Perspectivas

“Aquí amamos a Chávez”; por Carlos Malamud

Por Carlos Malamud | 6 de marzo, 2017
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Fotografía de la serie Hasta en la sopa, de Diego Vallenilla. Haga click en la imagen para ver la fotogalería completa

[Infolatam].- El 5 de marzo de 2013 moría Hugo Chávez en medio del desconsuelo de sus seguidores. Su despedida, convertida en un funeral de estado, fue seguida por cientos de miles de venezolanos y numerosos mandatarios extranjeros. Cuatro años después las cosas han cambiado y es el gobierno bolivariano quien debe recordar a sus compatriotas la obligación de amarlo, probablemente por temer que ese sentimiento no aflore de forma espontánea.

Así se pone en marcha la maquinaria propagandística para rescatar su figura y, de paso, salvar al régimen de la debacle y la pérdida de prestigio en que se haya inmerso. En pocas semanas hemos pasado del “aquí no se habla mal de Chávez” para minimizar el impacto de la serie “El comandante”, al “aquí amamos a Chávez”. Ninguno de los dos casos es una sugerencia o invitación sino, más bien, una imposición que invade la esfera privada y los sentimientos.

Ante la falta de respaldo popular y argumentos convincentes, el chavismo ha entrado en un terreno resbaladizo e imprevisible. Al invocar a los “escuálidos” (opositores), Diosdado Cabello demuestra una vez más que la campaña de amar a Chávez no es una invitación cordial: “No nos van a sacar al comandante del corazón, escuálidos, ni hoy ni mañana ni nunca, dentro de 100 años seguiremos hablando de Chávez”.

Las encuestas confirman la orfandad del gobierno. Sólo el 17% de los venezolanos dice amar a Chávez y más del 50% ni lo ama ni lo odia. Y si bien Chávez mantiene un 50% de popularidad, cuatro años atrás tenía 71%. Maduro apenas es bien valorado por el 18% de los encuestados, en un declive constante de su imagen.

Uno de los retos del chavo-madurismo fue convertir el recuerdo de Hugo Chávez en mito religioso. Daniel Lozano cita en La Nación a Michele Ascencio, una antropóloga haitiana-venezolana ya fallecida: “El uso de las creencias religiosas del chavismo es una forma de hacer política. El reto es convertir al ciudadano en devoto”.

Es una nueva vuelta de tuerca a la religiosidad latinoamericana, no ajena a la fuerte expansión de las iglesias evangélicas. Esto explica la presencia del “amor” y del verbo “amar” en el discurso político regional. En su campaña electoral de 2002, el PT brasileño ganó por primera vez unas elecciones presidenciales con el lema “Lulinha, paz e amor”. Y en 2009, tras 10 años en el poder y en pleno fragor para lograr la reelección indefinida, el PSUV publicó un decálogo de razones por las que se debía votar que Sí en el referéndum. La primera: “Porque Chávez nos ama, y amor con amor se paga”.

Al margen de su mala gestión de gobierno, un gran obstáculo del chavo-madurismo para impulsar el enaltecimiento de su líder es que, a diferencia de Fidel Castro, carece de rasgos heroicos que puedan ser convenientemente exaltados. Su amor por los pobres, su servicio a la patria o sus logros en la gestión, hoy son insuficientes. Su hoja de servicios militar no incluye nada parecido a Sierra Maestra, ni ninguna entrada triunfal en La Habana. Sólo el mítico “por ahora” tras el fallido golpe de febrero de 1992. El intento de convertir el “por ahora” de entonces en el actual “Chávez para siempre” e instituir el 4 de febrero como “día de la dignidad nacional” no alcanza.

Chávez será recordado por sus buenas obras y no por mitificaciones. Sin embargo, el desgobierno de sus sucesores, comenzando por la cúpula gubernamental y la del partido político que la sustenta, está haciendo todo lo posible para enterrar el legado chavista. Siguiendo a Derrida se podría afirmar que la nueva campaña de “amar a Chávez” prosigue la deconstrucción de la “revolución” bolivariana.

Pese a todo se insiste en los tópicos tradicionales, comenzando por el del “espíritu inmortal”. Por eso se pretende redimensionar al “Gigante de América”, haciéndolo aún más grande. O se intenta que el maná que reparte el “Mesías de los Pobres” llegue a un mayor número de destinatarios y aumente el número de sus fieles y seguidores, aunque los recursos (materiales y de ideas) a disposición del proyecto bolivariano sean cada vez más escasos.

En definitiva, se busca que el “Chávez infinito” llegue más allá, que realmente no tenga límites nacionales, regionales o internacionales, pese a su creciente desprestigio. Por eso Maduro insiste: “Además de las actividades previstas en homenaje a nuestro Comandante Chávez, para conmemorar un año más de su partida física, hemos decidido lanzar la campaña ‘Aquí amamos a Chávez’ que tendrá su canción en varios idiomas, porque nuestro Comandante Chávez es un líder mundial que trascendió nuestras fronteras”.

