a los indecibles insultos que le han propinado miembros de exaltadas fracciones de la oposición por el hecho de haber decidido, antes de su concierto de Nuevo Año en Viena, no dar opiniones políticas sobre su país.

Claudio Arrau, el genial pianista chileno, también tomó en su tiempo la decisión de Dudamel. Ni siquiera en los más feroces días de la dictadura militar quiso hablar sobre política. Todos, derecha e izquierda, si no lo entendimos, lo respetábamos. Y en sus giras íbamos a escucharlo no porque nos interesara su posición política sino porque llegó a ser el mejor especialista en piano de Beethoven y, además –hay que decirlo- porque era chileno, nacido en Chillán. Al igual que ayer Arrau, grandiosos pianistas rusos, algunos de ellos, emigrantes por razones políticas, viajan hoy por el mundo y ninguno opina sobre el régimen de Putin. Solo en Venezuela vilipendian a Dudamel porque no eleva su voz frente al régimen que azota al país.

Por cierto, hay también grandes músicos que como ciudadanos toman opciones políticas y en algunas ocasiones ponen sus talentos al servicio de una causa. La soprano Anna Netrebko -de quien se dice es la heredera de la Callas- y el magnífico director Valery Gergiev, no han vacilado en rendir homenaje al zar Putin en sus presentaciones. Muy bien, es su derecho, pero no es su obligación. Del mismo modo, la venezolana Gabriela Montero, pianista de reconocimiento internacional, ha llegado a componer piezas musicales a favor de una Venezuela democrática. Puede decirse lo mismo: es un derecho, pero no es una obligación. Y mientras alguien cumpla con las leyes y normas de un derecho universal que garantiza tanto la libertad de opinión como la libertad de no opinar, ni Montero ni Dudamel pueden ser objetados.

El autor de estas líneas comparte la opción política de Montero y a la vez acepta la opción de Dudamel. Pues compartir y aceptar son cosas diferentes. No hay ley moral o jurídica que obligue a los artistas a tomar o a no tomar decisiones políticas. Gracias a Dios. De ahí mi absoluta incomprensión frente a esos sectores afiebrados de la opinión pública venezolana que, al enjuiciar a Dudamel, se dejan regir por el lema totalitario: “o estás a favor o en contra de nosotros”. En nombre de su oposición al chavismo esos sectores han hecho suya la lógica del chavismo.

Evidentemente en Venezuela hay dos grandes conflictos. Por una parte, el de la oposición-gobierno. Por otra, el de una cultura democrática frente a otra muy antidemocrática. Esta última no solo reside en el chavismo. Atraviesa, además, de lado a lado, al conjunto de la oposición. Incluso, me atrevería a decir, una parte de la oposición, no sé cual es su magnitud, ha sido facistizada por el chavismo (si es que no lo estaba antes).

Haciendo una revisión a través de las redes sociales sorprende la magnitud e intensidad de las invectivas en contra de Dudamel. Dejemos de lado al hampa tuitera, esos criminales del teclado que proyectan sus complejos de inferioridad en contra de seres muy lejos de su nivel. Lo que sí asombra es que personas ponderadas hayan caído en el mismo frenesí anti-dudamelista. Razón de más para pensar que el problema no reside tanto en Dudamel sino en la propia oposición venezolana. En ese sentido parece ser evidente que Dudamel funge en estos momentos como chivo expiatorio frente a agresiones que no habían logrado encontrar un objeto concreto.

El deseo de agresión precede al objeto de agresión, dice una conocida tesis freudo-lacaniana. En efecto, Dudamel ha pasado a ser objeto de agresión de una tendencia política que no ha podido lograr sus objetivos de poder. Ya sea por una conducción errática, o por la imposibilidad de alcanzar un punto unitario, esa tendencia se encuentra muy frustrada. No habiendo podido derrotar al enemigo, impotente frente a un régimen armado hasta los dientes, ha terminado por desarrollar en su interior una serie de agresiones. Agresiones, que si no encuentran el objetivo, pueden transformarse en autoagresiones o ser invertidas en un objeto sustitutivo del enemigo (en este caso Dudamel). En las redes sociales, sus actores han optado por las dos vías a la vez. Por una parte se injurian de modo abominable entre sí. Por otra, descargan un increíble odio en alguien que ni siquiera es un político. Un profesional serio, un joven exitoso, un propietario de esa mercancía que no se vende en las farmacias: talento.

Por cierto, hay quienes hacen la separación entre el director Dudamel y el hombre Dudamel. Aducen que reconociendo el valor del primero, se pronuncian en contra del segundo aunque sin ahorrar epítetos (desde colaboracionista hasta hijo de perra). Desde un punto de vista formal esa es una posición correcta, pero desde el punto de vista político no lo es. Y no lo es por la sencilla razón de que Dudamel no es un político. Su mundo, como hombre y como artista, es musical.

Lo que más llama la atención es precisamente que la mayoría de los enemigos (¿políticos?) de Dudamel no polemizan con el director por el hecho de que este haya emitido una opinión sino por lo contrario: por el hecho de no haberla emitido. El manido argumento al que recurren es que, ante la situación que vive Venezuela, nadie puede ser neutral. Paradójicamente esa fue la misma posición que levantaron los nazis y los comunistas en sus respectivos países. En situación de guerra interna y externa -aducían- la neutralidad es colaboración. ¿No es la misma tónica empleada por Maduro cuando califica a toda la oposición como “enemigos de la patria?”.

Hannah Arendt, será preciso recordar, distinguía dos enemigas de la política: la despolitización y la sobrepolitización. La despolitización o apatía política lleva a la desintegración de una sociedad. La sobrepolitización, al convertir a todo en política, anula las diferencias entre lo político con lo no político (la intimidad, la religión, el arte) dándose así las condiciones para que aparezca la tentación totalitaria. Y bien, me parece que en estos momentos Venezuela vive un avanzado grado de sobrepolitización.

Afortunadamente he podido observar en las redes muchas posiciones razonables que no señalan a Dudamel como el enemigo número uno de la oposición, que llaman a centrar la acción frente a objetivos políticamente definidos (entre ellos la lucha por elecciones libres y soberanas), que reclaman una separación entre la política con los otros espacios de la vida ciudadana. En fin, opiniones que creen en una lucha democrática realizada por personas democráticas

Personas que creen en las diferencias, en la libertad de opinión y por lo mismo en la libertad de no opinar. Personas convencidas en que quienes cumplen con las leyes y con la moral normativa que de las leyes se deduce (l’esprit des lois según Montesquieu) no pueden ser juzgados ni condenados por nadie. Personas que no se dejan regir por una supuesta moral universal situada más allá de todo tiempo y lugar. Personas que creen que el debate político hay que llevarlo a cabo con políticos y no con cantantes, jugadores de fútbol y directores de orquesta. Personas, en fin, que han hecho suyo uno de los lemas más felices de Rosa Luxemburg: “La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa diferente”

Pienso que esas personas conforman la mayoría de la oposición venezolana. Quiero, además, creer que así es. Porque si no fuera así, seguir apoyando a esa oposición no valdría la pena.

