Blog de Alejandro Oliveros

Diario literario: De política y Stendhal; por Alejandro Oliveros

Por Alejandro Oliveros | 11 de Abril, 2013
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weerasethakul

“Primitive”, videoarte del director tailandés Apichatpong Weerasethakul expuesto en el centro cultural HangarBicocca en Milán, 2013

 

Milán, miércoles 10 de abril de 2013

Hace unos días estaba con Alessandro, mi nieto de nueve meses, en Hangar Biccoca para una muestra del muy interesante director Apichatpong Weerasethakul. Siete pantallas gigantes en el espacio casi infinito del Hangar donde se muestran, de manera simultánea, los videos del artista sobre la historia reciente de Tailandia, su país natal. Un proceso marcado por la aguda violencia de las guerras del sudeste asiático. Nada de textos, sólo el flujo incesante de imágenes, las más de las veces torturadas y dolorosas para los inocentes habitantes del país, ajenos al macabro ajedrez de las potencias de la agotada Guerra Fría. Las pantallas están dispuestas en paralelo, y hay una del tamaño de una pantalla de cine. El sacudido espectador siente que aquella violencia le pertenece sin importar la distancia que lo separa del remoto paisaje tailandés. Pero Weerasethakul se propone, y lo consigue, que desarrollemos una suerte de empatía con el destino no pocas veces trágico de aquella “distante comarca”.

Un imaginativo videoartista venezolano haría algo semejante. Ocho proyecciones simultáneas para mostrar lo que ha ocurrido en el país durante el último cuarto de siglo. Secuencias que dirían más que los esforzados análisis de periodistas e historiadores. Una selección arbitraria de secuencias sería la siguiente: 1) Los sucesos del llamado Caracazo; 2) Asalto al palacio y residencia presidenciales durante el fracasado intento de 1992; 3) Las elecciones que llevaron a la presidencia al teniente-coronel retirado; 4) Las grandes marchas de la oposición y el ridículo pasticho de abril 2002; 5) La morgue de Bello Monte un fin de semana cualquiera; 6) Dudamel dirigiendo la orquesta juvenil en el Aula Magna de la UCV; 7) La escasez alimentaria y las grandes colas en los mercados, para terminar con 8) La tragicomedia de la enfermedad y muerte del primer mandatario. La escogencia es personal e imperfecta. Pero la percepción que dejaría la simultaneidad de las imágenes es probable que aproximen de una manera permanente a cualquier espectador que se asome a la absurda historia venezolana de los últimos años.

 

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Matrimonio a la italiana

La historia de la Italia moderna parece signada por contradicciones insalvables. Con afanes y hechos cargados de gloria, Garibaldi enfrentó y venció a la monarquía de los Habsburgo para llevar al poder a la monarquía de los Saboya. Antes de la Segunda Guerra Mundial, las democracias occidentales ofrecieron su alianza a Mussolini, quien pasaba los días pensando en un futuro imperial y antidemocrático. Más acá, para salvar la gobernabilidad, y propiciada por Aldo Moro, se produjo el pacto histórico entre los comunistas italianos —el partido de izquierda más independiente y prometedor de Europa, con Berlinguer y Napolitano como líderes— con la democracia cristiana del siniestro, mafioso y servil instrumento del Departamento de Estado, Giulio Andreotti. Dicha alianza llevaría al asesinato de Moro, las actividades sanguinarias de los Brigate Rosse y el ascenso del dudoso e incriminado por corrupción Bettino Craxi. Hoy en día existe otra contradicción que trata de superarse con encuentros entre otro hombre de izquierda democrática, Pierluigi Bersini, y el líder de la centro derecha, corruptor de menores, conciencias y príncipe de los corruptos él mismo, Silvio Berlusconi. Los resultados son previsibles. Y una nueva contradicción se ofrecerá al destino de un país donde las contradicciones insalvables se presentan como una fatalidad.

STENDHAL texto

Milán, jueves 11 de abril de 2013

Ningún francés conoció y amó tanto la capital lombarda como el gran Stendhal, quien en esto, como en casi todo lo demás, coincidía con su emperador Napoleón Bonaparte. Esta es una entrada de uno de sus diarios escritos en esta ciudad.

Sobre la vista de los Alpes:

No he visto en el mundo nada más hermoso que el aspecto de estas cumbres cubiertas de nieve, divisadas a veinte leguas de distancia, mientras todas las montañas inferiores quedan en el más bello tono sombrío.

Sobre el “Duomo”:

He ido todas estas noches, hacia la una de la mañana, a ver de nuevo la catedral. Iluminada por una hermosa luna, esta iglesia ofrece un aspecto de una belleza arrebatadora y única en el mundo.

Nunca la arquitectura me ha procurado tales sensaciones. Este mármol blanco recortado en filigrana no tiene, desde luego, ni la solidez ni la magnificencia de San Pablo en Londres. Diré a las personas nacidas con cierto tacto para las bellas artes: “Esta arquitectura brillante es gótico sin la idea de la muerte: es la alegría de un corazón melancólico, y como esta arquitectura despojada de razón parece edificada por el capricho es acorde con las locas ideas del amor. Cambien por piedra gris el mármol resplandeciente de blancura, y todas las ideas de muerte reaparecen”. Pero estas cosas son invisibles para el vulgo y lo irritan. En Italia este vulgo es una minoría, en Francia es la inmensa mayoría…

Esto fue escrito el 5 de noviembre de 1816. Uno solo puede imaginar el frío lluvioso de Milán para esa fecha, pero Stendhal también en esto era como su admirado petit caporal, llamado para acciones por encima de la voluntad del resto de los mortales. El viajero contemporáneo que se sienta inclinado a emularlos, será gratificado con la blancura metafísica de los mármoles recién restaurados de la catedral.

Alejandro Oliveros 

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