Fotografía

¡Al fin los vemos!, por Rodolfo Izaguirre (Sobre “24 cuadros por segundo” de Óscar Lucien)

Por Prodavinci | 4 de diciembre, 2012

Óscar Lucien

Alfred Hitchcock, para mencionar un nombre de prestigio, adoraba burlarse de nosotros colocando indicios y pistas falsas para hacer aun más misteriosas sus intrigas policiales, y acostumbraba pasar inadvertido frente a las cámaras en algún determinado momento de sus películas. En todo caso, nunca logramos ver al director, al cineasta: es como si quisiera protegerse de nosotros permaneciendo detrás de las cámaras para  mostrar más bien a sus personajes en los que él se ha diluido y extraviado: seres creados por la imaginación que adquieren la asombrosa corporeidad irreal que sólo posee la imagen cinematográfica. Por eso cautivan también estas fotografías en las que Óscar Lucien ha captado y fijado para siempre el instante irrepetible y la presencia de veinticuatro cineastas venezolanos instalados en los ambientes de su cotidianidad, pocas veces en sus lugares de trabajo o en el que ofrece mayor intimidad como podría ser un salón, o el cuarto de dormir.

¿Qué ocurre cuando el fotógrafo no conoce al personaje que va a retratar? Lo considerará como un objeto a fotografiar: lo situará en un espacio conveniente despojado o no de elementos que sugieran o acentúen la personalidad visible del fotografiado; buscará dar una vida mas permanente a ese objeto vivo que está frente a él. Y entregará su alma a la Providencia cuando tenga que oprimir el botón que para siempre detendrá, en apariencia, la sangre que corre por las venas del fotografiado; pero solo en apariencia porque sabemos que el torrente de vida se reanudará cada vez que miremos la fotografía.

La posibilidad de que el fotógrafo conozca a quien va a fotografiar es, por el contrario, un factor que viene en su ayuda y la posición de la cámara y el ángulo de toma; el manejo y disposición de los elementos escénicos;  la proliferación o ausencia de muebles, objetos y adornos; el uso inteligente y sensible de la luz natural o dirigida; el vestuario y la posición y actitud que tomen los fotografiados dejarán de ser lo que son para convertirse en señales, indicios, guiños e informaciones que apenas nos acercan porque es imposible penetrar y mucho menos revelar el universo interior, es decir, el alma de cada uno de ellos. Esta vez, son 24 emblemas, imágenes de realizadores instalados en el difícil y a veces incierto camino del cine venezolano que aun no sabemos con suficiente certeza hacia dónde va pero que ellos han contribuido a trazarlo en medio de las espesuras. ¡Convocados por Óscar Lucien se hacen presentes! Fotografías admirables y, sobre todo, conmovedoras porque obligan a los cineastas a situarse donde nunca han estado, es decir, frente a nosotros permitiendo que los veamos, que nos acerquemos para tocarlos con los ojos; descubrir cuánto hay en ellos de los films que hicieron o produjeron. Sorprendentes imágenes también porque hay una música inaudible en cada una de ellas y todas en conjunto ofrecen la fascinante complejidad física, anímica, espiritual y por si fuera poco, la  experiencia de vidas marcadas por la aventura del pensamiento y de la imaginación.

¿Jugamos a identificarlos?

Una de las fotos logró captar por ejemplo la nobleza casi patriarcal y la cálida intimidad de quien habiendo conocido la envidiable experiencia de ser en el cine un espacio habitable acabó conociéndose más a sí mismo. Otra relaciona en la elegante y acogedora sobriedad de un salón a una figura mítica de la cinematografía venezolana con la memoria de un pintor y un premio obtenido en el Festival de cine más importante del mundo. De igual manera, protegida por la sombra de una leyenda surge en la intimidad de un perfecto triángulo de luz quien se aventuró un día por los caminos verdes de la imaginación y en otra fotografía hay manos sosegadas descansando sobre el regazo de quien
mantiene vivas las llamaradas de una personalidad indomable.

Igualmente, puede observarse el gesto indolente que contrasta con el vigor de los carteles de una amplia trayectoria; hay títulos de obras que anhelan permanecer eternos en luces de neón y una buhardilla, una cama muy roja y una actitud contemplativa nos remiten a una intensa reflexión sobre la vanguardia artística.

Lucien logra captar la presencia altiva de quien es la gran dama de nuestra cinematografía; muestra a otra realizadora confinada en el vértice de una atmósfera decididamente opuesta a las que muestran sus películas; hay dos cineastas que separadamente revelan sus respectivas sensibilidades en un ambiente minimalista de exquisita belleza; pero atrapa también la serenidad intelectual de quien alguna vez narró con audacia el pacto de sangre de un incesto en una casa tomada. Hay quien trata de ocultar una brizna de humor en su mirada mientras asume una actitud poco convencional… ¡como hace en sus películas! La gloria de Francia se convierte en un océano de colores; una pandereta en su mano revela que la música es protagonista oculta de sus películas; hay cuadros de Jorge Pizzani que subrayan la fina y discreta sensibilidad de quien que se autoretrata y reconocemos de la misma manera a quien custodia el cine dispuesto a rescatar la memoria que somos: ¡sin embargo, hay en esta foto un detalle que permite sospechar que aun falta mucho por preservar! Una de estas portentosas fotografías carece de humor al mostrar, no obstante, a quien más lo practica y atesora tal vez porque está visto no como realizador sino como riguroso productor de cine. Contrariamente, hay gracia y bonhomía en el más prolífico de nuestros cineastas y mucho desenfado y desafiante indignación en quien conoció alguna vez una noche oriental y en otra foto persiste, sin que sepamos por qué, una actitud modosa en quien tuvo la energía y el valor de filmar la agonía de una colonia de alienados en el litoral central en tanto que también la cámara de Lucien capta la febril turbulencia vital y política de quien venera al Ché y a otros caudillos.

Finalmente, este juego de verdades y de apariencias; esta recreación de lo que se muestra y de lo que no se ve culmina con dos de nuestros realizadores que han hecho de sus vidas una réplica de su propia imaginación desbordándose en la maravillosa irrealidad de una Amerika de fábula o en la fascinante memorabilia que protege al más bello daguerrotipo ¡que nos haya tocado ver!

***

Vea la serie fotográfica “24 cuadros por segundo” por Óscar Lucien aquí.

Prodavinci 

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.