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Brenda Bellorín: “La lectura puede cambiar vidas”; por Hugo Prieto

Por Hugo Prieto | 20 de septiembre, 2017
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Brenda Bellorín retratada por Andrés Kerese

¿Puede la literatura infantil ser una herramienta para la inclusión social y la distensión política? A lo largo de esta entrevista y analizando diversas experiencias, que han tenido lugar en distintas partes del mundo, incluido Venezuela, Brenda Bellorín, experta en Literatura Infantil, ofrece los argumentos que dan una respuesta positiva. La lectura, como proceso social, requiere de herramientas y metodologías que propicien la participación de las personas en proyectos productivos y solidarios. Lo fundamental es que se apliquen políticas públicas que involucren voluntades y deseos para cambiar vidas. No importa que sea en una ciudad capital europea o en una comunidad del estado Vargas. Los antecedentes sirven para configurar experiencias articuladas y provechosas.

Tanto en Barcelona como en Glasgow, por ejemplo, comenzaron a llegar a partir de 2005 niños migrantes provenientes de países muy distintos. En el caso de Barcelona, los había de América Latina, mientras que niños procedentes de varios países africanos y europeos fueron a dar a Glasgow. Claro, había niños de origen chino en una y otra ciudad.

La pregunta surgió en la escuela. ¿Cómo pueden los niños migrantes adquirir esas las lenguas vehiculares en cuestión —el catalán y el inglés escocés— como clave fundamental para integrarse a un nuevo entorno donde se desenvuelven sus vidas?

Fue la Universidad de Glasgow, la que planteó un proyecto para la adquisición de la lengua a partir del libro “Emigrantes”, del artista y autor australiano, Shaun Tan. “No es propiamente un álbum, porque es muy largo, tampoco es una novela gráfica. Más bien, es una narración visual, donde no hay texto y lo que narra, precisamente, es el viaje de alguien que migra a otro país”, dice Bellorín, quien —además de especialista en literatura infantil y promoción de la lectura—, es profesora tanto en la maestría en Libros y Literatura para niños y jóvenes de la Universidad Autónoma de Barcelona (España) como en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y el Banco del Libro. Bellorín ya había sorprendido al mundo de la literatura infantil con un ensayo que rastrea el ADN de cuentos e historias de diversos autores, que han cambiado con el uso de nuevos soportes y tecnologías. (del medio impreso al medio digital, del cine al video).

“Flotante”, cuyo autor es David Wiesner, fue otro de los libros que se utilizó en el proyecto. Este libro, compuesto de 40 imágenes, recrea la idea que tenemos de enviar un mensaje dentro de una botella que lanzan al mar. Pero en lugar de la botella es una cámara que va fotografiando mundos subacuáticos, mundos fantasiosos. A los niños se les entregaban cámaras desechables para que se las llevaran a sus casas y fotografiaran distintos objetos, personas. Y a partir de allí, ellos se animaban a construir sus propias historias, el itinerario de sus propios viajes, con sus referentes para que pudieran compartir sus experiencias con otros niños en las escuelas.

El otro asunto, propiamente dicho, forma parte del aprendizaje, y se resume en una pregunta. ¿Puede la lectura cambiar la vida de las personas? Bellorín elabora una respuesta que no es, ni podría serlo, un monosílabo. Pero da algunas pistas  referidas a una experiencia que se llevó a cabo en La Guaira, a propósito del deslave que afectó gravemente a esa localidad en 1999 y que puede ser el antecedente, el precursor, de un nuevo proyecto que desafíe el impacto que tiene la conflictividad política en las aulas.

¿Por qué eligieron un libro como “Emigrantes”? ¿Qué atributos tiene como herramienta de trabajo?

El registro visual de “Emigrantes” es el documental fotográfico. Aunque está concebido en clave realista, hay lugares fantásticos, hay imágenes que recuerdan a Nueva York, que propiamente es una ciudad de migrantes (la isla Ellis, que tanto vemos en las películas). Es un libro de gran riqueza, que facilitaba la conversación. Este libro les permitía a los niños sentirse más cómodos, precisamente porque no tenían que enfrentarse a un texto largo y complejo, pero a la vez los hacía sentir incómodos, porque al no tener la confirmación de la palabra, los niños no sabían si sus interpretaciones eran correctas. El ejercicio era no tanto lo que pudiera decir el profesor, sino la interpretación que pudieran hacer los niños. Que ellos mismos pusieran las palabras de lo que les sucedía a esos personajes. Ese proyecto se realizaba o con niños migrantes únicamente o con grupos mixtos, dependiendo de las circunstancias de cada ciudad. Obviamente, la forma en que cada grupo se aproximaba a libro era muy diferente y a partir de ahí surgía el diálogo. La idea era propiciar la discusión literaria, porque en realidad estos libros son muy complejos, aunque su presentación, su narrativa visual, en apariencia, es sencilla.