Fernando Mires 

Comentarios (59)

Sheyla Falcony
6 de enero, 2017

FELIZ AÑO 2017. PROFESOR MIRES Bienvenido a su Casa Prodavinci …… DUDAMEL, ( y su hermosa Orquesta Juvenil ), FUE …Y ES.. LO UNICO VALIOSO QUE PARIO LA SUPUESTA REVOLUCION BONITA DEL S. XXI….pero ese parto sólo fué una coincidencia histórica, de orden temporal , que alivió, por momentos, los vapores de la acidez roja de la política dominante y bañó de hermosos aires musicales los rincones de nuestro País y de otros Pueblos del mundo. La Bandera Musical del Jóven y Valiente Dudamel fué como un baño de agua de rosas para nosotros . ¡¡¡ Viva Dudamel !!! Viva la Buena Música!!!

Maximilian L G Grüber
7 de enero, 2017

Parece entrar el autor en la misma falta que critíca: la defensa acalorada de una posición. Se niega el lujo de exponer qué es lo que hace de Dudamel el artista, más allá de haber sido aclamado en diferentes lugares. Abunda sin embargo en el reproche a quienes censuran la actitud de Dudamel, por seguro manejando datos que yo no tengo. Hasta donde yo alcanzo a Dudamel se le reprueba más por lo que ha hecho, que por lo que no ha dicho; básicamente porque está en todo su derecho de usar su libertad de expresión para callar. Los ataques -ciertamente a veces desmedidos- no dejan de ser algo comprensibles. No resulta sencillo aceptar que alguien con sensibilidad artística siga adelante, dirigiendo un concierto mientras sangre aún caliente de inocentes corre por las calles. Donde está la sensibilidad humana? Precisamente es al desasosiego de ese espíritu místico que reside en el artista, a lo que hubiera podido recurrir -sin levantar ampollas en ningún lado- para cancelar la agenda aquel día.

Nelly
7 de enero, 2017

Quienes se niegan a reconocer el mérito de Dudamel en mi criterio solo reflejan su miseria humana y mezquindad, quienes lo atacan reflejan una gran frustración

Vicente González
7 de enero, 2017

El Sr. Mires pide para Dudamel lo que el no está dispuesto a darle a quienes disentimos de sus arrogantes artículos. Mires, que con una pasmosa facilidad insulta y bloquea a quien le critique pide que a Dudamel se le comprenda. ¡Bravo!

Angel Alvenis Rivero Gonzalez
7 de enero, 2017

¿No es político Dudamel? ¿No presta su imagen (su arte, su belleza) para soportar un espejismo que pretende ser ideología para engañar? Y cuando calla, prefiriendo no opinar muestra que lo hace conscientemente en búsqueda de enriquecimiento personal, ¿son aquí sinónimos verdad y belleza? ¿Es aquí la belleza el símbolo de la moralidad? desde la teoría Kantiana, donde su característica es estar determinada por si mismo, por los sentidos y a estos no es posible aplicar el termino de libertad, pero si el de la capacidad sensible y de racionalidad, vértice donde confluyen estética e ideal, derivado en conocimiento o bien llamado por Hegel “presupuesto existencial” donde ya no se trata del pensar, sino de la manera, o yendo más allá, aplicando la subjetividad practica de Epicúreo el de “la filosofía como sabiduría existencial y no como sistema”, o de la Feurbachiana donde es fútil el arte, todo pensamiento, desvinculado de su situación histórica. Neruda también era político, más honesto porque lo profesaba y cuando guardo silencio aquella primavera de Praga supo que estaba equivocado desde muy adentro de su alma.

GEORGINA AZCARATE
7 de enero, 2017

MUY PROFUNDO SU ARTICULO, DESDE ESA OPTICA LE CONCEDO LA RAZON, PERO QUIENES LE HEMOS VISTO EN PALACIO DANDO LOAS A UN DICTADOR, LLEVANDOLE MAÑANITAS, ESO NO LO CONCIBO, EL ARTE ES EXPRESION ES PUREZA Y COMO TAL HA DE REÑIRSE CON LA DEPREDACIÓN , ESTE MAL GOBIERNO ES UN DEPREDADOR QUE HA ACABADO CON LA MORAL, LOS SUEÑOS Y LA AUTOESTIMA DE NOSOTROS LOS VENEZOLANOS. MI COMENTARIO LO HAGO CON EL DEBIDO RESPETO.

Luis Betancourt
7 de enero, 2017

Distinguida Sheyla Falcony . Se ha comentado hasta el cansancio que ni Dudamel ni la orquesta Juvenil son producto del chavismo. Ambos se originaron antes, afortunadamente, a los chavistas si le convino seguir apoyando a la Orquesta Juvenil y al Sistema.

Angel Felce
7 de enero, 2017

Con todo respeto quisiera hacer una acotación: Gustavo Dudamel y otros músicos como él son el resultado de la erróneamente llamada cuarta república. Sencillamente, el Sistema Nacional de Orquestas empezó a funcionar aproximadamente en 1975, y, fiel a sus prácticas, se plegó al régimen de Chavez como antes lo había hecho con los presidentes anteriores. Es la misma actitud de oros artistas que saben que el dinero para sus actividades o las de sus grupos relacionados dependen del gobierno de turno. El asunto es estructural, lamentablemente en América Latina mucho depende del gobierno. Quizás si los venezolanos fuésemos capaces de generar mejores iniciativas privadas para el arte, la política influiría menos y los artistas sentirían más libertad a la hora de expresarse como ciudadanos. También ha de reconocerse que en los últimos 17 años el gobierno venezolano ha hecho todo para desestimular este tipo de actividades, porque precisamente deseaba el control absoluto de todo.

Francisco Suniaga
7 de enero, 2017

No niego que Dudamel sea un gran músico de extraordinario talento. No me molesta que se declare chavista. Ni me irrite que se niegue a alinearse con la oposición. Lo que me molesta e irrita de Dudamel es su pretensión de neutralidad política, cuando por vía de los hechos ha apoyado de manera muy clara.

