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4 lecciones de Polonia para Venezuela sobre la transición (y otras quimeras); por Omar Zambrano

Por Omar Zambrano | 9 de agosto, 2016
Sobre transiciones y otras quimeras por Omar Zambrano

Puerto de Gdansk, en Polonia durante la transición económica. Fotografía de Witold Krassowski, parte de la serie Polonia durante el Período de Transición 1989 – 1997

transición
Del lat. transitio, –ōnis.
1.- Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto.
quimera
Del gr. Khimaira
1.- Monstruo fantástico de la mitología griega con tres cabezas que escupían fuego, cuerpo de cabra y cola de dragón.

I

La palabra “transición” debe ser el término del momento en la esfera pública venezolana. Los demócratas presionan por ella. El aparato chavista se resiste a ella. Los economistas hablan sobre ella. El pueblo aspira a ella. Sin embargo, en este punto, nadie sabe con certeza cómo llegar hasta ella. En este punto, es comprensible que muchos pongan el foco en la descripción del calamitoso estadio actual, mientras otros se aventuran a delinear las características deseables del estadio futuro cuando, en el sentido estricto, la propia definición de la palabra sugiere que el elemento central y lo realmente importante es el tránsito: cómo pasamos de una forma de ser o estar a otra distinta.

El 4 de junio de 1989, el Partido Comunista Chino ordenó aplastar brutalmente las protestas en la plaza Tiananmén. En Berlín Oriental, algún guardia de la Stasi terminaba su guardia somnolienta vigilando que nadie cruzara una pared, aunque faltaran apenas cinco largos meses para que se precipitaran los acontecimientos que terminaron en la caída del muro. También aquel día, en otro lugar del mundo, una coalición de fuerzas democráticas de oposición obtenían una categórica victoria en unas elecciones sin garantías y plagadas de trampas y abusos. Sin saberlo, en aquel momento se abrían las compuertas de la caída del comunismo en Europa Central y la antigua Unión Soviética. Ese día también se inició el primer experimento de tránsito desde una economía socialista hacia una economía de mercado.

II

“El Gobierno que asumió el poder encontró una economía al borde de la hiperinflación, con capacidades productivas minadas por la escasez y un sistema de incentivos y precios completamente distorsionado”

“El año anterior al inicio de las reformas económicas, se observó una alarmante caída en el desempeño económico, con una inflación que alcanzó 700%; una escasez que, ya siendo crónica, se intensificó a niveles nunca vistos; una crisis fiscal que llevó el déficit a niveles nunca antes experimentados; y, una triplicación del déficit de la cuenta corriente”

Al leer los párrafos anteriores, se concluye que no hay nada excepcional en el estruendoso fracaso que es la economía venezolana de 2016. Siempre, en todas partes, el mismo conjunto de políticas produjo el mismo conjunto de resultados.

El chavismo no es original ni fracasando.

Ambos párrafos con citas textuales de un diagnóstico temprano elaborado por una institución multilateral de crédito, pero el país al cual hacen referencia es Polonia. La fecha del reporte es octubre de 1989. Y hago referencia al texto porque lleva a un punto que vale la pena destacar y que ya sugerí en un artículo anterior: la economía venezolana, en su estado actual, se está pareciendo mucho más (y en más de un sentido) a las economías de la Europa Oriental durante la transición post-soviética que a los programas de estabilización y ajuste estructural que en esa misma época se dieron en Latinoamérica.

Aunque, macroeconómicamente hablando, en Venezuela confluyen todas las condiciones que condujeron a las crisis latinoamericanas de los años ochenta, desde el punto de vista de la estructura económica que deja el chavismo, el país presenta lo más típico de las economías de planificación centralizada del Pacto de Varsovia: un entramado perverso de distorsiones que han derivado en el cese parcial de los mecanismos de mercado, la derogación parcial del sistema de precios como mecanismo de información y asignación económica, junto con la obliteración (en aquel caso inexistencia) del sector privado.

III

Volviendo al cuento de Polonia, lo primero que hay que decir es que su mención no es casual. Aquella Polonia reformada por Mazowiecki, Bielecki y Wałęsa resultó ser, por mucho, la economía más exitosa de la transición post-soviética. Si la transición es el tránsito hacia un nuevo estadio, Polonia es un buen ejemplo de cómo debe lucir el punto de llegada. Polonia logró el tránsito desde una economía centralmente planificada, controlada en todos sus ámbitos, sin libertades públicas ni individuales, hacia una economía de mercado funcional y competitiva, abierta al mundo, con una democracia vibrante.

