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Betancourt, otra vez; por Francisco Suniaga

Por Francisco Suniaga | 22 de febrero, 2016

Betancourt, otra vez; por Francisco Suniaga

“Es usted el único dirigente político sudamericano que encontró la manera de enrumbar a su país por un sendero democrático”
Jean Francois Revel

La Venezuela de 1945, como la del presente, estaba en una encrucijada en la que el liderazgo político debía tomar una decisión sobre el rumbo a seguir. El régimen gomecista, establecido desde hacía 46 años, agonizaba y la demanda de cambio era tan potente que hasta los representantes más conservadores de la dictadura  entendían la necesidad de introducir algunas reformas.

El problema se complicaba por la naturaleza misma de la política, donde las opciones compiten de manera descarnada e incluso, dependiendo de la cultura de los actores, innoble, como era entonces, y como ocurre ahora. En aquella ocasión, dicho en forma gruesa, había dos grandes polos: el de quienes propugnaban el cambio y aquel de quienes se aferraban al status quo, más por intereses sustantivos que por ideal patriótico alguno (esto les habrá sonado familiar).

En el gomecismo hacían vida varios factores. El primero, refractario al menor de los cambios, era el viejo y primitivo generalato gomero, de la casta de los Márquez Bustillo y los León Jurado, que era partidario de apretar las tuercas y afincarse en “los principios” de la causa del Benemérito. Rechazaba de plano que se quisiera quebrantar la norma del régimen que ordenaba que la presidencia fuese ocupada por un militar tachirense, y mucho menos que se iniciara un proceso de apertura política que condujera a la pérdida de sus privilegios. En el presente, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y el resto de la nomenklatura chavista, quienes aspiran y prometen radicalizarse (con el recetario cubano debajo del brazo, sin querer percatarse de que los autores del mismo lo tiraron ya al basurero de la historia, como le encantaba decir al eterno) serían sus homólogos.

Había, en contraposición al generalato de Gómez, una capa civilista y renovadora que lideraba Isaías Medina Angarita, y que contaba entre sus filas con gente como Arturo Uslar Pietri. Este grupo, al frente del Gobierno, aspiraba una transición pausada, a cargo de una figura civil, Diógenes Escalante, que abriera paso a una constituyente y permitiera encarrilar al país por la senda de la democracia. Esta posición contó con el apoyo de Acción Democrática y su líder, Rómulo Betancourt (en junio de 1945 había volado con Raúl Leoni a Washington a entrevistarse con Escalante y llegó con él al compromiso de apoyarlo desde la oposición, si efectivamente iniciaba el proceso que condujera a la democratización del país).

Estaba también, por supuesto, Eleazar López Contreras quien por haber sido ya presidente, y sucesor inmediato de Gómez, aglutinaba a los sectores conservadores del gomecismo. Era percibido por sus opositores como garante gatopardiano del viejo régimen, aunque su discurso pretendiera no serlo. En los tiempos que corren, quienes más se les parecen son los que sueñan una transición del régimen chavista gobernada por el inefable José Vicente Rangel (en el papel de Ángel Biaggini, no en el de Diógenes Escalante).

Del lado no gomecista, el polo del cambio, había una contraparte militar y otra civil. El primero estaba conformado por el sector profesionalizado de las fuerzas armadas, cuyo desarrollo estaba siendo mediatizado por la acción de los viejos generales que formaban el cogollo militar. Allí estaban Delgado Chalbaud, Pérez Jiménez y Mario Vargas. Ese sector, con un proyecto modernizador militar —y por tanto autoritario— había comenzado a conspirar contra el régimen mucho antes del 18 de octubre de 1945. Había, claro está, diferencias importantes entre las concepciones de los dos primeros, militaristas, y el tercero —el capitán Mario Vargas quien, dicho de la manera más simple, era adeco, y eso, Betancourt dixit, no se quita sino con la muerte—.

En el ámbito civil y democrático del cuadro, en tanto que organización político partidista democrática, AD era un ánima sola. Existía el Partido Comunista y personalidades de gran significación como Jóvito Villalba, pero AD, la organización construida por Betancourt, era el partido democrático nacional que promovía el cambio. Mutatis mutandi, como dicen los abogados, AD era entonces lo que la oposición democrática ha sido a lo largo de estos diecisiete años: un partido acorralado por una burocracia militar-caudillesca y un funcionariado que le impedía demostrar que era el partido de las mayoría. El sistema electoral, vigente desde el gobierno de López Contreras, le impedía tener una representación acorde con su caudal popular.

