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El pueblo del líder chino es testimonio de su poder; por Chris Buckley

Por The New York Times | 12 de octubre, 2017
Xi Jinping visita la cueva en la que vivió durante sus días en la villa de Liangjiahe. 13 de febrero de 2015 / Fotografía de Lan Hongguang para Xinhua

Xi Jinping visita la cueva en la que vivió durante sus días en la villa de Liangjiahe. 13 de febrero de 2015 / Fotografía de Lan Hongguang para Xinhua

the-new-york-timesLIANGJIAHE, China — Xi Jinping era un adolescente friolento y perplejo cuando caminó por primera vez por este pueblo hace casi 50 años. Ahora, cientos de peregrinos políticos hacen el mismo recorrido todos los días.

Pasean por una vereda marcada ahora por el uso. Este recorrido se diseñó para demostrar cómo los siete años que Xi pasó en este desdichado pueblo del árido noroeste de China forjaron el estilo fuerte con el que gobierna al país más poblado del mundo. Los visitantes se asoman a un pozo que Xi ayudó a excavar, admiran una fosa que construyó para convertir estiércol en gas metano y utilizarlo en estufas y lámparas, y asisten a conferencias motivacionales frente a las cuevas donde vivió para refugiarse del caos de la Revolución Cultural de Mao Zedong.

“Cuando llegó a Liangjiahe, no estaba preparado para pasar privaciones”, le explicó un guía a un grupo de funcionarios, quienes escuchaban con atención bajo una ligera llovizna. El mensaje que transmiten los guías, los edificios y artefactos del pueblo, conservados con esmero, es que cuando Xi abandonó Liangjiahe ya estaba listo para los desafíos de los puestos de liderazgo que asumiría en el futuro.

Convertir el antiguo hogar de un líder en una escenificación que propague el mito de su creación política tiene un precedente venerable en la República Popular de China. En la década de los sesenta, Shaoshan, el lugar donde nació Mao, se transformó en un santuario secular de los guardias rojos, quienes repetían sus consignas y veían casi como un dios al fundador de la China moderna.

La devoción en Liangjiahe no se compara con el fervoroso culto que desató la personalidad de Mao. A pesar de esto, Xi se destaca por convertir su propia biografía en objeto de adoración y celo. Ninguno de los líderes recientes que precedieron a Xi —Hu Jintao y Jiang Zemin— podrían haber competido con el melodrama de una juventud transcurrida en una oscura cueva infestada de pulgas.

Más aún, la historia de Xi ejemplifica los valores autoritarios que quiere restablecer en China, una mezcla entre “rojo y café” de evangelismo comunista y nacionalismo terrenal con raíces en una representación glorificada del pasado antiguo de China. Los miembros de la clase media del país, con posturas liberales, rechazan esa ideología. Sin embargo, otros ciudadanos —como los campesinos y obreros— se identifican con muchos puntos del mensaje del líder, como el orgullo patriótico y el populismo rústico.

“Xi tiene la trayectoria perfecta. Es hijo de la revolución, pero no proviene de una familia privilegiada”, comentó Trey McArver, un analista político y cofundador de Trivium/China, un despacho que le ofrece asesoría a las empresas que trabajan en el país asiático. “El mensaje más claro de la historia de Xi es que nació y se crio dentro del comunismo, pero también comprende a la gente común y corriente”.

Muchos de los casi 18 millones de chinos a quienes Mao también envió al campo como parte de sus medidas para volver a educar a la juventud urbana dentro de los valores rústicos de la mayoría campesina del país —además de calmar el fanatismo de los guardias rojos— se identifican con esta historia. Esta generación del movimiento de jóvenes al campo ahora controla el Partido Comunista y tiene cuatro escaños en el Comité Permanente del Buró Político, el nivel más alto de poder del partido.

El surgimiento de Liangjiahe como un sitio turístico popular demuestra la agilidad con que Xi ha logrado colocarse al centro de la política china. Está listo para arraigarse en el poder durante el congreso del Partido Comunista que se celebrará este mes. Mientras tanto, los periódicos del partido y un nuevo libro promocionan la retórica oficial de que Xi es un líder firme que tiene vínculos con la gente común y corriente gracias a la época que pasó en Liangjiahe.

“Descubrir el propósito último del sufrimiento siempre resulta perfecto para una historia. Esta premisa se cumple en este caso”, afirmó Guobin Yang, un profesor de la Universidad de Pensilvania que estudia a la generación de la Revolución Cultural. “Al igual que Mao, es del pueblo, así podría decir la leyenda en el futuro”.

Pero con todo y la reverenciada biografía oficial, no queda muy claro hasta dónde puede llegar Xi para consolidarse en el poder.

Aunque se espera que aproveche el congreso para llenar el nivel más alto del partido con sus seguidores, podría enfrentar una fuerte oposición, en especial si intenta conservar a su principal aliado y encargado de combatir la corrupción, Wang Qishan, quien se mantiene en su puesto a pesar de haber llegado a la edad de retiro.

