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Desobediencia civil: rebelión contra la ley de los tiranos; por Wolfgang Gil Lugo

Por Wolfgang Gil Lugo | 26 de julio, 2017
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De izquierda a derecha: Nelsón Mandela, Suu Kyi y Mahatma Gandhi

“La desobediencia, a los ojos de cualquiera que haya leído la historia, es la virtud original del hombre. El progreso ha llegado por la desobediencia, por la desobediencia y la rebelión”

Oscar Wilde

En la Apología, Platón describe cómo Sócrates defiende, contra sus enemigos, su derecho y su deber de enseñar a los jóvenes su visión de la moral y la verdad. Los enemigos lo acusan de pecar contra la ciudad. Se le acusa de un doble delito: introducir nuevos dioses y corromper a la juventud. Al revisarse el texto platónico, nunca está el contenido de tales acusaciones. Lo que resulta evidente es que sus detractores hacían una clara interpretación de las leyes para anular su magisterio.

Uno supone que el nuevo dios que introduce Sócrates es la conciencia individual, el Daimon, la cual no se somete a lo gregario, ya sean tradiciones o presiones sociales. De la misma forma, se infiere que la corrupción a los jóvenes consiste en la enseñanza socrática del desarrollo de la investigación racional libre que evita el dominio ideológico.

La actitud de Sócrates es rebelde. Uno puede pensar que su posición se reduce a oponerse a las leyes. En otro dialogo, el Critón, cuya acción transcurre en prisión, luego del juicio, mientras Sócrates espera la condena a muerte, Platón narra cómo un amigo del filósofo le ofrece la huida y Sócrates la rechaza. Se rehúsa en nombre de las leyes. Se considera un ciudadano que ha recibido todo de la ciudad, por lo que le debe su obediencia.

La pregunta es si Sócrates se rebela contra las leyes o las acepta. La respuesta es compleja. Sócrates está dispuesto a acatar las leyes divinas. En nombre de ellas, está dispuesto a desafiar las leyes humanas. Se sublevó contra las leyes de la ciudad que consideraba injustas, pero su rebelión no era porque estaba por debajo de la ley, más bien él pensaba en términos que superaban la legalidad humana, en otras palabras, se ponía al nivel de las leyes divinas.

Se puede decir que la rebeldía de Sócrates es el primer gran hecho de desobediencia civil en la cultura occidental.

Además del ejemplo de Sócrates, la cultura griega nos brinda otro caso significativo. Sófocles, en su tragedia Antígona, narra la historia de la hija de Edipo, la cual se niega a obedecer las normas dictadas por su tío Creonte, rey de Tebas. Da sepultura al cadáver de su hermano Polinices, que había muerto en rebeldía. El tirano había prohibido expresamente su entierro y los honores fúnebres, aduciendo para ello razones de Estado. Pero Antígona quebranta la ley y actúa desde fuera de esa lógica de Estado, utilizando criterios humanos y solidarios. Sabía Antígona que la consecuencia de su acto sería la muerte, pero por sus principios contraviene lo que creía injusto.

Evolución de una idea peligrosa

El término Desobediencia civil se atribuye a Henry David Thoreau, quien fue parte del movimiento trascendentalista norteamericano junto a Ralph Waldo Emerson. En 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su obra La desobediencia civil, en la que deja entrever sus ideas políticas. En este texto se declara uno de los conceptos principales de su ideología: la idea de que el gobierno no debe tener más poder que aquel que los ciudadanos estén dispuestos a concederle, llegando al punto de proponer la abolición de todo gobierno. Su ensayo influyó en León Tolstoi y en Mahatma Gandhi.

Tolstoi fue un entusiasta lector de Thoreau y el más directo continuador, a su manera, de su resistencia pacífica. Un constante desafío de la autoridad establecida, una cierta actitud entre anarquista y libertaria, vertebró siempre las reflexiones políticas de Tolstoi. Entre sus reflexiones destaca el concepto de resistencia no violenta, punto central de su visión cristiana.

