Objetos Perdidos

Centenario Octavio Paz (1914-1998): Pensar desde la poesía, por Diajanida Hernández

Por Diajanida Hernández | 2 de abril, 2014

No y Sí
juntos
dos sílabas enamoradas
Octavio Paz. Obras completas.

Frente a la tiranía del o, la utopía del y.
El derecho de no escoger.
Octavio Paz. Obras completas.

La obra de Paz es un prolongado, convincente alegato
a favor de los derechos de la poesía. (…) la poesía es el
marco de toda su obra: no solamente hacer poesía y
pensarla sino, sobre todo, pensar desde la poesía.
Jesús Silva-Herzog Márquez. La idiotez de lo perfecto.

Centenario Octavio Paz (1914-1998) Pensar desde la poesía, por Diajanida Hernández 640

Octavio Paz fue un tejedor de ideas y de géneros: poesía y ensayo. Un posible camino para leerlo es articular fragmentos, armar una malla que relacione poemas, ideas y frases. Acercarse a su alegato poético es practicar también su ejercicio y forma de pensamiento.

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En la obra de Octavio Paz encontramos una poética de la conciliación, una revisión poética de la historia, de diversos tópicos culturales, y la huella de una prosa única. En el capítulo “Sílabas enamoradas”, del libro La idiotez de lo perfecto, Jesús Silva-Herzog Márquez se acerca al ideario de Paz y dibuja la silueta de su pensamiento político desde la revisión de sus ideas sobre lo poético, la crítica y lo político.

Herzog-Márquez nos dice que Paz afirmó que nuestro desamparo “nace con la definición (…) nace en el momento en que alguien dijo: esto es esto y no puede ser aquello”. De esta cerca del ser viene el desarraigo, “la palabra quedó hecha pedazos y, con ella, nosotros partidos” (156); es allí donde el poeta debe emplear la palabra para enlazar, para “recrear la originaria fraternidad de los significados”. Con el ensayo de Herzog-Márquez vemos que una de las marcas de ese ideario de Paz es el anhelo de trascender la contradicción.

Para Paz el poema es el campo de las conciliaciones, desde muy temprano tuvo conciencia de la contradicción y el anhelo de la conciliación, pues vivió en una casa que era “el teatro de la lucha entre generaciones”: su abuelo era porfirista, su papá creyó en la Revolución mexicana. Desde entonces Paz “rechaza la opción: no es esto o lo otro sino esto con lo otro. ‘Mi abuelo tenía razón pero también era cierto lo que decía mi padre’” (“Sílabas enamoradas” 158).

¿Y cuál fue la materia que empleó Paz para logar la anhelada conciliación? La imaginación, lo que para él constituía el supremo ejercicio de la inteligencia. Así lo decía el poeta mexicano: “El modo de operación del pensamiento poético es la imaginación y esta consiste, esencialmente, en la facultad de poner en relación realidades contrarias o disímbolas. Todas las formas poéticas y todas las figuras del lenguaje poseen un rasgo común: buscan, y con frecuencia descubren, semejanzas ocultas entre objetos diferentes. En los casos más extremos, unen a los opuestos. Comparaciones, analogías, metáforas, metonimias y los demás recursos de la poesía: todos tienden a producir imágenes en las que pactan el esto y el aquello, lo uno y lo otro, los muchos y el uno” (“Poesía del pensamiento”, Vuelta, mayo de 1998).

De esta forma, Paz articulaba su pensamiento desde la poesía. Fue la poesía inmiscuyéndose en asuntos de libertad y soberanía, porque finalmente, “defender la poesía exigía confrontar la política, es decir, defender la libertad”. “Paz no quiso disfrazarse con el vocabulario del especialista para hablar de la historia o de la política. (…) sus reflexiones políticas son reflejos, escritos lúcidos y profundos de un testigo frente a los acontecimientos. Opiniones. La fuerza de sus palabras viene de su impotencia. ‘La palabra del escritor tiene fuerza porque brota de una situación de no fuerza. No habla desde el Palacio Nacional, la tribuna popular o las oficinas del Comité Central: habla desde su cuarto’” (“Sílabas enamoradas” 163).

