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Comprender a los terroristas; por Javier Cercas

Por Javier Cercas | 22 de marzo, 2016
Comprender a los terroristas; por Javier Cercas 640

Fotografía de los atentados terroristas en el aeropuerto y el metro de Bruselas del 22 de marzo de 2016. Fotografía de Ward Markey. Haga click en la imagen para ir a su cuenta en Twitter.

En un debate parlamentario sobre terrorismo celebrado a principios de año en París, el primer ministro francés, Manuel Valls, afirmó: “Para estos enemigos que atacan a sus compatriotas, que rompen el contrato que nos une, no puede haber explicación que valga, porque explicar ya es un poco querer disculpar. ¡Nada puede explicar que se mate en terrazas de bares! ¡Nada puede explicar que se mate en una sala de conciertos! ¡Nada puede explicar que se mate a periodistas y policías! ¡Y nada puede explicar que se mate a judíos! ¡Nada podrá explicarlo nunca!”. Poco después, en una entrevista televisada, Valls remachó: “Comprender un proyecto terrorista, nunca: es inaceptable”.

Valls se equivoca. Se trata de un error lingüístico que implica un error moral y otro político: estriba en confundir el verbo comprender con el verbo justificar. “Tout comprendre c’est tout pardonner”, dicen los franceses; nada más falso: comprenderlo todo no es perdonar nada, y comprender el mal –cualquier mal, incluido el del terrorismo– no significa justificarlo, sino, como argumentó Tzvetan Todorov, darse los medios para combatirlo e impedir su regreso. En su último libro, Todorov aduce un nuevo ejemplo de esa vieja afirmación: el libro se titula Insumisos y acaba de traducirlo Galaxia Gutenberg; el ejemplo, tan invocado como poco imitado (y no sólo por los políticos), es el de Nelson Mandela. En 1962 Mandela es un dirigente del Congreso Nacional Africano (CNS), una organización que combate el régimen criminal del apartheid; en verano de ese año es detenido por la policía sudafricana, y al cabo de un tiempo lo condenan a cadena perpetua, acusado de dirigir el brazo armado del CNS. Más o menos una década después, mientras las calles de Soweto hierven de manifestaciones contra una ley que obliga a usar en la escuela el afrikáans –la lengua de los opresores–, Mandela toma una decisión que sorprende a sus compañeros de cautiverio en la penitenciaría de Robben Island: empieza a aprender afrikáans, empieza a leer libros sobre la historia y la cultura de los afrikáneres; también empieza a hablar con sus carceleros, a tratarlos como personas y no como monstruos, a establecer con ellos unos lazos que en algunos casos durarán décadas.

Así, en secreto, arranca una revolución que llevará a este hombre extraordinario a liquidar sin violencia el apartheid y a convertirse en el primer presidente de una Sudáfrica democrática. Porque Mandela vio como nadie que el odio sólo destruye a quien lo experimenta, y que la única manera de derrotar a los enemigos es empezar por comprenderlos: vio que, si hay una bomba en un lugar cerrado, lo peor que uno puede hacer es dedicarse a gritar y a maldecir a quien la ha puesto; lo que hay que hacer es cogerla, examinarla, descifrar su mecanismo y desactivarlo. Quiero decir que sirve de bien poco, digamos, proclamar la maldad de Hitler, porque hasta los niños saben que Hitler era malo; pero si algún día un genio, un Shakespeare o un Dostoievski, nos permitiese comprenderlo, comprender cómo fue posible que un oligofrénico rodeado de una panda de oligofrénicos consiguiera fascinar al país más cultivado del planeta –y, por cierto, a medio mundo–, habríamos empezado a dotarnos de los instrumentos necesarios para que nada parecido a Hitler volviera a ocurrir. Por eso la gran literatura es tan útil: porque nada como ella nos permite meternos en la piel del enemigo, porque nadie nos sumerge tan a fondo como Shakespeare o Dostoievski en la mente de un asesino o un oligofrénico, y nada nos explica mejor los resortes del odio y la ambición y la envidia y el miedo y el egoísmo y la ira, y por tanto nada nos protege mejor contra ellos.

Así que, a menos que se trate de atizar el miedo y preparar la venganza inútil de los bombardeos, no basta con decir que los terroristas son unos hombres aberrantes; eso ya lo sabemos. Lo que hay que preguntarse es por qué hay chavales entregados al terror, qué hay en sus cabezas, cuáles son las razones y las pasiones y las circunstancias que los llevan a cometer actos espantosos por una causa espantosa; comprenderlas y darse así los medios para desactivarlas. Valls se equivoca: comprender a los terroristas no es casi disculparlos; por lo menos a la larga, es la única forma de acabar con el terror.

Texto publicado en El País Semanal y reproducido en Prodavinci con autorización del autor.

Javier Cercas 

Comentarios (12)

Franklin
22 de marzo, 2016

Muy buen artículo. pero cuidado con el mal uso de los términos psiquiátricos. Hitler no era ningún oligofrénico. “Oligofrenia” es sinónimo de Retraso mental. Y Hitler no era ningún retrasado mental. Muchos de sus seguidores inmediatos si lo eran, probablemente. pero él no.

