Artes

“Random” de Charly García: el futuro es obsoleto; por Juan Luis Landaeta

Por Juan Luis Landaeta | 4 de noviembre, 2017
Fotografía de @LaMaGaFotografia

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En septiembre de 2013 ocurrieron en el mítico Teatro Colón de Buenos Aires los conciertos de Líneas paralelas, artificio imposible, coronando así, el ciclo de incorporaciones orquestales en vivo a la música del genio. El trío de cuerdas “Kashmir”, como él mismo los bautizó, se juntó a una propuesta que convocó leyes de la física, recomendaciones de Yoko Ono, un repertorio excelso y dos invitados especiales: Bernard Fowler, corista de los Rolling Stones y el favorito de la prensa, un juego de iPads que acompañaron al maestro Say no more junto a teclados y sintetizadores.

Si hace tres décadas cualquier fan y cualquier músico se detenía en los novísimos sintetizadores Moog, o en el sonido del Yamaha CP70, flamantes incorporaciones de García a su propio panorama musical, ahora tocaba pensar en cuáles eran las apps que este estaba usando para tocar en vivo. Antes de hablar de la acústica del show en el histórico teatro, la crítica puso el ojo en lo que parecía una vanidad del maestro: ¿Si está usando iPads en escena, cuáles aplicaciones usa? Inmediatamente se activaron los foros y los expertos se lanzaron tras el veredicto, para beneficio de émulos y seguidores.

De las muchas cosas que Fito ha dicho sobre Charly, hay una alusiva a Yendo de la cama al living que fascina: “Es una música que hoy es el futuro”. Y es cierto. A través de la libre asociación, su virtuosismo, del famoso oído absoluto, pero sobre todo de su vivacidad, picardía y claro, su genio, el bicolor construyó una obra inmensa, compleja, que encuentra su lógica en que no hay lógica que no sea artificial.

Fotografía de @LaMaGaFotografia

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Después de componer y representar la vanguardia, la ternura, la complejidad o la ironía, el maestro desarmó todo el concepto de “canción” tal y como se conocía. Es algo que solo uno de los principales exponentes del género podía plantearse. No vamos a enumerar, basta con pensar que el compositor del tema Estación de Sui Generis es el mismo de todo lo que fluctúa desde La hija de la lágrima a Kill Gil. Canciones por partes, capas y capas de sonidos, coros velados, cambios de letra. Desgarrado y armónico, siempre lúcido.

Febrero de 2017 nos recibió con “La máquina de ser feliz”, el primer corte de RANDOM, su nuevo álbum. Kubrick y Chopin se sirven un trago juntos y emprenden la melodía. García sumó a su itinerario no solo “pensar” la música sino cómo la escuchamos cuando la reproducimos. El disco parece la vida aleatoria dentro de un iPod que comprende todo su universo musical. La felicidad vive en una máquina que “prende y se apaga sola” pero que, sobre todo, no puede dar. La seña está clara para este universo digital: todo es arbitrario, el sistema, tus ideas, todo.

En RANDOM el futuro ya pasó y puede volver en cualquier momento. Es aleatorio. La más avanzada tecnología de punta es aquel hueso que empuña el primate de 2001 Odisea en el espacio, con el que empieza la civilización. Este disco es el arte que exalta y demuele. García ama y burla la era WiFi porque como dice en “Primavera”, pronto dejará de funcionar.

Frente al mundo digital, Charly nos trae el “Mundo B” cerrando el disco, con una invitación profética, vanguardista, amenazante a los ojos de cualquier entendido del siglo XXI: I wanna hold your hand.

Say no more.

Juan Luis Landaeta 

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