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Don Baylor, temible y amable; por Mari Montes

Por Mari Montes | 7 de agosto, 2017
Fotografía de AP

Fotografía de AP

Don Baylor era sinónimo de poder y eso producía emociones según el lado del parque y la afición.

Se esperaba que desapareciera la pelota y aumentara la distancia o volteara el juego. La mayoría que se sentaba sobre primera, lo deseaba y la mayoría sobre tercera lo temía, lo temíamos, incluso quienes lo recordamos “de oído”, de tantas historias para describir su estampa y fuerza en aquellos días.

Si algo tenía aquel “Poder Negro” del cual formaba parte Baylor, era un apodo bien ganado, en todas sus etapas y con todo su elenco: Pat Kelly, Harold King, Clarence Gaston, Jim Holt, Jim Rice, Dave Parker y Mitchell Page, armados con sus bates, eran artilleros que amedrentaban con solo escuchar sus nombres.

Eran tiempos en los que la pelota profesional venezolana contaba con jugadores que venían de brillar en las Mayores. No existían los jugosos contratos de ahora y el salario en la LVBP era atractivo, además del buen beisbol.

Se supo también de él por el incidente en el que se lesionó Remigio Hermoso, consecuencia de una jugada, así que el nombre de Don Baylor nunca más nos fue extraño y al terminar su carrera como pelotero activo le vimos como coach, hasta que de nuevo se instaló en las noticias beisboleras de todos los días, cuando tomó el mando de los Rockies de Colorado, equipo de la reciente expansión que pronto ganó muchas simpatías con sus inolvidables “Bombarderos de la calle Blake”: Dante Bichette, Vinicio Castilla, Larry Walker y Andrés Galarraga.

En 1992, el “Gran Gato” experimentó un slump estruendoso y preocupante, aquella temporada en San Luis parecía ser el fin.

Una noche en Shea Stadium, Joe Torre, mánager de los Cardenales, sacó al Gato por un emergente. Según recordó Baylor en el documental Galarraga, beisbol, puro beisbol, coescrito por César Miguel Rondón y quien suscribe, Andrés se sirvió agua en un vaso y las manos le temblaban, afectado por lo sucedido. Al terminar el juego, en el pasillo, recuerda el “Muchacho de Chapellin”, Baylor le dijo que con sus condiciones solo había que trabajar y modificar un par de cosas, y le cambió la mecánica. Lo paró de frente al lanzador y le aconsejó una variación en el ajuste antes de conectarla y así fue como lo trajo de vuelta, porque los gatos tienen varias vidas.

Andrés Galarraga, prácticamente en una sola pierna, luego de regresar de una lesión en la rodilla que casi lo deja fuera, logró el título de bateo en 1993, una temporada épica en la historia de ambos. Baylor se convirtió en el mánager que mas rápido condujo a un equipo de la expansión a playoff y Andrés, con .370 de promedio, fue mejor bateador que Tony Gwynn.

A la vuelta de unas temporadas, Baylor y el Gato se fueron de Colorado para coincidir en Atlanta: Baylor como coach y Galarraga en su segundo año en los Bravos, pero el Gato fue diagnosticado de cáncer aquella primavera de 1999.

Unas semanas después de la mala noticia sobre Andrés, y el anuncio de que perdería la temporada para someterse al tratamiento, encontramos a Don Baylor en Port Saint Lucie, en un juego de exhibición entre los Mets y los Bravos, que por cierto decidió Melvin Mora con HR en extrainning.

Conversamos con Baylor en un grupo encabezado por Ruben Mijares y David Concepción, en el que también estaban, Francisco Blavia, Fiorella Perfetto, y los amigos Ubaldo Armas y Daibor Trujillo.

Le pregunté a Baylor si le parecía conveniente que Andrés jugara pelota invernal y respondió: “Sería muy bueno para él y yo quisiera dirigirlo”. Sólo para confirmar, le insistí: “¿Quisiera dirigir a los Leones del Caracas?” Y me dijo que sí, resaltando el respeto que sentía por la afición melenuda cuando vistió el uniforme del Magallanes y el afecto por Venezuela y su gente.

