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Consideraciones sobre el entorno cambiario venezolano; por Asdrúbal Oliveros y Gorka Lalaguna

Por Prodavinci | 7 de marzo, 2017

dolares-y-bolivares

El tipo de cambio, y toda la dinámica que lo envuelve, ha permanecido en el eje de la discusión político-económica los últimos 14 años; tras seis devaluaciones del tipo de cambio oficial y cuatro intentos fallidos en ofrecer una ventana alternativa en materia de asignación de divisas, la unificación cambiaria permanece como una quimera, al menos en el corto plazo.

La teoría económica sugiere que, en una coyuntura marcada por fuertes rigideces nominales y un flujo de divisas restringido, el tipo de cambio tendería a surgir como una variable central en el proceso de transición hacia un nuevo panorama marcado por ingresos relativamente bajos tras la caída de los precios del petróleo.

No obstante, en 2016, el Gobierno optó por un ajuste cambiario parcial y se enfocó en un ajuste externo principalmente a través de las cantidades, es decir, ajustó los volúmenes de importaciones dejando de lado el proceso de formación de precios de la economía. 2017 se luce similar a 2016 en lo económico, o, al menos en materia cambiaria.

2016: La tensa calma

A grandes rasgos, los dos semestres de 2016 se perfilaron como antónimos.

El primer semestre de 2016 (1S2016) vino marcado por una contracción importante de los volúmenes de gasto y liquidez, de la mano de un conjunto específico de expectativas en torno al esquema alternativo Simadi/Dicom[1] y un importante componente recesivo, que logró reducir las presiones tradicionales sobre el tipo de cambio paralelo y brindó cierta estabilidad al indicador, al menos por un tiempo.

El paralelo tendió a disociarse de una dinámica inflacionaria en franca aceleración marcada por el ajuste desordenado de ciertos precios relativos (tras meses de rezago importantes), la ya mencionada dinámica del Dicom y una reducción generalizada de la actividad económica

Con esto en mente, el paralelo perdió fuerza en términos de poder adquisitivo, revirtiendo la tendencia mostrada en los últimos años. En economía, un concepto frecuente en la materia suele ser el Tipo de Cambio Real (TCR), el cual, a grandes rasgos y de manera muy simplificada, busca ver con cuántas cestas compuestas por productos venezolanos puedo adquirir con una cesta foránea representativa, considerando el nivel agregado de precios de ambas regiones y el tipo de cambio nominal vigente[2].

Considerando nuestro indicador de inflación, regido por metodología del BCV, a pesar de la dinámica inflacionaria y del alza generalizada de los precios de los productos que componen la canasta venezolana, la persistente subida del paralelo excedió la continua pérdida de valor de los productos a raíz del proceso inflacionario, convirtiendo a Venezuela en una economía profundamente accesible de poder acudir al mercado no oficial.

En este sentido, asumiendo como referencia el tipo de cambio no oficial, un individuo, de contar con el monto en divisas suficiente como para adquirir lo equivalente a una cesta de productos extranjera, pudo aspirar, en promedio, a adquirir 3,7 cestas de productos locales entre 2013 y 2015, alcanzando un máximo de 6,7 cestas locales en julio del año anterior. Poder de compra percibido por un tipo de cambio profundamente depreciado.

No obstante, considerando nuestro indicador de inflación subyacente, las brechas se reducen al tomar en cuenta una dinámica inflacionaria mayor y al minimizar las distorsiones inherentes al cálculo del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), elevando considerablemente el costo de la canasta local y permitiendo adquirir, en el marco de lo propuesto, un promedio de 2,5 canastas entre 2013 y 2015.

