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Arabia Saudita cambia su enfoque petrolero: grandes metas con mayores obstáculos; por Ben Hubbard y Kate Kelly

Por Ben Hubbard y Kate Kelly | 1 de noviembre, 2017
Fotografía de FAYEZ NURELDINE / AFP

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RIAD, Arabia Saudita — Hace poco Arabia Saudita organizó una especie de fiesta de presentación económica, en la que pregonó las acciones que emprende para modernizar a su sociedad conservadora y diversificar su economía a través de una reestructuración integral de las operaciones tradicionales del reino.

En un deslumbrante centro de conferencias en Riad, se proyectaron videos para presentar una resplandeciente ciudad del futuro, que requerirá una inversión de 500.000 millones de dólares, utilizará energía solar y contará con robots. El príncipe heredero elogió al “islam moderado” que acoge al mundo. Miembros de la élite empresarial global también se congregaron en salas sin butacas para asistir a sesiones sobre temas como la energía sustentable y el futuro de la urbanización.

El mensaje para los banqueros, empresarios e inversionistas de alto nivel fue claro: el reino que alguna vez estuvo aislado abrirá sus puertas a las inversiones.

“Hoy en día, nuestro pueblo está convencido de que, si trabajamos juntos con todo nuestro empeño, tanto Arabia Saudita como todos sus proyectos y programas alcanzarán nuevos horizontes en el mundo”, declaró el príncipe heredero Mohamed bin Salmán durante la conferencia el martes.

No obstante, a pesar del anuncio real, acompañado por una lujosa cena que incluyó sushi, cordero e incesantes bandejas con trufas de chocolate, los grandes planes del príncipe han avanzado con algunos traspiés.

El gobierno, encabezado por el príncipe heredero de 32 años, puso en marcha hace poco algunos cambios sociales notables: prometió que las mujeres tendrán derecho a conducir y se restringirán las facultades de la policía religiosa. Sin embargo, hasta ahora su objetivo de transformar al reino de un Estado petrolero a una economía diversa y productiva capaz de crecer aunque los precios del petróleo sean bajos, no ha mostrado muchos avances.

Todavía no se sabe en qué medida los decretos de las altas esferas y los anuncios de cambios drásticos provocarán cambios reales significativos en una sociedad que desde hace tanto tiempo se distingue por su profundo conservadurismo religioso y su fuerte dependencia del Estado.

De cualquier forma, muchos han tomado más en serio estas nuevas medidas que otras del pasado. Más de 3500 inversionistas de capitales privados, directores corporativos, presidentes de organizaciones globales y funcionarios de gobierno de decenas de países asistieron a la conferencia y convirtieron a Riad en un centro financiero en el que diversos líderes comerciales internacionales se reunieron con el fin de estudiar los prospectos del reino para generar dinero.

Históricamente, debido a las vastas reservas petroleras del país, que se calcula representan una quinta parte del total mundial, el gobierno saudita ha sido el principal motor de la economía. El Estado daba empleo a la mayoría de los trabajadores sauditas y financiaba proyectos complicados, por lo que incluso el sector privado dependía en gran medida del gasto público.

No obstante, la caída en los precios del petróleo ha afectado ese modelo, pues el presupuesto público se vio reducido en un momento en el que cientos de miles de sauditas jóvenes ingresan al mercado laboralcada año. El crecimiento sufrió una caída drástica, se suspendieron proyectos de gran tamaño y el desempleo es un problema cada vez más grave.

Para sortear estas dificultades, el príncipe Mohamed propuso una serie de cambios en el marco de su estrategia Saudi Vision 2030, un proyecto que habría sido inconcebible en el pasado pues busca aumentar el número de sauditas, mujeres incluidas, con empleos en el sector privado, además de atraer inversión extranjera y vender acciones de Saudi Arabian Oil Co., el monopolio petrolero nacional, para obtener capital e invertirlo en otros rubros.

El alcance de estas propuestas ha creado una extraña atmósfera de dinamismo entre los observadores sauditas.

“El príncipe heredero es un agente de cambio a una escala tremenda; esta conferencia es una gran señal de la rapidez con que se darán los cambios y de que realmente ocurrirán”, escribió en un correo electrónico Daniel Yergin, un destacado estratega del sector energético que asistió a la conferencia. “Esta decisión se debe a que el país ha reconocido que el modelo económico basado en gran medida en el petróleo, que funcionó por muchas décadas, ya no basta en el contexto actual, cuando el 70 por ciento de la población tiene como máximo 30 años de edad, los precios del petróleo son volátiles y el mundo se digitaliza”.

A pesar de esta decisión, el cambio económico enfrentará muchos retos; en primer lugar, una cultura que por lo regular evita tomar riesgos e innovar.

El gobierno ha recortado sus costos, por lo que algunos sauditas que en otras épocas podrían haber tenido puestos públicos seguros, ahora deben competir por empleos más demandantes en el sector privado. Si se decide eliminar algunos subsidios muy generosos o reducir el número de empleados extranjeros, los negocios que dependen de esos privilegios podrían irse a pique.

