Perspectivas

Asamblea Constituyente: ¿una empresa sin ganancia?; por Ramón Escovar León

Por Ramón Escovar León | 13 de junio, 2017
collage-pensadores

De izquierda a derecha Jean-Jacques Rousseau, Thomas Hobbes y John Locke

“Hablar del poder constituyente es hablar de democracia”, afirma Antonio Negri en su obra El poder constituyente (p.27). El pensador del marxismo italiano no vacila en proclamar que la noción de dicho poder es asunto difícil de definir cuando “la democracia se resiste a la constitucionalización” (p.28), porque ella es una “teoría del poder absoluto, mientras que el constitucionalismo es una teoría del gobierno limitado”. La democracia supone algo más que el gobierno de las mayorías, pues implica separación de poderes; la democracia constitucional consagra la protección de las minorías, el límite al poder y el respeto por la ristra de derechos que consagra la Carta Magna. También afirma Negri que la génesis del poder constituyente está ligado al sufragio (p.30). Todo esto se vincula al tema de la representación, porque a través del sufragio universal -hay que añadir- el pueblo decide todo lo concerniente al mismo: si lo quiere o no. El referéndum es inherente a la esencia de este poder porque es la forma en que el pueblo ejerce su soberanía. Sin consulta al pueblo, la asamblea constituyente se traduce en una simulación, en una burla, en una operación fraudulenta.

Además de lo señalado, quiero agregar la posición de Carl Schmitt, quien sostiene que en las democracias modernas la asamblea constituyente democrática debe ser “elegida según los postulados fundamentales del sufragio universal e igual como procedimiento ‘democrático’ reconocido”(Teoría de la Constitución: p.133). Al mismo tiempo, Schmitt indica que la legitimidad de un Constitución depende de que la autoridad del poder constituyente sea “reconocida” (p.137). Por consiguiente, también para este jurista, que diseñó la plataforma jurídica del nazismo, una asamblea como esta debe respetar las reglas del sufragio universal, es decir, la participación de la totalidad de los electores sin discriminación. La legitimidad del poder constituyente y la Constitución que de él emane depende del carácter democrático de este proceso; y esto depende de la aprobación popular, puesto que el poder constituyente -no lo discute nadie- reside en el pueblo. Vemos que la izquierda y la derecha coinciden en este aspecto.

Tenemos, entonces, tanto en la visión de Negri como en la de Schmitt, que la base del poder constituyente es el pueblo y que este debe expresarse por medio del sufragio universal. Dicho asunto, sobre el cual no hay discusión en las democracias modernas, no lo asume la Sala Constitucional, como se evidencia en su sentencia N° 378, la cual confunde, entre otras cosas, la iniciativa de convocatoria con la convocatoria misma, que solo corresponde al pueblo, tal como lo he explicado anteriormente. Asimismo, la Sala sostiene que se justifica la elaboración de un nuevo contrato social “para poner de acuerdo al país”, lo que es una gruesa mentira: basta escuchar las intervenciones públicas del presidente y demás miembros de la nomenklatura para advertir el tono de agresividad con que prometen una constituyente comunal. La “constituyente para la paz” es un embuste retórico. En resumen, el responsable del orden en el contrato social es el gobierno, pero luego de establecerlo viene la Justicia, como lo enseña el sabio Thomas Hobbes.

La Sala Constitucional reconoce que el pueblo es el titular de la soberanía, pero que “la ejerce a través del poder popular”; pese a que este poder no está previsto en la Constitución, pues cuando fue propuesto por Hugo Chávez, el pueblo lo repudió en el referéndum del año 2007. Asimismo, la Sala declara que la soberanía, cuyo titular es el pueblo, puede ser ejercida indirectamente por el presidente de la república, y agrega que: “no hay previsión alguna sobre un referéndum acerca de la iniciativa de convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente”. Todo lo cual se puede desmontar si se interpretan las disposiciones constitucionales de manera articulada, en un diálogo de unas con otras.

En este sentido, el artículo 5 de la Constitución establece que la soberanía reside en el pueblo (no en el presidente de la república) y es intransferible. Ya en los postulados de Locke era necesario el consentimiento del soberano para que hubiese contrato; pero esto es pasado por alto por el medievalismo abusivo de la Sala Constitucional. El artículo 347 de la CRBV señala de manera tajante que el pueblo “es el depositario del poder constituyente originario”, el cual es intransferible. El artículo 348 atribuye al presidente el inicio del proceso para la convocatoria de la constituyente, pero llevarla a cabo es decisión del pueblo, es decir, de la totalidad de los habitantes del país. Entonces, es la lectura solapadamente aislada de las normas la que manipula la conclusión de que en el proceso constituyente quien decide es el presidente, y no el pueblo. En otras palabras: la Sala equipara con estos malabarismos retóricos al presidente con el pueblo; tesis que no acepta nadie porque la soberanía en una democracia reside en este último.