Ahora, tras el estancamiento del paralelo durante un período importante del año, el mismo perdió el impulso inicial que colocaba a Venezuela como una economía esencialmente barata. Se pasó de adquirir, tomando como referencia el INPC, cerca de 5,0 canastas para enero del 2016 a tan solo 1,7 canastas en septiembre del mismo año; sin embargo, partiendo de la inflación subyacente, se pasó de 2,1 cestas a comienzos del año a tan solo 38,9% de una en septiembre, apreciándose en términos reales el tipo de cambio y haciendo más rentable la adquisición de una cesta de productos en el exterior.

Pero, ya se sabe, nada es eterno en el mundo. A raíz de ciertas correcciones metodológicas, un repunte en los niveles de gasto y liquidez tras un apretado entorno político y la erosión de las expectativas de un cambio (en el marco de una caída abismal de la demanda de dinero), posicionaron de nuevo el tipo de cambio paralelo en su tendencia alcista hasta alcanzar un máximo de 4.587,7 bolívares por dólar en diciembre y ubicarse en 4.334,4 bolívares por dólar al momento de escribir estas líneas, lo que se traduce en una depreciación acumulada de 76,4% entre septiembre de 2016 y febrero del presente año.

Ahora, los costos no son menores. El proceso de formación de precios en la economía venezolana está tendiendo a ajustarse cada vez más rápido considerando la dinámica del tipo de cambio paralelo, en parte como consecuencia de la destrucción generalizada del sistema de precios y el peso cada vez mayor del mismo dentro del nivel de importaciones.

En este orden de ideas, hemos observado como el tipo de cambio de los consumidores[3] ha venido anclándose en mayor medida al marcaje del paralelo, presentando una depreciación acumulada de 46,5% entre octubre y enero del año previo (pasando de 681,0 bolívares por dólar a 1.274,1 bolívares por dólar), cónsono con la trayectoria del paralelo los últimos cuatro meses (tanto en el overshooting de los últimos meses de 2016 cómo la estabilidad que ha caracterizado al indicador entre enero y febrero del presente año)

¿Y las cantidades? El reino de lo público

Como mencionamos anteriormente, las importaciones han sido el mecanismo predilecto de ajuste que ha empleado el Gobierno para enfrentar la crisis que atraviesa el país. Según el Banco Central de Venezuela (BCV), en 2014 el nivel de importaciones se ubicó en 47.508 millones de dólares, una diferencia de 11.012 millones de dólares con respecto a nuestro estimado al cierre de 2015 (36.496 millones de dólares).

En este sentido, para el 2016, acorde a nuestras estimaciones en materia de asignaciones de divisas, las relaciones comerciales que sostiene Venezuela con sus socios y los movimientos financieros y la producción de PDVSA, estimamos que las importaciones totales de bienes alcanzaron un valor de 17.977 millones de dólares.

Cuando se extrae de este total de importaciones las realizadas por PDVSA (6.407 millones de dólares), nos queda que para la importación de bienes se destinaron 11.570 millones de dólares. De ese monto, 2.356 millones de dólares se importaron a través del Cencoex y 2.123 millones de dólares a través del Dicom en lo que al sector privado se refiere. Del restante (7.091 millones de dólares), 4.738 millones fueron asignados a las importaciones públicas y 2.353 millones fueron importados a través del mercado paralelo.

En resumen, nos queda que las importaciones públicas representaron 62,0% de las importaciones totales, mientras que el sector privado solo ocupó 38,0%. Sin embargo, lo relevante es que estos números revelan que al cierre del 2016 el paralelo ocupó 34,4% del total de importaciones privadas y 13,1% del total de las importaciones totales de la economía.

Naturalmente, el sector privado ha sido el más perjudicado ante el recrudecimiento de la crisis en materia de divisas. En promedio, el sector privado recibió 17,8 millones de dólares por día en 2016, 31,0 millones de dólares menos que en 2015 (63,5%) y 109,0 millones (85,9%) por debajo de lo promediado en 2014, mermando la actividad económica del sector y elevando el rol protagónico del mercado paralelo dentro de la operatividad del mismo

Adicionalmente, las profundas presiones recesivas que enfrenta la economía venezolana y el efecto precio asociado al alza del paralelo hacen insostenible a largo plazo el importante esfuerzo realizado por el sector privado, mayoritariamente durante el primer semestre del año previo, de ejecutar a cuenta propia sus importaciones al tipo de cambio no oficial, con incidencia directa sobre el tipo de cambio ponderado y los niveles de escasez y precios a mediano y largo plazo.