Maria Eugenia Angulo
7 de enero, 2017

Apreciado profesor, reciba de mi parte un abrazo de año nuevo y las gracias por este articulo q por lo menos a mi, me reivindica como venezolana comun q nacio en democracia .El radicalismo no mira, no observa, solo ofende, desde la herida donde el otro sencillamente no tiene nada q ver . Hay ciegos, con pensamiento unico,no importa donde se ubiquen. Su actuar es igual. Sin duda Dudamel es un orgullo para todos los venezolanos,es un venezolano universal,su talento pertenece al mundo .

Nere Odriozola
7 de enero, 2017

Sr. Mires primero que nada no nos menosprecie, mas o menos preparados ustekd se hace entender y dudarlo es bien poco generoso de su parte. Ningun insulto es valido pero discrepar si lo es, creo que el Sr. Dudamel podria expresar simplemente en publico el dolor que le causa conocer por las penalidades que pasamos todos los Venezolanos y eso no es posicionarse desde un punto de vista politico si no Humano con mayusculas.

D vives
7 de enero, 2017

ante el panorama tan negro que hay en nuestro pais, que este señor sea afecto o no al gobierno, importa? de verdad? no han sido suficientes sus acciones para saber de que lado se decanta? A ver si nos enteramos que en esta situacion, un musico prodigioso(que ni vive en Venezuela, ni cobra en bolivares)y su preferencia politica no tiene valor agregado para la sociedad,no en estos momentos,mas orgullo siento de un medico que trabaja con las uñas para salvar vidas, mas orgullo siento de aquellos que todavia creen y apuestan por Venezuela, de nada nos vale este musico y que sea o no afecto al gobierno, mas que para llenar egos, lucirlo como trofeo y revivir con nostalgia los tiempos de gloria de nuestra Venezuela.Menos pendejadas y mas gente de provecho, pero de la de verdad…..

Noris Marcano
8 de enero, 2017

Hay una premisa fundamental: antes de ser buena y extraordinaria en lo que hago, soy ciudadana. Venezuela está atravesando una de sus peores crisis y necesita de la voz y de los hechos de sus hijos ÍNTEGROS. Ser un excelente músico y por el solo hecho de serlo, promover la cultura del silencio en sus con-nacionales, dice mucho de su calidad integral humana. Y aprovechar la pluma para justificarlo, tomando como referentes a otras personalidades, es querer contar con el beneplácito acomodaticio de unos y otros, es un nefasto ejercicio de manipulación de sus lectores. Perdoname Mires, lo puntos en las ies.

María
8 de enero, 2017

Excepto que lo que pasa en Venezuela es mas que un asunto de ideologías. Cuando alguien se vuelve cómplice de un genocidio las ideologías son lo de menos. El pecado de Dudamel no es ser de izquierda, ni inclinarse a favor de un gobierno. Es, a sabiendas y en beneficio propio, ponerse a sí mismo y a su arte al servicio de mal. Poco importa de qué lado proviene ese mal.

Sin embargo en esa misma nota de separar la política del arte, nunca he estado muy de acuerdo con el nacionalismo, y habiendo en el mundo compositores mas talentosos y sobre todo con mayor calidad humana, no le veo sentido a admirarlo solo por la mera casualidad de que nació en el mismo pedazo de tierra que yo.

Eduardo Echeverria
8 de enero, 2017

“Una parte de la oposicion ha sido facistizada por el chavismo” !!! GIGANTE VERDAD !!! Se ve reflejada en personas que comentan aqui….

Eliezer Sánchez-Lasaballett
8 de enero, 2017

Gracias por este artículo tan revelador y formativo. En Venezuela necesitamos llamar pan al pan y vino al vino. Luego podemos empezar a ordenar nuestras diferencias y coexistir en armonía donde la diversidad sea la medida de las oportunidades para el éxito como sociedad. Dudamel es solo una muestra de lo lejos que podemos llegar a educar a nuestros hijos si usamos nuestros recursos adecuadamente. Gabriela Montero es otro testimonio como Dudamel de la chispa creativa que llevamos por dentro. Ellos solo demuestran lo grande que podemos ser si nos aplicamos con pasión e inteligencia. Gracias.

Fernando Laverde
8 de enero, 2017

No se trata de criticar a Dudamel por su posición de apolítico. La crítica es por su indiferencia ante la violación de la justicia y de los derechos fundamentales de los venezolanos como seres humanos más grande que se ha vivido en esta Nación, por lo menos durante los últimos 60 años. Como se puede ser indiferente a los casi 30 mil muertos anuales víctimas de la delincuencia? Como se puede ser indiferente ante tanta gente que busca comida en la basura? Como se puede ser indiferente ante la tragedia de enfermarse en Vzla? … Yo personalmente creo que por encima de cualquier Profesión está la Condición de Ser Humano y Dudamel o cualquier otro venezolano que pretenda ser indiferente ante lo que se vive en Venezuela no es más que un Inhumano

Carlos Garcia Garcia
8 de enero, 2017

En la epca mas oscura de la historia de Francia aquellos artistas que callaron o decidieron “hacer arte” ignorando el sufrimiento del pueblo se les llamo: COLABORACIONISTAS!!! Un artista por definición es un ser SENSIBLE…Y tiene un DEBER con la sociedad ….El callar lo convierte un COMPLICE!!! NOTA: à titulo personal un alto vocero del Régimen me ofreció un puesto en.la dirección del museo que me interesara…Sin dudar un solo segundo mi respuesta fue contundente NO….. Jamás.colaborare con esta locura ..Y si muchos hicieran como yo..Hoy día la.historia sería otra !!!!

Efrén Gutiérrez
8 de enero, 2017

Totalmente de acuerdo con el Prof. Mires; aunque, me perdone que “yo no sé filosofar”. Siempre he puesto el ejemplo de Wilhelm Furtwängler, quien fue director de la filarmónica de Viena y Berlín, en tiempos del nazismo, fue acusado de defender a los nazis, pero absuelto, justamente, por el Tribunal de Nuremberg, historia bien contada en el film de Szabó, “Requiem por un imperio”.

Jose paternò
8 de enero, 2017

No veo en ninguna parte de su escrito donde juega la “moral” De un ciudadano cuando la dignidad de sus conciudadanos es pisoteada y vulnerada como politica de estado.

Irma Huncal de Mago
8 de enero, 2017

Estoy de acuerdo con estas premisas de Mieres. Viví el nacimiento del movimiento musical en Venezuela, primero el movimiento coral y luego el surgimiento de las orquestas infantiles. Ambos esfuerzos apuntalados por el gobierno de turno y ejecutados por talento venezolano genuino. Nuestras corales ganaron toda clase de premios en el mundo, de ese movmiento coral surgió una generacion de talentosísimos directores y del innegable éxito de las orquetas infantiles surgió el genial Gustavo Dudamel, quien ha vivido desde niño su pasión por la música en un pais donde todo pasa por las manos de un estado paternalista. Es mezquino someter a un artista de estatura internacional a la presión de la lucha intestina que libramos los venezolanos. Si deseamos libertad, dejemos a nuestros congéneres ejercer su derecho a opinar o a no opinar acerca de un regimen cuyo mayor éxito ha sido dividir a los venezolanos y enfrentarlos como enemigos hasta en en el seno de la familia.