Los grandes políticos de la historia tienen la capacidad de ver más allá que el resto de los mortales, y Rómulo Betancourt era uno de esos. Como afirmara  Miguel Otero Silva, Betancourt era el único político venezolano que en 1945 tenía claro lo que había que hacer, cuál era el rumbo a tomar, por eso fue el líder. Privilegiaba una salida democrática; apenas supo de la candidatura de Escalante propuesta por Medina, suspendió la conspiración con los militares y fue a Washington a brindarle su apoyo. No quería de Escalante posiciones ni prebendas gubernamentales, su objetivo era lograr que impulsara una reforma que condujera a la democracia, aspiración presente en todos los discursos y planes políticos de Betancourt desde hacía muchos años.

Cuando Escalante enfermó, se rompió el consenso logrado en torno a su figura y Medina segó la posibilidad de buscar un nuevo compromiso al designar a Ángel Biaggini, su ministro de Agricultura, como su sucesor. Betancourt entendió entonces que la única manera de lograr imponer el cambio político era a través de su propia mano. Reactivó la conspiración y el 18 de octubre de 1945, por contradictorio que parezca, de la mano con los militares, se inició el trashumar venezolano hacia la democracia.

Desde entonces, de manera absolutamente nítida, el norte de nuestro discurrir histórico ha sido la democracia y sus valores. Desaparecido Mario Vargas, los militares militaristas, apenas en 1948, liquidaron la primera concreción auténticamente democrática y civilista de nuestra historia, al derrocar a Rómulo Gallegos, pero la idea ya había prendido. El proyecto de Betancourt sufrió un aplazamiento importante —diez años de la dictadura de Chalbaud y Pérez Jiménez—, pero renació y se desarrolló con vigor durante los 40 años entre 1958 y 1998, los mejores de nuestra historia.

A partir de 1999 y a lo largo de los diecisiete años transcurridos bajo el chavismo, el camino a recorrer por los demócratas se enchiqueró, y así se ha mantenido hasta el presente. Pero la marcha no se detuvo ni retrocedió, solo se ha demorado y nadie puede siquiera dudar que el sueño haya perdido vigencia alguna. De hecho, fue su existencia lo que mantuvo encendida la llama en las peores horas de estos años. Es su vitalidad lo que permitió el triunfo del 6-D, evento histórico que despejó de nuevo la ruta y permite avizorar un futuro pleno de libertades y bienestar económico para todo el pueblo venezolano. Esta vez, a diferencia de lo ocurrido en 1945, será de la mano de una brillante generación de líderes jóvenes que Venezuela entierre para siempre el autoritarismo militar y retome el camino que conduce a la vieja aspiración democrática.

Francisco Suniaga 

Comentarios (23)

Estelio Mario Pedreáñez
22 de febrero, 2016

Comparto mucho de lo expuesto por el talentoso escritor Francisco Suniaga, y tengos mis observaciones: 1) El mayor mérito de Betancourt fue organizar a los civiles para rescatar la soberanía usurpada por los militares, quienes la ejercían como herencia de Gómez, fundador del Ejército para reforzar su sanguinaria Dictadura. 2) En 1945 AD era el mayor y más organizado partido político opositor de Venezuela, por eso lo buscaron como aliado los militares golpistas. 3) El Golpe del 45 no estaba supeditado al apoyo de AD. Con AD o sin AD buscarían tumbar a Medina. 4) La causa del Golpe de 1945 fue la lucha por el poder (los cargos y los reales) entre 2 facciones del Ejército forjado por Gómez, fue una lucha entre los jóvenes militares de escuela, mal pagados, con algo de preparación para manejar armas más moderna, aunque sin experiencia de combate, marginados de los ascensos y sin mando de tropas, supeditados a los militares de grito y machete, la otra facción, generales y coroneles gomeros.

Estelio Mario Pedreáñez
22 de febrero, 2016

5)En el futuro se debe reformar la formación de los oficiales de las Fuerzas Armadas, para que asuman siempre el respeto a los Derechos Humanos y a la Democracia, para que entiendan que no deben actuar como ejército de ocupación contra sus compatriotas, que no deben someterse a ejércitos ni poderes extranjeros, bajo ninguna excusa, y tampoco a parcialidades partidistas o personas, aunque éstas se crean “salvadores de la patria”. Y entiendan siempre que la soberanía la tiene el pueblo que elige a sus gobernantes, quienes deben gobernar sujetos a la Constitución y nunca arbitrariamente o sometidos a gobiernos extranjeros. 6) Es conveniente superar el modelo “Presidencialista”, que tan nefasto ha sido en Venezuela, para sustituirlo por un sistema parlamentario, que tan bien ha funcionado en muchas naciones de Europa (reinos y repúblicas) y el moderno Japón, para evitar que “Iluminados y Salvadores de la Patria” actúen como tiranos, dictadores o destructores del sufrido pueblo venezolano.