El cúmulo de desvaríos no se detiene allí, puesto que las bases comiciales fueron presentadas por el Ejecutivo al Consejo Nacional Electoral, institución que de inmediato le dio la bendición. Entonces tenemos que el presidente convoca la constituyente, al tiempo que elabora sus bases comiciales, en las cuales se establece que los constituyentistas serán escogidos por ámbito territorial, usando la técnica de gerrymandering o manipulación de los espacios territoriales electorales al mejor estilo de Mussolini, sin que se sepa quienes integran las listas de “electores”. Ello demuestra que la constituyente es ridículamente fraudulenta. Es ya archiconocido que todo este proceso arbitrario y dictatorial tiene como propósito burlar los procesos electorales y consolidar una supuesta revolución (que solo ha traído, y continuara trayendo, hambre, miseria, atraso, represión, sufrimiento y muertes) para establecer el Estado comunal y el modelo cubano, que sabemos ha fracasado; así como en la Venezuela de los 60 fracasó la izquierda de las guerrillas, la cual atentaba contra los gobiernos democráticos.

Por si fuera poco, las bases comiciales de la constituyente también son fraudulentas, pues restringen la noción de pueblo ya que la participación preferente es la de los seguidores de la “revolución”. Esta es una constituyente repudiada por más del 80% de la población, como lo indican las encuestadoras confiables. Estas bases ilegales -puesto que fueron propuestas por el mismo que inicia la convocatoria-, restringe la noción de pueblo a espacios sectoriales y políticos. El concepto jurídico de pueblo se refiere a la totalidad de los habitantes de un territorio. Así lo definió la propia Sala Constitucional sentencia N°. 24 / 22.01.2003, cuando indicó que pueblo es: “el conjunto de las personas del país y no una parcialidad de la población, una clase social o un pequeño poblado, y menos individualidades”. En esta misma decisión se estableció -siguiendo a Jean-Jacques Rousseau y su El contrato social– que “la soberanía reside de manera fraccionada en todos los individuos que componen la comunidad política general que sirve de condición existencial del Estado Nacional”. De todo lo anterior se evidencia que el poder constituyente, que ha sido consagrado en la Constitución, fue fulminado por las Bases Comiciales y por la decisión N° 378 de la Sala Constitucional.

Por último, debo terminar con una cita del mismo Antonio Negri que respalda la tesis de que no hay poder político sin poder constituyente; y que éste no existe sin consulta popular, cuando afirma:“Un poder político sin poder constituyente es como una empresa sin ganancias”.

Ramón Escovar León 

Comentarios (8)

Abdias Arevalo
13 de junio, 2017

Que buen articulo, de verdad que te felicito. Estos energúmenos nos están vendiendo, una constituyente fraudulenta; que pretenden hacer al margen de la constitución y sobre bases netamente fascistas. La sala constitucional interpreta el derecho de acuerdo a la conveniencia del Presidente, sin lugar a dudas son unos payasos mal intencionados,

CARLOS TAYLHARDAT
13 de junio, 2017

“Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobarlo.

Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile, sin admitir que era demasiado inepto como para poder verla.

Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo:

«¡Pero si va desnudo!»

La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo oyó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.” (La fábula del Rey Desnudo, Hans Christian Andersen).

El vestido (o traje) es el Pueblo y ante su ausencia, como lo explica la fábula, los sastres (Tb. cagatintas 1. m. y f. despect. malson. coloq. chupatintas. Real Academia Española) visten al gobernante en tela invisible.

Luis Melo
14 de junio, 2017

La convocatoria del poder constituyente y las bases comiciales propuestas, resultado de la manipulación de los fundamentos esenciales de la democracia, son uno de los más lamentables capítulos de nuestra historia republicana. Es la construcción de las bases necesarias para la creación de un estado totalitario y la desaparición del voto como expresión de la voluntad popular. En el lenguaje de los políticos afectos al gobierno son comunes las amenazas y las invocaciones al poder constituyente, como el instrumento definitivo para aplastar a la “derecha”, terminó con el cual se refieren a quienes no comparten sus ideas. No es extraño que la definición de pueblo para ellos se reduzca a sus seguidores. Es una consecuencia de la deliberada exclusión de todos sus críticos. Negar la pluralidad de ideas dentro de una sociedad, es negar lo que hace que el desarrollo social sea posible. Castoriadis afirmó que las sociedades se transformaban por si mismas, para eso es esencial la pluralidad.

