Blog de Federico Vegas

Diario de una catástrofe; por Federico Vegas

Por Federico Vegas | 14 de agosto, 2017
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Fotograma de El séptimo sello (1957), de Ingmar Bergman

I

Si ya nadie tiene aguante para escuchar más explicaciones y elaboraciones sobre algo estruendosamente evidente, ¿para qué escribir sobre el tema?

Cuando se necesitan urgentes acciones, las palabras justas se hacen más necesarias que nunca, pero, al mismo tiempo, se tornan insoportables.

Muchas veces he sentido que más benefician los hechos a mi escritura que mi escritura a lo que nos sucede. Siento que aprovecho la fuerza de las circunstancias para expresarme, desahogarme, como si este fuese el único objetivo.

Ya es imposible mantener ese doloroso divertimento. A partir del domingo, 30 de julio de 2017, todo escrito que no perjudique a la dictadura al punto de que esta necesite censurar o encarcelar al autor, es un texto políticamente inútil. Mi hija varias veces me lo ha dicho cuando le pido su opinión sobre algo que estoy por publicar:

—Está bien, papá, pero no es como para que te metan preso.

Los escritores venezolanos solo estaremos utilizando a conciencia la literatura cuando el Sebin toque a nuestra puerta y nos encuentre en pijama. Si somos capaces de dormir tranquilos una noche completa, lo escrito está al servicio del dictador y su artera prédica de estar buscando la paz. Mis noches de insomnio se deben, más que al miedo, a una asfixiante sensación de inutilidad.

El otro problema angustioso es la imposibilidad de comenzar y terminar una idea coherente. Apenas comienzo a reaccionar frente a un hecho sobreviene otro aún más contundente e inhumano. Trato de dar una respuesta inteligente, pero presiento que ya la inteligencia de muy poco nos sirve. Solo contamos con la intuición, esa fuerza que el filósofo Henri Bergson describe como una lámpara a punto de apagarse que arroja una leve luz sobre nuestra personalidad, nuestra libertad, nuestro destino. Esta es la única manera de llegar a lo inaprehensible, a lo inefable, a lo más profundo de una injusticia tan oscura que resalta como un inmenso en la frente.

Según Bergson, la inteligencia se caracteriza por una natural incomprensión de la vida. Ocurre que tiende a detener lo que analiza y convertir el hecho en un cadáver para colocarlo en el escaparate de sus calificaciones y ordenamientos. Las fortalezas de la inteligencia son a la vez un peso, un lastre que le quita el vuelo necesario para acompañar la evolución continua de las cosas que examina. Nuestra vida política, aunque parece sumida en un absurdo estancamiento que nos ahoga, siempre está fluyendo, produciendo nuevas formas de maldad, de horror, que nuestros inteligentes escritos han hecho aún más pesadas al impedirnos intuir su secuencia.

No podemos elegir ser intuitivos; si acaso crear las condiciones para que la intuición se sienta a gusto. Escribir un ensayo, por más que se trate de un pasajero intento de comprender, no es el método más propicio. El ensayo suele estar signado por el afán de llegar a algo que tenga principio y final, dos instancias que no existen en el verdadero transcurrir de los hechos históricos.

He optado por llevar un diario veloz y veleidoso, íntimo e irresponsable, así quizás podré acompañar a los hechos sin la obsesión de atraparlos. Estas casuales impresiones no garantizan que logre acompañar nuestro devenir, pero quizás resulten más provechosas que esa manía de “rematar” las ideas. Serán anotaciones con algo de hipo y de suspiro, pero nunca con el trámite de una verdadera digestión (un proceso que ya sabemos en qué termina). Voy a intentar avanzar como quien pasea y va dejando un registro de lo que observa. Stendhal decía que una novela es un espejo que recorre un camino. Los venezolanos avanzamos entre amenazantes espejismos que terminan siendo ciertos.

La guía de mi escritura, o punto de partida de las primeras incitaciones, suele ser el azar del encuentro con los libros, preferiblemente los usados que ya nadie quiere. Allí están los clásicos que sobreviven al manoseo y vuelven a reaparecer en ventorrillos manteniendo su brillo y su misión. Este azar requiere y propicia algo de intuición, pues no encuentro lo que busco, más bien ruego que la suerte propicie un encuentro que había postergado hasta olvidarlo. No me refiero a leer el libro completo, puede ser una frase en la primera página, tan conmovedora que debo cerrar el libro para recuperarme y quizás nunca más vuelva a abrirlo; como un par de líneas en el prólogo de Romain Rolland a su biografía de Miguel Ángel: “En el mundo hay un solo heroísmo: ver el mundo tal cual es; y amarlo”. La heroicidad que Venezuela nos exige me obliga a cerrar los ojos y cerrar los puños hasta dejar de pensar.