henry maneiro
22 de febrero, 2016

Lucido analisis de la situacion del 45 y acertada comparacion con el momento actual. Los responsables de la tragedia, ayer y hoy, son los mismos. Betancourt y otros, una vez instaurada la democracia, logro sujetarlos al poder de las instituciones civiles. Para desgracia de Venezuela lograron librarse del necesrio dogal y las consecuencias estan a la vista. El rescate de la democracia y del imperio de las leyes e instituciones pasa por volver a empezar de nuevo la tortuosa tarea de colocar a la milicia en el lugar que les corresponde y en su dimension justa. Si eso no se logra el futura se parece demasiado al pasado!

Lillian Kerdel Vegas
22 de febrero, 2016

“Esta vez, a diferencia de lo ocurrido en 1945, será de la mano de una brillante generación de líderes jóvenes que Venezuela entierre para siempre el autoritarismo militar y retome el camino que conduce a la vieja aspiración democrática”.

AMEN!!!!!!!!!!!!!!

María E. Marquez
22 de febrero, 2016

Dios le oiga, Sr Suniaga

henrique meier
22 de febrero, 2016

Hay que recordar, una y otra vez, -es tan corta la memoria colectiva en este olvidadizo país-,que la primera vez que en la historia política de Venezuela se produjo la alternabilidad en el poder gubernamental en forma pacífica, constitucional y democrática fue en 1969, cuando el entonces Presidente de la República Raúl Leoni, del partido Acción Democrática, transfirió, en la sede del Congreso Nacional, la banda presidencial, símbolo del Poder Ejecutivo, al nuevo Presidente de la República, Rafael Caldera, del partido socialcristiano COPEI, quien había sido electo en comicios libres e imparciales para el período 1969-74. Hubo que esperar 139 años desde la consolidación de la República de Venezuela con suseparación de la Gran Colombia (1830) para que se produjera un cambio de gobierno sin violencia, sin sangre.

Ricardo Castro
22 de febrero, 2016

La llegada del populismo chavecista-pseudosocialista tuvo su origen, quién lo puede negar, en gran medida por la falta de esa visión político-social que tuvo Betancourt. Lementablemente los herederos de Rómulo no se percataron de dejar al margen de los beneficios del la democracia un gran sector de la población. No se ocuparon del capital humano, olvidando cultivar su educación y salud bio-psico-social. Es esto lo que propicia que gente sin preparación se apodere del poder. Ojalá hallamos asimilado el error.

Hernando Herrera
23 de febrero, 2016

Inteligente y sabia comparación entre 1945 y 2016, veamos: “El problema se complicaba por la naturaleza misma de la política, donde las opciones compiten de manera descarnada e incluso, dependiendo de la cultura de los actores, innoble, como era entonces, y como ocurre ahora. En aquella ocasión, dicho en forma gruesa, había dos grandes polos: el de quienes propugnaban el cambio y aquel de quienes se aferraban al status quo, más por intereses sustantivos que por ideal patriótico alguno (esto les habrá sonado familiar).” El problema no solo de Venezuela sino en casi toda latino América es el militarismo de chopos y machetes con ínfulas de enriquecerse bajo el manto del erario publico, sin hablar del escaso o ningún nivel de instrucción cívica, educativa institucional y democrática. Según las encuestas serias de la situación del pais de hoy, 90 % de los venezolanos sin distingos de clases sociales esta pidiendo a gritos un cambio de gobierno ya y no para mañana. Oído al tambor!

Samuel Ruh
23 de febrero, 2016

Don Francisco es un cronista fresco de larga edad a Quie Venezuela agradece su trabajo. Este por lo tanto sirve a las nuevas generaciones para tener presente lo que en épocas anteriores ocurrieron y. parecen repetirse pero que pueden evitarse. Excelente trabajo.

Leonardo Picón
23 de febrero, 2016

Excelente ritmo de la crónica sobre esos tiempos. Difiero al final del autoritarismo militar venezolano, que nunca estará enterrado del todo.