Una mayor transparencia podría impedir a los miembros de la familia real tener control sobre áreas lucrativas de la economía. Además, incluso los sauditas de clase media se han acostumbrado a la energía subsidiada, por lo que estarían en una situación vulnerable si cambia el sistema.

La decisión del gobierno de recortar los bonos para sus empleados causó un malestar tan generalizado, además de provocar una caída en el gasto, que en abril el rey Salmán desistió de la medida y volvió a instaurar los privilegios.

Un aumento en el precio del agua también se descartó después de que el pueblo expresó quejas similares, aunque el alza en los precios del combustible y los llamados impuestos al pecado, que se gravan sobre las bebidas azucaradas y otros productos, parecen ser definitivos.

A pesar de existir reportes en sentido contrario, el gobierno insiste en que celebrará la primera oferta pública de colocación de bonos de Saudi Aramco el próximo año, aunque todavía se desconocen muchos detalles al respecto.

“El príncipe Mohamed ha demostrado que puede tomar medidas arriesgadas en el ámbito social”, subrayó Kristian Coates Ulrichsen, un académico experto en Medio Oriente que trabaja para el Instituto Baker de Política Pública en la Universidad Rice. “Ahora necesita cambiar el enfoque del ámbito social a los intereses económicos establecidos, pues de lo contrario estos podrían impedir el avance de algunos de los cambios esperados, e incluso revertir sus efectos”.

Para que Arabia Saudita florezca en una era de precios bajos del petróleo, es necesario que más sauditas trabajen para empresas privadas; el príncipe Mohamed ha mencionado que planea desplazar a los sauditas jóvenes a industrias nuevas y los ayudará a convertirse en emprendedores.

Fotografía de FAYEZ NURELDINE / AFP

Fotografía de FAYEZ NURELDINE / AFP

Pese a todo esto, todavía es muy reducido el número de sauditas con este tipo de empleos. La mayoría de los trabajadores son empleados del gobierno y las empresas privadas contratan a muchísimos extranjeros. Los extranjeros representan aproximadamente un tercio de la población de Arabia Saudita, que asciende a 31 millones de habitantes; la mayoría son obreros que realizan trabajos que muchos sauditas evitan, y por sueldos que ellos no aceptarían.

El gobierno ha intentado movilizar a más ciudadanos al empleo en el sector privado. No obstante, solo podrá darse una verdadera reforma laboral si se toman medidas como reducir el número de visas que se otorgan a trabajadores extranjeros o se obliga a los patrones a pagar sueldos que resulten aceptables para los sauditas, opinó Jean-François Seznec, un experto del Centro de Energía Global del Consejo Atlántico.

“Al sector privado le interesan las utilidades. ¿Aceptará acaso trabajar con ciudadanos sauditas en vez de contratar a muchos extranjeros por la quinta parte del costo?”, preguntó. “No estoy seguro de que eso ocurra en el futuro próximo”.

El principal motor de la transformación económica propuesta, así como el patrocinador del reciente evento, es el Fondo de Inversión Pública, que invierte tanto en empresas sauditas como en compañías extranjeras, y que hace poco anunció una serie de iniciativas multimillonarias en dólares.

Entre ellas se encuentran inversiones en empresas de eficiencia energética, lácteos, entretenimiento y tratamiento de residuos; un fondo de apoyo para empresas pequeñas y medianas; y otras inversiones en infraestructura, tecnología y la empresa de servicios de transporte entre particulares Uber.

El anuncio de inversiones por estas cantidades generó interés entre los inversionistas internacionales que visitaron Riad.

“Este país puede hacer realidad lo que se proponga”, declaró Mary Callahan Erdoes, directora de la división de Gestión Patrimonial y de Activos en JPMorgan Chase, antes del arranque oficial de la conferencia sobre inversiones.

El impulso de las reformas en el reino se relaciona de manera muy estrecha con el príncipe Mohamed, a quien muchos consideran el soberano de hecho del reino, con la bendición de su anciano padre, el rey Salmán.

El príncipe también anunció su ambicioso plan de crear de la nada una ciudad completamente nueva en la costa de Arabia Saudita en el mar Rojo, que operará con energía renovable y donde los robots se encargarán de prestar la mayoría de los servicios.

El proyecto, llamado Neom, tendrá un costo de 500.000 millones de dólares y su objetivo será crear un “centro global que ejemplifique el futuro de la civilización humana ofreciendo a sus habitantes un estilo de vida idílico combinado con prospectos económicos excepcionales”, según los materiales promocionales que distribuyó la Corte Real.

“Es increíblemente ambicioso”, escribió Yergin, el estratega del sector energético. “Se trata de un enorme reto cuyos efectos no se medirán en unas cuantas décadas, sino en una generación”.

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Este texto fue publicado originalmente en The New York Times

Ben Hubbard y Kate Kelly 

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