Blog de Alberto Barrea Tyszka

28 años después; por Alberto Barrera Tyszka

Por Alberto Barrera Tyszka | 5 de marzo, 2017
Fotografía de AVN

Fotografía de AVN

Mi hija Paula tenía 3 años. Volteó a verme con un qué pasa en la mirada. Vivíamos a unas cuadras del Puente de Baloa y de la redoma de Petare. Durante todos esos días, nunca dejamos de escuchar disparos. Decían que era peligroso asomarse a las ventanas. Pero desde la azotea vimos imágenes espantosas. Vimos a militares armados, disparando, avanzando por la calle; vimos a gente tendida en el suelo, detenida, herida, tal vez muerta. Todo era confuso y aterrador. Aparecía ante nosotros un país que no habíamos visto, al menos así de cerca, en esas dimensiones. El país de la violencia.

Yo estaba empleado en El Diario de Caracas. Trabajaba en el archivo, ordenando o buscando textos escritos, imágenes, materiales hemerográficos. Mi otra  tarea consistía en llegar muy temprano cada mañana a leer todos los periódicos importantes del país y, luego, redactar un informe para la dirección, detallando cómo había salido El Diario con respecto a los otros medios impresos: qué noticias faltaban o no, qué información o qué sesgo diferente había ganado o perdido el rotativo en la edición de ese día.  Ese trabajo me permitió conseguir un permiso para transitar libremente por la ciudad mientras duró el toque de queda.  Nunca había sentido que Caracas fuera tan frágil.

Después del 27 de febrero de 1989, la ciudad ya no pudo ser la misma. Ya todos sabíamos de lo que éramos capaces. Una nueva posibilidad se coló en todas las hipótesis de los caraqueños. Se inauguró la posibilidad del saqueo masivo, del descontrol y —también— la posibilidad de la violencia del Estado, una agresión más ordenada y también más feroz. Nos estrenamos en la transgresión colectiva y en la represión impune. Caracas era otra. El miedo renovó su significado. Tal vez comenzamos a entender, de otra manera, que los otros pueden ser una amenaza.

Días después asistí a varias reuniones y asambleas con miembros de organizaciones populares. El debate estaba caliente ¿Realmente podía evaluarse todo lo ocurrido como una expresión política, orgánica, con alguna dirección? ¿O se trataba solo de un estallido, de la manifestación de un descontento ante las medidas de ajustes que –contra todas sus promesas electorales- acababa de tomar el recién iniciado gobierno de Carlos Andrés Pérez? ¿Qué significado político podían tener los saqueos?  También, por supuesto,  se sumaba al debate la actuación de los militares y de los cuerpos policiales, la cantidad de muertos, de desaparecidos, las violaciones a los derechos humanos que —todavía hoy— siguen sin aclararse.

Hace pocos días, en el contexto del nuevo aniversario del Caracazo, el General Vladimir Padrino López  señaló que “aquel fatídico día, el gobierno de turno hizo uso desmedido de la fuerza pública para orquestar una represión que generó caos, anarquía y consecuentemente la masacre de conciudadanos desarmados, lo cual fue y seguirá siendo objeto de repudio y rechazo”.   El Ministro de la Defensa tiene el mismo problema que la mayoría de los altos funcionarios del gobierno: habla en un idioma que los venezolanos no comprendemos.  La élite oficialista vive en otra dimensión, en una zona donde todo es distinto, donde nada se parece a nuestra realidad. Hablan desde un tiempo donde ya todo ha cambiado. Se mudaron a la utopía y nos dejaron aquí, con el país.

Las palabras de Padrino López, puestas en ese mismo orden, una tras otra, con la misma cadencia y el mismo sentido, podrían acompañar perfectamente las imágenes de los soldados disparando, golpeando, deteniendo a personas….durante las muchas manifestaciones populares que han expresado su descontento ante gobierno de Nicolás Maduro. Los ejemplos sobran. Debe haber un subgénero en youtube dedicado a la represión bolivariana.  Las comillas del Ministro de la Defensa podrían ilustrar perfectamente el video de la salvaje golpiza que la guardia nacional le dio a Marvinia Jiménez. Solo es un ejemplo.