El poeta escribe desde sí mismo pero tiene conciencia que el otro lo constituye: “el otro es el corazón de uno mismo”, por ello es necesario encontrarlo: “para que pueda ser he de ser otro,/ salir de mí, buscarme entre los otros,/ los otros que no son si yo no existo,/ los otros que me dan plena existencia,/ no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,/ la vida es otra, siempre más allá, más lejos,/ fuera de ti, de mí, siempre horizonte,/ vida que nos desvive y enajena,/ que nos inventa un rostro y lo desgasta”.

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Dentro del pensamiento de Paz “el ayer es una pregunta” que se responde con la imaginación y la memoria: “la memoria es pasado vivificado en imágenes; la Historia es pasado concluso. Dos formas de remembranza, la memoria y la historia, combaten: la poética contra la política del pasado. Si la Historia nos condena, la memoria nos salva” (“Sílabas enamoradas” 176). Así, el poeta no pretende apresar la realidad histórica sino evocar su imagen. Y la poesía puede convertir el pasado en presencia. De esta manera, las revisiones históricas de Paz —por ejemplo, El laberinto de la soledad— son ejercicios de la imaginación crítica. Y aquí tocamos otra arista, la crítica es un elemento fundamental en su pensamiento. Paz revisa la historia para leerla, como poeta trata de buscar significados, acercarse al ser, a la sociedad, a la cultura, a la política. Sus acercamientos históricos lucen como intentos de comprensión más que intentos por anularla. El poeta dice que la historia contiene todas las respuestas: el hoy tiene su raíz en el ayer; en El laberinto de la soledad escribe: “el carácter de los mexicanos es un producto de las circunstancias sociales imperantes en nuestro país; la historia de México, que es la historia de esas circunstancias, contiene la respuesta a todas las preguntas” (78).

El defecto de las interpretaciones históricas, de los historiadores, es la simplicidad, no incluyen al ser, a lo que somos: “los hechos históricos no son nada más hechos, sino que están teñidos de humanidad, esto es, de problematicidad. Tampoco son el mero resultado de otros hechos, que los causan, sino de una voluntad singular, capaz de regir dentro de ciertos límites su fatalidad. La historia no es un mecanismo y las influencias entre los diversos componentes de un hecho histórico son recíprocas, como tantas veces se ha dicho. Lo que distingue a un hecho histórico de los otros hechos es su carácter histórico. O sea, que es por sí mismo y en sí mismo una unidad irreductible a otras. Irreductible e inseparable. Un hecho histórico no es la suma de los llamados factores de la historia, sino una realidad indisoluble. Las circunstancias históricas explican nuestro carácter en la medida que nuestro carácter también las explica a ellas. Ambas son lo mismo. Por eso toda explicación puramente histórica es insuficiente —lo que no equivale a decir que sea falsa”. (El laberinto de la soledad 78)

A lo que Paz quiere llegar es a que la historia nos ayuda a comprender ciertos rasgos de nuestro carácter en la medida en que nos acerquemos a nuestro ser: “Nosotros somos los únicos que podemos contestar las preguntas que nos hacen la realidad y nuestro propio ser” (El laberinto de la soledad 81).

