Blog de Willy Mckey

Carta a Pepe Delgado Rivero, por Willy McKey

Por Willy McKey | 16 de julio, 2013

Quien haga un inventario sabrá que las circunstancias no eran sencillas. Se trataba del último partido de la Final de la Liga Profesional de Baloncesto venezolana. Cocodrilos de Caracas y Marinos de Anzoátegui habían empatado a tres victorias por lado. Se había llegado a un séptimo juego en casa del equipo que más veces ha repetido la condición de finalista en los últimos años. Era imposible tener más tensión: la diferencia a favor de Cocodrilos era de apenas dos puntos.

Quedaban sólo tres segundos y ocho décimas de partido y algo hizo que la violencia estallara desde las gradas. Una pelota que el árbitro cedió al saque de Cocodrilos de Caracas hizo que empezaran a caer a la cancha botellas de vidrio y otros objetos. La periodista Meche Celta resultó herida levemente con uno de esos vidrios sueltos por la gravedad de la rabia mal conducida. Y entonces salió usted, señor Pepe Delgado Rivero, a hablar durante dos minutos con seis segundos. A hacer un llamado a capítulo urgente. Ciento veintiséis segundos de buena intención.

Hay mucho de coraje en ese gesto. La iniciativa y el timing son cualidades respetables. Pudo haber preferido el silencio, la inacción, el rechazo simple. Pero su experiencia y su vínculo con el deporte lo movieron a convertirse en la voz que recuperara la calma. Su discurso empezó visiblemente afectado y atento al peligro, pero haciendo un llamado directo a los suyos: “Fanáticos de los Marinos de Anzoátegui, estamos en nuestra casa obligados a velar por la seguridad. El país está mirando esta cancha y todos tenemos la cara aquí. Cualquier irresponsable, que se pierda el control… muchas gracias: que Dios te bendiga” [sic.].

Empezó bien. Era claro que los desadaptados no lo escuchaban, pero usted iba bien. Podemos saber que no lo oían porque justo en ese segundo la periodista Meche Celta advirtió que habían lanzado otra botella de vidrio a la cancha. Una botella más. Un peligro sin rumbo que casi le da a un niño en la cabeza.

Pero su voz, la voz de Pepe Delgado Rivero, seguía ahí, en medio de botellas que nunca debieron entrar al recinto e intentando contener la rabia de los otros: “No es la manera como tenemos que terminar este campeonato. Lamentablemente, tengo que pedirles la mayor de las colaboraciones. ¡Somos primero Oriente y después Venezuela! Demostremos que merecemos ser orientales y que este triunfo de Marinos de Anzoátegui nos pertenece y tenemos que cuidarlo” [sic.].

En realidad, Marinos iba perdiendo por dos puntos y el comportamiento del público estaba llevando la decisión hacia una confiscación. Usted lo sabía. Todo el que no estuviera cegado lo sabía. Pero los segundos para recuperar la calma se iban descontando. Apelar a las ganas de ganar o al regionalismo eran variantes del mismo clavo ardiendo, pero usted debe haber visto partidos que se voltean en milésimas de segundos. Había que hacerlo. Había que hablar. Sus colegas, incluso, celebraban su actitud: agradecían su intención. Aunque los violentos seguían sin escuchar.

Pero el vocativo nunca falla. Llamar al otro e identificarse con él hizo que al fin lo escucharan: “No es ésa la conducta que tenemos que observar. Por favor. Ustedes, los que se han comportado a la altura y están ahí como unos caballeros: tratemos de velar por alguno que se le vaya la mano de manera descuidada y ponga al resto de los hombres que estamos aquí  como si no fuésemos gente humilde, decente y responsable” [sic.]. Para este momento usted ya protagonizaba hasta la transmisión del canal de la competencia.

Todo el país pudo escuchar lo que debió ser el final de su discurso: “Muchísimas gracias. Que Dios me los bendiga”. Era el final perfecto. Limpio. Eficaz. La voz de la experiencia, el hombre del papita, maní, tostón bendiciéndonos agradecido por nuestra atención.

¿Por qué no se detuvo allí? ¿Cómo dejó que pasara lo siguiente?

He visto el video tantas veces que he llegado a pensar en una deriva esotérica. Olvidó que los deportes tienen normas y que hay mecanismos técnicos para reclamar. Que hay una mesa técnica. Que existe el replay. Que usted estaba allí para defender al deporte y a todo lo que eso significa.

Sin embargo, en medio de la cancha y con todo el mundo viéndolo, en una posición que ningún otro de los presentes habría podido asumir —ni siquiera el propio árbitro— se puso por encima del juez y de los estatutos.

Justo cuando los violentos decidieron prestarle atención, esa misma voz, con sus dilemas semánticos de siempre, empezó a equivocarse en todas las direcciones posibles: “Y la repetición de los fouls que no se cantaron la tendremos que ver hoy, mañana o pasado. Lamentablemente, al árbitro se le fue de la mano… dos fouls que no se pitaron, ¿pero qué podemos hacer? Se equivocó en el momento en que menos queríamos que se equivocara, pero lo hizo” [sic.].

¿De verdad es posible que tantos de nosotros crean que es imposible dar un argumento sin antes echarle la culpa a otro?

“Lamentablemente, al árbitro se le fue de la mano…”

El rugido que secundó este comentario fue el de una manada que conseguía una justificación para sus ganas de destrozarlo todo.

