En el escenario de un cambio político en Venezuela, el giro que pudieran tomar los acontecimientos culturales podría constituirse en una de las más importantes vitrinas de renovación. Culturalmente hablando, Venezuela siempre fue muy buen anfitrión: congresos, seminarios, premios internacionales, festivales de artes escénicas; pero también fue muy buen exponente, llevando nuestros valores más allá de las fronteras, aunque con una agenda menos intensa. El desdibujamiento del país obliga a una lenta retoma de la tribuna internacional, que sólo se puede hacer con la proyección de nuestros talentos en todas las áreas, no sólo los de siempre, sino también los emergentes, verdaderos héroes que han sobrevivido en las sombras de estos últimos tres lustros. De la Venezuela cultural, hasta los vecinos más cercanos se han olvidado, y ya viene siendo hora de volver a tocar la puerta del intecambio y la convivencia cultural.
La Cultura es buena embajadora, porque mezcla conocimiento con belleza, dos atributos irresistibles. Nos toca ir a las ferias del libro del continente, revisar nuestra participación en las bienales de arte, recuperar nuestra escala obligada para los festivales del teatro, incorporarnos a los grandes debates del continente (sobre todo, el de industrias culturales), retomar el cuerpo de indicadores culturales que comparten las naciones vecinas, crearle canales internacionales de comercialización a la artesanía tradicional y tanto otros más. Y en sentido contrario, debemos manejar una agenda de citas y convocatorias que reúna a la intelectualidad latinoamericana en Caracas y otras ciudades para debatir sobre temas ligados a la Cultura, la Libertad, la Democracia, y la función intelectual frente a los factores que disminuyen la condición ciudadana.
El renacimiento de nuestras expresiones culturales, de nuestro pensamiento, no radica tanto en la producción intelectual, que debe ser permanente, como en los mecanismos de distribución y difusión. Nuestros creadores se las han arreglado para hacer lo que mejor saben hacer: crear. Y será ahora el nuevo Estado el que deberá velar por la proyección de esas creaciones y de esos valores: editoriales, museos, teatros, festivales, concursos, becas, etc. Es decir, la construcción de plataformas culturales que respondan a políticas inclusivas, abarcantes y profundamente comprensivas de lo que es el hecho creador. Ya lo ha dicho la Unesco en sus documentos correspondientes a los años 90, década del desarrollo cultural: no hay discurso cultural sin procesos de creación. O dicho de otra manera: la creación es el germen de todo discurso cultural.
Artículos más recientes del autor
- El reino del voto asistido, por Antonio López Ortega
- Edgardo Rodríguez Juliá; por Antonio López Ortega
- ¿Un futuro para la velada de Santa Lucía?, por Antonio López Ortega #AdiósSantaLucía
- Cultura y sector privado, por Antonio López Ortega
- Cultura: una encrucijada; por Antonio López Ortega
- Ver todos los artículos de Antonio López Ortega

Ínsulas extrañas


guardar en pdf
1 de Octubre, 2012
Hablemos de transición democrática (el arranque de un nuevo ciclo de democracia) y relacionémoslo con el tema cultural. En nuestro libro “Venezuela Postchavista. Prospectiva y Política”, en lo relativo a la viabilización de la transición, proponemos una “Fuerte y proactiva campaña mediática, educativa, cultural y de valores a favor de la transición, la creación de riqueza, la convivencia, etc., etc.”. Para abreviar: un tema aparentemente político no es manejable sin iniciativas de naturaleza cultural. Sus ideas y muchas otras deben formar parte del esfuerzo de construcción de una democracia consolidada y de progreso.