Estrella Cebollada
8 de enero, 2017

Muy profundo y muy puro. Una posición que respeto pero que no comparto.Posición política no es “hacer política”, y todas las personas, incluyendo las que se envuelven de algo tan puro como el arte, tienen posiciones políticas en su vida común, así como comen, aman y odian. El arribismo, el oportunismo y la indignidad se filtran hasta lo más profundo de las almas mediocres y yo no creo que la creación artística libera de la maldad y la mediocridad.Un gran artista o un gran científico puede ser un gran mediocre y un miserable, como lo fueron Picasso, Gabriel García Márquez o Heidelberg. La pureza está muy lejos de nuestra humanidad. En Venezuela, el vulgo lo dice muy sencillamente: ” ¡ Jala, pero no te guindes¡” Jala

Roberto Gutierrez
8 de enero, 2017

Los comentarios anteriores si bien pudieran compartirse o rechazarse, denotan la polarizacion existente, lo que me imagino pretende el Sr Mieres es establecer la diferencia basica entre la politica y el arte, aunque hay un arte de hacer politica ,el cual no ocurre, de parte de los que detentan actualmente el poder. Que el MAESTRO DUDAMEL no les agrade a un grupo o a otro, no creo que tenga mucha trascendencia ante los laureles obtenidos por el. A MENOS QUE SEAN SORDOS COMO UNA TAPIA

Chacao Bizarro
8 de enero, 2017

Don Fernando. A mi criterio lo único rescatable de su artículo es la frase ¨hampa tuitera, esos criminales del teclado¨. Que de alguna forma lo emparentan con Don Umberto Eco y Don Giovanni Sartori.

Andres Lapadula
8 de enero, 2017

El análisis de Fernando Mires se basa en la decisión de Dudamel de no dar opinión política. Bajo esa premisa su teoría es perfectamente lógica y la comparto.

Sin embargo, Mires no analiza para nada, se hace el ciego, en cuanto a la actividad pública de Dudamel, quien con su arte a estado siempre, en Venezuela y en eventos en el exterior junto al régimen. Abrazado de Chavez primero y de Maduro después. Incluso en momentos donde las protestas legítimas de calle generaron por parte del gobierno una represión que causó decenas de muertos, heridos y detenidos.

Es allí donde la lógica amañada de Mires se desinfla por su decisión de ocultar los hechos que, en si mismos, son indudablemente una manifestación clara de apoyo de El Dude al regimen. A la cual, ojo, Dudamel tendría derecho, salvo por el hecho de que su derecho a opinar, incluso no opinando, va acompañado de prebendas que supuestamente recibe del regimen.

Vistas así las cosas tengo pleno derecho a despreciar a Dudamel y a sentirme sumamente orgulloso de Gabriela Montero.

Como dijo Dante, los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen la neutralidad en tiempos de crisis moral. En tiempos de peligro no hay pecado mayor que la inacción.

Chacao Bizarro
8 de enero, 2017

Don Fernando. Usted hace lo indecible para reivindicar al director de orquesta como lo haría cualquier melómano que se precie de su condición. Y a la vez utiliza sus mejores armas para tildar de anti democráticos, nazis, fascistas o desquiciados a quienes con razón o sin razón aborrecen al sujeto. Sus ejemplos son agarrados por las greñas Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez y Octavio Paz, nunca le escurrieron el bulto a las realidades sociales que le tocaron vivir. Nunca fueron impolutos sacerdote del arte. Más aun, a don Pablo le toco llevar a cuesta la conseja de ser cómplice del asesinato de León Trotsky, por el solo hecho de haber ayudado al extraordinario mejicano David Alfaro Siqueiros a llegar a Chile tras el asesinato ordenado por Stalin Que la mayoría de los venezolanos detesten al músico, que otro tanto no lo traguen y muy pocos lo amen, es asunto de gustos. Y sus razones tendrán.

williams Beltran
8 de enero, 2017

Juicios y mas juicios, Cual dueño de la verdad nos creemos..!!

Pedro Jémez
8 de enero, 2017

Prof. Mires, desde su declarada posición de cara el régimen venezolano actual y de forma muy simple,¿cómo confronta estas ideas con el pensamiento de Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor.”? Una cosa es ser neutral, respetuoso o incluso activo militante de una gobierno democrático, otra muy distinta es serlo con un régimen al margen de la constitución de su país.

José Correa
8 de enero, 2017

Concuerdo con Lapadula.

Con respecto al artículo el señor Mires abunda lo académico y prescinde del sentimiento humano y otras cosas.

Ginette González
8 de enero, 2017

“La sobrepolitización, al convertir a todo en política, anula las diferencias entre lo político con lo no político (la intimidad, la religión, el arte) ” ¿Cómo hacemos cuando la política simplemente invade y penetra en tu intimidad? O es que sobran el jabón de bañarse, el papel toalé, el champú y las toallas sanitarias? No opinar es libertad: cuando se tiene todo lo anterior, es mucho más fàcil… El problema va mucho más allá. Muere gente, mueren niños, mueren PERSONAS (no espectadores de un concierto, PERSONAS que intentan sobrevivir). Entiendo los matices y las sofisticaciones hasta cierto punto… Muy interesantes. Pero de que Dudamel está perdiendo una gran oportunidad de ser responsable y ayudar con su influencia a impulsar un cambio, la está perdiendo. Es así.

Eddy
8 de enero, 2017

Por lo menos Neruda vivió en carne propia, despreciado por artistas comunistas, su posición frente a la invasión soviética a Checoslovaquia. Edward cuenta que intelectuales cubanos ni siquiera querían saludarlo. Y Neruda dejó para la posteridad su posición en su poema “1968”,… La hora de Praga me cayó como una piedra en la cabeza…pido perdón para este ciego que veía y no veía… A Dudamel no se le pide que extienda su brazo al chavismo o a la oposición, solo que muestre solidaridad con su pueblo en estos momentos tan trágicos.Se dice que los artistas tienen mas sensibilidad que el común. Si se tratara de una catástrofe nbatural, ¿tampoco se pronunciaría?Y lo que vive el pueblo hoy es mas que eso. Sensibilidad es contrario a solidaridad?Por Dios, nacimos para construir solidaridad o ser solidarios con los que mas sufren.

