Perspectivas

Batalla campal en los altos mirandinos; por Ysabel Viloria

Tres homicidios, detenciones, heridos, saqueos, aislamiento, paralización. En los municipios Los Salias, Carrizal y Guaicaipuro las jornadas de protesta suben el volumen y desencadenan caos en las comunidades.

Por Ysabel Viloria | 21 de mayo, 2017
Manifestación en Montaña Alta, cerca del lugar del asesinato de Jairo Ortiz. / 02 de mayo de 2017

Manifestación en Montaña Alta, cerca del lugar del asesinato de Jairo Ortiz. / 02 de mayo de 2017

La noche del 6 de abril mataron al primer manifestante en Montaña Alta, municipio Carrizal, en el estado Miranda. Era Jairo Ortiz, tenía 19 años y recibió un disparo en el pecho. “Oímos los disparos, varios. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Policía Nacional Bolivariana (PNB) estaban cerca de la pasarela que cruza la Panamericana. Por donde estábamos nosotros, venían caminando unas chamas. Vi que alguien cayó al piso y pensé que era una de ellas. Salí corriendo para ayudar, pero al llegar estaba con la cara hacia el pavimento. Lo volteamos, era Jairo. No lo conocía, entre todos le subimos la franela para ver qué había pasado. Tenía un pequeño hueco en el pecho y comenzó a sangrar. Lo cargamos y corrimos hacia la clínica. Estaba cerrada, pero una de las enfermeras de la emergencia nos abrió y lo recibieron. ‘El chamo tiene un tiro en el corazón’, nos dijeron. No nos habíamos dado cuenta de que ya estaba muerto”, cuenta un manifestante que presenció el hecho. La refriega en el sector llevaba más de dos horas. Un grupo que no pasaba de 15 personas se mantenía en la esquina entre el centro comercial Colinas de Carrizal y el Centro Médico Docente Los Altos sobre las 10:00 de la noche cuando sonaron los balazos. El Ministerio Público (MP) emitió un comunicado al día siguiente anunciando la detención del PNB presuntamente responsable.

Su papá pidió en declaraciones a Venezolana de Televisión, publicadas en Telesur, que no usaran de bandera política la muerte de su hijo. El esquema de represión se repite y deja los mismos ecos: se avistan tanquetas blancas desde las viviendas, suenan detonaciones seguidas por gritos, aparecen la desesperación, la desinformación y los rumores. Siguen heridos, confusión, gases, humo, lágrimas, destrozos. Llueven piedras, bombas molotov, más gas. En esas jornadas represivas han muerto tres personas.

Luego de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) dictara las sentencias 155 y 156 a finales de marzo, que “constituyen una ruptura del hilo constitucional” como alertó la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) convocó movilizaciones y jornadas de protesta en búsqueda de la recuperación del orden constitucional que incluyera convocatoria a elecciones regionales vencidas, liberación de presos políticos, apertura de un canal humanitario. En contraparte, el presidente Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Nacional Constituyente el 1 mayo, lo que recrudeció el rechazo de la oposición frente a las “soluciones oficiales” del conflicto. Desde inicios de abril las calles han sido escenario de continuos enfrentamientos en varios estados del país.

Después de las marchas organizadas por la MUD para el 19 de abril, en San Antonio de los Altos se registraron disturbios nocturnos. El sargento segundo de la GNB, Niumar Sanclemente, de 28 años, recibió un disparo mientras contenía las manifestaciones alrededor de las 9:00 de la noche. El oficial llegó sin signos vitales a la Clínica Docente El Paso, en Los Teques. “Esa noche había paso hacia la Policlínica Parque el Retiro, en San Antonio. Averigüé si allí trabajaban con su seguro y me lo confirmaron. También pudieron trasladar al herido al Centro Médico Docente Los Altos, en Montaña Alta, ahí tenía cobertura. Después estaba la Clínica Ribas en Los Teques. En todo caso, pudieron parar en los bomberos de la redoma de San Antonio para que recibiera los primeros auxilios. No sé por qué, con esa herida, lo llevaron a un centro asistencial tan lejos”, cuestiona un médico de la zona. El MP comisionó a dos fiscales para las averiguaciones del caso. Jairo Sanclemente, padre de la víctima, aseguró durante las exequias en Charallave que su hijo “decía que llevaba el uniforme con un inmenso orgullo, y lo hacía por una Venezuela sana, una Venezuela de bien”, publicó Correo del Orinoco.