II

Domingo, 13 de agosto

Dos semanas después del zarpazo desconstituyente, he vuelto a toparme con Alexis de Tocqueville y su Democracia en América. Acosado por la pregunta que me persigue, “¿Para qué escribir?”, voy directo al capítulo XX: “Sobre la industria literaria”. Tocqueville nos explica que la democracia no solo lleva la afición de las letras a las clases industriales, también lleva el espíritu industrial al seno de la literatura.

En las aristocracias, los lectores son difíciles y poco numerosos; en las democracias es menos penoso agradarles, y su número es prodigioso.

Me asombra cuánto tiempo me ha tomado percatarme de algo tan obvio: estamos bajo el yugo de una aristocracia, una pésima noticia para los escritores venezolanos. Vivimos una nueva realidad sin espíritu industrial en la que sólo Suniaga en Venezuela y Alberto Barrera en el exterior parece que podrán sobrevivir. Los venezolanos solo queremos saber una cosa: “Hasta cuándo durará esto”, y cada día el tema va perdiendo espectadores. Los posibles lectores están agotados y terminan desconfiando hasta de su propio idioma, y así, ¿quién quiere leer?

“¡Aristocracia!”, suena tan raro y tan cierto. A partir de Chávez nos dirigen los mismos personajes del mismo drama. Como en una partida de dominó, intercambian los oficios y hasta la facha, pasando, como un actor que cambia de libreto, de hacer de doble blanco a ser la peor de las cochinas. Es una aristocracia de sangre, pero de sangre derramada. Las fortunas de estos nuevos nobles no les cabe en la conciencia y se han ido deformando, preparándose para perdurar en el óleo con marco dorado que consagrará sus vicios, o en esas fotos escandalosas y desvaídas sobre los capítulos más infames de nuestra historia. Ellos no circulan por los espacios públicos de los demás ciudadanos. Ya lo dice el Papa Francisco: “La corrupción apesta y roba la esperanza”, y estos aristócratas saben que hay un pachulí, un berrinche que los descubre. Transitan en secreto por otros ejes, como el dictador y su esposa, quienes bajan la voz al pasear por la ciudad de noche, aunque estén solos y en un carro blindado. A veces se les puede ver en tarimas saludando a caricaturas de la plebe, o en videos donde dan rienda suelta a su omnipotencia mientras esbozan unas sonrisas rarísimas. Sus familiares están regados por el mundo y sujetos a reseñas que tiene más de “Adiós” que de Hola. Ver a los hijos sufrir por el odio que han generado sus padres tiene más de circo que de justicia.

De la etimología de Aristocracia, “el gobierno de los mejores”, es inevitable pasar al término “Kakistocracia”, el gobierno de los peores. Ya en varios artículos recientes ha cundido esta inevitable referencia. Se ajusta tan bien a nuestros sempiternos personajes que da grima desarrollar el tema. Un diccionario de sociología define a la kakistocracia como “un estado de degeneración de las relaciones humanas en que el gobierno está controlado y dirigido por seres que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.

Kakistos es el superlativo de kakos, lo peor de lo “malo”, “sórdido”, “sucio”, “vil”, “incapaz”, “perverso”, “nocivo”, adjetivos que se aplican a la tormenta perfecta que estamos atravesando. La pregunta es si los “kakos” generan la tormenta, o existen condiciones desde atmosféricas hasta astrológicas para estar viviendo (contradiciendo al mismísimo Leibniz) en “el peor de los mundos posibles”, una conjunción tan funesta que ha generado la “Cagastocracia” que la dirige y representa. En otras palabras: ¿La cagastocracia ha generado la cagástrofe, o debemos invertir la ecuación y buscar unas fuerzas destructivas que preceden a quienes las han aprovechado con tanta saña?

No es fácil explicar la existencia de un organismo que se hace más poderoso con su propia descomposición. “Cagastrofe” es un vocablo cubano que define un mal que trae consigo repetidas malas consecuencias. En nuestro caso, esa es la clave de la subsistencia del gobierno. Un ejemplo: ¿A quién se le ocurre hacer un fraude electoral de proporciones bíblicas, denunciadas hasta por los propios operadores, y enseguida llamar a unas nuevas elecciones? Suena como un sinsentido, casi un trabalenguas. Pues en manos de la cagastocracia se convierte en un arma desgarradora, una pócima divisionista que no hay por dónde agarrarla.