Chacao Bizarro
8 de enero, 2017

Ver. El populismo musical de Gustavo Dudamel¨ por Alicia Freilich. El Nacional 8-01- 2017. Artículo de opinión. También es interesante un comentario que hace el señor Danilo Tortosa.

Ivonne Curcio
8 de enero, 2017

No entiendo que es lo que tienen algunos de mis compatriotas en contra de Dudamel. Para mí verlo en televisores internacionales me llena de orgullo y poder asistir a cualquiera de sus conciertos es indescriptible. Con personas como él da mucha satisfacción decir que somos venezolanos

Luis Martínez
8 de enero, 2017

Además de todas las líneas que me preceden, quisiera proponer un ejercicio imaginativo que no tomará más de cinco minutos: ¿Defendería usted al mismo Dudamel si tocara calladito para el Estado Islámico, allá en Siria? Piénselo…

Ginette González
8 de enero, 2017

De Leon Gieco y Mercedes Sosa. Músicos, como el Director Gustavo Dudamel: “Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente… Sólo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente… Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente; es un monstruo grande y pisa fuerte, toda la pobre inocencia de la gente. Sólo le pido a Dios que el engaño no me sea indiferente; si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente.”

Manuel Ocando
8 de enero, 2017

En este mundo o se es partidario de los buenos caminos y la buenas andanzas o se es perseguido nunca se puede ser indiferente. Es la posición típica del “media tinta” . En donde no se asume una posición concreta o definitiva ante el régimen. Una actitud de poca claridad, de ambigüedad característica de los indiferentes. Poco le importa que nuestro país se esté cayendo a pedazos. Coincido con esa argumentación que dice que ante ser músico se deber ser ciudadano.Esto es mas que un articulo es una apología a Dudamel. Estoy totalmente decepcionado de la intención de este articulo.

Karlenin Guacaran
8 de enero, 2017

Excelente artículo!!! fui parte del Sistema de orquestas y para mí esa experiencia marcó un antes y un después en mi vida,da tristeza como una artista como Gabriela Montero se refiera de manera tan despectiva hacia el Sistema y de manera tan agresiva hacia Dudamel… yo también comparto la posición política de Gabriela sin embargo respeto la posición de Dudamel, pero es un orgullo estar fuera del país y que te hablen maravillas de un venezolano como Dudamel que Venezuela sea representada por tan talentoso hombre y de un nivel tan elevado, si en algo resolviera la posición política de Dudamel la situación del país entendería tanto odio e intolerancia, hay que ser muy obtuso para odiar de esa manera a un artista de la talla de Dudamel solo por no opinar, es el colmo de la intolerancia y del egoísmo,es no tener sensibilidad y mucho menos valorar el arte, cuando veo los insultos propinados hacia Dudamel siento vergüenza de la sociedad en la que nos hemos convertido, sin valores y visceral

Alfonso Henriquez
9 de enero, 2017

Aquí huele a azufre! Así debe oler la miseria humana, demasiada en la mayoría de los comentarios! En ellos se escribe sobre ética, principios y de crisis moral, y se destila odio y desprecio hacia un ser que es además hermano y paisano! Se ataca al artista nacional exitoso, universalmente, por no plegarse públicamente a las posiciones y los intereses políticos de una parte de la sociedad que siempre estuvo arriba, y que ¡por ahora! no está en el gobierno. Si además entendemos que el sistema venezolano de coros y orquestas, infantiles, juveniles, y demás, lo constituyen centenares de miles de personas venezolanas de TODOS los orígenes, credos y posiciones políticas, para que siga vivo y exitoso, necesita continuidad en el tiempo, a pesar de los vaivenes de la política. Si aceptamos que el Maestro Dudamel artista formado en el sistema, tiene ahora la altísima responsabilidad de ser el eximio representante de todos, deberíamos reconocerle su posición con un ¡BRAVO MAESTRO!

victor mayo
9 de enero, 2017

Observar un análisis que esgrima tales profundidades para probar, en primer lugar, que la política y el arte son trazados aparentemente opuestos de la cultura humana, y por tanto de su conciencia. Y por otro lado, intentar también escindir la estructura de un ser humano en tanto artista, es un ejercicio vago e innecesario.

La visión del holos clásico, de la totalidad, enmarca en el acto humano el arte y la política, ejerciéndose desde la conciencia propia del hombre y su posible virtud como ejes necesarios de una totalidad.

No es necesario desmembrar ontológicamente el ejercicio humano para justificar a un individuo en su decisión de no tomar partido ante realidades que superan los eufemismos suntuosos de la filosofía. El hombre es primero hombre en tanto virtudes éticas y después en cuanto inspiraciones y musas.

Provoca cierto cansancio leer u oír argumentos que intentan justificar la indignidad a través de abordajes filosóficos con contextos cuestionables.

En pocas palabras, puede coexistir un músico virtuoso y una mala persona en una misma alma. En este momento, en este tiempo, Venezuela está buscando seres que sean capaces de asumir primero su humanidad consciente.

Si se tienen cualidades extraordinarias, estas deben expresarse primero en esa Belleza que refiere Mires, tan cercana a la Verdad en la filosofía griega. Por tanto, no creo que haya Belleza en Dudamel si él mismo omite ante el otro su propia Verdad.

hesctor escalona
9 de enero, 2017

cuando la situación de un país es grave, guardar silencio es apoyar a los criminales.

roberto dieguez
9 de enero, 2017

Articulo superficial, maestro de la batuta, maestro de la indiferencia, no lo veo dirigiendo un concierto, por ejemplo sobre los derechos humanos, o algo así como para ayudar en las hambrunas, o en la sala de Ammistia Internacional, supongo que a los desafortunados que están en la Tumba (el Helicoide) o a L.L. o su señora, no le calma el espíritu, su magistral interpretación de Mahler, creo que el arte como yo lo entiendo, se acerca mas allá de su poca vision, por los momentos sus C.D , permanecen en la antesala del pipote, espero a ver que sucede en el futuro, y poder escucharlo , como alguna ves lo escuche, con gusto.

Ofelia Paredes
9 de enero, 2017

Profesor Mires, mil gracias por esta clase de filosofía, y muchas gracias por hablar del tema. Estoy de acuerdo con usted 100%, pero el país ha llegado a un punto de polarización política tan agudo que temas como éstos, que no deberían ni de existir, cobran una fuerza insólita. Debo recordar el artículo de Adriana Ponte, “Dudamel y el botón Reset” donde explica también magistralmente este tema, y habla justo del daño más profundo que acaso Chavez logró y sigue logrando en nuestra sociedad: El odio al que piensa diferente. Ella finaliza su artículo diciendo: “Si todos y cada uno de nosotros pusiera al país, como un gran sistema {refiriéndose al Sistema de Orquestas Juveniles}, por encima de nuestros intereses económicos e ideas políticas, Hugo Chávez no hubiese sido tan eficiente esa tarde que apretó el botón de reset. Por lo visto, apenas se salvaron unos pocos que han sabido poner la unión y la esperanza por encima del odio y la venganza. Ovación de pie para ellos.”

victor mayo
9 de enero, 2017

Observar un análisis que esgrima tales profundidades para probar que la política y el arte son trazados aparentemente opuestos de la cultura humana. E intentar también escindir la estructura de un ser humano en tanto artista, puede ser un ejercicio innecesario.