Mi hija va a cumplir 31 años y, a veces, todavía tiene la misma pregunta en los ojos ¿Qué pasa? El país ha cambiado tanto y, a la vez, no ha cambiado nada. Los discursos varían, la violencia persiste. Siempre estamos peor. Padrino López asegura que la FANB “reza” para que no se repita otro Caracazo. Él personalmente podría hacer mucho más. En enero del 2015, el Ministerio de la Defensa dictó la resolución 8610 que, contraviniendo lo que establece la Constitución, permite a los militares usar armas de fuego en contra de las manifestaciones civiles.  Es decir que, 28 años después, el Estado ha otorgado un permiso para que la Fuerza Armada actúe, legalmente, como lo hizo en el caracazo. Padrino López podría derogar esa resolución. Solo es otro ejemplo.

Alberto Barrera Tyszka 

Comentarios (18)

Ynés Bolívar
5 de marzo, 2017

Estoy como su hija, pero con más años y siento cada día que no me merezco vivir de la manera tan triste que hoy vivimos.

gaba
5 de marzo, 2017

…Caracas fragil…nosotros tambien…

Rafael Barrios Armas
5 de marzo, 2017

Sr. Barrera, si ud revisa la historia política de Venezuela, encontrará en toda ella, y muy especialmente desde 1958 (llegada de la DEMOCRACIA) toda tipo de desapariciones, asesinatos políticos, torturas, exilios, persecuciones, privación de libertad, censura, bandas armadas, reprensión policial y cualquier otra forma de violación de los Derechos Humanos que podamos imaginar.

Maribel Garcia Parra
5 de marzo, 2017

La elite política PSUV, militar y demás Poderes (Judicial, fiscalía, moral y demás especímenes) viven en un universo paralelo al que vive el venezolano de a pie. Ellos no ven a personas buscando comida en la basura, a los ancianos haciendo colas debajo del inclemente sol para comprar comida, los niños y adultos que mueren por falta de medicina. ¿Cómo llevan su vida? Saldrán con unas gríngolas en los ojos para no ver nada de esto. Realmente viven en otro país que no es Venezuela.

wilfredo mora
5 de marzo, 2017

Excelente exposición, su reflexión. El paso de los años, nada màs y nada menos que tres dècadas, y seguimos donde estábamos. El autor de esta crónica es la de un abogado con la carga de la prueba en su mano, pero el sistema judicial lo disuelve con el mismo lìquido con el que liquidaron al hermanastro koreano del presidente de KNorte.

wilfredo mora
5 de marzo, 2017

En la sicología clínica, la habituación se conoce como el proceso de aprendizaje según el cual, nos acostumbramos a un estímulo por lo recurrente que terminamos ignorándolo e invisibilizándolo. Las instituciones escolares se han convertido en receptáculos de la habituación de la violencia como lo demostró el reciente caso de Caricuao donde dos vidas fueron liquidadas en un ataque limpio y sin armas por una niña experta en artes marciales quien decidió emprenderla contra una compañera de clase y que seguramente no aparece en el Sistema de Análisis, Seguimiento, Evaluación y Valoración Estadístico de las Políticas Públicas, y qué decir, el affair Banesco Tacorón? Desde el Centro Penitenciario el Pran Max Luthor, salta de la ficción a la realidad como la Rosa Púrpura del Cairo, para hackear a una institución bancaria como Banesco y funcionar a la sombra, usurpando las funciones de la banca. Otro episodio donde el gobierno queda haciendo el Indio. Nos hemos habituado al punto de la desensibilización de no sentir que el país se nos fue, nos contaron una de vaqueros, del Consenso de Washington al Consenso de La Habana, el rimbombante patriotismo venezolano se volvió un arroz a la cubana, ropa vieja . Cuba tiene sus venas abiertas al turismo norteamericano con su Todo Incluído, mientras Maduro esperando señas de su mentor Castro. El gobierno no rinde cuentas a la asamblea, sino a unos cortesanos convertidos en Corte Celestial que no solicita a sus magistrados ni tan siquiera carta de antecedentes penales. La habituación a la violencia, a la usurpación, a la mentira, a la especulación debe también tocar a Chinos Rusos Bielorusos quienes seguramente deben sospechar que este gobierno que transporta los dineros públicos recién impresos en “diligencias” del oeste, podría decirles muy bien a ellos, yo no firmé ese papel, o tal papel se me perdió. El gobierno se convirtió en una tira cómica, una comedia, una película de vaqueros. O quizá siempre lo fue. Una revolución madurada con carburo. Tuvieron todos los recursos del mundo y lo que montaron fue Una de Vaqueros.