Jose Fonseca Droy
23 de febrero, 2016

Tres quiebres en nuestra Democracia ¿Que hubiese pasado si Diogenes Escalante no hubiese perdido la razón? ¿Que hubiese pasado en Venezuela sin el Pacto de Punto Fijo? ¿Que hubiese pasado si Bentancour no divide AD cuando Prieto Figueroa? Cosas para discutir y analizar y vale la pena, para darnos cuenta de la calidad de politicos que habian antes y la medicridad que hay hoy en dia

Carlos Mujica
24 de febrero, 2016

Gracias paisano Francisco. Datos históricos que aportan mucho para acentuar la querencia por lo nuestro. Lamentable que la incapacidad y falta de talento de los que hoy gobiernan, no puedan reconocer el valor de la democracia que han destruido, pero como usted lo afirma, hay talento joven dispuesto a retomar esos principios que nos dieron la oportunidad de vivir en un país que ha sido ejemplo para el mundo. Un buen punto de vista su análisis y un gran acierto como a los que nos tiene acostumbrados por medio de sus escritos.

Luis Medina
24 de febrero, 2016

El populismo anidó entre las ramas de la negligencia y el egoísmo de una clase política corrupta y una oligarquía que se alío con ella para aumentar sus privilegios. Ojalá hayamos aprendido la lección.

Pedro Celis
24 de febrero, 2016

Solo 450 años de gobierno civil en una larga historia de dictadura militar. Ese es el país que tenemos. Betancourt cometió el error de destruir la institución militar porque sabía esta destruiría la democracia que tanto le costo obtener. Durante los 40 años de democracia, la institución castrense fue sistemáticamente denigrada hasta el punto que pocos venezolanos decentes eligieron la carrera militar. Lo que tenemos hoy es resultado de ese proceso. Un régimen militar sin ningún tipo de norte ético y moral. Lo único que se puede hacer es eliminarlo de raíz…

boris Munoz
24 de febrero, 2016

Que los dioses del Olimpo te oigan, Francisco.

Ralfina González
24 de febrero, 2016

Así es Francisco, es nuestro compromiso contar de nuevo la historia para muchos desconocida, estamos seguros que esta nueva generación de líderes jóvenes serán nuestra esperanza…

Estelio Mario Pedreáñez
25 de febrero, 2016

Discrepo del comentario del amigo Pedro Celis: Rómulo Betancourt fue el más brillante político venezolano del siglo XX y el mayor forjador de la Democracia Venezolana, que organizó a los civiles para ejercer la soberanía popular usurpada por las Fuerzas Armadas fundadas por el sanguinario Dictador JV Gómez, este origen explican las fallas en la formación de los oficiales. El error de Betancourt fue no democratizar a las Fuerzas Armadas, que continuaron con su mentalidad pretoriana y represiva, con una visión de ejército de ocupación sobre su propio país, un desprecio por los Derechos Humanos y un adoctrinamiento enfermizo contra “los civiles”, un insulto en el argot militar, porque la mayoría de sus oficiales (los soldados son simples instrumentos a quienes se les niega toda capacidad de entender su adoctrinamiento) no entienden que las Fuerzas Armadas de un Estado están para proteger a la sociedad que los arma y sostiene económicamente, no para despreciar y tiranizar a dicha sociedad.

henrique meier
25 de febrero, 2016

Comparto la apreciación de Estelio Mario sobre Betancourt. Manuel Caballero, quiendurante mucho tiempo fue enemigo acérrimo de Betancourt y de AD (militó en el Partido Comunista), sin embargo, luego cambió de opinión y escribió un libro que cuyo título habla por sí solo: “Betancourt político de nación”. En verdad, los hechos lo demuestran, RB fue un magnífico político en el mejor sentido de la palabra y un gran estadista, aprendió de los errores del trienio adeco (1945-48) y por eso a su regreso al pais, luego de la huida de Pérez Jimenez y el derrumbe de lo que creíamos sería la última dictadura militar, comprendió que la fragilidad inherente a la democracia exigía un pacto de gobernabilidad entre los partidos de vocación democrática (Pacto de Punto Fijo) y los sectores empresariales y sindicales. Ese Pacto vituperado por Chávez y la secta destructiva es tal vez la mejor inciativa en nuestra accidentada historia republicana.

Hernando Herrera
25 de febrero, 2016

El Sr. Pedreañez, escribe su opinion muy bien fundada pero a mi juicio carente de realidad histórica. Digo esto porque basta señalar que el presidente Betancourt no pudo ni podía democratizar las FF AA sino gerenciarla- como bien pudo- por la simple razón que era imposible hacerlo en tan poco tiempo como comandante en jefe de esa fuerza armada como lo estipula la constitución venezolana. Ademas, el mismo presidente Betancourt, sufrió tres golpes militares fallidos y decenas de otros sofocados antes de nacer durante apenas 5 años de gobierno entre 1959 y 1964.El mérito de Betancourt- entre otros- fue lograr hacer que la FF AA sea una fuerza no deliberante dentro de la política venezolana, cosa que fue defenestrada por Hugo Chavez al llegar al poder.