En 2014, a 15 años de la llegada de Chávez al poder, Maduro afirmaba tajante: “La actividad de la vanguardia revolucionaria no está en la calma está en la actividad. Amar a Chávez y a la Patria es convertir el amor en acción” o “Todo el que se sienta patriota, que ame a esta Patria, el que ame a Chávez, el que se sienta bolivariano y bolivariana”. El hecho es trascender el amor platónico y pasar de las palabras a los hechos: “No basta con decir lo amo tanto que no puedo vivir. ¿Qué nos enseñó Chávez? La lucha todos los días, la acción, el compromiso, el trabajo permanente”.

La “Marcha peronista” es rotunda en lo referente a la valía del líder y al recuerdo que se debe cultivar: “Por ese gran argentino/que se supo conquistar/a la gran masa del pueblo/combatiendo al capital./Perón/Perón, que grande sos./Mi general, cuanto vales”. La duda que angustia a Maduro, Cabello y sus principales seguidores es si la gran masa del pueblo venezolano seguirá subyugada por la figura de Hugo Chávez o buscará nuevos referentes. De momento, y como no las tienen todas consigo, apelan al temor y así se pasa del “aquí no se habla mal de Chávez” al “aquí amamos a Chávez“. Así sea.

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Carlos Malamud Catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España e Investigador Principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Ha sido investigador visitante en el Saint Antony´s College de la Universidad de Oxford y en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires y ha estado en posesión de la Cátedra Corona de la Universidad de los Andes, de Bogotá. Entre 1986 y 2002 ha dirigido el programa de América Latina del Instituto Universitario Ortega y Gasset, del que ha sido su subdirector. Actualmente compatibiliza su trabajo de historiador con el de analista político y de relaciones internacionales de América Latina. Ha escrito numerosos libros y artículos de historia latinoamericana. Colabora frecuentemente en prensa escrita, radio y TV y es responsable de la sección de América Latina de la Revista de Libros.

Comentarios (7)

Gastón
6 de marzo, 2017

Cuando a leo escritos sobre Chávez de personas calificadas y honestas en sus expresiones me cuesta mucho entender cómo pueden hacer referencias a sus buenas obras. Solo les pido que mencionen una sola buena obra de dicho personaje. Una sola obra que este libre de la intención escondida del engaño y la manipulación para lograr su objetivo controlar Y mantenerse en el poder. Destruyó la democracia, la educación, la seguridad social, el servicio médico privado y público, el tejido Industrial, los valores y principios del venezolano, la economía del país, entregó el país a los cubanos. Solo pido una obra buena. Chávez es una parte de nuestra historia que debe ser reconocida como lo que ha sido para el país “nefasta”

Jose Daniel
6 de marzo, 2017

Es increible como en este pais exista un slogan “aqui amamos a Chavez”, sabiendo el daño que ese señor le hizo a nuestra Venezuela, yo personalmente creo que si juntamos a Boves, Morillo y Monteverde, el daño de Chavez sería mucho mayor. Esto es como si en Alemania quisieran adorar a su gran destructor “Hitler”

Eduardo
6 de marzo, 2017

Chávez sigue siendo el principal patrimonio del proceso político, de manera que es necesario mantener ese vinculo que su recuerdo de una forma viva.

Olmar Centeno
6 de marzo, 2017

Hay amores que matan y ese es el de quien sigue siendo chavomadurista. Los demas, o despreciamos u odiamos.

Daniel Requeijo
7 de marzo, 2017

Artículo interesante, de actualidad y bien argumentado

Diógenes Decambrí.
7 de marzo, 2017

En Argentina no llegan a estos extremos de decretar la obligación de amar al difunto y cerrar los ojos ante las barbaridades que cometan los que siguen vivos, porque ya no están en el poder, pero existe un solapado movimiento para que no se investiguen las reales circunstancias en que fallecieron al tuerto Kirchner (urna sellada, mausoleo custodiado las 24 horas) y al Fiscal Nisman (escena contaminada, inmediata difusión oficial de la conveniente versión del suicidio), ni se juzgue a Cretina por sus múltiples manejos indebidos de dineros y asuntos de Estado (uno de ellos con los iraníes señalados por el terrible atentado contra la AMIA en 1994, del cual ella ofreció sacarlos a cambio de réditos personales). Los peronistas más recalcitrantes querrían poder imponer una ridiculez similar a la que exonera al golpista prepotente y resentido, decretando el amor incondicional -acrítico- por Cretina y sus socios, y exigiendo “respeto” de los tribunales hacia la inmaculada viuda: Impunidad.

Pedro Villavicencio
7 de marzo, 2017

Buen artículo; sin embargo, me permito diferir sobre el punto del “legado”de Chavez. El legado real es justamente esta destrucción de país; los arrebatos, si se quiere demenciales, en el ejercício del poder; la irresponsabilidad de dejar a PDVSA sin su soporte tecnico y gerencial, sin visualizar el descalabro en el que sumiría a esta empresa; los conflictos y juicios internacionales, donde Venezuela los ha perdido todos y está otro pendiente con Conoca-Philys, cuyo dictamen está por darse y en el que la transnacional, de gaar el caso, espera tomar posesion de CITGO. La irresponsabilidad de “entregar”con un comentario poco inteligentes y poco táctico, el territorio esequivo, sí inteligentemente defendido por la democracia, previa a la “revolución”. La destrucción del aparato productivo; el manejo alegre y sin controles de auditorias, de la cosa pública. Es ése el legado?

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