El lunes 15 de mayo la MUD convocó el segundo plantón. Una jornada de paralización durante 12 horas en el territorio nacional. En los altos mirandinos acataron el llamado y lo extendieron. Prolongaron hasta el día siguiente el colapso de las vías principales que comunican los municipios Guaicaipuro, Carrizal y Los Salias. La carretera Panamericana tenía barricadas en distintos puntos: La Matica, Los Nuevos Teques, Corralito, Montaña Alta, La Rosaleda, San Antonio. Los caminos verdes también fueron obstruidos. En Caracas el plantón había terminado. En los altos mirandinos, la protesta seguía. Cerca del mediodía del martes 16 de mayo continuaban los enfrentamientos entre manifestantes y la GNB. #SanAntoniodelosAltos, #RectadelasMinas, #MontañaAlta y #LosNuevosTeques se volvieron tendencia en las redes sociales.

“Estábamos en la avenida perimetral de San Antonio, en el sentido que viene de Los Teques, a la altura del centro comercial Don Blas. La GNB estaba como a 20 metros, cerca de los bomberos en la redoma. Yo siempre voy al frente porque tengo protección, tengo casco, máscara, escudo, protectores de béisbol para todo el cuerpo. Uno no se conoce cuando está en el grupo de choque. Todos tenemos caras tapadas, no sabemos a quién tenemos al lado. Llevábamos rato devolviendo bombas, tirando piedras. No sé cuánto tiempo, pierdo la noción del tiempo. Escuché disparos, muchas detonaciones. En un segundo, volví la mirada hacia mi lado derecho y vi cómo cayó un cuerpo al piso. Corrí hacia él y cuando llegué, él mismo se subió la franela, desesperado, para ver dónde le habían dado. Tenía un hueco pequeño entre las costillas, aquí (señala la boca de su estómago). ¡Impresionante! De inmediato comenzó a sangrar. Todos gritamos: ‘¡le dieron!’. Un chamo llegó en moto, lo cargamos, lo montamos en la moto y lo llevaron a la Policlínica Parque El Retiro. Nos dijeron que estaba vivo, que había ingresado a quirófano. Pero qué va, no aguantó, se desangró. Se murió. Lo mataron”, relata uno de los encapuchados que estuvo en el enfrentamiento del 16 de mayo entre opositores al gobierno de Maduro y oficiales de la GNB en San Antonio de los Altos. La víctima era Diego Arellano, tenía 31 años, recibió un disparo en el tórax. El MP asignó la investigación al Fiscal primero de Miranda.

Los manifestantes

Oscar Rodríguez ha protestado desde febrero de 2014, siempre al frente, en la primera línea. Es uno de los que se mantenía en la Panamericana y ha presenciado las arremetidas de la GNB. Desde el domingo 14 de mayo tiene un perdigón incrustado en la sien, del lado izquierdo. El miércoles 17 de mayo a la 1:30 pm la GNB lo detuvo, ese mismo día tenía pautada la cirugía para extraer el perdigón de su cuerpo. “Yo sabía que esto me iba a pasar, lo que no sabía era cuándo. Yo subía (hacia la pasarela que cruza la Panamericana en Montaña Alta) a buscar las tanquetas, a provocarlos para que bajaran. En eso me dispararon cuando estaba en la iglesia y me escondí detrás de unos árboles. Salí corriendo pero me alcanzaron en la esquina que sube a los taxis. Aguanté pela. Di la pelea. 2 guardias no pudieron, vinieron 2 más y seguí dando coñazo. Después llegaron 3, eran 15 en total. Me metieron en la tanqueta y me empezaron a rodar y me seguían pegando, ¡duro! Eran 8 dentro de la tanqueta. Estaba con un chamo que ni siquiera estaba protestando y también lo acoñasearon. A un menor lo agarraron y le dieron una pela, pero lo soltaron ahí mismo. Los guardias eran gochos, todos unos pelaos, entre 19 y 22 años. Negociaron con unos abogados y me soltaron a las 10:00 de la noche. Yo estoy claro, no vuelvo a salir, o al menos no como lo hacía. Me dispararon tres perdigones, además del que ya tengo desde hace días en el cráneo, me patearon la cara, me cortaron el pelo con un cuchillo, me rompieron la mano. Si me ven en la calle, vienen por mí”.

