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Tecnosociedad

Cómo acabar con la piratería, por Luis Carlos Díaz

Por Luis Carlos Díaz | 17 de Enero, 2013
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pirateria

¡A los torrents! Es el grito de abordaje corsario en Internet. Mientras las redes de distribución de contenidos culturales no se adaptan a las nuevas audiencias digitales, que están ávidas de películas, series, imágenes, música, libros, cómics, y todos sus similares, los terrenos digitales ofrecen un menú infinito de ofertas omnipresentes.

Hace más de una década, la industria musical se devanaba armando demandas contra plataformas digitales que servían para compartir archivos. En su momento ganaron en los tribunales, pero actualmente las discotiendas siguen cerrando, la gente no deja de consumir música y los creadores no han dejado de producirla. Son los intermediarios los que deben redefinir su objetivo en el mundo de los bits.

Las diferencias entre el final del siglo pasado y nuestro 2013 son la cantidad de personas conectadas, la gran variedad de dispositivos electrónicos que sirven para consumir contenidos culturales, y los anchos de banda. La velocidad de Internet (aunque en Venezuela aún la Cantv no se haya enterado) aumentó al punto de que una canción de 3 minutos que antes podía descargarse en 4 horas, hoy puede bajar del ciberespacio a nuestro computador, teléfono o tableta en unos cuantos segundos. Eso sólo significa que además de los discos, también las películas y las películas en alta definición (que pueden pesar decenas de gigabytes) son piezas descargables desde casa.

Lo que hemos descrito es, al menos, la capacidad de la infraestructura digital. Siguen sin discutirse los temas jurídicos y económicos que están detrás de la cultura de “compartir” en redes.

En Internet se dice que los piratas eran aquellos que saqueaban, mientras que las redes permiten que el contenido viaje de un punto a otro del mundo sin que la fuente original pierda su archivo. Así, mientras la plancha de una prensa o un libro le daba identidad a un papel, o se grababa el acetato como quien cincela sonidos en arcilla, los bits son paquetes de información líquida que pueden pasar a la velocidad de la luz entre cables, conexiones satelitales, señales inalámbricas… y además quedan guardados en memorias portátiles, discos y reproductores. Esa carrera tecnológica no puede ser frenada.

El argumento que esgrimen entonces las industrias es que se les está robando dinero porque la gente no paga el valor de consumir ese material. Detrás de cada creación hay artistas, editores, técnicos y miles de personas que lo hacen posible y que ameritan una retribución. Es allí donde las discusiones parecen ganadas, pero hay puntos intermedios.

Hace poco, Kim Dotcom, el alemán que fue detenido el año pasado por mantener un sitio de descargas directas llamado Megaupload, publicó un tweet que es una hoja de ruta para acabar con eso que llaman “piratería”:

“How to stop piracy: 1 Create great stuff 2 Make it easy to buy 3 Same day worldwide release 4 Fair price 5 Works on any device”.

La traducción es sencilla:

Cómo detener la piratería:

1. Crea algo grande. Significa no dejar de hacer buenos contenidos, cosas de calidad que la gente quiera consumir. Cosas que te harían amar al productor y querer darle la mano y retribuir el buen momento. Es lo que hacemos en Venezuela con gente como Aquiles Báez, que si arma una parranda o saca un disco o lo que sea, uno va y paga feliz.

2. Que sea fácil de comprar. La gente está dispuesta a pagar esas cosas que desea que le pertenezcan. Eso que crea un sentido de propiedad. Por eso las películas buenas se compran originales y las malas en quemadito. Sin embargo la industria no siempre nos lo pone fácil para comprar. Estamos excluidos de muchísimas redes de distribución. Innumerables industrias culturales no nos consideran su “mercado objetivo”, por lo que no las veremos jamás en tiendas físicas. Y en economías bloqueadas como la venezolana, eso es más común, sobre todo si el cupo para compras electrónicas no supera los 400 dólares al año. Así, que la advertencia es sencilla: si me lo pones fácil, a un clic, yo lo pago. Fue la revolución del iPod y el iTunes desde 2003.

3. Con un mismo día de lanzamiento mundial. Como en Internet no hay geografía ni barrera, no tiene sentido que un libro tarde meses en llegar de México, Argentina o España, si es que llega. Las películas no-comerciales son traídas de contrabando o en festivales. De hecho, en Venezuela se retrasó el estreno de El Hobbit (como no ocurrió en América Latina) porque no había suficientes copias. Cuando los cines migren completamente al uso de archivos digitales en lugar de cintas, eso se va a acabar. Entonces, si se estrena algo por igual en todas partes, se evita que las películas lleguen mucho después de los premios Oscar, Goya, Bafta, Spirit… si es que llegan.

