Blog de Elías Pino Iturrieta

Cuando llegó el progreso; por Elías Pino Iturrieta

Por Elías Pino Iturrieta | 16 de octubre, 2017
Boulevard de Caracas

Boulevard de Caracas

El Liberal fue el órgano de la modernización del país, después de la desmembración de Colombia. Imperaba la idea de superar las costumbres del pasado, que permanecieron durante las guerras de Independencia, y construir una sociedad orientada por el progreso material y por los impulsos del siglo laico. El gobierno recién estrenado, con Páez a la cabeza acompañado por un conjunto de propietarios entusiastas, se dieron a la tarea de alejarnos del pasado colonial y de los vestigios de tradición que las batallas no habían barrido. ¿Cumplieron el cometido? Venezuela es distinta cuando concluye la administración de los llamados godos, pero quizá deba esperar para que las promesas de una colectividad pujante sean una realidad indiscutible. Veremos ahora cómo describe El Liberal los cambios que se han operado después de ocho años de gobierno autónomo, para conocer las metas propuestas y el entusiasmo que las divulgaba.

Un texto titulado “Progresos de Venezuela”, que circula el 22 de mayo de 1838, nos pone ante el siguiente repertorio de las profesiones que hacían falta para el desenvolvimiento de la colectividad y que eran ya moneda corriente.

Un abogado, un médico, eran personas muy raras fuera de la capital de la República, hoy se cuenta con algunos en todas las provincias y muy pronto estarán llenas todas las necesidades bajo este importante respecto. Un matemático verdaderamente instruido en esta ciencia no lo había en toda la república, hoy tenemos los suficientes para el desempeño de los negocios que ocurren y muy pronto tenemos más de los necesarios. Sin que esto pueda ser en ningún tiempo perjudicial, porque estos conocimientos son siempre provechosos aplicados a las ciencias, a las artes y a cualquiera otras ramas. El estudio de la medicina se hace hoy acompañado del de la anatomía, conocimiento importante de que se carecía en los establecimientos de ayer.

El análisis del fragmento debe considerar que la crítica de las profesiones del antiguo régimen fue fundamental en los escritos de los ilustrados desde finales del siglo XVIII, pero en Venezuela apenas se había trajinado. Sobre el tema solo contamos con unas letras trascendentales de Miguel José Sanz, probablemente escritas en 1805, y con fragmentos sueltos de propaganda en impresos como el Correo del Orinoco. De allí que El Liberal llame la atención sobre la utilidad de las disciplinas como si fuera pionero en el empeño, es decir, que trate a los  lectores como si fueran aprendices de primeras letras.

Pero a continuación se mete en honduras. Agrega:

Sastres, carpinteros, maquinarios, sombrereros, herreros, zapateros; plateros y otros artistas se han establecido en el país y difundido en él conocimientos importantes en sus artes respectivas. Nuestros trapiches, casas, muebles, vestidos y todo lo que sirve para aumentar la riqueza y los goces personales, atestigua por todas partes la mejora que disfrutamos.

Las artesanías fueron despreciadas por la cultura colonial. Eran oficios viles, que solo podían ejercer los miembros menos favorecidos de la sociedad. Se está ahora, por consiguiente, ante una primera valoración que debió llamar la atención de los lectores y de la sociedad que les veía ocupando unas plazas que antes les estaban vedadas, o cuyo entendimiento no cabía en la cabeza de los directores de la comunidad en el pasado.

Para captar a cabalidad la trascendencia de la observación, hecha como si cual cosa, como si fuese asunto natural, se debe relacionar con el párrafo que continuó, a través del cual, según se pudo apreciar, se hace el encomio de la multiplicación de la riqueza y el aprecio de los gustos personales. Cualidades como la modestia y la consideración del esfuerzo individual como una especie de pena, cual castigo dispuesto por la divina providencia,  son arrinconadas ahora para que su desplazamiento sea ocupado por la demostración de los resultados del trabajo del hombre industrioso y de los gustos que se podía dar después de sus faenas. Una sorpresiva apología del trabajo, pero también de los lujos del hogar doméstico, nos indica la magnitud de la mudanza de costumbres que se procuraba, o que comenzaba a formar parte de la rutina.

Las dudas sobre el propósito revolucionario de la descripción llevada a cabo en 1838 se disipan en la afirmación que la concluye:

La extinción de las vinculaciones y mayorazgos decretada  por la ley y la libertad de industria consignada en la Constitución, han dividido grandes propiedades y favorecido el establecimiento de pequeños predios y negocios de agricultura y cría. La libertad y abundancia con que se han importado los instrumentos propios para el cultivo, la libertad y competencia en el mercado y la generalización de los conocimientos han formado una nueva realidad.

¿Había cambiado tanto la sociedad de entonces? Tal vez el periódico exagere porque cumple una función esencialmente propagandística, pero es evidente la comunicación de un proyecto de mudanza colectiva  sobre el cual se pretende sustentar la evolución de la nueva república  y de cuya marcha existen testimonios inocultables. El Liberal no los puede sacar de la nada y remiten a un asunto fundamental, como  se desprende de una lectura atenta: el entierro de  costumbres inveteradas, la  trasformación de la economía, la estimación diversa de la propiedad y de su función social, la puerta abierta para que la riqueza no quedara en pocas manos. Si el progreso no se impone del todo, se perfila amenazante.

Elías Pino Iturrieta 

Comentarios (1)

Estelio Mario Pedreáñez
16 de octubre, 2017

Muy pedagógico este artículo del gran historiador Elías Pino Iturrieta, y su referencia al texto “Progresos de Venezuela” que circuló en el periódico “El Liberal” en 1838. Ejemplifica como estaban las cosas: Ni a los liberales les importaba la existencia de la ignominiosa esclavitud, abolida en 1854, 16 años más tarde. Recordemos que nuestro máximo héroe, nacido Don Simón de Bolívar, “El Libertador” y fundador de la “Orden de Los Libertadores”, no abolió la esclavitud, a pesar de los compromisos contraídos con el Gobierno del “Presidente Vitalicio” de Haití, General Alexander Petión, quien le dió hombres, barcos, armas, municiones, comida y dinero, para organizar las célebres “Expediciones de los Cayos y de Jacmel” (1815), inicio de la campaña que lograría restaurar la República y vencen a los realistas en Venezuela y la Nueva Granada. Así veían los hombres de gobierno “el progreso”: Todos los avances materiales posibles para los hombres libres, y para los esclavos las mismas cadenas.

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