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El último gregario de Armstrong; por Juan Fernando Hincapié

Por Juan Fernando Hincapié | 8 de octubre, 2017
Fotografía de Diego Osorio

Fotografía de Diego Osorio

pedalista-155-54Medellín, Colombia.- ¿Cómo desnudar a un ídolo y despojarlo de su gloria? ¿Cómo entregar a un amigo y seguir siendo su amigo? ¿Qué llevó al principal gregario del ciclista más ganador a delatarlo y acabar con su carrera? En el caso de George Hincapié hubo dos motivos. Por un lado, el espectacular regreso de Lance Armstrong, un falso campeón al que debía desenmascarar. Y por el otro, el nacimiento de su primera hija, que llevó a Hincapié a replantear su vida y su carrera.

George Hincapié es un ciclista de origen colombiano que nació en Nueva York en 1973. Se hizo profesional en 1994, y superó luego el récord mítico de Joop Zoetemelk, cuando completó diecisiete participaciones consecutivas en el Tour de Francia. Su instinto para moverse en el pelotón y ubicar a su líder en una posición favorable es aún marca registrada del deporte. Hincapié asistió a Lance Armstrong en las siete victorias apócrifas que coronó en París; apoyó también al español Alberto Contador y al australiano Cadel Evans; fue campeón de ruta de su país, los Estados Unidos (1998, 2006 y 2009), y lo representó en cinco Juegos Olímpicos, entre Barcelona 1992 y Pekín 2008.

Los logros de George, en buena medida, fueron posibles gracias a su padre, Ricardo Hincapié, un ciclista aficionado de Medellín que corrió junto a Cochise Rodríguez y otros notables del ciclismo colombiano en los años sesenta. Ricardo emigró a Estados Unidos en esa década, en busca de un trabajo que le permitiera formar una familia y sostenerla de la mejor manera. Ese era su primer objetivo. El segundo, que sus hijos tuvieran buenas bicicletas. El menor, George, mostró sus aptitudes muy temprano. En las mañanas, Ricardo cumplía su rol de inmigrante trabajador; y por las tardes, cuando podía, se transformaba en un preparador de ciclistas.

Fotografía de Diego Osorio

Fotografía de Diego Osorio

Los fines de semana eran siempre de competencia. La familia recorrió el país mientras sus hijos se medían a toda clase de contrincantes. Pronto se hizo claro que George tenía un futuro como deportista profesional. Y así fue: a los doce años ganó su primer campeonato nacional, y siguió ganando todo, hasta que fichó con el equipo Motorola en 1994. A lo largo de sus casi dos décadas de carrera profesional hizo parte de otros tres equipos: US Postal Service, Team High Road y BMC Racing Team. En 2012 fue obligado a retirarse, y desde entonces vive la vida tranquila de un tipo sin problemas. Está casado con la modelo Melanie Simonneau, quien renunció a su trabajo como chica de podio en el Tour de Francia. Ahora tienen tres hijos (Julia Paris, Enzo y Lucca), y viven una vida apacible en Carolina del Sur.

Junto a su hermano Rich, George fundó el Hincapié Development Cycling Team, y en 2013 abrieron el Hotel Domestique (palabra que en inglés designa al gregario). George también asiste con regularidad a eventos de recaudación de fondos y promoción de la marca, que es justamente lo que vino a hacer a Colombia.

George es el Hincapié más alto que he conocido: llega al metro noventa y sigue tan delgado como en sus tiempos de competencia, aunque, según dice, ya no se cuida como antes. Pese a ello, mientras comemos en un restaurante de Medellín, el ciclista en retiro deja tres pedazos de la pizza que ha ordenado, y bebe con cautela. George es un tipo tímido, pero no tiene problemas en responder mientras come. Lo primero que le pregunto es si le hubiera gustado correr una Vuelta a Colombia.

―¡Me hubiera encantado! ―dice, pero en el curso de la noche veré que no sabe cuándo se corre.

Sus respuestas vienen en un español oxidado, aunque tiene competencia para hablar y está acostumbrado a que lo entrevisten.

Del restaurante caminamos a un bar. Allí hablamos sobre ciclistas colombianos destacados, en especial aquellos de los años ochenta, que tanto significaron para toda una generación. Sobre Santiago Botero: “Era simpático, buena gente y muy tranquilo; nada le molestaba”. Sobre Alberto Contador: “Siempre me cayó bien. Él y Lance no eran amigos, pero yo lo respetaba, y le ayudé a ganar el Tour en 2007. Contador siempre estaba haciendo travesuras, y eso me gustó. Es un killer. El año que estuvo con Lance en el equipo Astana, imagínate: estaban allí como dos pitbulls. Y él ganó la carrera contra Lance. Hacer eso no es fácil”.