Diógenes Decambrí.-
25 de febrero, 2016

Buen resumen de la historia del siglo 20 para Venezuela, comparto el magnífico compendio de Suniaga, aunque echo de menos ciertas precisiones que siguen ausentes de toda narración de aquellos sucesos; No basta mencionar a Ángel Biaggini, hace falta analizar lo que realmente representaba en ese momento. Persisten todos en llamar Delgado Chalbaud a quien era Carlos Delgado Gómez (el Chalbaud le corresponde a Román, su padre, pero algunos hijos se apoderan de los dos apellidos cuando el progenitor tiene buena fama). No es acertado escribir “Cuando Escalante enfermó”, pues es obvio que en el Hotel Ávila tuvo su preocupante crisis por las camisas extraviadas, pero ese desequilibrio no se inició en esa fecha, debe haber tenido varios antecedentes desde mucho antes, pero mantenidos irresponsáblemente ocultos (por su esposa, otros allegados, el mismo Diógenes), y explotó en el peor momento, pues de no ser por esa locura incapacitante, otra habría sido la evolución del país desde 1945.

Fernando Vega
25 de febrero, 2016

Dicen que las comparaciones son odiosas pero comparar al pobre Biaggini con ese personaje de infinito cinismo que ha resultado ser José Vicente Rangel es en verdad forzar la barra y por otro lado tratar de extrapolar históricamente a Maduro o Cabello, quienes han ejercido poder efectivo desde los más altos puestos del Ejecutivo y Legislativo, y con real capacidad de manipular todos los hilos del Estado incluido el poder Judicial, y situarlos en los gobiernos de López y Medina asimilándolos a los Márquez Bustillo o los León Jurado da la impresión de una idea forzada para redondear un artículo. Es una simpleza, que se repite continuamente, catalogar de un plumazo a los gobiernos de López y Medina como parte del régimen gomecista. Los dos fueron gobernantes liberales y abiertos a la democracia y sobre todo a la legalidad citando a Manuel Caballero. Pecaron en una excesiva moderación o más bien parsimonia en el proceso de transición política, esa fue su perdición.

Estelio Mario Pedreáñez
26 de febrero, 2016

En respuesta al comentario del Sr. Hernando Herrera debo precisar que Rómulo Betancourt cometió el error de no democratizar a las Fuerzas Armadas, un error por omisión, porque desaprovechó el momento histórico, la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez con el desprestigio generalizado que cubrió a las Fuerzas Armadas, para promover un nuevo marco jurídico (constitucional y legal) que las regulara y lo más importante, la reforma de los pensa de estudios de las academias militares y demás instituciones de formación de los oficiales. Estas reformas pudo incluirlas dentro de los objetivos del Pacto de Punto Fijo y en la Constitución de la República de 1961. Además Betancourt no solo fue Presidente de Venezuela, también fue el máximo líder de Acción Democrática y usando como instrumento dicho partido (que también gobernó con Leoni y Pérez) podía impulsar tan necesaria reforma en las Fuerzas Armadas, porque mantenerlas con la mentalidad pretoriana que heredaron de Gómez generó estos males.

Estelio Mario Pedreáñez
26 de febrero, 2016

Como este es un foro abierto para el debate, y en virtud del comentario del amigo Sr. Fernando Vega, sobre los Ex Presidente López Contreras y Medina, preciso mi opinión: Ellos fueron generales gomeros, herederos del poder por ejercer los más altos cargos militares que les permitieron llegar a la Presidencia de Venezuela y por esto fueron elegidos por Congresos gomecista y neogomecista, respectivamente. Y ambos formaron parte del aparato militar durante la sanguinaria dictadura de Gómez, con muertos, presos y exiliados, sin elecciones libres, sin partidos políticos, con censura y represión. Y cuando gobernaron les negaron al pueblo el derecho a elegir a sus gobernantes, por esto estaban usurpando la soberanía popular, como herederos del Dictador Juan Vicente Gómez ¿Se les puede llamar democráticos? Por eso tanto al López como al de Medina los califico como gobiernos neogomecistas. Y López firmó en 1941 un acuerdo de límites con Colombia, calificado como traición por Guillermo Morón.

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