Respiro

Lygia Clark: el abandono del arte y su aproximación al Yoga; por Betina Barrios

Por Betina Barrios Ayala | 11 de octubre, 2014

«Whenever you feel empty, don’t fight against the void. Don’t fight against anything. Let yourself remain empty. Little by little you’ll be filled until you get back to the normal state of the human being, which is the creative state» Lygia Clark (1920-1988)

El abandono del Arte de Lygia Clark y su aproximación al Yoga; por Betina Barrios Ayala 640

El ocularcentrismo es una de las características más criticadas del arte occidental. Se entiende como una preferencia por la estimulación del sentido de la vista, dejando de lado el resto de las formas de percepción del individuo frente a las sensaciones que el arte es capaz de transmitir. Sin embargo, hay exponentes que desafían esta premisa. Y, como ejemplo de ello, durante el verano de este año la ciudad de Nueva York fue visitada por la primera gran retrospectiva dedicada a la artista brasileña Lygia Clark en Norteamérica. Una muestra organizada por el poeta y curador venezolano Luis Pérez -Oramas en una de las galerías del sexto piso del MoMA trajo a manos de los interesados el acceso a una carrera artística profundamente diversa y sensible.

Lygia Clark: The Abandonment of Art, 1948-1988 comprende cerca de 300 trabajos realizados por la artista desde finales de 1940 hasta el momento de su muerte en 1988. El espacio fue dividido en tres etapas fundamentales de su trabajo artístico: Abstracción, Neo-Concretismo y el «Abandono» del arte. Esta última etapa es el foco principal de la muestra y recibe este nombre debido a que, para ese momento, Clark comienza una aproximación a la terapia psicológica a través de su ingenio artístico, pasando por la creación de objetos elaborados a partir de materiales cotidianos.

La muestra contó con réplicas exactas de muchas de las piezas de Clark, permitiendo una interacción magnífica entre los visitantes y el legado de la artista, acercándose de un modo más efectivo a uno de sus propósitos como creadora: el momento en que el espectador se une con la pieza y se hace parte de ella dándole un viraje y una nueva concepción. Un grupo de jóvenes ejecutaban performances para acompañar la muestra y hacer demostraciones del uso de las piezas, lo que permitía una experiencia profundamente cercana a aquellas terapias desarrolladas por Clark cuando se dedicó a ello en su país natal, Brasil.

La fusión entre arte y terapia a la que se dedica Clark, tiene un vínculo muy importante con la respiración, al igual que lo hace el Yoga, siendo el Pránáyáma una de las partes más importantes de la práctica. En la obra de Clark, la respiración se convierte en un medio para crear una obra de arte, que no sólo tiene el poder de alterar la conciencia, sino también el de sanar a través con su empleo terapéutico.

Una de las piezas que se centra en el acto de la respiración es Aire y Piedra (Ar e Pedra, 1966). En esta obra los participantes son llamados a respirar dentro de una bolsa, llenándola de aire, para luego sellarse con bandas que lo comprimen en el interior, luego se coloca una piedra en la parte superior. Este conjunto se toma entre las manos y se aprieta con movimientos sistólicos y diastólicos, para reproducir un movimiento semejante a la respiración. Otra de las piezas, es Respira Conmigo (Respire Conmigo, 1966), que invita al uso de un tubo de goma flexible que se estira y se contrae, los extremos se unen creando un círculo y la idea es mantenerlo cerca al oído para escuchar el sonido del aire cómo entra y sale creando un efecto y sonido similar a la respiración que es capaz de tranquilizar y generar un efecto curativo.

Estudiosos del trabajo de Lygia Clark señalan que una de las preocupaciones más importantes en  la producción de la artista durante esta etapa, fue la creación de dispositivos para disolver el sentido de la vista en la consciencia del cuerpo. Y es en este punto donde Clark desafía a los críticos del arte occidental que lo tachan de ocularcentrista, pues parte de su trabajo consistió en la confección de capuchas y trajes para favorecer el olfato y el tacto por encima de la vista.

Las Máscaras Sensoriales (Máscaras Sensoriais, 1967) cubrían completamente los ojos, o la percepción visual se veía alterada por lentes hechos con espejos; contenían compartimientos sellados rellenos de flores o esencias de distinta naturaleza; otras tenían conchas de mar que se ajustaban a los oídos, y distintas texturas se combinaban en su interior. En estas obras, el arte no se limita al objeto, sino a las sensaciones que produce en el participante. Señala la propia artista sobre este trabajo lo siguiente: «A través de estas últimas máscaras sensoriales, es el hombre el que se descubre en toda su plenitud, e incluso cuando hincha las bolsas de plástico (…) siente que se está moldeando a sí mismo (en el sentido de que se exhala el aire y la bolsa toma forma), a través del espacio que surge, y tomando conciencia del espacio de su propio cuerpo que va más allá, se forma, para llenar el espacio a su alrededor» (Clark, 1968).

La artista tenía como objetivo tratar el cuerpo y la mente como unidad; y a través de sus trabajos eliminaba las divisiones entre sí misma y su público. Para ella el arte solo adquiere significado a través de la interacción del objeto artístico con su observador-participante, el significado y la estructura de su trabajo se reduce a esa comunión.

Esta serie de métodos recreadores de introspección a través de la estimulación de todo el cuerpo es también una de las tareas del Yoga. Por ejemplo, la ejecución de ásanas con ojos cerrados busca que el practicante se concentre en las sensaciones que estas posturas físicas brindan al interior de su cuerpo. Se trata de identificar los músculos que trabajan para armarlo, de respirar adecuadamente durante el proceso y buscar el equilibrio en un foco interior; lo que abre una experiencia más profunda de comunicación interna, que conduce a su vez a un aprendizaje y genera una sensación de bienestar.

La práctica de Yoga como forma de terapia es un tema que está presente en la difusión moderna de esta disciplina. Y el trabajo de Clark muestra, desde otra perspectiva, las posibilidades que guarda la estimulación física como forma de comunicación interna: entregar el cuerpo a una abstracción visual que conduce a una meditación, un estado de enajenación del espacio, que es también uno de los objetivos de esta práctica ancestral.

En la trayectoria y obra de Lygia Clark, el arte y los rituales terapéuticos se combinan para conectar a los participantes con su mundo interior, emociones y conflictos íntimos; el Yoga es una práctica que conduce a lo mismo, a través de una experiencia física y espiritual de entrega y al momento presente, que puede también tener elementos de expresión artística, como lo es la creación de secuencias coreográficas a través de la ejecución de ásanas. Y deriva en una conexión emocional y expresiva que conduce a una experiencia liberadora y, por lo tanto, terapéutica: capaz de llenar vacíos del alma humana tal como para muchos solo el arte es capaz de hacer.

Betina Barrios Ayala Instructora de Yoga . Licenciada en Estudios Políticos por la UCV. Master en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, Argentina.

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