¿Se llegaba a un resultado como parte de esas conversaciones o el objetivo era estimular el diálogo entre los niños participantes?

La dificultad viene dada porque las imágenes tienen que contarnos cosas —digamos, procesos mentales o emociones— que usualmente contamos con palabras. De tal forma que se crean metáforas visuales, que parten de experiencias muy personales. Ah, yo viví algo parecido. A mí tío le pasó algo así. A partir de allí y con la mediación del maestro, la discusión de vuelve más especulativa, ¿por qué el personaje siente tal cosa? ¿O por qué el ilustrador cambió el uso de los colores para expresar algo? Entender, por ejemplo, si había un salto temporal, por qué se contaba en blanco y negro y no en sepia como en las otras imágenes. Desde el punto de vista del aprendizaje literario es una herramienta muy útil, no sólo para discutir todos estos temas, sino para propiciar un ambiente donde los niños debatieran con entera libertad. Las discusiones en grupo giraban en torno a preguntas abiertas a los niños y a una serie de actividades pautadas. “Emigrantes” es un libro de gran formato. Lo que se hacía entonces era hacer copias de las imágenes y dejar un margen para que los niños dialogaran con ellas, que ellos les pusieran voz o les hicieran preguntas a los personajes, hasta el punto de que ellos especulaban sobre lo que estaban diciendo o no cada uno de los personajes A la vez, los niños iban entendiendo cómo es el proceso de la lectura, como un lector que agrega sus propias experiencias.

¿Por qué es importante que un niño tenga su propia narrativa, sus propias conclusiones y su propia lectura sobre lo que está pasando?

Es importante crear una narrativa sobre algo que en principio agobia mucho. Es como dar continente al contenido. Los libros para niños y la tradición oral, que está muy emparentada con la literatura infantil, son muy útiles para entender, precisamente, cómo funciona la literatura en general, pero también es una herramienta útil para interpretar el mundo. Justamente porque son estructuras simples, donde hay un héroe que supera unos obstáculos, donde hay unos adversarios, donde hay situaciones sobrenaturales, que están por encima de su poder y que tiene que sortearlos de otra manera. Entonces, la literatura, de alguna manera, es una forma de ordenar la información.

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Brenda Bellorín retratada por Andrés Kerese

¿En qué medida este proyecto contribuyó a que los niños adquirieran la lengua que se habla en las ciudades receptoras?

En la medida en que los niños se sentían más seguros, en la medida en que propiciaba que los niños se soltaran a hablar, que es una de las cosas más difíciles del aprendizaje de un idioma o en la medida en que mitigaban el miedo a equivocarse. Igualmente, en la medida en que facilitaban el diálogo, la conversación, que también es una forma comprobada de aprender una lengua, sobre cosas que te atañen o que tienen que ver con tu circunstancia. Y a partir de ahí, por ejemplo, pasar a ver la estructura de una oración. Claro, al generar un espacio donde a ellos se les invita a conversar, se les está haciendo preguntas, que no es tan dirigidas para saber qué es correcto y qué no lo es, sino para saber lo que piensen y que fabulen, ¿no? Para que ellos planteen cuál es la trama de la historia.

¿Cómo desembarca este proyecto en Chile?

Por distintas redes, por distintos vínculos. Por el Ministerio de Educación, por las fundaciones dedicadas al fomento de la lectura. Por docentes que han sido formados en la misma maestría que organiza la Universidad Autónoma de Barcelona. El tema del simposio era lectura e inclusión. Había mesas de trabajo que abordaban la discriminación racial o de género, o el tema de la inmigración, como asuntos claves. El ministerio de Educación de Chile tiene interés en crear políticas públicas en torno a la inclusión de los niños migrantes, ya sea a través de aulas de acogida o de crear grupos de lectura. La cifra sobre niños migrantes venezolanos corresponde a un censo que se hizo hace cuatro años. Nadie sabe cuántos son, pero la cifra va en aumento.

¿Tiene planeado llevar a cabo un proyecto que asocie la literatura infantil con la realidad que actualmente vivimos en Venezuela?