Tolstoi es el eslabón más directo para transitar desde Thoreau hasta Gandhi. Y es que el autor de Guerra y paz publicó en 1908, en una revista india, su Carta a un hindú, un texto que dio lugar a un intenso intercambio epistolar con Gandhi, entonces todavía en Sudáfrica, influyéndolo de un modo determinante en la definición de la resistencia no violenta.

En septiembre de 1910, dos meses antes de su muerte, Tolstoi le escribió sobre la aplicación de la “no resistencia”, ya que “la práctica de la violencia no es compatible con el amor como ley fundamental de la vida”, principio capital en el desarrollo posterior de la “satyagraha” hindú.

Gandhi es el eslabón que explica la transformación de la desobediencia civil en estrategia política. Siendo todavía India una colonia del Imperio Británico, Gandhi empleó la resistencia pacífica como actitud para desafiar a las autoridades coloniales inglesas, que tenían ganada de antemano la partida en un enfrentamiento violento. De ahí que optase por la estrategia del boicot, de la sublevación pacífica, mediante movilizaciones, huelgas y todo un conjunto de acciones que saboteaban el funcionamiento ordenado de la administración británica. Su Marcha de la Sal, efectuada en marzo de 1930, es uno de los ejemplos históricos de mayor elocuencia sobre el fundamento y alcance de la desobediencia civil.

A partir de Gandhi se desarrollan las gestas políticas de Martin Luther King, Jr., Nelson Mandela y Aung San Suu Kyi.

¿Qué es la desobediencia civil?

La desobediencia civil debe perseguir el bien para la colectividad, no para quien la practica. Y plantea un conflicto fundamental: legitimidad frente a legalidad, la legitimidad de la acción política participativa radicalmente democrática, frente a la injusticia muchas veces encubierta de legalidad.

Es una herramienta política precisamente por su carácter público. Trasciende lo privado y tiene significación social y pedagógica. Se trata de expresarse colectivamente mediante actos ejemplarizantes, que motiven, que enseñen y provoquen.

Si buceamos en los orígenes de la desobediencia, podríamos considerarla como una facultad implícita en la naturaleza humana cuyo ejercicio se realiza a partir de la toma de conciencia de la injusticia. En lo que los activistas y estudiosos del fenómeno coinciden es en su dimensión moral, individual y pacífica. Cuando se desobedece una orden o una ley, se hace por un impulso ético de la conciencia. El Derecho es un conjunto de normas establecidas por motivaciones prácticas pero carece de la fuerza moral para obligar a un individuo a obedecer una ley contraria a sus convicciones personales.

Para Gandhi “quien desobedece una ley injusta en realidad no hace sino prestar obediencia a un principio superior de la verdad”. Otros autores, como Erich Fromm, le asignan una importancia vital a la desobediencia al considerar que la evolución de la humanidad ha sido posible gracias a ella: “La historia humana comenzó con un acto de desobediencia y no es improbable que termine con un acto de desobediencia”.

Jürgen Habermas considera la desobediencia civil como algo indispensable para la democracia, mientras que Thoreau afirma que toda persona tiene el “derecho legítimo” a negarse “de forma pacífica e individual al cumplimiento de aquellas leyes o disposiciones que violenten su conciencia”. Para el precursor de la desobediencia civil, el hecho de que las leyes hayan sido aprobadas por una mayoría no puede, moralmente, vincular a una minoría:

“Por lo tanto, cuando la conciencia individual de una persona las considere injustas, su actitud de resistencia a las mismas es perfectamente legítima”.

La desobediencia civil actúa sin violencia. Su teoría y su práctica, a pesar de las múltiples formas que ha adoptado a lo largo de la historia y en el presente, tienen una base común que les da valor y que conforma su esencia: su estricto pacifismo y la negación radical de la violencia.