Desde los despojos de este experimento económico fallido que es el chavismo, el caso de Polonia ejerce obvia atracción.

A diferencia de otros países de Europa Central y Oriental, Polonia no experimentó los rigores de una depresión económica en su camino hacia la estabilización. Luego del impacto inicial sobre los precios y el producto, Polonia logró derrotar en corto tiempo la escasez, inició una progresiva reducción de la tasa de inflación y emprendió una senda de crecimiento económico sostenido que no se ha interrumpido hasta nuestros días.

Durante los últimos 25 años, el PIB per cápita polaco ha hecho más que duplicarse: hoy excede los 24.000 dólares, cifra que equivale a dos terceras partes del nivel de Europa Occidental, su nivel más alto desde su “Edad de Oro” en el siglo XVI.

A lo largo del proceso, Polonia adoptó instituciones que habilitaron el desarrollo económico: el estado de derecho, un régimen de libertades públicas y privadas, una política monetaria independiente, regulación para una competencia fuerte, libertad de prensa, etcétera.

Después de 25 años de la transición polaca (y parcialmente gracias a ella), hoy se tiene más y mejor conocimiento sobre qué es lo que funciona.

IV

La experiencia polaca se convirtió en el arquetipo de lo que desde entonces se llamó terapia de shock y debe revisitarse con ojo crítico, sin que ello signifique endosar automáticamente el ritmo y la secuencia de ese programa de reformas.

Con sus aciertos y errores, para no entrar en los detalles técnicos de la etapa inicial de estabilización y ajuste, creo que la experiencia polaca ofrece lecciones que pueden ayudarnos a orientar los esfuerzos por repensar los nuevos rumbos que debe tomar la economía venezolana:

Lección 1. Sobre ritmo y secuencia de la desregulación económica y la privatización. Polonia, desde un inicio, privilegió y dio un gran impulso al traspaso de empresas de pequeña y mediana envergadura al sector privado. La idea fue poner énfasis en la reactivación de mercados competitivos en las áreas de comercio minorista, la construcción, la industria ligera y la agricultura. Así fue como Polonia logró crear, en relativamente poco tiempo, más de dos millones de empresarios que sentaron las bases del crecimiento de la producción y la creación de empleo. Por otro lado, Polonia se tomó un tiempo más largo para montar un proceso transparente y eficiente de privatización de las empresas grandes y estratégicas. La apuesta fue por maximizar el valor de los activos públicos que iban a ser vendidos y, a la vez, crear regulaciones para evitar que los cleptócratas comunistas del ancien regime se hicieran con esos activos, pues además eran ellos quienes financiaban la oposición a las reformas democráticas y los únicos con el músculo financiero suficiente. No es fortuito que en Polonia no existan oligarcas al estilo de Rusia, por ejemplo. Aquí las lecciones para nuestro país no necesitan mayor explicación.

Lección 2. Sobre el énfasis en los flujos de inversión extrajera directa. El rápido crecimiento económico experimentado por Polonia, además de su desarrollo industrial y exportador y el cierre de la brecha tecnológica y de infraestructura con Europa Occidental se debe, en gran medida, a su disposición a recibir robustos flujos de inversión extranjera directa. La apuesta estratégica y de política económica fue privilegiar inversiones de largo plazo por encima de flujos de corto plazo e inversiones financieras de cartera. Esto, visto en retrospectiva, le otorgó fortaleza a su sistema financiero y aisló a la economía polaca de las crisis internacionales de 1998 y 2008, por ejemplo. He ahí otra lección para Venezuela.

Lección 3. Sobre el rol de la integración económica. Las ambiciones de Polonia por acceder a la membresía plena de la Unión Europea, algo que lograron en 2004, otorgó incentivos para mantener políticas macroeconómicas y estructurales adecuadas. Y más importante aún: la integración fue una fuerza importante en la reconfiguración del aparato productivo local y permitió la aparición de nuevos sectores económicos que fueron la base del crecimiento económico y la creación de empleos.

