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El gobierno chino recrudece la censura en internet; por Steven Lee Myers y Amy Cheng

Por Prodavinci | 28 de septiembre, 2017
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Fotografía de Reuters

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PEKÍN — La escritora china Song Jie sabe bien lo que puede y lo que no puede decir en las novelas románticas que publica en línea. Las palabras que describen sexo explícito están prohibidas, por supuesto. También las que nombran los órganos sexuales. Incluso los eufemismos como trasero o asentaderas pueden detonar la censura de los filtros de programas automáticos o de los empleados de un sitio web.

“Básicamente”, dijo, “las escenas de sexo no pueden ser demasiado detalladas”.

Otras prohibiciones dentro de la gran muralla china de la censura —conocida como Gran Cortafuegos de China o Proyecto Escudo Dorado, el sistema de ese país asiático que filtra y controla internet— son más difíciles de reconocer, en parte porque son subjetivas o incluso contradictorias. Y cada vez hay más.

Desde hace tiempo, China intenta bloquear el acceso a material político en línea pero una ráfaga de nuevas acciones regulatorias intenta establecer un bloqueo aún mayor, lo que hace recordar la época en la que la moral pública era impuesta por el Partido Comunista.

En una directriz publicada este verano, la asociación estatal que vigila al sector de medios digitales chinos estableció 68 categorías de material que debe censurarse, con lo que abarca un amplio espectro de lo que la audiencia más numerosa del mundo podría querer ver o escuchar.

Los lineamientos prohíben material que muestre abuso de alcohol o apuestas; que explote el sensacionalismo de casos criminales “extraños o grotescos”; que ridiculice a los dirigentes históricos de la Revolución china o a los actuales miembros del ejército, la policía o el sistema judicial; así como aquel material que “publicite una vida lujosa”.

También están prohibidas las tramas “detalladas” que involucren prostitución, violación y masturbación, al igual que muestras de “valores maritales malsanos”, una categoría que incluye los amoríos, el sexo ocasional, el intercambio de parejas y, aunque de forma vaga, la “liberación sexual”. Incluso se prohíbe algo para lo que no existía una palabra en chino hasta que ocurrió el incidente de Janet Jackson durante el Supertazón de 2004: zouguang o falla de vestuario.

A pesar de los esfuerzos de los censores, el internet había sido el elemento más independiente de los medios de comunicación chinos, una plataforma en la que los autores y artistas —así como las empresas del entretenimiento— podían llegar al público sin la presencia de los tradicionales controles del Departamento de Propaganda sobre las transmisiones, las publicaciones, el cine y los escenarios.

Sin embargo, las nuevas restricciones aumentaron y actualizaron una serie de prohibiciones publicadas hace cinco años y reflejan un ambicioso esfuerzo del gobierno del presidente Xi Jinping por imponer disciplina y controlar la red.

Las nuevas restricciones fueron publicadas por la Asociación China de Servicios de Difusión en la Red, la cual tiene entre sus miembros a más de 600 compañías, incluyendo a la Agencia de Noticias Xinhua (agencia oficial de noticias), a los gigantes de las redes sociales Sina y Tencent, al buscador Baidu y al lector de contenidos noticiosos Jinri Toutiao.

David Bandurski, analista y editor del proyecto de medios de la Universidad de Hong Kong, afirmó que las normas de la asociación crearon la ilusión de que había un consenso en la industria porque las empresas accedieron a lo que los funcionarios del partido calificaron como “autodisciplina”.

“Muchas de las compañías son privadas, de modo que es importante para la dirigencia tener los medios para reunirlos y ejercer presión en el colectivo”, escribió en un correo electrónico. “Se trata de una táctica de cooptación”.

Escritores, cineastas, guionistas de contenido multimedia para podcasts y otros creadores atribuyen estas normas a una nueva ideología más puritana y paternalista que se ha gestado durante el gobierno de Xi, quien le pidió a los miembros del partido que fungieran como ejemplos de moralidad en busca de lo que él define como el “sueño chino”.

“La realización del sueño chino” fue una de las razones que presentó la asociación cuando promulgó la lista de prohibiciones. En junio, la Administración Estatal de Prensa, Radio, Cine y Televisión anunció un nuevo sistema de clasificación para librerías y editoriales en línea con base en criterios que incluyen la defensa de los valores morales.

La poderosa Administración del Ciberespacio —la máxima autoridad china sobre lo que se publica en línea— también cerró decenas de blogs y cuentas de redes sociales por cubrir noticias y chismes de la farándula.

Además, los reguladores le ordenaron a AcFun y Bilibili (dos sitios web de transmisión continua de videos) que dejaran de difundir cientos de programas de televisión extranjeros, mientras que otras agencias publicaron este mes una nueva norma que incluso prohíbe a los sitios web transmitir los programas producidos en el país si no tienen la licencia necesaria.

Lo anterior limita a los programas en línea —que a menudo eran más provocadores— a las mismas restricciones aplicadas a los programas de televisión que están plagados de banalidades y propaganda, según los críticos.

La directriz también ordena a los productores de contenidos en línea entregar proyectos para la creación de nuevos programas de drama de aquí al 2021 que “enaltezcan al partido, a la nación y a sus héroes de modo que se proyecte un buen ejemplo”.

Las nuevas normas de la industria provocaron indignación —en línea, por supuesto—. La académica en sexualidad con mayor reconocimiento en el país, Li Yinhe, escribió un comentario cáustico en Sina Weibo, la versión china de Twitter, en el que explicaba que las nuevas normas violan dos libertades básicas: “La primera es el derecho, protegido por la Constitución, a la creatividad; la segunda es el derecho, también protegido por la Constitución, a la libertad sexual de las minorías”.

Cuando Li hizo un llamado a “trabajar con miras a la abolición de reglas y censuras a la pantalla”, también borraron sus publicaciones.

Gran parte de la discusión en línea se ha centrado en las nuevas prohibiciones al contenido sexual y la inclusión de la homosexualidad en la lista de las “relaciones sexuales anormales”, donde también aparecen el incesto y el abuso sexual. Los críticos señalan que la regulación parece contradecir la posición del gobierno en cuanto a la homosexualidad, ya que la despenalizó en 1997 y la eliminó de la lista de enfermedades mentales en 2001.

Las agencias censoras ejercen una jurisdicción superpuesta en internet por lo que a menudo recurren a políticas que generan confusión. Como consecuencia hay un sistema de control en capas que comienza con la autocensura de quienes generan contenidos en línea, seguida de la vigilancia por parte de las plataformas de internet que suelen ser compañías privadas y, cuando es necesario, la intervención de los reguladores del gobierno o la policía.

Algunas normas son explícitas: por ejemplo, no mostrar la matanza de especies en peligro de extinción ni a menores de edad ingiriendo bebidas alcohólicas. Otras normas son imprecisas. Una prohíbe desdibujar la línea divisoria entre “la verdad y la mentira, lo bueno y lo malo, la belleza y la fealdad”.

Los expertos señalan que las reglas son vagas a propósito, para que la autoridad pueda justificar el bloqueo de cualquier cosa, según las circunstancias.

“El endurecimiento de la censura de contenidos es la tendencia general pero para los creadores de contenidos la línea divisoria nunca es evidente”, comentó Gao Ming, quien hasta hace poco producía emisiones sarcásticas sobre temas de actualidad en un podcast llamado Radio HiLight.

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Este texto fue publicado en el portal web del New York Times en Español. Haga click aquí para ver el artículo original. 

Prodavinci 

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