De cualquier forma, ningún otro líder de la historia reciente de China ha amasado tanto poder como Xi, de 64 años. Desde Mao, ningún otro líder se ha aprovechado tanto de su biografía personal para demostrar que tiene el derecho de ocupar esa posición de liderazgo.

“Se ha dado un cambio enorme y su estilo de liderazgo es mucho más personalista”, subrayó Patricia Thornton, una profesora de Política China en Oxford.

Al igual que Shaoshan en el caso de Mao, Liangjiahe ahora ocupa una posición destacada en la biografía oficial de Xi. A principios de 1969, Mao lo envió al campo, como a millones de jóvenes chinos. Cuando el joven de 15 años llegó ahí, descubrió que los 360 residentes del pueblo vivían en cuevas excavadas en las secas laderas de color ocre y con grandes penurias apenas lograban vivir en ese polvoriento terreno. Según el relato oficial, Xi mostró las primeras señales de su grandeza en este pobre poblado cuando logró llegar a desempeñar una posición de liderazgo en el partido local.

“Cuando Xi Jinping llegó al área rural de Liangjiahe, la experiencia de enfrentar la adversidad fue el manantial del que surgieron su pensamiento, su determinación y sus sentimientos”, relata Lei Pingsheng, otro estudiante de Pekín que llegó a trabajar en el pueblo, en un libro recién publicado en chino titulado Los siete años de Xi Jinping durante el movimiento de jóvenes al campo. El libro ha recibido mucha promoción en los medios del partido en la antesala hacia el congreso.

Liangjiahe, que se ubica a más de 600 kilómetros al sudoeste de Pekín, estos días está inundado de funcionarios pues a muchos les ordenaron estudiar la vida de Xi.

Liangjiahe recibe cerca de 2500 visitantes cada día, según informó el Diario del Pueblo; muchos de ellos llegan en minibuses por los que pagan un pasaje de tres dólares. (Yo pude recorrer el pueblo solo después de registrarme en la estación de policía, y me escoltó un guardia que le murmuraba a los aldeanos que no me dijeran nada).

Los visitantes escuchan una versión cuidadosamente retocada de la historia reciente de China. La época que Xi pasó en Liangjiahe fue más turbulenta de lo que se dice en estas versiones moderadas de la historia oficial, de acuerdo con los relatos anteriores a su ascenso como líder nacional.

Nació dentro de la aristocracia política, pues su padre fue un revolucionario que siguió a Mao a Pekín después de la toma del poder del Partido Comunista. Sin embargo, en 1962, Mao se volvió en contra de su padre por lo que la familia de Xi sufrió persecuciones y se dispersó durante la Revolución Cultural desde 1966, cuando Mao permitió a los guardias rojos atacar a sus antiguos aliados. Una de las hermanas de Xi murió en medio de esta violencia; se dice que tal vez se quitó la vida.

Xi también ha caído en contradicciones con respecto a algunas partes clave de su historia oficial. En una entrevista sostenida en 2004, cuando Xi todavía era un funcionario provincial desconocido, recordó haberse alegrado de ir a Liangjiahe ya que Pekín era más peligroso.

“Todos los pasajeros lloraban pero yo sonreía”, dijo. “Si no me iba, no sé si hubiera podido sobrevivir”.

Después de tres días de viaje en tren, en camión y a pie, Xi y otros catorce jóvenes llegaron al pueblo y quedaron alarmados ante el nivel de pobreza que imperaba ahí. También padecieron una plaga de pulgas que dejó sus cuerpos cubiertos de marcas. Xi relató que después de algunos meses no pudo aguantar más y volvió a Pekín, un detalle que no menciona la versión oficial.

Después regresó y se quedó en el pueblo hasta la conclusión de la Revolución Cultural en 1975, cuando se le permitió asistir a la universidad en Pekín. “Liangjiahe me dio todo”, señaló Xi mientras se preparaba para abandonar el lugar e ir a la universidad, según el nuevo libro, “y nunca lo olvidaré mientras viva”.

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Este texto fue publicado originalmente en The New York Times

The New York Times 

Comentarios (1)

Diógenes Decambrí.
15 de octubre, 2017

“El mensaje más claro de la historia de Xi es que nació y se crió dentro del comunismo, pero también comprende a la gente común y corriente”: Cae por su propio peso que “El comunismo no comprende a la gente común y corriente”, una contradicción muy ilustrativa de la inviabilidad del igualitarismo ramplón que impuso el criminal Mao durante décadas. “Esta generación del movimiento de jóvenes al campo ahora controla el Partido Comunista y tiene cuatro escaños en el Comité Permanente del Buró Político, el nivel más alto de poder del partido”: ¿Cuántos en total integran ese Comité? “Al igual que Mao, es del pueblo, y como Mao se hace VENERAR, una aberración primitiva, así podría decir la leyenda en el futuro”.

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