Ínsulas extrañas

Discursos culturales divergentes, por Antonio López Ortega

Por Antonio López Ortega | 7 de febrero, 2013

En los años ’70, Venezuela vivía una propuesta cultural alucinante: el Festival Internacional de Teatro. Todas las grandes agrupaciones teatrales, todos los grandes dramaturgos, se daban cita en Caracas. La empresa se debió a la visión de un creador argentino, Carlos Jiménez, y al apoyo irrestricto de dos grandes damas de la gestión cultural: María Teresa Castillo y Carmen Ramia. En esos albores, otra creadora argentina que se volvió colombiana, Fanny Mikey, venía a Caracas para ver con admiración los despliegues de una programación cultural deslumbrante para la hora continental. Todos los años, Fanny se llevaba sus semillitas de Caracas, y las sembraba tímidamente en Bogotá, confiando en que el árbol creciera. Treinta o cuarenta años después, el Festival de Teatro de Bogotá ocupa el lugar que el nuestro tenía. Del otro lado de la frontera, el esplendor; de este lado, una copia disminuida de lo que alguna vez tuvimos, hecha con las uñas, sin ningún apoyo oficial.

En los años ’90, la FIA de Caracas fue la cita obligada del arte continental: artistas, galeristas, coleccionistas y museos se daban cita en una dinámica de valoración, crítica e intercambio. También de Bogotá venían los aprendices para llevarse ideas y conceptos. Veinte años después, ArtBo es una verdadera toma artística de Bogotá mientras la FIA nuestra parece cada vez más un remedo de lo que fue.

Podemos ver en estos días la convocatoria del Hay Festival en Cartagena y cerciorarnos de que nosotros nada parecido tenemos. Quizás en los ‘70 u ‘80 tuvimos congresos, premios, iniciativas importantes en el campo editorial, pero hoy en día somos unos parroquianos que cada día involucionamos más, confiados en que el mundo es como nosotros. Por Cartagena desfilarán en estos días dos premios Nobel: Herta Müller y Mario Vargas Llosa, pero también Javier Cercas, Gioconda Belli, David Grossman, Julian Barnes, Fernando Savater, Patrick Deville y tantos más.

Son discursos culturales divergentes: Colombia hacia el universo; Venezuela hacia el sumidero. ¿Qué hace la diferencia? Del lado de allá, quizás el necesario concurso entre los distintos agentes culturales: Estado, sociedades de creadores, instituciones culturales, sector empresarial. Nada de eso tenemos aquí, sino más bien un divorcio entre actores, una desagregación: cada quien por su lado. Pero a quien le toca integrar, o sentar en una mesa a las partes, es al Estado, quien fija las políticas. Tenemos, sin embargo, un Estado sordo, ¿o más bien mudo?

En estos días la prensa se ha hecho eco de todas las declaraciones de Cartagena: posturas, ideas, conceptos, visiones de mundo. Las variaciones, las diferencias. Se nos hablará desde la complejidad, desde la diversidad, sin distingos ni doctrinas. Tan distinto todo a estos desiertos, de gente que cree ver el mundo en su propio ombligo.

Antonio López Ortega ... ... ...

Comentarios (2)

Marina Wecksler
7 de febrero, 2013

Tristemente, muy cierto.

Blanca Arbeláez
9 de febrero, 2013

No sólo cierto, Venezuela ha dejado de ser atractiva y bien como dices, involucionamos En Colombia consigues publicaciones de libros que aquí no llegan (por qué?) Ves lo último del cine europeo (por qué?) … así estamos.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.