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“Por la prohibición, el negocio se vuelve más atractivo”

En el día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, el investigador de adicciones Heino Stöver, explica por qué la criminalización de las drogas no funciona y qué medidas más eficaces propone.

Por Deutsche Welle | 30 de junio, 2017

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Deutsche Welle: El alcohol es una droga legal, pero no hace mucho tiempo había muchos jóvenes que tomaban alcohol de forma muy extrema, hasta perder el conocimiento. ¿Ha cambiado algo?

Heino Stöver: Naturalmente, el consumo excesivo de alcohol sigue existiendo. No solo existen los jóvenes que solo quieren tomar unos sorbos y estar un poco entonados, sino los que beben mucho alcohol por sus efectos. De los adultos, por el contrario, se suele pensar que fundamentalmente beben, por ejemplo, vino para disfrutarlo. Es naturalmente una diferencia fundamental. En general, el fenómeno “binge-drinking” o exceso alcohólico, como lo llama la OMS, ha disminuido.

¿Y cómo es la situación con las drogas ilegales?

La criminalización de los consumidores ha aumentado. El 80% de los delitos por estupefacientes son los llamados delitos por consumo o relacionados con el consumo. El 40% son jóvenes y adolescentes. Es decir que, por un lado, criminalizamos a una gran parte de la juventud y, por los procesos policiales, se corre naturalmente el gran peligro de estigmatizar sobre todo a la gente joven. Se la tacha de adictos o “junkies”, independientemente de las drogas que tomen. Este estigma conlleva a que, más tarde, los jóvenes no quieran aceptar ningún tratamiento o terapia, porque la policía ya los marcó.

¿Cuáles son las drogas que más se consumen?

En Fráncfort son sobre todo la heroína y el crack. En otras ciuadades es, en realidad, solo la heroína. Se puede fumar o inyectar. En Alemania contamos con 24 salas de consumo supervisado de estupefacientes, pero solo en seis Estados. Los otros diez ni tan siquiera han elaborado las bases jurídicas para instalarlas. Para ello, es necesario además un decreto para salas de consumo supervisadas, lo que permitiría desarrollar ciertos tipos de modelos.

¿Qué ejemplos positivos hay con esos modelos?

Fráncfort, por ejemplo. Cuando una persona sufre una sobredosis en una de esas salas, hay personal que lo reanima en seguida. Primero, más salas supervisadas. Lo segundo: cada hogar con drogadictos debe tener naloxona, el antídoto contra sobredosis. Se receta en la medicina de urgencias. El efecto de la heroína se reduce a cero. Las personas están en seguida sobrias y normales.

¿Es factible?

Sí. El círculo cercano al consumidor de drogas debe aprender a usar dicha substancia o se debe entrenar a los consumidores para que se la puedan inyectar entre ellos. Puede ser intramuscular o como spray nasal, que saldrá ahora al mercado en Alemania.

¿Cuáles son las tareas aún por hacer en su lista?

Debemos lograr una regulación inteligente, en relación a determinadas substancias. Lo que estamos haciendo ahora no tiene nada que ver con protección de menores. Un traficante de drogas, por regla general, no pregunta si alguien tiene 18 años o si está seguro de querer comprar esa droga determinada. Tampoco proporciona consejos para proteger a los consumidores; sino quiere deshacerse de esa mercancía sucia, que está rebajada y tiene una pureza de casi el 5%. Por la prohibición, el negocio se vuelve más atractivo y el traficante puede exigir precios altos. Finalmente, tenemos que olvidarnos de seguir apostando por la prohibición de drogas, que no conduce a nada, en el mejor de los casos, o es incluso contraproducente. Tenemos que debatir modelos de control inteligentes y llevarlos a cabo. Eso es lo que está en la parte superior de mi lista.

Heino Stöver es catedrático de investigación sociológica de la adicción en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Frácfort.

Gudrun Heise (RMR/ERS)

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Deutsche Welle 

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