Blog de Rafael Rojas

Después del duelo; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 2 de diciembre, 2016
Fotografía de la serie Tiempos habanísticos, de Daniel Loaiza

Fotografía de la serie Tiempos habanísticos, de Daniel Loaiza. Si desea ver la fotogalería completa haga click en la imagen

Quienes festejan o lloran la muerte de Fidel Castro viven dos latitudes de un mismo duelo. Para unos se trata de un acto de justicia, que juzga crímenes del pasado. Para otros es el paso previo a la resurrección, a la mutación del muerto en una entidad ideológica, eterna o inmortal, que seguirá legitimando al régimen de la isla y a sus aliados en el mundo. Es lo que hemos escuchado, en estos días, en la Plaza de la Revolución de La Habana: la promesa de un fidelismo eterno.

Pero después del duelo viene la realidad: Cuba sobrevivió a Castro, la historia del país apurará su entrada al siglo XXI y quienes le darán forma no serán únicamente los guardianes del legado. La muerte biológica de Fidel es, en buena medida, la muerte política de la élite del poder que él construyó, a base de lealtad a su persona. A partir de ahora deberá acelerarse una recomposición de la clase política cubana que, de no hacerse con un mínimo de apertura o flexibilidad, podría derivar en violencia.

El primer instinto de la vieja generación será imponer la “unidad” desde las estructuras del ejército y el partido. Pero en la Cuba actual no sólo cuentan las instituciones: son indispensables los liderazgos. Después de Fidel y Raúl no hay otro político con el tipo de legitimidad histórica que hasta ahora ha requerido la conducción del país. Las reglas internas de acceso al poder deberán rediseñarse de acuerdo con criterios no fundados en la autoridad moral de haber intervenido en la gesta revolucionaria.

La nueva generación de políticos cubanos, en el gobierno y la oposición, tiene la responsabilidad de rebasar el duelo y ofrecer a la ciudadanía una modalidad de gobierno más acorde con las sociedades complejas del siglo XXI. Ya no se trata de “resistir al imperio” o “luchar contra el bloqueo” sino de gobernar una población heterogénea, nacida después de 1959, con un potencial migratorio de cientos de miles de jóvenes al año y una creciente diáspora de más de dos millones.

Hasta ahora, en Cuba, la política económica y las relaciones internacionales se han subordinado a la reproducción de un régimen totalitario. En los últimos años, la propia dirigencia de la isla tuvo que reconocer que el saldo fue desfavorable para la economía, ya que hereda un país improductivo y dependiente, tecnológicamente atrasado, donde crecen la desigualdad y la pobreza. Los jóvenes políticos cubanos tienen el deber de alterar la ecuación y poner la política exterior y el modelo económico en función de una nueva democracia soberana en el Caribe.

Más allá de los discursos continuistas de huérfanos o aliados demagógicos, que aprovechan el duelo para perpetuarse en sus respectivas naciones, eso es lo que espera y desea la mayoría de la población insular y de la comunidad internacional. El mundo lleva años preparándose para una Cuba posterior a Fidel Castro. Esa Cuba ya comenzó a construirse, dentro y fuera de la isla. Quienes logren dar forma a ese cambio serán los estadistas cubanos del siglo XXI.

Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (2)

Petrusco
2 de diciembre, 2016

“Para unos se trata de un acto de justicia, que juzga crímenes del pasado”

¿Un acto de justicia morir de muerte natural, retirado, rodeado de gente que te quiere, tranquilo, leyendo, escribiendo y descansando?

Que justicia tan sui géneris.

Diógenes Decambrí.
8 de diciembre, 2016

Absolutamente NADIE considera “un acto de justicia” que el criminal del caribe haya muerto de 90 años en su cama. Unos lo celebran, otros lo lloran (buena parte de estos, si están en Cuba, lo hacen obligados, el efecto NORCOREA que llaman), pero TODOS los genuinos demócratas comparten la frustración e indignación de que ese pésimo sujeto, un DICTADOR hipocritón, con doble moral y anacrónica ideología (estalinista),corrupto, represivo, no haya sido JUZGADO Y CASTIGADO EN VIDA por los innumerables crímenes que indudablemente cometió, contra los disidentes, los homosexuales, todos aquellos que simplemente PENSABAN Y QUERÍAN ACTUAR DIFERENTE, Y RECHAZABAN SU PARTIDO Y PENSAMIENTO ÚNICOS. Fidel no murió “leyendo, escribiendo”, lo desplazaron del poder por la DEMENCIA SENIL QUE LO INCAPACITÓ DESDE EL 2006: Terceros, autorizados por la Nomenklatura raulista, escribían los artículos que aparecían suscritos por Fidel, sólo le tomaban fotos (NUNCA VIDEOS) con cómplices de la farsa de su LUCIDEZ.

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