Estamos ante una refundación del país partiendo de uno de los períodos que la historia creyó dejar atrás: el feudalismo. A nuestros señores feudales no les interesa la población, solo el territorio y sus riquezas para venderlas a Imperios Orientales y disfrutar con la ganancia en Imperios Occidentales. El hambre, la emigración, los asesinatos, los colapsos sociales, no son consecuencias que les preocupan, sino el método más conspicuo (aquello que es prestigioso, insigne, reconocido y prominente) para apoderarse de grandes extensiones. Se basa, tal como ocurrió en la Edad Media, en la difusión del poder desde la cúspide hacia la base donde el poder local se ejerce de forma efectiva con gran autonomía e independencia. Cada gran kako tiene su coto, su pequeño imperio, su cartel, desde petróleo hasta distribución de alimentos, desde drogas hasta el nuevo negocio de la represión, donde los jóvenes son secuestrados como manadas de ganado y después vendidos a sus padres. Se trata de una Antigüedad Tardía, pero no es un preámbulo del Renacimiento, sino del modo de producción esclavista.

Estamos volviendo a los tiempos de cuando la palabra “civil”, “lo propio del ciudadano”, tenía un significado desestimable, mezquino y ruin. En esa Edad Media donde nos vamos adentrando, lo “civilis” se oponía a lo “militaris”: “lo propio del caballero”. De aquí que por centurias lo “civil” fuera algo villanesco, propio del no caballero. Ahora, como entonces, los diferentes ejércitos ven a la población civil como un coto de caza y una raza inferior. Esto explica que siendo la población civil una mayoría tan evidente, y con una conciencia política muy desarrollada, se encuentre en un estado de indefensión y franca depresión a punto de hacerse endémica y constitucional.

No puedo intuir el futuro pero sí imaginar un pasado. ¿Cómo sería Venezuela si el actual sistema de gobierno hubiera sido una constante desde 1958? No es difícil hacer el listado de lo que no habría en base a la lista de lo que no han hecho. Basta con extender lo que han destruido en veinte años para ver paisajes tan desolados y despoblados como los del Séptimo sello, la película de Ingmar Bergman.

La obra de Bergman trata de un caballero armado que atraviesa la Europa medieval durante la Peste negra. Va hacia su castillo, donde cree que podrá estar aislado y a salvo. Durante su travesía va jugando una partida de ajedrez con la Muerte, la cual ha venido a llevarse su alma. El título del film proviene del Apocalipsis: “Cuando el Cordero rompió el séptimo sello del rollo, hubo silencio en el cielo durante una media hora”.

El silencio del cielo representa el silencio de Dios ante el desastre que han producido los hombres en la tierra, y es también el silencio del hombre ante la pérdida de su fe.

Así me siento y así termina el primer y último día de un diario que espero poder continuar.

***

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Federico Vegas 

Comentarios (24)

Rafael Angel Rodriguez
14 de agosto, 2017

Don Federico Vegas en unión de unos pocos intelectuales que se le acercan es el representante legítimo y verdadero de la tragedia que padece este hermoso país. Lamento en lo mas profundo de mi ser que su pensamiento no tenga la difusión que le corresponde como pensador venezolano. Es lamentable y triste. Por ello, todo aquél que lea sus artículos debe difundirlos de manera inmediata para que lleguen al mayor número de venezolanos posibles. Yo por mi parte me siento identificado con su pensamiento y lamento no tener el don de su elocuencia para expresar el dolor profundo que me causa el acontecer de mi país.

Espe
14 de agosto, 2017

con lágrimas que no salen se le lee porque su “inútil” escrito puede traducirnos a algunos. no importa cuántos, o si? ese silencio lo sentimos muchos cada noche, a veces con alivio: podría por fin ser el fin, y ya se acabaría tanta agonía. me atrevo a pedirle guarde muy bien lo que puedan aprender los que vienen detrás de los ustedes que pueden con así, sin remedio, dejarse desgarrar por las palabras. será que algún nieto leerá algo suyos y me recordará o se preguntará algo sobre mi y me contestará en su silencio?