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Centenario Octavio Paz (1914-1998) Pensar desde la poesía, por Diajanida Hernández 640AComo poeta moderno, y con fe en la actividad poética, Paz ve a la crítica como inseparable del ejercicio verbal y como “esa actividad que consiste, tanto o más que en conocernos, en liberarnos. La crítica despliega una posibilidad de libertad y así es una invitación a la acción” (236). Esa crítica verbal es una crítica de la realidad. Esto porque la tradición poética moderna ya no aborda “algo” que está fuera del poema, su sentido “no está en lo que dicen las palabras sino en aquello que se dicen entre ellas” (Corriente alterna 5). El poeta busca crear, fundar una nueva realidad que proviene del sí mismo, por cuenta propia, habla en su nombre y desde su experiencia, y en este sentido la poesía se erige como autónoma: “En el caso de la poesía moderna, el sujeto de la experiencia es el poeta mismo: él es su observador y el fenómeno observado. Su cuerpo y su psiquis, su ser entero, son el campo en donde se operan toda suerte de transformaciones. La poesía moderna es conocimiento experimental del sujeto mismo que conoce. Ver con los oídos, sentir con el pensamiento, combinar y usar hasta el límite nuestros poderes, para conocer un poco más de nosotros mismos y descubrir realidades incógnitas (…) Y aún podría agregar que la verdadera modernidad de la poesía consiste en haber conquistado su autonomía. La poesía ha dejado de ser la servidora de la religión o de la filosofía; como la ciencia, explora el universo por cuenta propia. Y en esto también se parecen algunos poetas y hombres de ciencia: unos y otros no han vacilado en someterse a ciertas experiencias peligrosas, con riesgo de su vida o de su integridad espiritual, para penetrar en zonas vedadas. La poesía es un saber; y un saber experimental” (Corriente alterna 80).

Inmiscuirse en la historia es ejercer la crítica y si la crítica está en el reino del lenguaje, a su vez funda la literatura, pues esta es crítica de la palabra, pregunta sobre sí misma que puede llegar a la creación: “inventa una literatura (una perspectiva, un orden) a partir de las obras” (Corriente alterna 40). Y es lo que Paz señala como nuestra carencia: no creamos, no articulamos un cuerpo de pensamiento: “No es que falten, por supuesto, buenos críticos. (…) Pero carecemos de un ‘cuerpo de doctrina’ o doctrinas, es decir, de ese mundo de ideas que, al desplegarse, crea un espacio intelectual: el ámbito de una obra, la resonancia que la prolonga o la contradice. Ese espacio es el lugar de encuentro con las obras, la posibilidad del diálogo entre ellas. La crítica es lo que constituye eso que llamamos una literatura y que no es tanto la suma de las obras como el sistema de sus relaciones: un campo de afinidades y oposiciones” (Corriente alterna 39).

Para Paz el problema con la crítica latinoamericana llega incluso hasta las preguntas que esta se plantea: no debemos ir al qué sino al cómo, “es inútil preguntarse, como se hace con frecuencia, qué es la literatura hispanoamericana. (…) en cambio, es urgente preguntarse cómo es nuestra literatura: sus fronteras, sus formas, su estructura, su movimiento. Responder a esa pregunta será poner en comunicación a las obras y revelarnos que no son monolitos aislados (…) sino que forman una sociedad” (Corriente alterna 40).

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Poética, crítica y política son indisolubles en el pensamiento de Paz, se relacionan, una lleva a la otra, esta existe por aquella. Como poeta Paz ve el mundo buscando correspondencias y conciliaciones. Paz concibe la literatura desde la creación, desde el individuo. Nos acerca a la poesía, es decir, “nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo” (La llama doble 10). Octavio Paz nos propone otra clase de comunicación, nos invita a escuchar otra voz, a pensar desde la poesía.

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Referencias

Silva-Herzog, Jesús. “Sílabas enamoradas”. La idiotez de lo perfecto. Miradas a la política. México: Fondo de Cultura Económica, 2006.

Paz, Octavio. Corriente alterna. México: Siglo XXI editores, 1967.

__________. El laberinto de la soledadPostdata y Vuelta al laberinto de la soledad. Tercera edición. México: Fondo de Cultura Económica, 2004.

__________. La llama doble. México: Seix Barral, 1997.

Diajanida Hernández 

Comentarios (1)

Enrique Larrañaga
5 de abril, 2014

Infinitas gracias por este impecable e inmensamente oportuno ensayo. Ojalá sepamos “emplear la palabra para enlazar, para …

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