En este orden de ideas, estimamos que en 2016 el tipo de cambio ponderado de las importaciones (el tipo de cambio promedio al que importa el agregado de la economía) promedió alrededor de los 278,0 bolívares por dólar, lo que representa una depreciación de 70,5% con respecto a 2015 y de 93,6% con respecto a 2014.

Ahora, si colocamos la lupa en ambos sectores obtenemos que el peso del ajuste ha sido trasladado fundamentalmente por el sector privado y los consumidores venezolanos. En este sentido, el tipo de cambio ponderado de las importaciones del sector privado (a qué tipo de cambio importa el sector) se ubicó en 625,8 bolívares por dólar, una depreciación cercana al 79,1% luego de ubicarse en 130,6 bolívares por dólar en 2015.

Por su parte, el tipo de cambio ponderado de las importaciones del sector público, se ubicó en 64,8 bolívares por dólar (tan solo el 10,4% del registrado a nivel del sector público), el cual, con una incidencia fundamental, es una rigidez de peso en el aparato cambiario distanciando a la dinámica cambiaria de la inflacionaria, con un costo hundido de importancia en materia fiscal y alterando de manera importante la trayectoria de los precios relativos de la economía.

De negro a oscuro.

El reto adaptativo que enfrenta la economía venezolana es de envergadura y el esquema cambiario tiene un papel fundamental que jugar en él. Al prevalecer la lógica política, bajo este esquema, los costos económicos serán trasladados continuamente a los consumidores sin ningún tipo de beneficios en materia fiscal y en el ordenamiento y rescate de ciertos equilibrios fundamentales. El tiempo apremia.

[1]Tras su anuncio en febrero, el tipo de cambio alternativo Simadi/Dicom alcanzó una tasa promedio mensual de depreciación por el orden de 20,2% entre marzo y julio del 2016.

[2] A efectos del presente ejemplo, utilizaremos el tipo de cambio paralelo de manera referencial. Adicionalmente, como proxy de la dinámica de precios foránea se utilizará un índice ponderado de los índices de precios al consumidor de los nueve principales socios comerciales, en materia de importaciones, de Venezuela.

[3] Conceptualmente, el tipo de cambio de los consumidores surge como un indicador que busca representar el tipo de cambio implícito promedio al cual se enfrenta el consumidor venezolano.

Prodavinci 

Comentarios (3)

charles bradley
8 de marzo, 2017

no entendí nada, un bombillo vale 2000 bolívares, un litro de leche de soya importada 22000 bs, 6 dólares a 4000, en Miami un galón de la misma marca vale 3 dólares

Nelson Dìaz
10 de marzo, 2017

Favor explicarme por què el dòlar paralelo en estos momentos ha bajado hasta 3.200 bsf/dòlar.

Se supone que no hay divisas y deberìa quedarse en 4.300 aprox. o seguir subiendo porque hay mucha demanda. Mucha gente dice que las empresas estàn liquidando posiciones en divisas para pagar en bolivares el impuesto sobre la renta.

Agradezco su respuesta.

Muchas gracias, Nelson Dìaz.

RAMSES MENDEZ
12 de marzo, 2017

Por favor aclárenme esto: “En este sentido, el tipo de cambio ponderado de las importaciones del sector privado (a qué tipo de cambio importa el sector) se ubicó en 625,8 bolívares por dólar, una depreciación cercana al 79,1% luego de ubicarse en 130,6 bolívares por dólar en 2015″…. En mis cálculos me da 279,1% (no 79,1%). Gracias

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