Enrique
14 de junio, 2017

Gracias por su honrada e impecable argumentación, Dr. Escovar. A manera de inventario, permítame añadir que, la soberanía, esto es, la autoridad suprema que reside en el pueblo en consonancia con su poder creador y originario, solo se materializa y ejerce al momento forzoso de la consulta popular, y esto por causas evidentemente físicas. La humanidad, hasta ahora, solo dispone del sufragio como herramienta para que el pueblo-masa ejerza de manera concreta su soberanía. Fuera de la consulta popular no existe ni puede materializarse físicamente el ejercicio de la soberanía. Y para rematar, dicho ejercicio tampoco puede transferirse. ¿Conclusión? Solo existe un solo soberano, un solo pueblo de Venezuela, un solo ente único e indivisible, depositario del poder creador, un solo constituyente originario, cuya convocatoria emana de si mismo, por cuanto esa facultad es intransferible, y se materializa al momento del sufragio universal, es decir, en la universalidad del pueblo, el pueblo de Venezuela como un todo. Ningún poder derivado, representado o delegado puede pretender ejercer o tomar para si ni siquiera una ínfima parte de esa facultad creadora y originaria subyacente en la soberanía intransferible del pueblo. La soberanía, y por ende, la facultad creadora constituyente originaria es unica e indivisible. Aun mas, una Asamblea Nacional Constituyente de “carácter” originario, carece por definición del poder constituyente originario, ya que este reside intransferiblemente en el soberano pueblo de Venezuela y forzosamente se activa al momento del sufragio universal y directo. Para muestra, leamos por favor los párrafos finales de la CBRV: “El pueblo de Venezuela, en “ejercicio” de su poder originario “representado” por la Asamblea Nacional Constituyente “mediante” el voto libre y en referendo democrático, “decreta” la siguiente CONSTITUCIÓN.” (Comillas nuestras). ¿Hace falta explicar quien el sujeto activo que ejerce y finalmente decreta?. Cualquier órgano del estado, llámese como se llame, e inclusive, una fracción mayoritaria del pueblo de Venezuela que convoque unilateralmente un proceso constituyente estaría de facto usurpando la facultad creadora constituyente originaria que solo puede existir y activarse al momento de la consulta popular del soberano. Aunque algunos no quieran admitirlo, es obvia la razón por la que se tuvo que incluir la fastidiosa palabrita “iniciativa” en el archiconocido articulo de marras. En ausencia corpórea y material del soberano pueblo de Venezuela, solo es posible “iniciar”, es decir “proponer” la convocatoria. No existen dos, ni tres, ni varias soberanías. No existen dos, ni tres, ni varios pueblos de Venezuela. La ejercicio de la soberania la tiene el único y soberano pueblo de Venezuela, depositario del único poder consituyente originario que se activa y materializa en consulta popular universal.

DANIEL DE SIMONE
14 de junio, 2017

Esta es una payasada mas de este gobierno de carton… pero hay que reconocer que el mismo pueblo es el gran responsable de esta situacion…. somos tan perezosos que sabiendo que esto es un suicidio como sociedad y no estamos haciendo nada para enfrentarlo..

Juan Quintero
15 de junio, 2017

No estoy de acuerdo con la interpretación que ha hecho de Schmitt. Si bien es cierto que Schmitt afirma que en las democracias modernas la base del Poder Constituyente es el pueblo y que este PC debe ser elegido según los postulados del sufragio universal. Ahora bien, para Schmitt esto no debe ser así, de hecho su obra busca elaborar una crítica al sistema liberal y allí, además, una crítica a la forma de elección a través del sufragio universal. Para Schmitt el pueblo tiene que manifestar su voluntad pero no al modo liberal, sino a través de lo que llama la “aclamación”, esto es, el pueblo todo reunido solo puede o aceptar o rechazar, decir si o no, a aquello que el soberano le presente. Es, evidentemente, una forma de comprender la democracia muy distinta a aquella que propugna el sistema liberal. Con ello no quiero avalar a Schmitt, solo exponer aquello que es fundamental en su teoría. Y que, lamentablemente, hoy está muy actual.

Juan José Pérez
17 de junio, 2017

En Venezuela nos hacemos los locos todos. Quien no sabe que las bases comiciales y los decretos de Maduro los revisa y corrige en primera instancia los amanuenses del TSJ. Entonces, nosotros, como la canción “El loco soy yo”, recurrimos al TSJ, invocando autores y doctrinas, a demandar la nulidad o la inconstitucionalidad de tal sentencia o decreto que ellos mismos han elaborado. Ellos, por su parte, se hacen los locos también, y para hacer el juego entretenido, declaran inadmisible el recurso interpuesto apelando a formalismos resbaladizos, y así sigue el cuento del gallo pelón. No les parece curioso, que una parte del manicomio, la que no lo reconoce por ilegítimo, ilegal, usurpador (&%4***,#$$), recurra al mismo TSJ para que diga lo que no va a decir, lo que sabemos los que no somos abogados, pero que nos hacemos los locos pensando que con el epistolario de la latinismos y citas famosas, le ganamos una a los bandidos. Con razón hay tanta gente estudiando psicología

CARLOS TAYLHARDAT
18 de junio, 2017

El pensamiento de Carl Schmitt sobre los conceptos en estudio es sumamente polémico y amplio en su interpretación, importantes autores lo han definido desde perspectivas completamente diferentes.

Recomendable:

http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0122-44092006000200003

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