Sabe que trancando la Panamericana no van a hacer que Maduro salga de la Presidencia. “Que la gente no vaya a los trabajos, que colapse el paso. Que nadie se mueva, a ver si así la presión hace que otros sectores también pidan el cambio. Estoy claro, esto es una tranca y ya. Con esto no tumbamos a Maduro. Yo quiero volver al país en el que uno se podía comprar un carro, sus cosas, un apartamento. Quiero volver a ir a una panadería y comprar pan, no esta estupidez que tenemos”, demanda Oscar.

Un encapuchado es tajante: “Esto se acaba cuando el gobierno de Maduro caiga. De aquí no nos movemos y no abrimos el paso. Hay que presionar. Nos mantenemos trancados hasta que alguno de ellos cambie su forma de pensar. Tenemos que salir de esto. Que nadie vaya al trabajo, que todo se paralice. Estamos en resistencia”, dice con el rostro tapado y vigilando su alrededor.

Otros son más moderados. No se cubren las caras pero tampoco quieren que se sepan sus identidades. “Con esto hacemos presión. Nadie quiere vivir encerrado, pero en cierta forma ya lo estamos: no podemos salir tarde por la inseguridad, no podemos comer en restaurante porque no alcanza la plata, no hay medicinas. Se agotaron las vías regulares para exigir nuestros derechos. Yo quiero ir a trabajar, pero en condiciones normales, no con esta sobrevivencia absurda. Este colapso debe servir para presionar y que el gobierno ceda, que abra puertas: que vayamos a elecciones”, dice una mujer que permanece en la Panamericana, no alcanza los 30 años de edad.

“Yo sé que así nos perjudicamos nosotros porque quedamos aislados, pero tenemos que hacer algo para salir de esta crisis. Lo que queremos lograr es que todos los estados se unan a esta lucha, que el país entero rechace las medidas del Gobierno. Mientras seamos focos aislados estamos pelando bola. Ahora somos los altos mirandinos, Táchira, Mérida y Carabobo, en el resto del país hay peos de a ratos y todo se calma. Aquí llevamos cinco días y vamos a seguir hasta que haya un cambio de dirección en las decisiones políticas. No sabemos si lo vamos a lograr, pero hay solo dos opciones: hacemos esto o no hacemos nada. Yo prefiero hacer esto, todo lo demás que hemos hecho no ha dado resultado”, dice Arnaldo Fortino que participa en las manifestaciones de los altos mirandinos. “Hay mucho tira piedra que cree que estamos jugando carnavales, pero la gran mayoría está enfocada. Tenemos un objetivo claro y es avanzar hacia una solución”, remata.

Los vecinos

En esta región satelital de Caracas la movilidad depende en gran medida de la carretera Panamericana, que comunica al estado Miranda con el Distrito Capital. Muchos cuentos, anécdotas, caminatas y ausencias han sido compartidos como consecuencia de las constantes barricadas dispuestas en la vía.

Un vecino de El Trigo, en Los Teques, que pidió no ser identificado, está de acuerdo con la protesta organizada como derecho ciudadano y por la necesidad de expresar el rechazo a las medidas de este gobierno, pero desaprueba las continuas trancas. “Esto es un atraso. ¿Cómo llegan los alimentos, la medicina? Nos están perjudicando a nosotros, no al Gobierno. Tuve que caminar desde Los Teques hasta Montaña Alta porque no hay transporte, las vías están cerradas y debo trabajar”.

