Blog de Alejandro Oliveros

Diario literario: Primo Levi y Tonino Guerra; por Alejandro Oliveros

Por Alejandro Oliveros | 10 de Abril, 2013
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Milán, martes 9 de abril de 3013

 

Casi tres semanas después del comienzo oficial de la primavera, Milán no parece haberse enterado del cambio en la inclinación del planeta y la alternancia de las estaciones. Los días siguen siendo de invierno, y con el viento que llega de las montañas, a ratos parece que estuviéramos en una estación alpina. Así es esta región que no de balde fue la escogida por las tribus longobardas, que la prefirieron a otras más privilegiadas como el Lazio, o Toscana con su clima mediterráneo. En el propio centro del norte de la península fue fundada esta ciudad en tiempos de Constantino, alejada del Adriático tanto como del Tirreno, y más cerca de los Alpes con sus hermosos lagos. Y no es que Venecia sea la más solar de las urbes, como podrían serlo Niza o Nápoles, pero en el caso de la Serenissima, su “matrimonio” reiterado con las aguas compensa a los ojos tanta niebla y oscuridad. Caminar bajo la lluvia en Venecia puede ser un placer, hacerlo en Milán es una pesadilla. Pero es que “Venecia esta sobre las aguas como una mentira”, de acuerdo al inspirado y olvidado poeta venezolano Teófilo Tortolero. Milán en cambio descansa sus costados sobre la neblinosa llanura del Po.

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Jun Nguyen-Hatsushiba y Robert Vifian

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Fotograma de “Memorial Projects” del artista Jun Nguyen-Hatsushiba

 

Robert Vifian, aparte de ser un querido amigo es, con el hermano Freddie, responsable del restaurant vietnamita Tan Dinh, el más notable de los locales de ese origen en París durante los últimos cuarenta y cinco años, de acuerdo a la respetable opinión de Le Nouvel Observateur. Su carta de vinos es legendaria y solo comparable a la de sitios emblemáticos de la ciudad como Le Cinq, Carré des Feuillants o Talleivant. Pero también es Robert, con Isabel su esposa, uno de los coleccionistas de arte contemporáneo más respetados de la ciudad. Uno de los pocos seleccionados para la memorable exposición de la “Maison Rouge”, donde los expositores no exhibían una obra determinada de su colección, sino un ambiente de su casa. Robert, previsiblemente, escogió uno de los baños de su residencia el cual fue reproducido tamaño natural, y con todas las obras colgadas de las paredes, en los espacios de la galería. A Robert le debo, entre otros descubrimientos enológicos y plásticos, el conocimiento de Jun Nguyen-Hatsushiba. Para Robert, la vida y el trabajo de Jun estan llenos de coincidencias y simetrías, a pesar de las dos décadas que separan sus nacimientos. Mi amigo nació en Saigón en 1948 y con su familia se marchó a París en 1968, huyendo del momento más violento de aquella guerra. En Tokyo, ese mismo año inolvidable de 1968, de padre vietnamita y madre japonesa, nació Jun. En algún momento de su vida se marchó a los Estados Unidos a estudiar en Maryland y Chicago. A pesar de sus largos años en el “otro mundo”, el de los blancos cristianos, Jun ha hecho de la historia de su país, de su mitología y religión, el asunto reiterado y obsesivo de su arte. Sus videos lo expresan de la manera más dramática y hermosa, lírica y no pocas veces épica. Mito e historia fundidos y confundidos, “the stuff of what dreams are made of”. Una imaginería impensada e impensable, insólita, los sueños traumáticos del autor, su destierro, su extraterritorialidad expresada con la sintaxis fracturada de un lenguaje enigmático y fascinante. Jun cerró el círculo y regresó a Vietnam para vivir en Ciudad Ho Chi Minh. Robert se quedó “anclado en París”. Dos vidas vietnamitas marcadas por el ritmo endemoniado sonido de los Fantoms y B-52 sobre los cielos de Saigón y Hanoi.

 

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Tonino Guerra y Primo Levi

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Primo Levi

 

Guerra es bien conocido por todos los que amamos el cine italiano y le agradecemos algunas de las mejores líneas de la historia del cine. Sin su participación como guionista, la producción de maestros como Francesco Rosi, Fellini, De Sica, los Taviani, Belocchio o Antonioni sería distinta, y seguramente no mejor. Con el último trabajo siempre, por lo menos en La aventura, La noche, El eclipse, El desierto rojo, Blow Up, Zabriskie Point y alguna otra que ahora no recuerdo. Y casi lo mismo con Fellini. Fue también poeta Tonino y escribió mucho y bien en dialecto romanolo. Pero lo traigo hoy a este cuaderno por ser el autor de uno de los diarios más interesantes de la literatura italiana contemporánea. De uno aún inédito he tomado estas dos entradas:

 

Miércoles, 8 de abril de 1987

Con Francesco (Rosi) conversando un poco sobre La Tregua, de Primo Levi.