Carlos Rodriguez
5 de marzo, 2017

Los generales rezan porque saben que la miseria actual tarde o temprano reclamará justicia. Ellos saben que tendrán que hacer su trabajo. Los militares están entrenados para usar las armas y solo esperan que su jefe de la orden. Hace 28 años no había un enemigo bien definido, se trataba de “restablecer el orden”. Lamentablemente ahora si hay un enemigo claro, y somos, los que el Comandante en Jefe todos los días nos tilda de apátridas y de oligarcas. No lo quieren aceptar pero saben que con solo amenazas no se puede calmar el estómago, entonces, los militares al igual que hace 28 años tendrán que decidir qué hacer. Pensaron que abastecer solo era un problema logístico, y ya aprendieron que no. Hay que producir. Veremos si su ceguera nos les permite entender que no podrán, al igual que ayer, acallar a millones y millones de personas que ya no encuentran como soportar una situación tan extrema con tantas carencias, mientras tanto los gobernantes gozan de muchos privilegios. En vez de rezar, porque no convencen a su comandante que no lo está haciendo bien, que tiene que hacer algo concreto, que tiene que dar soluciones y no solo discursos. Si los militares creen que su jefe está en el camino correcto, les recomiendo que recen mucho porque parece que historia volverá a repetirse, y ahora hay otras “fuerzas militares” sin entrenamiento y sin dirección. Todo será más difícil de controlar.

Olmar Centeno
5 de marzo, 2017

Muy buena descripción de los que sucedia. Tal vez, si pusieramos juntas las descripciones de diversos testigos ubicados en diversas partes de Caracas tendríamos una imagen mas clara. No puedo contribuír porque, por mi parte, me abasteci lo mas pronto que pude y me enconché en casa. Y diria que en la Venezuela que conozco eso de las desapariciones, torturas, exilios y tal han pasado desde antes de que Colón divisara esta Tierra de Gracia. Lástima, pero es asi.

Mariangel
5 de marzo, 2017

Ese caracazo fue orquestado por el gobierno que hoy nos tiene sumidos en la miseria…eso no fue estallido de ningún “pueblo”.

Reina Adrian
6 de marzo, 2017

Interesante!,Rafael Barrios, que a usted le parezca logico justificar un presente bochornoso y cruel con un pasado igual de vergonzoso…para cuando mas o menos estima Ud, que deberia el venezolano hacer cambios en su forma de actuar, individual y colectiva que lo lleven a vivir en un pais donde se respeten los derechos humanos,tenga paz,justicia,libertad, educacion,etc…eso pues,que hace grande y propero a cualquier pais del mundo!…para cuando lo dejamos?…

Pablo Suárez Ruíz
6 de marzo, 2017

Historicamente han existido los excesos, pero en comunismo forma parte del método, por no se debe extrañar el desparpajo y la hipocresia de Padrino.