Santiago Espinoza
14 de agosto, 2017

Excelente analisis y profunda reflexion sobre lo que sucede en “nuestro pobre pais rico”, pareciera una tragedia interminable que no nos permite vislumbrar una luz en el tunel. Ya nada nos sorprende, nos asombra pero si nos conmueve en lo mas profundo de nuestro ser. Estamos involucionando en el tiempo, pero vacilar, rendirnos, no es la alternativa, hay que seguir luchando, marchando, escribiendo y sobreviviendo.

ARICHUNA SILVA ROMERO
14 de agosto, 2017

Excelente entrega.

H.Augusto Pietri
14 de agosto, 2017

Entre sus libros usados, los que ya nadie quiere, ojalá y Ud.encontrase dos, que vienen a relatarnos un poco de forma metafórica lo que nos está sucediendo; diría que el 1° sería “la Peste” por esa pesada cuarentena que trastocó toda la vida de el puerto de Oran, en la narración de Camus y bien sería una larga la que nos ha tocado de más de cuarenta días (18 años..)como cambio todo por efecto de la peste bubónica….menuda comparación. Y el otro libro, también de Camus, sobre El Mito de Sisifo, para entender bien a nuestra MUD y AN. Sobrarían comentarios.

De la Kakistocracia, muy elaborado término para calificar o definir quiénes aquí han depredado el erario, lo propio y ajeno, lo público y privado. Bastaría releer el manual de fenotipos delincuenciales publicado por Cesare Lombrosso,Mara encontrar las semejanzas y características propias de ese vasto compendio que dio inicio a la criminalistica moderna, no más.

Felicito su valor y su buena pluma, extraño su programa de 97.7 fm.

Juan Antonio Lovera Vegas
15 de agosto, 2017

Me viene a la cabeza que quiero decirte algo “sobresaliente”, más no encuentro que. Siempre leo tus escritos en este medio. Toma esto como eso “sobresaliente” que te quiero decir y no encuentro

Me da mucho orgullo poder decir “ese es mi primo”

Un abrazo

Cesar
15 de agosto, 2017

Querido Federico,

Tu hija tiene razon.

Esta bien, pero no es como para que te metan preso…. todavia

Ya no vivo en Venezuela pero para mi es muy importante leerte porque es la mejor forma que tengo de entender lo que ocurre desde lejos. Espero puedas escribir eso que aun no puedes, eso que segun tu te llevaria directo a la carcel, porque mientras lo intentas llenas de esperanza a quienes te leemos porque sabemos que Venezuela puede ser diferente.

Aprendi a disfrutar Caracas y a entenderla gracias a tus tertulias con William en tu programa. Pero mas importante para mi es saber que son esos ojos entrenados (por ustedes) con los cuales miro la ciudad donde ahora vivo. Como me gustaria devolverte el favor y ense~arte esta ciudad para que por un momento olvidaras la tragedia que significa Venezuela.

No se si lo he logrado pero es mi manera de agradecer lo que haces, a ti a tantos otros que te acompa~an o te acompa~aron.

Gracias, C.

Gloria Muñoz
15 de agosto, 2017

Excelente. Comprendí la tan usada palabra Kakos y a la vez desconocida en su significado, como es el mejor adjetivo para quienes nos gobiernan. Cuanta tristeza e impotencia. Y ese silencio del cielo que parece a veces no escuchar nuestras suplicas ni conmoverse ante nuestra tragedia a sido provocado por todos y cada uno de nosotros quienes con nuestros pensamientos, palabras, acciones e intenciones hemos sido responsables de lo que vivimos. Toca reflexionar sobre cual ha sido mi cuota de responsabilidad para seguir manteniendo mi fe y hacer que el cielo pierda su silencio. Gracias Don Federico Vegas

Jose Daniel
15 de agosto, 2017

Al leer parte de este articulo me viene a lamente aquella oración “solo se que no se nada”, cuantas verdades, también veo algunos comentarios que indican que seria conveniente que muchos lo leyéramos y entendiéramos. Solo me queda decirle “GRACIAS”

Rody
15 de agosto, 2017

Federico Vegas, estaba cautivada hasta que llegué a los nombres Suniaga y Barrera. Después todo me pareció igual a todos los ejercicios que hacen las élites: primero, buscar el heroísmo en su razón de ser; segundo, pensar que son el centro del universo. Me hubiese convencido continuar mi sabrosa lectura si también habrías mencionado a Natasha Tiniacos y a Alejandro Castro. Una mujer y un negro, ambos venezolanos.. Ah, y jóvenes, de paso. En conclusión, sigues siendo parte del problema. Pero sigue escribiendo, quizás ocurrirá el milagro de la alquimia, quizás encuentres, de paso, la humildad.