Héctor Gatica
22 de marzo, 2016

Cuesta mantener la serenidad, ante la masacre. Comprender, tal como lo expresa Cercas, requiere de una gran dosis de serenidad, templanza y valentía, mezclada con una paciencia de relojero, para desactivar los resortes y mecanismos mentales de los “chavales” terroristas. Y por otro lado, templar, la impaciencia de la venganza…

Steven
22 de marzo, 2016

Ese ejemplo de mandela me recuerda a algo que sucede en Venezuela, donde los politicos de una lado o del otro terminan en un discurso segregador de odio, sin darse cuenta que cuando decimos aquellos o estos nos referimos tambien a ciudadanos que conviven en venezuela. El odio hay que expulsarlo del lenguaje para los politicos, del comportamiento para los ciudadanos, ni a Europa, ni a Africa, ni a Venezuela le hace bien.

Olmar Centeno
22 de marzo, 2016

No creo comprender al terrorista. Tal vez entienda las causas que lo mueven pero nunca comprenderé el asesinato a sangre fría, el hecho en si, sea cual sea la causa de tal hecho.

Y menos aún logro comprender como personas, que se son inteligentes, justifican sea la violencia terrorista o la destrucción de un país en nombre de principios económicos ciertos en 1800 pero que hoy, al menos aca, han dejado de serlo

Chacao Bizarro
22 de marzo, 2016

Giovanni Sartori: «Vivimos una guerra terrorista, global, tecnológica y religiosa» Este prestigioso ensayista galardonado con el premio Príncipe de Asturias reflexiona sobre los peligros que acechan a la sociedad occidental. Ver en el siguiente link: http://www.abc.es/internacional/abci-giovanni-sartori-vivimos-guerra-terrorista-global-tecnologica-y-religiosa-201601010544_noticia.html

Entrevista a Giovanni Sartori: ‘LA INMIGRACIÓN SIN LÍMITES ES UNA AMENAZA’. http://elpais.com/diario/2001/04/08/domingo/986698004_850215.html

Simona Forti. ¿Estamos ante el mal absoluto? El mal según el yihadismo. La filósofa italiana se pregunta qué distingue al terrorismo actual y sus guerreros, en los ataques de París, Kabul o Ankara. http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/mal-absoluto_0_1513648630.html

MAXIMILIANO RAMOS
22 de marzo, 2016

lo de Mandela fue extraordinario, ahora para tener esa paciencia y comprensión se necesita lo que la mayoría de las personas no tiene la paciencia y ésta llega por el tiempo que se requiere para adquirirla Mandela tubo ese”privilegio” y en estos tiempos modernos y apresurados nadie tiene esa paciencia y comprensión por eso los errores fatales que conllevan a situaciones peores y agravan todo.

Tomás P.
23 de marzo, 2016

Concuerdo con J.Cercas: los seres humanos realizamos acciones y por ello, es probable llegar a conocer y comprender los motivos que los impulsan y, eventualmente, modificarlas. También con Franklin: la precisicón en los términos es el primer paso para la enorme tarea de comprender. Y con H. Gatica: se precisa mucha templanza para evitar la ley del Talión y procurar la justicia de la civilización.

Angela
23 de marzo, 2016

Ahora no solo hay que “comprender” a los terroristas. Más cercanos que ellos tenemos los fenómenos populistas que exacerban el odio incluso entre ciudadanos de un mismo país. Lo tuvimos en Venezuela con Chávez y ahora se crece en las encuestas de EEUU con Donald Trump, y pueden ser tanto o más dañinos que los terroristas. Toca comprender porqué riegan odio y venganza y porqué la gente les escucha.

Irma Sànchez de Dìaz
23 de marzo, 2016

Me parece muy buen artìculo, pero opino como el Seños Hèctor, cuesta mantener la serenidad y comprender que unas personas, hagan todas estas cosas, sin mirar a quièn, matan a personas adultas, a niños, destruyen cosas que estaban construidas hace miles de años. Por un ideal que no sabemos ? Cual es¿ y que nos preguntamos, vale la pena hacer todo esto, por eso que ellos piensan que debe ser asì, y que no sabemos, que y cual es. Es todo.

Pasante
23 de marzo, 2016

Me parece que estamos entreviendo que la “comprensión” del mal y su subsecuente transformación pasa por el mero centro de cada uno de todos nosotros(as) y por la sincera devoción al Creador, cuya sabiduría insistimos en hacer a un lado. Creo que es allí donde nos estamos fortaleciendo, sí, siendo templados hasta mas allá de lo que consideramos imposible. Todos hemos aportado a estos tiempos, todos deberíamos estar postrados suplicando perdón por todos. Pero mientras todos lo logramos, unos pocos nos están salvando, “por ahora”.

Kike Cimarrón
24 de marzo, 2016

Amigo, Franklin, deberías echar otro vistazo al artículo y comprender el sentido de las ideas. No está diciendo que Hitler sea un retrasado mental: el autor trata de decirnos cómo, a través de la literatura, podemos conocer un poco más los abismos de la mente humana.

Belkis De la Rosa
27 de marzo, 2016

Creo que utilizar el caso de Nelson Mandela contra el Apartheid en Suráfrica no guarda mucha relación con la situación creada por el Estado Islámico. Los Afrikaans buscaban someter al pueblo africano, pero los terroristas buscan exterminar a los “infieles no musulmanes” para ocupar el territorio e instaurar el Califato. En el primer caso, existía una organización y reglas de gobierno conocidas a diferencia de este movimiento insurgente, anárquico, aun no develado. No podemos predecir cuántos “infieles” podrían morir mientras las autoridades tratan de “comprender” (sin justificar) las motivaciones de esos terroristas.

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