La visión del holos clásico, de la totalidad, enmarca en el acto humano el arte y la política, ejerciéndose desde la conciencia propia del hombre y su posible virtud como ejes necesarios de una totalidad.

No es necesario desmembrar ontológicamente el ejercicio humano para justificar a un individuo en su decisión de no tomar partido ante realidades que superan los eufemismos suntuosos de la filosofía. El hombre es primero hombre en tanto virtudes éticas y después en cuanto inspiraciones y musas.

victor mayo
9 de enero, 2017

En pocas palabras, puede coexistir un músico virtuoso y una persona con fragilidad de valores en una misma alma, y no me refiero a Dudamel específicamente.

Si se tienen cualidades extraordinarias, estas deben expresarse primero en esa Belleza que refiere Mires, tan cercana a la Verdad en la filosofía griega. Por tanto, si Verdad y Belleza expresan una síntesis superior¬; ¿No deberían acompañarse en este devenir humano? ¿Puede existir Belleza en el ejercicio de Dudamel si él mismo omite ante el otro su propia Verdad?

Tropicana
9 de enero, 2017

……Si yo fuera Dudamel y con MI SILENCIO. puedo salvaguardar la integridad física, musical, económica y cultural , así como el porvenir DE UNA ORQUESTA JUVENIL, integrada por niños, , adolescentes y jóvenes…. no dudaría en seguir enclaustrado en mi Silencio..POR ELLOS…Probablemente sea esto lo que está oculto detrás de un closet. y que algún día saldrá a la luz. Apuesto a Dudamel y a su Orquesta Juvenil. !!

Ana Maria Sacchini
9 de enero, 2017

Como ve Sr. Mires el tema es controversial! sin quitarle un ápice de mérito al Director sólo le digo q desde el momento que el se viste para sus conciertos con la bandera venezolana y hace que los chicos lleven esas hermosas chaquetas con nuestros colores no hay forma que solo se lo pueda ver como un artista! El mismo se coloca la piel de político y aún más de ciudadano de un país. Así que si todos amamos esos colores es imposible dejar de opinar sobre el. Eso sí, sin insultarlo!

Chacao Bizarro
9 de enero, 2017

Bienaventurado el hombre (Salmo 1)

Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido ni asiste a sus mítines

ni se sienta a la mesa con los gánsters

ni con los Generales en el Consejo de Guerra

Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano

ni delata a su compañero de colegio

Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales ni escucha sus radios

ni cree en sus slogans

Será como un árbol plantado junto a una fuente.

ERNESTO CARDENAL

Alonso E. Lizaraz Nava
9 de enero, 2017

Valdria la pena, continuar apoyando a el regimen?

eduardo guevara
9 de enero, 2017

Solo los artistas usan las mentiras para decir verdades, cuando crean Arte por supuesto, dudamel dirige obras magistralmente de otros artistas la mayoria sin intention politica solo artistica imagino que si ejerce su derecho al Voto algo negado actualmente en mi pais expresa su simpatia politica y ESE es un acto personalisimo y por muy virtuoso solo vale un (1) voto para que dividir su publico si al final no vive de la politica sino del Arte

lucrecia girondo
11 de enero, 2017

Creo que es una pèdida de tiempo tratar de el tema de Dudamel como un ente celestial al que hay que adorar o despreciar. Simplemente hay que reconocerle su extraordinario talento como mùsico y separarlo del resto de sus cualidades humanas. Esta diatriba sobre el orgullo por alguien que posee un talento especial me parece inùtil, simplemente es una batalla de egos. En mi personal opinión Dudamel es un gran músico pero eso no lo convierte en un un ser especial mas allá del bien o del mal por mas argumentos filosoficos que le apoyen. Como persona simplemente me deja indiferente, las veces que lo he escuchado declarar a taves de los medios no me ha trasmitido ninguna emoción, quizàs toda su pasión se drena por la música. Es simplemente mi opiniòn, tan válida como cualquier otra, y una nota al margen,nunca he creìdo en divinizar a los hombres de ningún tipo, esas actitudes nos han llevado por muy malos caminos en la historia de la humanidad.

Rafael Gonzalez
11 de enero, 2017

Entonces, Gustavo Dudamel es una criatura del sistema de orquestas, una criatura talentosa llevada de la mano de José Antonio. No quiero imaginarme los conflictos internos que seguramente ha tenido a través de su precoz y joven carrera al darse cuenta de que está totalmente atrapado en una situación bizarra por naturaleza donde José Antonio se ve obligado a hacer gala de la mas hábil gerencia para poder mantener a flote esa maravilloso movimiento cultural que traga millones y millones de dólares rayando en el derroche y lo incompresible. Esto lo hace negociando con un producto de indiscutible calidad y un gobierno que desea ponerle su camiseta para gozar al fin de alguna publicidad positiva que lo deje bien parado internacionalmente. Gustavo no es Jose Antonio Abreu, Gustavo es el máximo exponente del éxito del sistema y su éxito ha estado vinculado siempre al éxito y perdurabilidad del Sistema de Orquestas como tal. Por respeto, agradecimiento o compromiso moral con su mentor, no puede ir en contra de las decisiones o negociaciones que el maestro Abreu realiza. Al fin y al cabo, Gustavo es el súper exitoso director pero Abreu es el padre del movimiento y sin él, definitivamente Gustavo no seria lo que es.

Todo esto resulta fácil de comprender si pensamos en Gustavo como un muchacho talentoso que es muy joven, ingenuo y no sabe, ni se le puede pedir saber que hacer ante esta situación tan delicada. Nos llena de orgullo y nos deja muy bien representados a cada continente al que va, listo.

Por otro lado esta la otra inmensa realidad de que Gustavo hoy día no es ningún bebe de pecho, es un hombre exitoso e independiente económicamente al menos. Llega un momento donde se debe separar al muchacho del hombre, y al asumirse como hombre dada su edad, se tiene la obligación de hablar por si mismo ante una realidad tan fuerte como la que vive nuestro país. Hay momentos para tomar posición ante lo que vive el país y ese momento tiene muchos años al aire. Es su derecho tomar la posición que mas le convenga, incluso la mas sabrosa o menos incomoda, pero no puedes esperar que todos nos conformemos con escuchar un ..¨Yo no soy politico¨…cuando todo el sistema esta afianzado en 3 pilares fundamentales…talento, gerencia y política, y si la manera de hacer política es pretender que no la haces para sentirte mejor, me parece que también es tu derecho pero cada vez son menos los que te respetaran con tan disminuido argumento. Ademas los demás tampoco somos sus enemigos por no comprar lo que nos suena a cacofonía.