Marilú Guanipa reside en la zona y apoyó el gobierno de Hugo Chávez. Actualmente disiente de la gestión de Maduro, pero desaprueba los métodos usados por los vecinos para buscar soluciones al conflicto, aunque reconoce el derecho que tienen de protestar. “¿Adónde tienen que ir?, ¿cómo exigen respuestas? Se llega a estos extremos porque no hay una solución a las demandas de la población, estamos arando en el viento. El gobierno no puede ignorar que no estamos de acuerdo con lo que está haciendo”.

Un hijo en Estados Unidos y otro en España, ambos huyendo de la crisis actual. El menor de su descendencia participa en las manifestaciones de la Panamericana. Ligia Pachón es opositora, protesta y participa en las actividades convocadas por la MUD, pero no está de acuerdo con las trancas que mantienen a los municipios de los altos mirandinos aislados. “Nos están encerrando, si hay una emergencia no podemos salir. Yo bajo porque allá está mi hijo, pero esta no es la protesta que yo defiendo”.

“No me he pelado una marcha de la oposición, soy antichavista desde mucho antes de que llegaran al poder. Apoyo con todo lo que puedo a los muchachos que se mantienen día y noche en la calle trancando. Les preparo comida, en conjunto con muchos vecinos reúno las colaboraciones y se las llevo: ropa, agua, alimento. Lastimosamente llegamos a este punto, no quiero vivir así, pero sí estoy de acuerdo y sí voy a hacer lo que pueda por colaborar con estos cierres. Es una manera de que la comunidad internacional voltee la cara hacia nosotros. Es la única forma que tenemos porque como pueblo no tenemos instancias. No podemos votar, elegimos una Asamblea Nacional que el gobierno desconoce porque no es obediente, no tenemos uniformes, no somos militares. El gobierno tiene que dejarnos decidir cómo queremos vivir. Estoy mamada de que me vean la cara de bolsa. ¡Me siento burlada, abusada! Seguiremos así hasta que se vayan estos corruptos. Debemos involucrarnos como sociedad civil en la solución de nuestros problemas. Mantenernos en la calle es la forma de hacernos sentir porque agotamos todos los demás mecanismos establecidos en las leyes, este gobierno se limpia el culo con las leyes. Si no nos escuchan entonces iremos a la ruina”, espeta una vecina de los altos mirandinos. “No quiero que se sepa mi nombre porque me encantan los héroes anónimos. Cuando no hay nombres la historia traspasa cada pared de cada casa, cada portón y sabes que tú puedes colaborar. Cuando hay un nombre, la gente piensa: ‘bueno, es fulano de tal que hace buena o mala labor’. Sin nombre, es un venezolano, suficiente para que pueda ser cualquiera”.

Y así muchos casos en cada calle, edificio, cuadra. Medicinas que no han sido tomadas, vuelos que no han sido abordados, neveras vacías, trabajos y estudios interrumpidos, atención médica que no ha sido recibida, emergencias que no han sido atendidas. Se han reportado saqueos de algunos comercios de alimentos, en su mayoría. El 17 de mayo, caída la tarde, el centro de Los Teques fue asaltado por grupos de motorizados.

La actuación de la Guardia Nacional Bolivariana

La presencia y represión de la GNB ha sido constante y sonante. Un oficial retirado reconoce el abuso y los excesos de ambos sectores involucrados en las manifestaciones: “Los que protestan provocan a los guardias y ellos abusan del poder y equipos que tienen”.

Según él la presencia de los cuerpos de seguridad, en especial de la GNB, evidencia la falta de preparación de los funcionarios. “Parece que están formando en función de la cantidad y no de la calidad. Tengo la impresión de que no respetan los filtros y estudios de ingreso a las escuelas militares. Sé que no se están formando en el tiempo prudente, salen a la calle sin la capacitación necesaria. Entran y a los tres meses ya están reprimiendo manifestaciones. En mi época nos formábamos durante un año, año y medio. Soy especialista en orden público, ahora ni siquiera tienen especialidad”, dice.