Cuando dijo su “no nos vayamos a equivocar nosotros para que digan que aquí no se puede jugar baloncesto. Somos casa y tenemos calidad” [sic.] ya era tarde. Ya el asunto no era ese, señor Delgado. Quien estuvo a punto de herir a un niño en la cabeza no sale en las repeticiones instantáneas. Quien usa la violencia en respuesta a sus frustraciones merece algo más que una falta técnica y suspensión.

Convivir con la violencia y la impunidad lleva a estas regiones. Dejamos de ser espectadores y nos convertimos en un violento fenómeno antropológico.

Durante ciento veintiséis segundos usted dijo muchas cosas. Todas con esas alteraciones semánticas y sintácticas que ha convertido en una firma personal.

Pero aunque le sumemos a eso el apremio, el peso de los micrófonos, la presión… así sepamos que no debe ser fácil medir las consecuencias de lo que se dice en esas circunstancias, ahí no hay silbato que valga, señor Delgado.

Ni siquiera el de la buena intención.

Creo que es Kant quien afirma que la ética queda por fuera de cualquier lógica si no hay argumentos que se fundamenten en la experiencia. En dos platos: que no basta con la buena intención, porque todo lo que hacemos se medirá por las consecuencias y no por las causas.

No hay nada más peligroso que una buena intención que no mide sus consecuencias.

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Willy McKey  Poeta, escritor y editor. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey y visitar su web personal.

Comentarios (9)

Rodnei Casares
16 de julio, 2013

Grande Willy¡

Leonardo Picón Lobo
16 de julio, 2013

Este evento deportivo trascendió lamentablemente a primeras páginas de sucesos, y a dar otro reflejo de nuestras pulmonías sociales. Al día siguiente del juego confiscado, en distintos programas radiales criticaban lo que sucedió, se distribuyeron culpas y se lanzaron propuestas que seguramente irán al vacío. Hasta que vuelva a suceder. En este u otro escenario

@manuhel
17 de julio, 2013

No sé.

Pepe Delgado no es santo de mi devoción, porque me parece mediocre y desatinado en sus comentarios acerca de lo que en su momento narra, pero de allí a tildarlo de promover la violencia sería caer en lo mismo que quienes dicen que los señores Capriles y Bocaranda llamaron a la violencia en abril.

Apostaría a que en el Naciones Unidas pasaba lo mismo de haber sido al contrario lo sucedido, sin un Pepe Delgado de protagonista.

En Venezuela, mientras más arraigada es la fanaticada, mientras más “glorioso” es el equipo al que aupan; más violenta se torna en momentos como estos.

Los equipos promueven entre sus fanáticos el odio a los demás como marketing e identidad. Es así como los caraquistas odian a los magallaneros desde sus visceras; los de Marinos odian a los de Cocodrilos y los del Deportivo Táchira odian a todos los fanáticos del equipo con el cual se enfrentan.

Leslie Martinez
18 de julio, 2013

De verdad que no pense que el fanatismo de algunas personas pudiera llevar a semejante caos, es lamentable que haya pasado esto, simplemente ese juego nunca debio comenzar eso se veia venir…

Esteban artiles
19 de julio, 2013

Excelente articulo, el problema del señor Delgado Rivero es una muestra más de lo peligroso que es cuando se funden en un individuo la osadía y la ignorancia. El sentido de su “intervención” queda evidenciada en sus lentes oscuros en un recinto cerrado y siendo ya avanzada la noche: inútiles y pura pantalla.

MAURICIO TOVAR
19 de julio, 2013

y el tecnico que le pitaroan aparuta que

Ruben
19 de julio, 2013

En fin: La organización Cocodrilos de Caracas demostró que la memoria y el trabajo del Sr. Guillermo Valentiner valen la pena. Que se puede crecer apostando a Venezuela y sus niños, a su deporte. Viva su memoria y aquí lo que cuenta es que ganamos el quinto campeonato y vamos por el futbol también. Que Rivero esto, que Marinos aquello, que el público salvaje… para la galeria amigo.

Alfredo Zuloaga
19 de julio, 2013

Me identifíco con el artículo de Willie y pregunto: quien es Pepe Delgado para salir a hablar al público en una situación como esa? Es delegado de la Liga? NO. Representante de alguno de los equipos? NO Miembro del equipo de seguridad de Marinos? NO. Lo que es es un bocón con ansias desmedidas de figuarción y que, lastimosamente o felizmente, tránsmite en una canal que nadie ve a pesar de la millonada que gastan (Tves). Voy a más, no se si incitó a la violencia pero por lo menos estoy seguro que se equivocó en su apreciación respecto al árbitro. En este caso se la tomó con el árbitro del imperio que fué el mejor de todos durante la serie. No he visto en muchos años de la LBP un arbitraje mejor que el de este año y se debe al nivel de los mismos. Achacarle al árbitro una equivocación en una jugada tan rapida y estando encima de la misma, es o de ignorante o de una persona de mala fé. Pero decirlo en público ya es de Código Penal.

Mención aparte merece la triste situación del Luis Ramos y el ingreso descontrolado de gente que se ubicó hasta en el techo. Ya eso presagiaba el desenlace que vimos. No se puede permitir en una liga que pretende ser seria, situaciones de esa naturaleza y los responsables son los directivos y gente de seguridad a cargo del Stadium. Felicitaciones a Cocodrilos digno Campéon de la LPB en una de las mejores y más emocionantes series de los últimos años Saludos

Iraima
19 de julio, 2013

Muy buena nota, refleja de manera objetiva lo que tristemente observamos en la transmision televisada. Sin saber en ese momento que era Pepe Delgado, lo que vocifero me parecio un desatino total. Ojala jamas debamos presenciar episodios como este

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