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A contracorriente / “Ornamento” de Juan Cárdenas; por Patricio Pron

Por Patricio Pron | 3 de enero, 2016

A contracorriente Ornamento de Juan Cárdenas; por Patricio Pron 640

Al principio son cuatro mujeres, que narran sus alucinaciones a un médico que estudia una nueva droga; al final, es una de ellas, la número cuatro (que se convierte en amante del médico y de su mujer, que vive con ellos y luego desaparece) la que es la droga: inflexible en su exigencia y en su promesa de una satisfacción improbable a la necesidad.

Juan Cárdenas (Popayán, 1978), quien (por cierto, y por si esto importa) no fue parte de la “lista Granta” de mejores narradores en español menores de cuarenta años, autor de Zumbido y Los estratos, entre otros libros, es desde hace algunos años (y como pone de manifiesto su ausencia en dicha lista), efectivamente, uno de los mejores narradores en español menores de cuarenta años, un privilegio que comparte con escasos “Granta”: Andrés Barba, Javier Montes, Antonio Ortuño, Alejandro Zambra, etcétera.

Ornamento (su tercera novela hasta la fecha) es la historia de la invención y la colocación en el mercado de una droga, pero también es la historia de su creador y de cómo éste asiste en condición de testigo (como producto de un desdoblamiento que no es infrecuente en las experiencias alucinógenas) de sus propios actos, que lo llevan a interesarse en la número cuatro, incorporarla en la vida de su pareja y buscarla cuando ésta escapa e intentar recomponer una relación rota por la intrusión y por el hartazgo. Es también (y por sobre todo) un vehículo para la exploración de confluencias: la de la innovación, el carácter empresarial, la violencia y el mercado que están detrás de una cultura del narcotráfico que (esto es lo que parece venir a decir Cárdenas) vertebra la sociedad colombiana. Ornamento dice (o parece decir) que la droga (que en un pasaje del libro el narrador asimila a la producción artística contemporánea) es el único objeto que permea la rigidez de los estratos de la sociedad latinoamericana, y que en su producción y en su consumo confluyen dos fuerzas más poderosas que las instituciones: el capitalismo y el deseo.

Cárdenas escribe con Ornamento un capítulo más de una trayectoria brillante aunque breve en la que los magisterios son selectos y visibles: si Zumbido señalaba la influencia de Felisberto Hernández, Antonio Di Benedetto y Maurice Blanchot (y Los estratos, la de César Aira y Julio Cortázar), la nueva novela del colombiano permite pensar en él como uno de los mejores alumnos del argentino Rodolfo Fogwill, de quien parece haber aprendido cómo narrar toda una época (su política, su economía, su régimen de visibilidad, su sexualidad) evitando los rígidos (aunque mucho más comerciales) parámetros del gran friso y la literatura de guía de viajes.

En ese sentido (también) la suya es una obra a contracorriente de los modos dominantes de la narrativa latinoamericana producida por la más reciente generación literaria, con su aspiración a que la narración de la (pequeña) historia personal disimule la incapacidad de escribir la (gran) novela, pero con la misma pretensión (que preside la literatura latinoamericana al menos desde la aparición del Boom y, específicamente, las relaciones comerciales entre esa literatura y el exterior) de ser pensada en términos nacionales y como explicación de los mismos que justificaba la producción (mejor o peor, pero cada vez menos literaria) de los grandes nombres de la generación precedente. Cárdenas narra América Latina sin necesidad de recurrir a personas que vuelan, conversaciones de mujeres en cocinas, historias de haciendas colombianas o (peor aún) la imitación provinciana de la Weltliteraturcentroeuropea del siglo pasado: no es necesario ser un lector voraz de literatura latinoamericana (o de lo que en España es publicado bajo ese nombre) para tomar conciencia de la disidencia (y la posible soledad) que hay en ese gesto, y de su necesidad como correctivo de una visión distorsionada.

Juan Cárdenas
Ornamento
Cáceres: Periférica, 2015

Patricio Pron 

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