Miguel Miguel García
15 de agosto, 2017

Excelente, lúcido, brillante, duro, desgarrador…

Pepetex
15 de agosto, 2017

Subscribo adsolutamente tus palabras Federico. Pareciera que finalmente nos alcanzó la noche de la Gran Oscuridad.

Elizabeth Valarino
15 de agosto, 2017

Estimado Federico Vegas

Este ensayo que has escrito me ha llegado muy profundo y me identifico con el. Trasluce el sentimiento de tristeza y melancolía que nos sobrecoge a muchos de nosotros. Y a pesar de ello nos incita a seguir en la lucha contra lo que consideramos negativo en nuestras vidas y que nos arropa como un manto negro y denso. Es de lo mejor que has escrito, porque salió desde tu alma herida y consternada por tanta maldad que nos rodea. He pensado como tu muchas veces, si vale la pena seguir escribiendo ante la vorágine de hechos que nos aturden cada día y no podemos asimilar muchas veces, pero si vale la pena hacerlo, amigo admirado y apreciado. Haz dado un bálsamo a mi alma con lo que has escrito desde tu corazón. Un abrazo

maria nuñez
15 de agosto, 2017

Me dirijo a usted para felicitarlo por sus excelentes escritos. Pienso que no todo está para nosotros, personas como usted son las luces que alumbran el camino que se debe seguir. A veces antes tantas problemas que le suceden a los dirigentes de nuestra opción, nos sentimos frustrados y rabiosos, pero debemos tener fe, que nos espera un nuevo amanecer, luminoso, alegre, con verdes colinas y mucha paz amor y comprensión entre todos los que habitamos este país. Un abrazo grandote

Pedro
15 de agosto, 2017

Dificilmente estos Kakos entiendan de que se trata tu diario. Porque lo que si es evidente es que ellos carecen de cualquier pensamiento ideológico. Es Ali Baba y los cuarenta Ladrones, no la revolución Rusa! Gracias a Dios….

Amaya Stone
15 de agosto, 2017

Asombrada con placer de la manera magistral de su verbo, la hilación de las ideas, las ocurrencias epifánicas…. ME FASCINA ESTE ESCRITOR!

Diógenes Decambrí.
15 de agosto, 2017

Todavía muchos siguen sin reconocer la complicidad del Papa Francisco, su lenguaje genérico que no distingue la responsabilidad específica de cada sector, y los dos regímenes con los que empatiza, el castrista original (ya con 58 años de represión y dependencia de terceros) y el subalterno del castrista, esta sucursal fundada por el caudillete de Barinas, primordial culpable del oprobio destructivo que le explotó al “sucesor”, más dogmático y represor que su antecesor (quizás por faltarle carisma y petrochequera, lo que condujo a la pérdida del apoyo popular). En cuanto a la clasificación de ESTO, también el término Oclocracia le va como anillo al dedo, aunque comportarse ARBITRARIAMENTE ya no rinde los mismos frutos en esta era de Globalización y avances, que en plena época de oro de las dictaduras bananeras y descaradas.

Alberto B
16 de agosto, 2017

Esta sentida publicación refleja el desasosiego que muchos sentimos. Sobre la pregunta: ¿Cómo sería Venezuela si el actual sistema de gobierno hubiera sido una constante desde 1958? Dos palabras vienen a mi mente: Mad Max.

Alejandro Bustamante
16 de agosto, 2017

Lo que puedo decir es, una vez mas, gracias…

Josè Gregorio Rovira.
17 de agosto, 2017

Mi respeto Don Federico una pluma invaluable. Solo se que el tiempo de Dios es perfecto. Bendiciones

Daniela Dejay
18 de agosto, 2017

Gracias, la tristeza y desazón expresada es mas llevadera, así siento la mía después de leerlo. soy mujer de fe al menos lo intento con todas mis fuerzas, y si, cada palabra, cada gesto tiene su lugar y su porqué y para qué! Gracias de nuevo

Hector Perez Marchelli
19 de agosto, 2017

“Te escribo largo porque no tengo tiempo.” (Marx a Engels)

María Elena Rábago
19 de agosto, 2017

Excelente. Gracias por tan lúcida escritura. Tengo fe. Lucho por ser valiente como dice Romain Rolland. Gracias otra vez.

Esther Vergara
22 de agosto, 2017

En horas de descanso durante una guardia, me siento más que identificada en mi afán de comprender y de aun hacerme a la esperanza en la Fe. Gracias!

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