Artes

Tres ejercicios narrativos; por José Balza

Por Prodavinci | 29 de julio, 2017
Fotografía de Maura Morandi

Fotografía de Maura Morandi

LA FIESTA

La zona, como toda la ciudad, tuvo su creciente esplendor: calles bien trazadas, pequeñas tiendas y edificios familiares, de cuatro o seis pisos. También algunas finas casas con jardines. Desde ella pueden verse autopistas y altas torres comerciales; y tras ella, durante décadas, se elevaron colinas boscosas.

Hoy todo esto parece arrugado y sucio y en especial la nueva vía que salta desde la calle principal, avanza a espaldas de los edificios y sube hacia esas colinas. Aunque todavía no han terminado de pavimentarla, ya está deteriorada y con trozos de árboles y huecos. El paso de máquinas y algunos camiones levanta polvo o barro, según el tiempo. Arriba surgen nuevas construcciones, también de altura moderada, con aspecto de ruinas aunque no están concluidas. Allí viven los nuevos habitantes: gente traída de deslaves o hundimientos, de casuchas destruidas por tormentas o derrumbes. No es difícil percibir la hediondez de los pasillos entre edificios, ni presentir que éstos se inclinan, como amenazas, en bordes peligrosos. Ropa pobre cuelga de las ventanas.

A las cinco de la mañana, no importa si llueve, de los pequeños apartamentos comienzan las madres, muy jóvenes, a empujar sus niños hacia la calle. Tienen que apurarse. Entre ellas se saludan con gritos; y los chicos corren, se atropellan, ansiosos, con harapos y medio dormidos. Según les han anunciado sus mamás, tienen que ganar otra vez: la recompensa los espera.

Como insectos bajan la ruta y guiados por ellas, van distribuyéndose por las esquinas. Es la hora en que los pocos negocios activos, una que otra casa, y los portones de los edificios, colocan las bolsas negras, de plástico, con los desechos del día anterior. Madres y niños caen como plaga: rompen los envoltorios, devoran cualquier cosa que parezca alimento y clasifican objetos rotos, botellas, más basura. Por la calle paralela se acerca otra banda similar de niños y madres. Aunque los adelantados parecen haber triunfado, quienes se aproximan son feroces.

Hay un resplandor en los detritus.

Marzo, 2017

EL REGALO

Para Sonia García

Me lo cuenta la hermosa vecina:

—Ayer, después de la marcha agotadora, con el metro cerrado, sin busetas, logré llegar a La Urbina. Escapé del gas y las tanquetas. Ya te he hablado de cómo, en estas circunstancias terribles, la multitud y su reclamo político permiten a la vez desaparecer en ella y expandirme. Desde que comenzó esta peligrosa lucha, creo que a todos se nos han borrado los límites personales; tengo la frecuente sensación de vivir dentro de otros. Aunque cargaba mis viejos zapatos cómodos (que ya son los últimos para mí), los pies ardían. Y vi algo como lo que eran nuestras pastelerías, ¿te acuerdas?: unos frascos oscuros en la vidriera, nada de café y refrescos, pero sí aquello como una torta. Compré un pedazo, ¡tenían agua! Y allí de pie me dispuse a comer ese posible dulce.

De pronto sentí un toque en la espalda o en el brazo. Al voltear veo a un niño como de diez años. Ya tú conoces esas caras dolientes. Sus gestos son suficientes. Envuelvo el dulce en aquel trocito de papel y se lo entrego y él corre a la calle.

Después de pagar, salgo y veo que otros dos, quizá menores, también han mordido la merienda. Decido seguir en sentido contrario, pero de nuevo el dedo toca mi brazo y, con asombro, descubro que el primer niño ha dividido el último pedazo del postre en dos y me está ofreciendo una parte.

LA REGIÓN COHERENTE

Vinieron de otro planeta buscando tesoros y para expandir sus credos. Encontraron gente de hermosa piel canela, con idioma de pájaros y tradiciones propias; a su recibimiento cordial, ellos, avezados en la desconfianza y la guerra, respondieron con armas. Lo cual instauró, simultáneamente, una matanza y la obligada mezcla erótica. Las riquezas locales eran más importantes de lo previsto. Con los siglos terminaron viviendo juntos, pese a las notables diferencias sociales. Hasta que, en algún año, los originarios superaron a los otros en conocimientos, negocios, estrategias.

Aunque ha pasado un milenio desde entonces, ese es el relato que aún se cuenta a niños y jóvenes para educarlos.

En este planeta las riquezas naturales perduran y parecen haber contribuido a forjar el carácter vivaz, alegre e inclinado a la molicie de los habitantes. El gusto por la riqueza fácil también puede haber determinado una práctica aquí mendaz: la proliferación, en ciertas personas de gran capacidad mental o en individuos comunes, de ser políticamente poderosos, de dirigir los destinos, la nación.

Para los estudiosos, tales factores han determinado la conducta insoslayable de ese pueblo: su incoherencia. Ciudades y aldeas, corporaciones aéreas, fluviales y marítimas, carreteras; religiones, sistemas de salud públicos, disciplina educativa: casi todo surge de impecables planificaciones propuestas y aprobadas por un grupo político que, en pocos años, otro grupo político desbarata. Casi nadie lo advierte porque la riqueza les ha permitido cubrir de brillo esos intentos.

En una sola energía permanecen unidos, asombrosamente coincidentes y superiores: en su potencia para lo imaginario. Son individuos creadores (cuentan con varios genios matemáticos, literarios y musicales, de reconocimiento interplanetario) y en la práctica vital de todos los días (vestimenta, comidas, danzas, imitadas por otras culturas). Guardan devoción por el creador solitario, por la mujer excepcional; y acatan, adoptan sus obras tal si fuesen de hechura colectiva. Como su desmemoria es parte de la fragilidad conceptual, no siempre están conscientes de esta magnífica integración.

Pero en la actualidad la región atraviesa una época crítica: de su seno surgieron grupos con una corriente política avasalladora y fascinante, que esta vez proponían la igualdad de todos en todo. Gran parte de la masa humana les creyó y así tomaron el poder por varias décadas, hasta que la oferta de igualdad se convirtió en miseria general, excepto para los gobernantes, cada vez más gordos, embrutecidos y petulantes.

La hipótesis es que, desde el denso sector imaginante, emergió asimismo la conciencia del desastre. Y en los últimos años, mediante argumentos, actividades cívicas, arte y ascendente fuerza de convicción, la población ha terminado por execrar al gobierno, hoy reducido a traficantes de droga y riquezas minerales.

Los informes solares indican que, ante el gobierno oficial ya sin respaldo popular, el joven planeta se opone, se rebela. Y ha propuesto solo obedecer a sus leyes ancestrales, a la restauración de los principios supremos de la justicia (en búsqueda de salud, alimentación, libertad); respondiendo con pruebas pacíficas a la violencia y la muerte impuestas minuto a minuto por los gobernantes, que siguen respaldados por magistrados y organismos ilícitos. En estos momentos cruciales de su destino, la población, mediante su asamblea legítima, ha designado nuevos poderes económicos y políticos.

Los estudiosos interplanetarios adelantan la hipótesis de que esa dualidad gubernamental (registrada, como hemos visto, desde hace siglos), basada hoy en la dispersión también ya descrita, puede conducir al logro de la justicia, mediante la coherencia vislumbrada y demostrada siempre en los territorios de la creatividad.

Julio, 2017.

Prodavinci 

Comentarios (1)

Flor Bello Yánez
30 de julio, 2017

Excelente artículo…Creo en el futuro que se avecina positivo.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.