Lección 4. Una diferencia sustantiva. Con todas las semejanzas que pudieran existir entre el caso venezolano y las transiciones de las economías post-comunistas, existe una diferencia que juega a nuestro favor: cuando un lee los documentos de la época, se observa el reto monumental que significaba crear una economía de mercado funcional en países donde no existían mercados, sector privado ni empresarios. La última generación de empresarios polacos, por ejemplo, probablemente ya estaba retirada o muerta después de 45 años de comunismo. A diferencia de Polonia, aún cuando los mecanismos del mercado estén parcialmente paralizados, en Venezuela existe un sector privado que ha sobrevivido a la aplanadora chavista y una generación de empresarios, dentro y fuera del país, que bajo un conjunto de reglas e incentivos claros puede ser la piedra angular de la recuperación de una economía de mercado, la producción y el empleo en la Venezuela del futuro. No hay que crear una clase empresarial, porque ésta ya existe. No somos la Polonia de 1989, pero en todos los demás sentidos quisiéramos ser la Polonia de 2016.

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Omar Zambrano 

Comentarios (10)

Estelio Mario Pedreáñez
9 de agosto, 2016

Buen artículo. 4 Notas: 1) Polonia durante el siglo XX fue víctima de potencias agresoras extranjeras (Alemania y Rusia) que actuaron para desaparecerla como Estado libre e independiente. Al inicio de la II Guerra Mundial la Alemania Nazi de Hitler y la Unión Soviética Comunista de Stalin se aliaron para invadirla militarmente y se repartieron Polonia; al final de dicha Guerra el Imperio Soviético la convirtió en su satélite, hasta la caída del Comunismo, cuando recuperó su indepedencia. Así, Polonia perdió su independencia y fue gobernada por gobiernos extranjeros por intermedio de títeres polacos porque perdió la guerra y fue invadida por ejércitos extranjeros. Los militares polacos antes de la imposición comunista extranjera eran patriotas y nacionalistas, nunca aceptaron que gobernaran extranjeros y jamás le entregarían por voluntad propia su país a una potencia extranjera. 2) La creación del Sindicato “Solidaridad” reiteró un hecho irrebatible en todos los países comunistas…

Estelio Mario Pedreáñez
9 de agosto, 2016

…o del llamado “Socialismo Real”, que la “Dictadura del Proletariado” era una utopía dogmática marxista, que en verdad existían “Dictaduras del Partido Comunista” porque en ningún país comunista gobernaron los obreros ni los campesinos ni los soldados, gobernaron los Jefes del Partido Único. ¿Por qué los obreros polacos se organizaron en el Sindicato “Solidaridad” para defenderse contra la opresión y la explotación del Estado, sí este era un “Estado Obrero”? 3) Polonia era una economía mayormente agraria al inicio de su conquista por el Ejército Rojo y ser sometida a la servidumbre soviética, pero al finalizar ésta, implosionada la Unión Soviética, ya era mayoritariamente industrial, lo que le facilitó incorporarse a la Unión Europea buscando libertad y progreso. 4) Polonia, aún invadida y gobernada por los comunistas polacos, cipayos de los rusos, no se lanzó a una política de auto-destrucción, de generar hambrunas y suicidarse como nación libre. Nunca votó Polonia por el comunismo.

elmer jesus
9 de agosto, 2016

hablar de Polonia en 1989 y no colocar el aporte y la visión de karol wojtyla es como hablar de fútbol y no hablar de la regla nº11 del fuera de juego. saben la cantidad de horas de transmisión en horario estelar tenían cbs nbc y abc sobre lo que ocurría en gdansk y warsowia y van a compararlo con el caso venezolano. cuando jaruzelsky aplico la ley marcial. el 30% de la población norteamericana tenia raíces polacas, por eso paso a ser un tema de seguridad nacional para la administración Reagan. Polonia era ha sido y sera la única nación católica de convicción que existe en Europa oriental y eso si es un tema de análisis. es valeroso pensar que nuestro problema tiene el interés internacional que pretendemos que tiene y no lo es. antes de pensar en que hay tres millones de emprendedores debemos seguir la voluntad que tuvo polonia para llegar a 1989 para soportar la ley marcial del 13 de diciembre de 1981 saludos y gracias

Pedro C Morales
10 de agosto, 2016

Por el lado de los empresarios estamos es mejor posición q Polonia en aquel momento. Pero, a nivel de liderazgo político, estamos bien lejos de ellos, y si vamos al tema de lo que somos hoy los venezolanos en general con nuestro súper individualismo, superficialidad y picardía,…lo tenemos crudo.