En resumen, como afirmaba Aldous Huxley:

“Los únicos procedimientos de que puede valerse un pueblo para protegerse a sí mismo contra la tiranía de gobernantes que cuenten con fuerzas modernas de policía, son los procedimientos no violentos, como la no cooperación en masa y la desobediencia civil”.

La desobediencia civil contra la sociedad condenada

Gandhi luchó contra el colonialismo, Mandela contra la discriminación, y Suu Kyi contra el militarismo. Ahora le toca el turno a tres grandes amenazas que se ciernen sobre la humanidad: la crisis ecológica, la guerra y el totalitarismo. Ayn Rand llama al totalitarismo la ‘‘sociedad condenada’’:

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada” (La rebelión de Atlas).

Hay que aclarar que la desobediencia no es fe en lo irracional sino todo lo contrario. Como decía Erich Fromm: “El acto de desobediencia como acto de libertad es el comienzo de la razón”.

Wolfgang Gil Lugo 

Comentarios (10)

Estelio Mario Pedreáñez
26 de julio, 2017

Qué atraso y primitivismo políticos persisten en Venezuela: El Totalitarismo Marxista terminó en Monarquía Totalitaria, la peor Tiranía. Pero soy optimista: Sin importar las maniobras de cualquier minoría privilegiada y/o “armada”, la mayoría abrumadura de los venezolanos impedirá el triunfo y consolidación de cualquiera hambreadora Dictadura Perpetua, y nunca creerá en disfraces ideológicos que pretendan imponer una Monarquía Totalitaria. Está en su Historia: Venezuela es una República que desde 1811 rechazó todo Gobierno Perpetuo. Y se separó en 1830 de la Colombia de Simón Bolívar antes que aceptar su tesis monárquica de “Presidencia Vitalicia” (copiada de Petión, Presidente Vitalicio de Haití, imitador del Cónsul Vitalicio Napoleón, imitador del Dictador Perpetuo Julio César), a pesar de los grandes méritos de Bolívar, Gran Capitán de los pueblos en las Guerras de Independencia contra España. Y como Venezuela rechazó “el Gobierno Perpetuo” de Simón Bolívar nunca lo aceptará de otro

Ana María Del Re
26 de julio, 2017

Muy inteesante el artículo, con una visión hístórica de la :desobediencia civil. Iluminador.

rupert
27 de julio, 2017

La mejor arma contra la tiranía es la desobediencia civil como bien lo demuestras en tu escrito. Ella se manifiesta como la objeción de la conciencia en contra de los abusos del poder. En el caso de E. Kant, en su escrito Principios Metafísicos de la Doctrina del Derecho, incluso llega a justificar el tiranicidio. Sin duda alguna Sócrates sin llegar al extremo de Kant, se convierte como bien apuntas en el primer defensor de la rebeldía civil.

Jesús Enrique Brito Laffont
27 de julio, 2017

Interesante artículo; excelente!…

Llama a la reflexión y aclarara que:

La desobediencia con un fin en búsqueda de la libertad no es fe en lo irracional sino todo lo contrario; es el comienzo de la razón, tal como lo dijo Erich Fromm…y mucho mas racional aún; si en esa desobediencia está la búsqueda de nuestra propia identidad y el rescate de nuestra soberanía…

Saludos Cordiales Dr. Wolfgang Gil Lugo

Rafael Contreras
27 de julio, 2017

No está muy claro si Critón presenció ese diálogo, que si tuvo Sócrates con Fedon (véase Fedón o de la Reminiscencia del Alma), aunque si estuvo presente cuando fueron a visitar a Sócrates el día en que se tenía que tomar la cicuta. Al parecer, una mujer de nombre Jántipa, que había acudido con ellos en esa madrugada, había estallado en llantos por la inminente muerte de Sócrates y al parecer Critón tuvo que sacarla del sitio de reclusión. De manera que Critón no pudo presenciar el diálogo en donde Fedón le ofrece la alternativa de irse al exilio, a lo que Sócrates se niega aduciendo que se el había pregonado toda su vida la obediencia a las leyes, no iba a desobedecerla él cuando no le fueran favorables. Igualmente ante el asombro de su estado de felicidad cuando tenía que tomarse el veneno ese mismo día, el respondió que había pregonado toda su vida por una vida mejor al morirse, y que por eso estaba feliz, porque iba a pasar a mejor vida. Socrates creía en lo que pregonaba.