Se llega a un momento donde no tenemos porque estar siempre buscando lo mejor dentro de nosotros para no criticar a alguien como Gustavo y pretender que los demás son unos malucos que la tienen agarrada con alguien. Tampoco es necesario insultarlo. En todo caso, su carrera, en alguna medida también es producto de lo que pertenece a todos los venezolanos.

Ojo e´ garza.

Jesus Salcedo
11 de enero, 2017

Estimado Prof. Mires, rescato de su articulo una parte de este párrafo.

“Evidentemente en Venezuela hay dos grandes conflictos. Por una parte, el de la oposición-gobierno. Por otra, el de una cultura democrática frente a otra muy antidemocrática. Esta última no solo reside en el chavismo…”

Y estos conflictos o grandes contradicciones, en gran medida han sostenido este regimen, porque no hay claridad y se juega con la misma pelota de lado y lado. Pero tenemos derecho a exigir de todos los hombres un comportamiento humano: sensibilidad y sentimiento.

EDDY REYES TORRES
11 de enero, 2017

Fernando Mires es un chileno que ama a Venezuela. Ese amor lo ha expresado en cuatro libros que ha escrito sobre nuestro acontecer político a partir de Chávez. Mires ha sido docente en prestigiosas universidades. En su corta biografía, que fácilmente puede ser ubicada en Google, se lee que en 1991 obtuvo el título de Privat Dozent en el área de Política Internacional, el máximo título académico que otorgan las universidades alemanas. Confieso que soy admirador suyo y siempre lo leo. Comparto de la A a la Z su artículo sobre de Dudamel aunque reconozco que nadie es monedita de oro.Pero me pregunto: ¿Qué hacemos con José Antonio Abreu? Tampoco él ha criticado abiertamente al régimen. ¿Y el resto de los directores del sistema y sus músicos que no han dicho, ni siquiera, esta boca es mía? ¿Los botamos a todos por colaboracionistas? ¿Salimos también de aquellos integrantes del sistema que apoyan la revolución y aún la apoyan? Transitando esta misma vía podríamos solicitar al papa Francisco que excomulgue a San Pedro por haber negado tres veces a Jesús, antes de que cantara el gallo. Y aprovechar la diligencia para apartar del santoral a San Pablo por haber participado en la muerte del primer mártir de la Iglesia (San Esteban) y en las tempranas persecuciones de los cristianos. Con estas prácticas acabaremos con la sobrepoblación mundial.

Diógenes Decambrí.
11 de enero, 2017

El Sistema de Orquestas fue creado y mantenido desde 1975 por el Estado venezolano, la “revolución bonita” sólo ha parido destrucción, estancamiento, represión, corrupción y sumisión a Cuba. Neruda (ODA A STALIN) y Heiddeger (LACAYO DE HITLER) son antecedentes de Dudamel, como el Gabo, que -CALLADO- compartió con Fidel los inmerecidos e hipócritas privilegios y orgías de que disfrutó ese sátrapa criminal. Asociar a Borges con Maradona, es el mayor insulto que le pueden infligir al literato. Coincido con quienes no aceptan la tesis de que lo artístico puede ir separado de lo real, tendríamos que reducir la negatividad de Hitler al considerar que pintó acuarelas y amaba a sus perros. Asumo como míos los conceptos de quienes repudian al que atraviesa el lodazal y no se mancha, ni siquiera con la grave situación de Venezuela, causada por el premeditado esquema para someter a sus habitantes al estilo que Orwell denunció (en especial los comentarios de Suniaga y Lapadula).

Francisco
13 de enero, 2017

Comparar a Dudamel con Bernstein es como demasiado… Un director (bueno, muy seguramente) apoyado por una gigante máquina mediática junto con el dinero de muchos venezolanos (solo hay que ver el “documental” Tocar y Luchar) versus un compositor, pianista y director de renombre histórico.

¿Cómo separar la política del arte, si el sistema se nutre de una partida inmensa de dinero del país directo del despacho presidencial mientras el resto de Venezuela sufre por escasez de medicamentos y comida además de la represión para la oposición? ¿Lo sé yo y Dudamel no lo sabe? ¿No dice nada al respecto porque atenta contra su bolsillo? ¿Es por apoyo al sistema? ¿Es el sistema tan grandioso en el interior del pais como lo pintan internacionalmente?

Héctor Román
13 de enero, 2017

Política no implica proselitismo. No se espera que Dudamel haga proselitismo partidista (aunque está en su derecho). Es aceptable que tenga una supuesta ‘neutralidad’ política, aunque valga decir que jamás se le ha visto interactuando con algún personaje notorio vinculado a la oposición. Lo cuestionable es que el ser ‘humano’, no el artista, no muestre en lo absoluto conmiseración con las calamidades cotidianas de sus compatriotas. Edgar Ramírez, sin tomar partido, ha manifestado preocupación por la situación que atraviesa Venezuela. D. Baremboim, director musical argentino de ascendencia hebrea, ha tenido iniciativas artísticas en pro de la convivencia entre israelíes y palestinos. Ciertamente esto aplica a cualquier persona en cualquier país del mundo, lo que ocurre con Gustavo Dudamel es que se magnifica por su notoriedad internacional. Por otro lado, las ‘afinidades’ político-partidistas de cualquier artista son irrelevantes para solventar la crisis que atraviesa Venezuela.