Rosi le ha telefoneado y lo sintió de lo más feliz cuando supo que estábamos pensando en un guión basado en ese libro.

Tres días después:

 Sábado, 11 de abril de 1987

 Se mató Primo Levi. Se lanzó por la escalera del edificio donde vivía en Turin.

 

El 11 de este mes, dentro de dos días se cumplirán 26 años de la muerte de uno de los más distinguidos escritores europeos del novecientos. Una gloria del Piemonte italiano, como Cesare Pavese, el mismo que se negara a aceptar para su publicación en Einaudi, el primer libro de Levi, Si esto es un hombre. El 11 de abril de 1987, a las 10:20 am, después de recibir el correo, en el 75 del Corso Re Umberto de su natal y amada Torino. Varias “últimas cartas” escribió Levi antes del infortunado acto. Una a su rabino, de la cual solo conozco fragmentos, y otra a su amigo, Ferdinando Camon, el cual ha contado lo siguiente:

Primo Levi murió el sábado, el martes siguiente recibí su carta.

Me embargó una tristeza infinita y me dije: “Seguramente me dirá porque se decidió por el suicidio”. Me esperaba su confesión de que vivir era imposible después de Auschwitz y que no se vivía sino se sobrevivía… Eso era lo que me esperaba al abrir la carta, que debe ser la última que escribió y envió. Si llegó a mis manos el martes, tenía que haberla enviado el sábado durante la caminata que hacia todas las mañanas. La abrí: un himno a la vida, un vórtice de programas, esperanzas ilusiones para ocupar semanas, meses y años.

 

Parte del diario de Guerra ha sido publicado por Adelphi, como Diario notturno. De Levi, siempre tan reservado, no sabemos si los escribió. Ambos, sin embargo, vivieron experiencias análogas. La no menos extraordinarias es haber sido ambos sobrevivientes de los campos alemanes de exterminio. Pertenecieron a ese reducido grupo de “salvados” frente a la gran mayoría de los “hundidos”. El salvavidas de Guerra le sirvió hasta el año pasado cuando murió a avanzada edad. El de Levi se desinfló aquel sábado 11 de abril de 1987 a las 10:20 am.

 

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Mitteleuropa

En su columna de hoy, con un brillante artículo sobre esta noción de una Europa de difícil ubicación geográfica pero cuya existencia queda consignada por la permanente literatura de sus autores, Claudio Magris da a conocer el lanzamiento de una nueva colección, patrocinada por la prestigiosa editorial Marsilio, dedicada a los escritores más relevantes de esta Mitteleuropa tan elástica como desaparecida. Entre sus ciudades cuenta Magris a Viena, Cracovia, Lubiana, Budapest, Zagreb y probablemente Trieste. Y, dificilmente, Berlín o Nuremberg. De la Mitteleuropa se puede decir que era más un estado de ánimo que una geografía precisa. Dos elementos convivían en una simbiosis particular, el germano y el hebreo. Así se desarrolló una cultura cuyos cronistas fueron Musil y Kafka entre otros, hasta que, como precisa el autor de El Danubio,  uno de los componentes quiso exterminar al otro. De Mitteleuropa sabemos por su literatura. Los primeros títulos de la nueva colección de Marsilio ilustran más sobre esta geografía imaginaria que una tesis de grado: El redentor, de Musil; Cartas a Milena, de Kafka; Cuentos de Malá Strana, de Jan Neruda; Hotel Savoy, de Joseph Roth y La sal de la tierra, de Josef Wittlin. En castellano sería improbable pensar en una empresa semejante. El parroquialismo es el signo de los tiempos en Venezuela y América Latina, y los pocos intentos editoriales españoles dignos de elogios (Salamandra, Acantilado, Pretextos) no viven el mejor de los mundos en una economía signada por el estupor y la depresión.

Alejandro Oliveros 

Comentarios (1)

Marisa Oliveros
10 de Abril, 2013

Alejandro, como siempre fascinante, para mi es tan especial leerte. Mil besos, Marisa

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