Con relación al uso excesivo de la fuerza, expresa: “Eso constituye una responsabilidad individual. No creo que sean órdenes de superiores, y de ser así las consecuencias son responsabilidad de quien acciona un armamento”. Hay protocolos de actuación que no se están cumpliendo y es lo que le permite afirmar que hay fallas en la formación de quienes hoy resguardan el orden público: “Para empezar, no se agotan los medios de persuasión. Cuando un cuerpo de seguridad es llamado a resguardar el orden, la primera instancia es el diálogo, la negociación con el líder de la manifestación. El último paso son tiros al aire para avisar a los manifestantes que viene el uso del armamento. Actualmente, vemos cómo llegan directo al uso de bombas lacrimógenas y perdigones”.

Otra evidencia de la poca preparación de los oficiales que asisten a los altos mirandinos, según el GNB retirado, es la falta de planificación. “Creo que no realizan el trabajo previo de inteligencia. No reconocen el área, no saben a dónde ir en caso de haber heridos, un ejemplo es el oficial de San Antonio que murió al recibir un disparo el 19 de abril. No lo llevaron a la clínica más cercana. Cada comisión debe tener escopetero (perdigones), chofer, escudero, carabinero (gases lacrimógenos) y al menos dos extintores, que no he visto que los tengan”. Otras irregularidades cuestionadas por quien tuvo la baja hace años, es la velocidad a la que manejan las tanquetas: “No puede pasar los 30 km por hora, pero van como si estuviesen en una autopista”.

“El uso de los armamentos tienen una especificación, que en algunos momentos no se ha respetado. Los perdigones deben ser disparados a no menos de diez metros de distancia. Los disparos deben ser dirigidos hacia extremidades inferiores y vemos a muchos manifestantes con heridas de la cintura hacia arriba. Las lacrimógenas no deben ir en dirección de los cuerpos”, especifica.

El oficial retirado concluye: “El caso del convoy del ejército -aunque algunos medios publicaron que se trataba de una unidad de la GNB- que chocó y posteriormente tomaron y quemaron los manifestantes el 19 de mayo, es un caso extraño. Venía vacío, con tres soldados sin armas y uno de ellos vestido de civil”. Sugiere que se trataba de unos soldados escapados o de una excusa para justificar acciones posteriores como allanamientos o aprehensiones.

Los números

Alberto Iturbe, coordinador de los altos mirandinos por la ONG Foro Penal Venezolano, asegura que hasta el 15 de mayo tenían un registro de alrededor de 130 manifestantes detenidos, algunos fueron liberados sin presentarlos a tribunales. 97 han sido asistidos legalmente por ellos. “Solo queda uno recluido en Poliguaicaipuro”, determinó.

El martes 16 de mayo se contabilizaron dos detenciones y al día siguiente hubo otra. Los altos mirandinos se mantiene en conflicto, con manifestantes en las calles, vías obstaculizadas y movilizaciones. Las detonaciones y gritos le robaron a la región su tranquilidad característica. La incertidumbre reina.

El jueves 18 de mayo los encapuchados de Montaña Alta, por presión de los vecinos, dieron una tregua. Permitieron que abrieran unos comercios cercanos y avisaron que darían paso entre las 12:00 del mediodía y la 1:00 de la tarde, y luego de 3:00 a 4:00 pm “para que la gente pueda comprar comida”. El viernes 19, luego de que incendiaron el convoy del ejército, pasadas las 3:00 de la tarde hubo una nueva jornada de represión perpetuada por la GNB que trajo consigo una ola de rumores sobre supuestas órdenes de allanamientos en la zona. Al final de la tarde y llegada la oscuridad aún se oían gritos y personas corrían de unas viviendas a otras temiendo la llegada del SEBIN. Luego de culminada la movilización “somos millones” en Caracas, convocada por la MUD el sábado 20 de mayo, en San Antonio eran las 10:00 de la noche y seguía el enfrentamiento entre la GNB y los manifestantes. El saldo: casi 30 heridos de los que uno presuntamente recibió un balazo. Pasan los días y solo una cosa es segura: nada está normal.

Ysabel Viloria 

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