Rommel Fernandez
10 de agosto, 2016

Esto pudiera ser un buen punto de partida pero adaptándolo a nuestra realidad, no somos polacos ni vivimos en Europa. Lo cierto es que de hecho estamos en transición. Peleándonos entre todos no vamos a resolver el problema. Urge una visión y liderazgo compartido. La solución la tenemos y solo nosotros la podemos implementar, eso si las soluciones deben ser para todos por que todos cabemos en este país.Ya basta de poliquiteria mediocre. Los venezolanos tenemos cómo recuperarnos rápidamente de esta situación. Manos a la obra

alvaro diaz
11 de agosto, 2016

El análisis, muy acertado y comprensivo, pero omite algo fundamental: la política económica polaca fue por muchos años antes del comunismo similar a la de cualquier Estado moderno, en la que los ciudadanos son los que sufragan el gasto público con su trabajo. En Venezuela los ciudadanos sufragan el gasto público con su único activo, de importancia económica fundamental, que le ha sido confiscado por el Estado: el petróleo.Una sociedad moderna basada en esas circunstancias no puede tener políticas económicas racionales. Nunca el capital extranjero podrá sustituir al capital nacional en el crecimiento a de un país. Y en el caso nuestro el capital nacional fundamental ha sido confiscado por el Estado. Venezuela en estas condiciones no es una república de ciudadanos, porque sus potenciales ciudadanos están excluidos de decidir sobre su destino económico.

Ernesto Soltero
12 de agosto, 2016

“El chavismo no es original ni fracasando.” Amé esa frase.

Estelio Mario Pedreáñez
12 de agosto, 2016

El comentario del amigo Alvaro Díaz nos pone a pensar sobre nuestra visión del pasado: Cierto que el petróleo cambió la condición económica del Estado venezolano, que pasó de débil y casi quebrado a ser casi todopoderoso en un país pobre y atrasado. No olvidemos que al nacer nuestra República en 1811, como Estado independiente y soberano, se adoptó la decisión de mantener vigente el orden jurídico monárquico heredado de la Corona Española en todo aquello que no afectara directamente el nuevo orden político republicano, y continuaron vigentes, no solo la esclavitud (hasta 1854), también casi todas las leyes civiles, mercantiles y penales hasta que fueron sustituidas por nuevas leyes repúblicanas. Y hasta el gobierno de Simón de Bolívar ratificó el régimen de minas de los Reyes de España; por esto el Estado, ya no “el Rey”, pasó a ser propietario de las minas, lo que impidió que gobernantes ladrones, como el sanguinario, nefasto y entreguista J.V.Gómez, se apoderaran de los yacimientos.

Estelio Mario Pedreáñez
12 de agosto, 2016

No olvidemos que al inicio de la explotación petrolera el Gobierno del Dictador y ladrón J.V. Gómez (creador de un ejército represivo para afianzar su nefasta Dictadura y no para defender la soberanía ni la integridad territorial de Venezuela ante gobiernos extranjeros) dejó que las compañías petroleras extranjeras dictarán las nuevas leyes en la materia, pero la base regalista (que el petróleo, como toda mina, pertenecía al Estado, antes “al Rey”) impidió que éstas se convirtieran en propietarias de los yacimientos, pero otorgó todas las concesiones petroleras que quiso a sus familiares y amigos para que éstos se convirtieran en millonarios al vender sus concesiones a las empresas petroleras extranjeras ¿Podrá existir un gobernante más traidor y vendepatria que uno que entregó su país para que lo expoliaran y co-gobernaran empresas y gobiernos extranjeros? ¿Uno más traidor que áquel que entregó la riqueza de los yacimientos petroleros a las empresas extranjeras? Y JVG murió en su cama

D. Gutierrez
15 de agosto, 2016

Hay un problema en esa percepción, la corrupción en Venezuela se ha vuelto endémica, existe en todos los sectores, ese es nuestro verdadero enemigo.

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