Sería algo muy pequeñito, que quisiera hacer con otras personas que también se dedican al libro, involucrar a otras organizaciones o instituciones que trabajan con niños y/o en proyectos sociales y hacer un poco de discusión literaria que sería, creo yo, lo que funcionaría. Conversaciones en donde haya un espacio, a través de preguntas filosóficas, a través de preguntas sobre el texto, de elaboración sobre lo que los niños están viviendo en este momento. En meses recientes, los niños pasaron momentos muy tensos y aunque aparentemente no están enterados, sí que lo están. Constantemente están escuchando a los adultos sobre lo que ocurre en el país. Vivieron día a día la angustia de los padres y ellos mismos no sabían si no hasta bien entrada la noche si los podrían llevar al colegio a la mañana siguiente. Sólo hay que poner atención cuando los niños juegan y las conversaciones que tienen lugar. De pronto escuchas. ¿Ah, sí? Yo te voy a lanzar una molotov. Y yo a ti una puputov. Eso tiene que ver o está en el contexto de lo que nos tocó vivir. O cuando los oyes hablar de los sueños que han tenido. Ha sido una situación de mucho estrés. De mucha angustia. De nuevo, no sería biblioterapia, porque yo no creo en eso. Ni tendría que ser una cosa necesariamente prescriptiva. Tendría que ser un buen libro que te permita propiciar conversaciones y dialogar sobre otras cosas.

¿Cuál sería un buen libro?

Además de los libros que mencioné anteriormente, “Eloisa y los bichos” (Jairo Buitrago y Rafael Yockteng); “La Composición” (Antonio Skármeta y Alfonso Ruano); “El robo de las Aes” (Gonzalo Canal y Peli); ¡Vamos a ver a papá! (Lawrence Schimel y Alba Marina Rivera), “La otra orilla” (Marta Carrasco). El libro Rojo y Azul (Mireya Tabuas y Patricia van Dallen y Ricardo Báez) aborda a través de un formato gráfico y abstracto el tema de la polarización y escenifica cómo un niño se siente escindido en un hogar donde los padres profesan opciones políticas opuestas. Los niños, en general, viven un poco como en la picaresca. Ellos son pequeños, descreídos y a partir del ingenio tienen que burlarse de las situaciones que crean el mundo adulto. Se suponen que la literatura infantil, escrita por adultos, puede educar a los niños para la sociedad. Pero en la mayoría de esas historias los niños se emancipan de los adultos. Y se burlan de los adultos. ¿Entonces les estás enseñando que se burlen de los adultos para que después entren en la sociedad adulta? La literatura infantil, muchas veces, es el mundo al revés. Un mundo donde los que tienen el poder son los tontos o donde las situaciones son absurdas y lo que hemos vivido en los últimos tiempos, es algo muy parecido a ese mundo carnavalesco de la literatura infantil.

Los adultos tienen sus espacios para procesar el conflicto político. Se asume que los niños están, de alguna manera, protegidos, al margen. Pero eso no es cierto. Un niño asimila la angustia y la conflictividad que se respira en la cotidianidad de sus vidas, en su casa, en la escuela. Entonces, ¿no hay nada para ellos?

Sí, yo creo que hay muy pocos espacios organizados para que los niños puedan discutir lo que les está pasando. Además, hay la idea de que la infancia es una especie de burbuja. Se asume que ellos no entienden, pero la verdad es que si uno se sienta a conversar con los niños, si te tomas un rato para hablar con ellos, te impresiona lo que sabe de política un niño de seis o siete años. De cómo están enterados de lo que ocurre y que conclusiones tienen sobre eso. Creo que, como adultos, tenemos mucho que aprender de los niños. De cómo se convive con el conflicto, por ejemplo. Puede ser que la vida del país sea horrible, pero también hay una cotidianidad, momentos en que podemos ser felices o no. Lo vemos en las redes sociales. ¿Cómo es posible que haya una fiesta de cumpleaños en medio de esta tragedia? Así como la gente se hace esa pregunta, se pudiera hacer otra. ¿No puede haber un desahogo? Aparte del conflicto, ¿No puede haber un espacio de distensión? Los niños, por intuición, por naturaleza, saben buscar esos espacios de distensión. Igual necesitan una guía para ponerle palabras a una situación que a nosotros, los adultos, nos cuenta verbalizar.

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Brenda Bellorín retratada por Andrés Kerese

¿Usted cree que la lectura nos hace mejores ciudadanos?

Sí. La lectura implica relacionarse con lo otro e interpretarlo desde distintos lugares. Eso es algo básico para la convivencia. Yo comentaba con Maite Dautant y María Francisca Mayobre, a raíz de la posibilidad de llevar a cabo este proyecto, sobre lo que podemos hacer desde la perspectiva de un editor. ¿Qué hace un buen editor? Le hace preguntas al texto, lo lee desde otro lugar, tiene que tener un buen manejo del lenguaje, tiene que conocer otra literatura para poder ver esa literatura, tiene que acordar con el autor, con el ilustrador, con mucha gente para lograr que un proyecto editorial se convierta en un objeto cultural.