Para hablar de Armstrong hay que ir a 2010. Entonces George corría el Tour de California, e iba para cinco años limpio: corría sin ayuda de sustancias prohibidas, después de tomar la decisión más importante de su vida. Al finalizar la quinta etapa, la Agencia Antidopaje Estadounidense (USADA) se puso en contacto con el gregario. En aquel momento ya se alzaban las primeras voces contra el imperio Armstrong, pero el campeón aún se defendía con la misma fiereza que lo mantuvo firme en el pelotón. Aquella época fue la más difícil para Hincapié. Cuando confesó y todo se hizo público, una de las primeras llamadas que recibió fue la del ciclista texano.

―¿Fueron sinceras sus palabras? ―le pregunto.

―No sé, creo que sí. Tenemos historia, son muchos años juntos; desde que teníamos diecisiete. Pero tendrías que preguntarle a él.

Después de un largo proceso, en octubre de 2012 George Hincapié publicó en su sitio web una declaración donde ofrecía disculpas a sus seguidores, a sus colegas y a su familia por haberse dopado durante una parte de su carrera. Allí dijo que, si bien se hubiera sentido más cómodo hablando únicamente de su caso, entendió que estaba obligado a decir todo lo que sabía. Muchos aseguran que este fue el verdadero final de Lance Armstrong, cuando Hincapié eligió el ciclismo por encima de su viejo amigo.

―¿Aún son amigos?

―Sí, somos amigos. No hablamos todos los días, pero a veces sí. El otro día hablé con él; está pasando un momento muy difícil. Somos amigos, sí.

Armstrong prologó el libro que Hincapié escribió con Craig Hummer, y que salió a principios de 2014 bajo el título de The Loyal Lieutenant (“El teniente leal”). Allí se refiere al gregario como el “Scottie Pippen” del ciclismo. Es decir, alguien capaz de hacer las mejores asistencias. Y en la entrevista que le dio la vuelta al mundo, cuando Oprah Winfrey le preguntó por Hincapié, Armstrong dijo: “Es la voz más creíble en todo esto”.

―¿Cómo es Lance Armstrong? ―le pregunto a George.

―No era simpático con toda la gente, porque siempre quería lo mejor. Si él veía gente que no trabajaba duro, los echaba para fuera. Y era un killer. Muchas veces en la vida, para ser el mejor tienes que ser un killer.

Fotografía de Diego Osorio

Fotografía de Diego Osorio

En 1995, en una carrera de Milán a San Remo, el equipo de Armstrong e Hincapié recibió tal paliza que concluyeron lo evidente: todo el mundo se estaba dopando. Según George, Armstrong estaba enojadísimo:

―En ese momento era campeón mundial, tenía veintiuno o veintidós años. Justo antes de eso había ganado los mundiales, etapas del Tour, y de pronto todo cambió: ya no podía ni seguir el ritmo del más gordo del pelotón.

Para entonces, el uso de EPO (eritropoyetina, una hormona sintetizada que aumenta la cantidad de glóbulos rojos para facilitar el intercambio de oxígeno en la sangre) era práctica generalizada dentro del ciclismo, pero los corredores también llegaron a usar hormonas del crecimiento y transfusiones de sangre, métodos que también dan fuerza y permiten recuperarse mejor.

Según Hincapié, la relación entre ciclistas dopados y limpios era de 95 a 5, justo lo contrario que en la actualidad. De modo que el escenario se presentaba así: o te dopabas, o te ibas a casa. Fue una decisión que enfrentaron todos los ciclistas profesionales. Sobre esto hay una cita bastante elocuente en el libro de Hincapié: “Nunca pensé en hacer trampa. Fue la idea de que los otros me hicieran trampa lo que me llevó a hacerlo”. Sin duda fue el detonante para muchos ciclistas.

La larga historia entre Lance Armstrong y George Hincapié está llena de encontronazos. Tal vez uno de los más famosos ocurrió en 2006, cuando un retirado Armstrong, invitado por el Tour de Francia, reprendió a Hincapié y a sus compañeros porque su desempeño no venía siendo el mejor. Para entonces el gregario y todo el equipo corrían limpios, lo cual tenía un efecto directo sobre sus resultados. Esto enojó a Hincapié, pero también lo hizo pensar en algo evidente: si les encontraban indicios de dopaje, estos los llevarían inevitablemente hacia Armstrong, lo que finalmente sucedió.

―Tuvimos muchos choques así. Pero yo creo que él me respetó por eso, porque sabía que yo era su balance. Él no sólo quería ganar, quería matar, quería aplastar, quería humillar. Yo solo quería ganar, y me encantó ayudarle a ganar, pero también quería ser más amigo de la gente. Él no era así, pero le gustó que yo fuera así. Era una relación rara, pero me respetó por eso.

George Hincapié recibió una sanción de seis meses (de septiembre de 2012 a marzo de 2013), que aprovechó para ponerle fin a su carrera profesional. Le retiraron todos los resultados obtenidos entre el 31 de mayo de 2004 y el 31 de julio de 2006, que incluían su única victoria de etapa en el Tour de Francia. A Armstrong, como es sabido, le fueron retiradas sus siete victorias en la carrera más importante del mundo.

