Blog de Héctor Torres

Conductores adolescentes, por Héctor Torres

Por Héctor Torres | 2 de Julio, 2013

bad-driver-2 textoHay gente que muestra su mejor naturaleza cuando está al volante de su carro. Esa gente que, si va por una vía solitaria y un peatón cruza delante de él, acelera para que aquel se vea obligado a abandonar a las carreras su feudo.

Ese es el mismo que, cundo ve un charco de agua en la vía, no puede reprimir la tentación de pasar cerca, acelerando. Y si al charco se le añade un peatón cerca, la tentación se convierte en mandato de la naturaleza. No es ni su culpa. Es el mismo que, a manera de ocurrente saludo, “le tira el carro” a los amigos para frenarle a escasos centímetros. Cuanto más cerca logre frenar, mayor será su sonrisa cuando asome la cabeza para saludarlo.

Al parecer, el carro (que tiene más de cien años de creado) no deja de producirle perplejidad, por lo que le maravilla tener “control” sobre él. Es tanto su genuino asombro, que su temeridad adquiere cotas suicidas para demostrar las destrezas que ha desarrollado en su dominio. Como ir a ciento cuarenta kilómetros por hora sin cinturón de seguridad y “pegársele” al carro que va adelante, a unos cincuenta centímetros de distancia, mientras enciende y apaga frenéticamente sus luces para exigirle que quite esa tortuga del camino. Cuando se le estalla un caucho, o un bache le hace perder el control del vehículo, y protagoniza aparatosas colisiones, se refiere al caso como “un accidente”. Es decir, algo imprevisto que no era posible controlar.

Y no sólo se asombra con el automóvil. La reproducción de música grabada le parece un portento tan increíble, que no cesa de mostrar su estupefacción ante ella. Por eso le encanta mostrar los hitos que ha alcanzado en eso de la reproducción sonora. Como el niñito al que le pusieron una braga nueva y le dicen que se ve lindo, con similar expresión va por la calle con su discoteca ambulante, viendo en todas direcciones, convencido de lo “lindo” que se ve con su atormentante braga auditiva. Y si pasa cerca de unas chicas, se solaza especulando acerca de los halagadores comentarios que harán sobre él mientras deja su estela de ruido por esas calles que tienen la desdicha de soportarlo.

Es que para él, en general, el ruido es una forma de dejar sentado que no tiene intención de pasar desapercibido. Por eso toca corneta, como poseído, apenas cambia el semáforo. Y el ruido que hace su motor es motivo de su supremo interés. Los he visto comprar el dispositivo adecuado al tubo de escape para que suene como él considera que está mejor representado. Y tanto se deleitan ante ese ruido que los define, que en cada semáforo ante el que tienen que detenerse, colocan la caja en neutro y se entregan al placer de dar dos o tres cholazos, como el que ejecuta una compleja y hermosa progresión en un violín.

Si por su comportamiento, por sus actitudes, por sus asombros, intentásemos inferir la edad de este personaje, podríamos adjudicarle, a lo sumo trece años. Tristemente, en ausencia de otra forma de medir las edades de las personas, la licencia de conducir se entregan condicionadas por la mayoría de edad cronológica de los aspirantes. La que menos capacidad tiene de indicar madurez, ya que es cosa sabida lo difícil que resulta superar la primera adolescencia cuando se pasma en el alma del individuo. La psicología popular tiene para esos casos una frase, lapidaria y contundente: “Este llegará a viejo pero a adulto jamás”.

Héctor Torres  es autor, entre otras obras, del libro de crónicas "Caracas Muerde" (Ed. Punto Cero). Fundador y ex editor del portal Ficción Breve. Puedes leer más textos de Héctor en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @hectorres

Comentarios (5)

Mercedes
3 de Julio, 2013

Lamentablemente señor Hector, su artículo es muy certero, tenemos una sociedad de conductores enfermos, así la califico, por que para darnos cuenta de la decadencia social que tenemos, solo tenemos que pararnos un momento y tratar de cruzar un semáforo, bien sea como peatón o como conductor, es imposible tal acción, y ni hablar de tomar una vía rápida, como la Francisco Fajardo, o la vía hacia Guarenas, nos lleva tanto tiempo cambiarnos de canal, sin que al menos cien, por decir lo menos, motorizados nos lo impidan, el solo cruce de canal es una acción casi que heroica, siempre me hago la misma pregunta, ingenua por demás, será que ese tipo de conductores no son peatones nunca? Pero cuando salen del país son los mejores en conducir, por que hay una palabra que es mágica y que toca directamente el bolsillo, MULTA.

Don Anónimo
4 de Julio, 2013

Buen artículo local

Vivo en Loja (Ecuador) donde el 99.99% de conductores ignoran a los transeúntes. Es más, siempre están pendientes del semáforo para arrancar sin tomar en cuenta al peatón, pero ¡oh sorpresa!, mientras más viejo mas ignorancia al peatón. Cosas de la geografía.

@manuhel
4 de Julio, 2013

En Venezuela estamos en pañales comparado a como manejan en Saudi Arabia.

Esos árabes son los propios locos, porque atentan con su vida

AdelaM
5 de Julio, 2013

Ayer justamente pesaba en eso, en la forma de manejar de los conductores. Pasé algunos tuiter llamando la atención sobre “las señoras con camionetas”. “Señora con camioneta, maneja franco, por favor. Es sabido, como lo dijo Don Arturo Uslar Pietri en uno de sus programas, que el tamaño del auto y el poder del motor es trasmitido al conductor a travás del volante. Te sientes tan poderoso como tu camioneta, y el estar en un estado de altura, más todavia. Pero señora con camioneta, un dia tu mamá, tu hijo o hija, también se verá en la necesidad de cruzar una calle! Permite pasar, guarda tu espacio. Señora con camioneta, maneja franco. Cuando te estaciones, al salir de tu garage… Señora con camioneta, los automóviles hace bastante tiempo que tienen luz de cruce; acciónala cuando vayas a cruzar, NO cuanda YA hayas cruzado! Es difícil la adivinación señora con camioneta. Señora con camioneta maneja franco, si vas con tus hijos pequeños en tu camioneta, lo que tú hagas ellos lo están aprendiendo. Señora con camioneta, maneja franco, sé consciente y mejor ciudadana tras tu volante y tu camioneta poderosa.

Ana Karina
6 de Julio, 2013

Qué identificada me he sentido leyendo esto. Es tan cierto todo que cuando trabajaba en el área de recursos humanos soñaba con crear un test de manejo que permitiera seleccionar a las personas para una posición específica. Y es que frente al volante nos comportamos como realmente somos y cuando tenemos algunos meses también nos comportamos como realmente somos… Tan diferentes a como somos en las entrevistas de trabajo… Las señoras con camioneta son parte de mis sujetos de investigación para confirmar o descartar mi hipótesis de que hemos sido tan pisoteadas socialmente, que al conducir una camioneta se desatan los demonios de la venganza inconsciente. Es como si su inconsciente les diera este mandato: al fin tienes poder, abusa de él y lo tendrás para siempre! Y los motorizados son el otro grupo que investigo a diario, mi hijo de 5 años los ha clasificado en dos grupos: motorizados y motociclistas. A su corta edad ya advirtió la diferencia entre unos y otros. Y ni hablar de los que se despiertan creyendo que yo deseo escuchar la música que ellos han escogido. Por favor! Hay cierta música que no soporto, mis oídos no son tan tolerantes! En fin, que tranquilidad saber que no me estoy volviendo rígida por la edad.

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