¿Usted cree que la lectura puede cambiar o crear nuevas realidades sociales?

Sí y no. A raíz de mi participación en proyectos de este tipo, yo he podido comprobar cómo el acercamiento a la lectura les ha cambiado la vida a distintas personas. En el Banco del Libro, por ejemplo, pudimos trabajar con personas afectadas por el deslave de Vargas. Fuimos a una escuela que sirvió de refugio para niños que habían perdido su escuela. Al principio fue una actividad de entretenimiento, porque la situación era muy tensa y las pérdidas materiales enormes. Poco a poco se fue generando como una comunidad lectora, en la que no sólo estaban involucrados los niños, sino sus madres. Las personas que diseñaron ese proyecto fueron muy hábiles en diseñar actividades que sólo podían tener éxito si participaba la comunidad. Si era necesario, por ejemplo, confeccionar unos bolsos de lectura, se hacían allí. Después de esa experiencia, varias de esas madres se convirtieron en promotoras de lectura. Lograron que les cedieran un espacio y crearon una sala de lectura, así como una biblioteca. Muchos de los niños que participaron en ese proyecto se graduaron. Las niñas no salieron embarazadas inmediatamente. Sí, hubo cambios no en toda la comunidad, pero si logras tocar la sensibilidad de personas críticas, vale la pena. El proyecto se llamaba Leer para vivir y en ese momento se convirtió, precisamente, en una herramienta para vivir.

Ese proyecto corresponde a una situación extraordinaria en un lugar específico. Pero ahora tenemos un deslave generalizado que afecta desde Castillete a Pedernales.

Sí, pero tenemos que comenzar por un punto focal, con algo pequeño, para poder crear una metodología de trabajo que te permita trasladar esa experiencia a otros lugares. Si descubres que tales libros y cierto tipo de preguntas permiten que se dé una conversación útil y nutritiva con los niños, el desafío sería cómo hacer para repetirlo. Si bien hay menos recursos para hacer las cosas, hay nuevas posibilidades y las redes son una alternativa.

Quizás hay una mayor disposición de la gente a participar.

Sí, también lo creo. A raíz de lo que ha sucedido, la gente está más dispuesta a hacer cosas por el otro. Hay mayor disposición a participar, el asunto es cómo hacer para que esas experiencias sean más articuladas y provechosas.

Hugo Prieto 

Comentarios (4)

Manuel F Arteaga
20 de septiembre, 2017

Buenisimo. Gracias por este articulo. Me abrio nuevas puertas y metodos de como ensenarle a mi hijo.

Franklin Cisneros
20 de septiembre, 2017

Me agradó el proyecto referido en el artículo. Aprecio necesaria, útil y perentoria la aplicación de la propuesta. El escenario actual que se aprecia en nuestras escuelas, desde la óptica empírica, merece la atención de la sociedad, en primera instancia los padres representantes, seguida de las organizaciones sociales afines a la temática de marras. Oportuno y apropiado referirse a la Comunidad Educativa que por imperativo de La LOE debe funcionar en cada escuela.Emprender un proyecto en el ámbito escolar requiere, previamente, atender éste segmento e igualmente ganarse la voluntad de los docentes. Es pertinente el esfuerzo. Si es posible, agradeceré referencias para obtener materiales de apoyo. Ofrezco mi acción voluntaria.

Estelio Mario Pedreáñez
21 de septiembre, 2017

La lectura puede cambiar vidas. Por esto en muchas sociedades esclavistas (la esclavitud fue aceptada durante casi toda la milenaria Historia de la Humanidad y apenas fue a mediados del siglo XIX cuando se le condenó y abolió) se prohibía enseñar a leer a los esclavos, y a veces era un delito. La ignorancia es una condición que facilita la opresión, la explotación, la servidumbre. Y la más grave de todas es el analfabetismo. Leer abre infinitas posibilidades a la imaginación , al conocimiento y a las realidades del mundo. Y para que los niños (lo más precioso en todas las sociedades humanas) pueden crecer saludables, física y mentalmente, se requiere que estén bien alimentados, que conozcan el amor de sus padres y demás familiares y que puedan formarse en libertad. Si se les condena al hambre, a las enfermedades, al servilismo, al adoctrinamiento ideológico de sumisión al gobernante, ¿Qué se tendrá?: Al “Hombre Nuevo Comunista”, reedición de los “Homoi” (Iguales) de la Antigua Esparta.

Miguel Moreno
21 de septiembre, 2017

Debemos volcarnos todos, a fomentar la lectura como herramienta indispensable de socialización a todo nivel. Excelente trabajo.

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