Tomamos sus contactos y más tarde transmitimos al gerente Oscar Prieto Párraga de lo sucedido; en efecto hicieron contacto y de aquel pacto que no pudo concretarse dio cuenta Humberto Acosta. A las semanas Baylor fue nombrado mánager de los Cubs y así terminó mi ilusión de verlo con la camisa de los Leones del Caracas. No pudo ser sino una anécdota de “La tarde que casi firmo a Don Baylor”.

Vino a Venezuela a dirigir a los Bravos, contratado por Rubén Mijares, su gran amigo desde los días del legendario “Poder negro”.

Hoy leemos que estuvo peleando varios turnos contra el cáncer, hasta que finalmente anotó su última carrera.

Se le recordará siempre como le vimos, como lo recuerdan el Gran Gato, Henry Blanco, Eduardo Pérez y yo, aunque nunca he tomado un turno: como un temible slugger, un coach sabio, un mánager inspirador y un hombre generoso y amable, entrevistado de lujo, grato y enamorado de Venezuela.

Ha sido un gusto temerle.

Mari Montes 

Comentarios (8)

Flor Bello
7 de agosto, 2017

Gracias Mari por tan sentido y bello homenaje a Baylor.

Kondorito Konstitución
7 de agosto, 2017

“Lo paró de frente al lanzador y le aconsejó una variación en el ajuste antes de conectarla y así fue como lo trajo de vuelta, porque los gatos tienen varias vidas.” El haber derrotado el cáncer es el jonrón 400 de El Gran Gato.

Carlos Perez Delgado
8 de agosto, 2017

Definitivamente, una época de oro del béisbol venezolano, en la cual aumentó su competitividad por esa pléyade de “importados”. Reflejo de la gran Venezuela en crecimiento de ese entonces.

AGUSTIN AVELLANEDA
8 de agosto, 2017

Maravilloso artículo y evoca una era dorada de nuestro béisbol. Gracias Mari

Carlos Perez Delgado
8 de agosto, 2017

No existe fanático del Magallanes de la década de los 70s que no recuerde a Don Baylor. Fue una época de oro del béisbol profesional venezolano, en la cual los venezolanos se fogueaban con los importados. Fue una época de oro de todo un país.

Igor Cegarra
9 de agosto, 2017

Fue una persona amable. Teniendo yo unos 15 años, después que vino con Magallanes, lo conseguí un día en la caja de una tienda en su natal Austin, Texas. Al verlo le pregunté “disculpe, es Ud. Don Baylor?” y me dijo “si, ese mismo, quien eres tu?” y le dije “soy Igor Cegarra de Valencia, Venezuela..” y ahí me interrumpió, “que haces tan lejos de casa” me preguntó, le dije “de vacaciones visitando a unos amigos” “woaw, y como esta todo por allá, y Magallanes?” preguntó. Así estuvimos hablando unos 5 minutos. Me dio su autógrafo en la factura de la tienda. La cajera quedó sorprendida, las otras señoras de la cola solo murmuraban entre ellas “quien será ese Sr. tan importante, que está dando su autógrafo a ese niño?” y yo les respondí “Es un jugador de Grandes Ligas y jugó para mi equipo en Venezuela”.. Se fue de la tienda luego de apretarme la mano con aquella manaza negra y desearme mucha suerte. Nunca imagine que en el futuro tendría tanta relación con Venezuela. QEPD Don Baylor

Israel Padilla
10 de agosto, 2017

Estimada Mari, que buen artículo para recordar a uno de los grandes del béisbol.

Joeif Duroim
10 de agosto, 2017

A los enemigos buenos, enteros y completos, se les aprecia! Como caraquista, lo temía enormemente cuando era nuestro rival y me entristece que un profesional como él se haya ido de nuestro mundo. Gracias por el sensato y sencillo escrito, era otro beisbol, era otra Venezuela…

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