Pedro Villavicencio
6 de marzo, 2017

Muy claro y contundente este artículo. Tomás Moro, en su libro “UTOPIA” decía: “No comprendo vuestro camino oblícuo según el cual hay que procurar, a falta de poder realizar el bien, evitar el mal por todos los medios a nuestro alcance” “Los sabios se abstienen de los negocios públicos” y sigue: “…..no se podrá alcanzar que en el Estado reinen la justicia y la prosperidad a menos de considerar justo un Estado en el que lo mejor pertenece a los peores y próspero un país en que un grupo de individuos se reparten todos los bienes, gozando de las mayores comodidades, mientras que la mayoría vive en una gran miseria” Estaría Tomás Moro, desde su época de la edad media, hace más de 500 anios, pensando en nuestra Venezuela actual?

yahaira
6 de marzo, 2017

Con es escenario que hoy vivimos los venezolanos no creo que haya existido por voluntad del pueblo de caracas un estallido social como el llamado caracazo. Concidero y estoy segura que eso fue un trabajo realizado por los castro y chavez con los delincuentes que armaron en los cerros. Porque Venezuela hoy vive una situación peor que la de entonces.

Omar j Lunar
6 de marzo, 2017

Sr, Barrera, excelente su descripciòn sobre los hechos que conllevaron y se desarrollaron en el Caracazo del 89, la gran diferencia con los actuales es la espontaneidad que se realizaron los primeros; los segundos han sido llevados de la mano por dirigentes irresponsables que usan como carne de cañòn a gente del pueblo, tal como sucediò cuando el golpe de estado del 2002 y La Salida del 2014. Sus lìderes siempre han escondido el rabo.

Oscar Albornoz
6 de marzo, 2017

Excelente escrito, como siempre. En esa época, aparte del “noviciado” ,para muchos de nosotros, como parejas y como padres, también nos vimos enfrentados a estas situaciones novísimas, primero de saqueos, en el 89 y luego, de intentos de golpes de estado, en el 92. Y ante ellas nuestra preocupación primordial siempre fué: -Y que va a pasar con el futuro de nuestros hijos? – en tono de reflexión angustiosa. Iniciaban tiempos de una incertidumbre que se ha agudizado y que aún no acaba. Luego de tantos años de desaciertos, malversación y soberbia, pensar que todo fué finamente orquestado, es una osadía más que se quiere abrogar cierto grupo de mal soñadores que han vivido de la fábula y la mentira durante estos últimos 20 años.

douglas
6 de marzo, 2017

El señor Rafael Barrios no se da cuenta de cómo en los años sesenta esos mártires de que habla asesinaban policías por la espalda, volaban oleoductos, quemaban autobuses a granel, asaltaban bancos, secuestraban y pedían rescate, usaban las residencias estudiantiles de la UCV para los jefes guerrilleros se reunieran con los comandos políticos y las armas de los frentes guerrilleros venían de Cuba, organizaron dos golpes de estado militares (Carúpano y Puerto Cabello), pero los diputados del Partido Comunista y del MIR estaban sentados en sus curules en el Congreso, hasta que sucedió la masacre de guardias nacionales de El Encanto. Esa fue la que puede hoy llamarse ‘guarimba de los sesenta’.

Jose Daniel
6 de marzo, 2017

Definitivamente, para salir de este caos en que nos encontramos, tenemos que hacer un pacto “DE CABALLEROS”, poner a que cada quien haga lo que debe y sabe hacer, respetandonos los unos a los otros, como dicen “sin pisarnos la manguera”, pero el detalle esta en “quien le pone el cascabel al gato”, este TSJ de delincuetes, el CNE de locas, la PDVSA de ineptos y corruptos y pare usted de contar de las instituciones, habria que ponerlas en manos de jente sensata, dejarlos trabajar y controlarlos bajo la Constitución, como debe ser.

Sandra Castro
8 de marzo, 2017

Sr. Rafael Barrios Gracias por recordar las acciones de integrantes de la lucha armada arrodillada desde siempre a los dictadores cubanos.

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