Héctor Román
13 de enero, 2017

«Los extremismos y Daniel Barenboim – En una época tan difícil como la nuestra, el músico nos demuestra que siempre hay esperanza y que hay que seguir dando la batalla por un mundo mejor» http://elpais.com/elpais/2015/09/03/opinion/1441291245_497847.html

Gustavo Benitez
13 de enero, 2017

Kike, a ver si ahora en estos minutos que encontré de mi día (antes de quedarme dormido otra vez) puedo hilvanar el boceto de “opinión” que tengo franguando desde que mandaste el escrito sobre Dudamel. Primero que nada parto del principio de que vivimos en mundo libre (al menos algunos de nosotros) y como tal podemos pensar lo que nos parezca; aún cuando hay que admitir que algunos gozan en sus opiniones y actos, por su condición social o profesión, de un alcance e influencia mayor que otros, lo cual debería urgirlos de una mayor “responsabilidad civil” (para llamarlo de alguna manera). Para serte honesto, y respetando el calibre del autor del escrito que mandaste, me parece injusto (pensé decir “abominable” pero quiero mantener este escrito de bajo tono) el pretender comparar por ejemplo los 3 o 4 años paupérrimos de Allende (por lo del apoyo de Neruda) con el sabotaje de país de 18 años en el que lleva sumida Venezuela; o los 9 años (y cachito) democráticos (porque fue electo) de “comunismo populista confundido” de Perón con la destrucción social a la que ha sido sometido nuestro país. Es más, por más que algunos intenten establecer símiles, no existe tampoco comparación entre lo vivido por los venezolanos y lo vivido por Cuba durante el “reino” de Fidel; ni en principios, ni en nivel intelectual, ni en logros tampoco; a pesar de que este proceso terminó también secuestrando y sometiendo al pueblo cubano a un nivel de vida muy por abajo de lo deseado y posible, no degradó el carácter moral y civil de la sociedad hasta el punto en el que está la sociedad venezolana en este momento (además de haberle al menos dotado de salud, educación y seguridad). Neruda y García Márquez pueden haber sido comunistas, de hecho el Gabo sostuvo hasta el final una amistad estrechisima con Fidel aún cuando en sus últimos años trató de evitar emitir opiniones directas sobre el régimen y la situación cubana; Vargas Llosa por el contrario ha sido conservador (al igual que fue Borges según entiendo) y ha dedicado gran parte de su talento a despotricar de cuanta izquierda mal dormida sale por ahí. Estos intelectuales, como muchos otros, han tenido una “inclinación política” que en mayor o menor grado han promulgado y defendido, lo cual de paso es un derecho de cualquier persona que tenga la fortuna de vivir en lo que se conoce como mundo libre y lo cual respeto aún cuando difiera de la mía. Ahora bien, dime tu cuál es la inclinación política de Dudamel? Más bien, y para ponértela más fácil, explícame qué es lo que existe hoy en Venezuela? porque ante los ojos de muchos desinformados puede confundirse con un intento de comunismo, pero para mí eso sería como decir que un vaso de leche cortada es una “crème brûlé”. En Venezuela existe un estado anárquico, engendrado por un gobierno criminal e infinitamente ignorante, mal educado e incapaz, y secuestrado por intereses relacionados al narco-negocio; un “desgobierno” abominable que no solo está sumiendo al país en un retraso político y social significativo (como podría uno criticar de otros regímenes realmente comunistas) sino que está literalmente aniquilándolo, no solo a través de la violencia social (con los más de 25 mil muertos al año) sino a través de la falta sistemática de medicamentos y alimentos básicos. Lo que está pasando en Venezuela, a mi parecer, no es comparable a nada que haya pasado en latinoamericana durante la era moderna (digamos después de los 50s); incluso si comparamos el régimen venezolano con las dictaduras más atroces de los últimos 70 años en la región, no encontramos cifras de “involución” tan alarmantes como las que esgrime el reinado chavista. Por ejemplo, en la dictadura de Pinochet, una de las más terribles en la historia de la región, se estima que murieron alrededor de 60 mil personas; cifra que en Venezuela se alcanza si sumamos las muertes violentas de los últimos tres años. Por otro lado, y corriendo el grandísimo riesgo de sonar reaccionario, durante la era Pinochet se sentaron ciertos precedentes que fueron base para el desarrollo posterior de Chile hasta transformarse en uno de los países mas pujantes de la América Latina; ojo, no estoy justificando el proceso, solo estoy estableciendo una comparación. De manera tal que, uno puede declararse comunistas o de derecha, progresista o conservador, liberal o homofóbico, en realidad mientas estemos en un mundo libre y podamos sostener lo que pensamos tenemos el derecho de expresarlo; lo que me parece altamente cuestionable es servir de instrumento proselitista para crimínales en pleno acto flagrante de sus fechorías. Eso mi querido Kike es lo que no tolero de nuestro celebrado Dudamel. A Neruda o al Gabo los disfruto por la inocencia de quien sabe que no hay verdad absoluta en este mundo, sobre todo cuando se trata de las posturas humanas; pero a Dudamel lo ignoro porque, a pesar de la relatividad del pensamiento, tampoco se puede tapar el sol con un dedo.

Mauricio Fernandez
16 de enero, 2017

Desde cuando Dudamel ya no forma parte de ese sistema de orquestas juveniles en su país?

La providencia y el talento son regalos de la naturaleza que a pocos tocan, hay muchos otros factores que determinaron si Dudamel hubiese llegado a ser la súper estrella sin la ayuda del sistemas de orquestas juveniles e infantiles, en este punto es difícil negarlo categóricamente, ya que la persona el talento, la música vive dentro del mismo individuo, es decir Dudamel es músico y un talento excepcional, dentro del sistema o fuera de él; y no solo por pertenecer a sistema se ve obligado a salvaguardarlo, también es necesario preservar la esencia de lo que representa, la culminación de una visión, el proyecto de su maestro , que no necesariamente se convierte por antonomasia en “Dudamel sistema”.

Cuanto es su capacidad de influir sobre las decisiones o nuevas oportunidades dentro del caos y la catástrofe que sufre Venezuela?

La segundo pregunta, nos lleva a preguntarnos es que si la deuda moral es con el sistema, con el maestro Abreu, o con el país? en este punto supongo que con todos ellos, pero en términos reales que pesa o importa más, el bien del sistema a cualquier precio o el del país como un todo?… no hay duda que se puede hacer el bien desde y dentro el sistema, pero no es su repercusión e impacto dentro del conjunto de por decirlo de alguna manera, imperceptible?… lo que me llega a pensar a que si es reconocido a nivel mundial, es primero por sus capacidades innatas , segundo por su capacidad de trabajo y liderazgo, tercero por su formación dentro del sistema en un país que provee y sustenta el desarrollo de muchos Dudameles, es entonces más importante garantizar su subsistencia a costa de callar o omitir opiniones que pudieran dañar relación son sus pilares ?… aquí pienso que cada quien acoge las estrategias que mejor le parezca o considere pertinentes.

Soy de los que piensa que a lo mejor no quedaran muchos músicos que puedan manifestar su verdad, su belleza, su intelecto; cuando las caristias son muchas en un país que se desdibuja, se convierte en verdugo de creadores, de los que no se arrodillan por el bienestar de una instancia, de una organización, de intereses personales…. o los que sencillamente pensamos que Venezuela, la gran Venezuela que imaginamos se construye desde los cimientos, y no se sostiene por las partes, sino son las partes los transformadores para un bienestar común, en ese sentido Dudamel discrepo con tu silencio, con tu omisión, con tu estrategia…

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.