4. A un precio justo. Porque si el precio no es justo, la gente acudirá a otras redes informales para acceder al mismo contenido. Ya es inevitable. Sin embargo, lo de precio justo es una discusión interminable. Hay contenidos que deberían tener un costo elevado (como una orquesta sinfónica), pero se subvencionan por política cultural, y otros sin ningún valor musical pero que la fama y los medios inflan como espectáculo. Pero dejemos esa agenda abierta por interminable.

5. Que funcione en cualquier dispositivo. Ya no es momento de comprar DVD’s obsoletos, ni contenidos que funcionen en una sola plataforma. Un reto para los intermediarios, si quieren seguir siéndolo, es adaptar los bits al recipiente que lo contenga. Por eso las nuevas versiones de Blu-Ray, además de su disco traen versiones digitales portátiles y otras cosas. Recientemente Amazon empezó a ofrecer un servicio que brinda la versión digital de los CD’s que les haya comprado estos años. Es 2013: ya nadie usa un reproductor de CD’s portátiles. Poco a poco la industria se adapta a los usuarios y su variedad de consumo.

La provocación de Kim Dotcom no es gratuita. Está a punto de publicar la nueva versión de Megaupload y algunas cosas cambiarán en Internet nuevamente. Las intermediaciones cambian los patrones de consumo. Más allá de los ecos de una industria que cruje, el fin de la piratería será su resignificación.

Luis Carlos Díaz Periodista y bloguero

Comentarios (7)

Doblerr
17 de Enero, 2013

Complementariamente habria que prohibir los parches de cuero para los ojos, las patas de palo y los loritos de anime para los hombros. Eso ayudaria mucho

Alejandro
17 de Enero, 2013

Interesante artículo. Respecto a la música, artistas como Radiohead sentaron un precedente poniendo uno de sus discos totalmente gratis. Total, los músicos ganan es por giras, merchandising y afines, no tanto de la venta de discos (a menos claro que sean artistas independientes y ellos mismos editen sus cosas). Es interesante ver el ejemplo de las bandas/sellos de anarcopunk. Graban (muchas veces de manera cruda, eso sí), comparten los discos a través de intercambios, cuadran ellos mismos con otras bandas de la movida giras por ciudades o países… aunque de este tema mejor preguntarle a los de El Libertario. Saludos!

Jose Luis Rivas
17 de Enero, 2013

También se les puede preguntar a los muchachos de Famasloop. Han dejado su música libre por internet y la gente va al concierto y no sólo les paga el cover sino que les compra los CDs y la mercancía.

Ahora, los libros es un tema difícil, por ejemplo en Venezuela. Nuestros métodos de pago electrónicos están retrasadísimos frente a opciones como dwolla, PayPal o BitCoin; lo cuál hace difícil que el autor simplemente coloque un punto de venta electrónico para libros electrónicos (que hoy en día es facilísimo hacer autoedición en varios formatos: PDF, HTML, ePUB, mobi. Podrían ya fuese venderlos o “regalarlos” que fue lo que hizo Radiohead, tú le ponías precio a la descarga.

cesar
17 de Enero, 2013

La discusión de fondo es la “prpopiedad intelectual” que en realidad no existe. La P.I. es de la evolución de la humanidad. El grupo que graba un disco lo puede hacer porque hace miles de años alguien inventó los tambores y los intrumentos de cuerda, y hace cien años otro inventó el micrófono y así hasta el infinito. La cultura es propiedad de la raza humana y ha llegado el momento de aceptarlo. Todos aportamos algo y muchos no cobramos P.I. A trabajar para ganarse el sustento y dejar de llorar.

Leonardo Graterol
17 de Enero, 2013

Excelente artículo. Lo del precio justo se logrará solo cuando las disqueras entiendan esto y se cumplan los puntos 1,2,3 y; por simple equilibrio entre oferta y demanda.

LuisRC
17 de Enero, 2013

Interesante planteamiento, con respecto al precio justo, acá en Venezuela, el nacional ha hecho un experimento que, para mi, ha funcionado, vendiendo a precios accesibles, yo compré de Roque Valero, Yordano y Vinilo versus… Excelente él ejemplo de Famasloop que pusieron

MariaGab
18 de Enero, 2013

Excelente artículo, impecable explicación. Sumo a estas consideraciones, otro factor a favor del consumidor de música, antes la compra de CD, implicaba comprar todas las canciones y no siempre interesaba todo su contenido, incluso algunos productores rellenaban el compacto con eso: “relleno” a sabiendas que lo venderían igual por el “exito” en cartelera, muchas veces se asumía el costo de la compra de todo un disco hasta por el mero gusto de obtener una sola canción, Es mas justo ahora que a traves de las compras digitales es mas justo solo comprar los “tracks” que se desean. Esto también apoya el punto 1 de Kim Dotcom, de crear algo grande, nadie descargará relleno.

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