En de The Loyal Lieutenant se encuentra esta cita de Armstrong: “George vio que el deporte evolucionaba, y se dio cuenta de que había asumido riesgos para sí mismo en las clásicas, y por mí en el Tour. Siempre fuimos muy conservadores, pero George sintió que era el momento adecuado para cambiar completamente. Cuando supe de su decisión, tuve que respetarlo por su coraje”.

Fotografía de Diego Osorio

Fotografía de Diego Osorio

Un viernes por la mañana comparto un café con Hincapié. Relajado, se permite reflexionar sobre su carrera:

―Yo vi a muchos ciclistas que quizá tenían más talento que yo, pero no querían trabajar, no querían estar lejos de la familia, no querían ir a Europa, y estaban perdidos. Muchos colombianos recuerdo también que son increíbles como ciclistas, pero debes tener todo: la motivación, el deseo, las ganas para dejar todo y vivir esa vida. La vida del ciclista es muy difícil. Todo lo que comes y tomas es calculado. Es una vida muy estricta.

―¿Qué hace un ciclista cuando ya no puede más? ¿Qué hacías tú?

―Para mí parar nunca fue una opción; tenía que llegar sin importar lo que sucediera. Si perdía, tenía que saber qué había hecho mal para mejorarlo la próxima vez, y eso me llevó veinte años.

―Corriste casi siempre para los demás. ¿Te frustraste en algún momento?

―Nunca lo vi así. Para mí era más importante ser uno de los mejores en el mundo en lo que yo sabía que podía hacer bien, y no era tan importante lo que las otras personas pensaran de ese trabajo. Yo también gané carreras, y hubo carreras en que mis compañeros me ayudaron, pero para el Tour siempre fui gregario. Siempre tuve una buena posición en mis equipos; solo estuve en tres en toda mi carrera.

Los ciclistas que se dopan son una minoría que se extingue rápidamente, o quizá hayan encontrado maneras más sofisticadas de hacerlo. En cualquier caso, George Hincapié ha colaborado en la llegada de esta nueva época para el ciclismo.

El último gregario de Armstrong tenía claro que era más fácil prepararse con sustancias prohibidas, pero optó por el camino difícil. No solo corrió limpio a partir de 2005, sino que utilizó su prestigio entre el pelotón para convertirse en uno de los precursores del cambio en el deporte. Sabía que este sería más efectivo si venía desde dentro. Habló con compañeros, con rivales y con directores de equipos. Muchos lo escucharon, hartos también de los niveles a los que había llegado una disciplina conocida por su nobleza.

Hincapié sabía que cuantos más corredores convenciera, menos serían las posibilidades de que alguien corriera con una ventaja injusta. Dice su colega Michael Barry: “Para mí ese fue un momento de claridad. Decidí que no era la forma en que quería vivir mi vida. No fue por esto que comencé a montar en bicicleta. Pese a que protegimos nuestro pasado, queríamos un mejor futuro para los ciclistas más jóvenes. George dejó de hacerlo cuando sintió culpa. Sabes que estás haciendo algo equivocado cuando pones en peligro a la gente que amas”.

Como reconocimiento a su labor en favor del ciclismo honesto, en 2012 el pelotón le tenía una sorpresa a Hincapié en la etapa final de su último Tour: lo dejarían liderar la entrada a París, como reconocimiento a una gran carrera deportiva.

Aquella tarde en los Campos Elíseos, decenas de ciclistas se hicieron de lado para abrir camino, y la enjuta figura de Hincapié lideró por un momento el gran lote en su último paseo triunfal. Todo iba bien, hasta que uno de los corredores abortó la celebración. Fue el estadounidense Chris Horner, quien le dijo al gregario en su cara que no merecía tal honor. Horner lo persiguió con decisión, lo rebasó junto a otros embaladores y al final Mark Cavendish se quedó con la etapa. Como para recordarle a Hincapié que el pasado siempre vuelve a pasar su factura.

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Este artículo se publicó originalmente en Pedalista

Juan Fernando Hincapié 

Comentarios (1)

Diógenes Decambrí.
8 de octubre, 2017

“El uso de EPO (eritropoyetina, una hormona sintetizada que aumenta la cantidad de glóbulos rojos para facilitar el intercambio de oxígeno en la sangre) era práctica generalizada dentro del ciclismo, pero los corredores también llegaron a usar hormonas del crecimiento y transfusiones de sangre, métodos que también dan fuerza y permiten recuperarse mejor. Según George Hincapié, la relación entre ciclistas dopados y limpios era de 95 a 5”: ¿Fue justo, en esas condiciones, con 95 de cada 100 competidores usando el dopaje, castigar a Lance Armstrong quitándole los 7 títulos que -obviamente- ganó compitiendo en igualdad de circunstancias? ¿Sólo el uso de substancias prohibidas producía mejores performances, o se requiere de un talento y dedicación especial al pedalear sobre las dos ruedas?

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