Blog de Albinson Linares

Educación sentimental en 135 mm, por Albinson Linares

Por Albinson Linares | 29 de Octubre, 2012
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Los trazos, cadencias, ritmos y signos de las relaciones con nuestros padres nos persiguen el resto de nuestras vidas. No en vano es uno de los vértices seminales de la propuesta psicoanalítica de Sigmund Freud y su discípulo Carl Jung. Vistos desde la perspectiva de ser hijos, los padres emergen como la apoyatura o los flancos débiles de miles de decisiones y actitudes que tomamos de manera automática, casi instintiva.

Pero pocas veces nos ponemos en la cabeza de ellos, de nuestros progenitores. Libros como “Cineclub” del académico y crítico cinematográfico canadiense David Gilmour exploran esta faceta. Con la frescura que emana de las vivencias propias este autor narra sus vivencias con su hijo David durante el problemático periodo que es la alta adolescencia, cuando la adultez se presagia y las dudas son pan de cada día.

Con una soltura envidiable Gilmour cuenta la desesperación que le suscita los abandonos sucesivos que su vástago realiza. Deja la secundaria para ponerse a trabajar, su iniciación con la drogas influye negativamente y, por supuesto, deja a una novia estupenda sumido en un vórtice de ansiedad y confusión.

Ante esta sobrecarga de malas noticias y decisiones erradas Gilmour, como padre, asume dolorosamente el control de la situación y plantea las reglas del juego: David hará su vida pero vivirá bajo el mismo techo con él, cumplirá horarios y rutinas además de, y aquí viene lo genuino de este libro, ver un completo programa de películas comentadas y analizadas por su padre.

De esta manera emerge el magnífico crítico que es en cada capítulo donde nos cuenta su visión de mitos cinematográficos como “Los cuatrocientos golpes”, “La dolce vita”, “El Padrino”, “Annie Hall”, “Con faldas y a lo loco” que mezcla con “Pulp Fiction”, “Reservoir Dogs”, “Robocop” o “Instinto Básico”.

Pero el aporte auténtico de “Cineclub” radica en la honestidad con la que el padre se enfrenta a la crisis existencial de su hijo, sólo armado con las bitácoras emocionales y cognitivas del séptimo arte esa gran pasión que atiza su vida. Tres años duró el experimento de crianza tardía realizado por Gilmour.

Fueron tres años de pizza, cervezas, buenas películas y mejores conversaciones en el porche de su casa. Siempre a la misma hora y en el mismo lugar David sabía que vería a su viejo para hablar de cine y, lo más importante, conversar sobre sus vidas. No hace falta decirlo pero el lector puede tener la seguridad de que a David le fue bien.

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Ficha de lectura
Cineclub
David Gilmour
Reservoir Books, 2010
250 páginas

 

Albinson Linares 

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