Silvana Pezzella Abilahoud
27 de julio, 2017

Quizá Venezuela agregue algo diferente, un nuevo nivel de complejidad, a la evolución histórica de las experiencias de desobediencia civil. Esto porque si algo ha caracterizado al “ciudadano” venezolano, es su irreverencia ante las leyes. Cierto que no respetar las leyes, es algo muy distinto de desobedecer a un tirano. Pero cuando la mayoría de los ciudadanos nos respetan la leyes, la República padece de enfermedades crónicas que fertilizan el campo para que el tirano se instale comodamente, alrededor de la apatía a lo que es el deber ciudadano y a lo que dicta la conciencia civilizada.

Jaime Macdonald
27 de julio, 2017

Muy interesante querido hermano Wolfang, como bien lo han confirmado, Gandhi,fromm, habermas, Marting Luther King, Mandela y otros filósofos mas antiguos como Platon y Aristoteles, estudiosos de la Moral, la verdad y la conciencia, ´podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la desobediencia civil es un impulso ético de conciencia que promueve la libertad, el respeto y la solidaridad humana, para alcanzar el bienestar general y el bien común tan necesario en estos tiempos difíciles para nuestro acontecer Social en el planeta que habitamos.

Abel Carrasquero
27 de julio, 2017

No puede haber otra mejor referencia y argumento que la cita de Ayn Rand para asumir un actitud desobediente. Aun así vale la pena destacar el inicio y el cierre de esa cita: “Cuando advierta (…) que su sociedad esta condenada”. Ese advertir no se sincroniza con nuestro estado de conciencia, llega de súbito y comienza el debate interno; el tiempo ha sido cómplice, en forma lenta pero segura, ha logrado su cometido: el sometimiento y la condena de nuestro cuerpo. Sin darse cuenta, la sociedad al no contar con las alarmas necesarias, “dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía.” (Bolívar, 1817). La desobediencia, como recurso político, demanda de un líder que además de carisma este dispuesto a desprenderse hasta de lo mas preciado: la libertad. Coraje y valentía y , por supuesto, una gran moralidad, fueron las cartas en común de Mandela, Gandi y Suu Kyi para derribar a tres colosos de la tiranía.

Irma Lovera
28 de julio, 2017

Excelente repaso a la historia de la desobediencia, sus motivos y sus líderes, que siempre estuvo signada por la búsqueda de la libertad. Se dan dos realidades contradictorias e incomunicables. Quienes sostienen que la legalidad está con ellos y quienes sostienen lo contrario. El segundo grupo percibe como se retuerce la legalidad en favor del poder y decide desobedecer, pero a cada paso se pregunta como lo hago y surgen ideas aisladas de como hacerlo, hasta que un destello señala el camino: hagamos lo que ellos no quisieron hacer y era verdaderamente legal, y además hagámoslo prescindiendo de ellos, y se dió el milagro: un plebiscito organizado sin el andamiaje del estado, luchando contra él y en el que hubo 7.500.000 desobedientes. Esto es hacer Historia!

Freddy Mancilla
30 de julio, 2017

En este mundo globalizado, la desobediencia civil es un dilema, y depende, del gobierno y su estructura política e ideológica para aceptarla o rechazarla. En caso en la República Bolivariana de Venezuela tenemos un articulo 350, que dice:El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos. LIBRE ALBEDRÍO DE TOMAR DECISIONES

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