Artes

Entrevista a Margarita Cadenas, directora de ‘Mujeres del caos venezolano’; por Cristina Raffalli

Por Cristina Raffalli | 28 de junio, 2017
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Margarita Cadenas retratada por Saraí Suárez

A Susana Raffalli

Cuando tres organismos como el Ministerio francés de Asuntos Extranjeros, Amnistía Internacional y la Alcaldía de París convocan a la proyección protocolar de un documental sobre Venezuela, algo está pasando. La invitación, cursada para el viernes 30 de junio en el Hôtel de Ville, sede del poder municipal de la capital francesa, incluye dos horas de intercambio con la audiencia.

Mujeres del caos venezolano es el título del largometraje que ha motivado la inusual confluencia y su autora es Margarita Cadenas, cineasta franco-venezolana. Macondo (2009) y Cenizas eternas (2011), son los dos títulos más recientes entre los vinculados a Venezuela, de su vasta trayectoria internacional como directora y productora de cine y TV.

Filmado durante el segundo semestre de 2016, el documental de 83 minutos recoge cinco testimonios de mujeres venezolanas en cuyas vidas quedó escrito para siempre el relato de un país que se precipita hacia el abismo.

Cada una de estas mujeres es un vértigo de esa caída.

Kim, enfermera, es el vértigo de un hospital pediátrico cuyo personal encara a diario la enfermedad y la muerte con las manos vacías. María José es el vértigo que ahorca cuando se vive entre el miedo y la incertidumbre. Eva es el del hambre siempre al acecho. Luisa, el de la indefensión ante un poder que engulle todo lo que le incomoda. Olga, vértigo de una caída sin fin, la pérdida de un hijo de 16 años asesinado por la ferocidad de un Estado que debía protegerlo.

Margarita Cadenas, quien reside en París desde hace más de tres décadas, concede esta entrevista mientras afina los últimos detalles para la edición de 57 minutos de Mujeres del caos venezolano destinada a la televisión.

Cristina Raffalli (C.R): ¿Qué hay en el origen de este proyecto?

Margarita Cadenas (M. C): La angustia por la situación de Venezuela, que vivo muy de cerca a pesar de no estar allá. La idea surgió como un brote, un impulso que me hacía sentir que hacer esto era una obligación, como cineasta y comunicadora social.

C.R: ¿Por qué únicamente testimonios de mujeres?

M. C: Desde el principio me pareció que la mejor manera de sentir al país era a través de sus mujeres. La mujer venezolana es un pilar, una columna fuerte que sostiene al hijo, al marido, a los amigos. Es una mujer luchadora y comprometida. Y en el camino hacia la producción del documental, tuve la suerte de encontrarme con otras mujeres que compartían esa misma angustia y decidieron darme apoyo.

C.R: ¿Qué tipo de apoyo?

M. C: Se trata de dos mecenas que creyeron en el proyecto y gracias a su confianza pude ir a Venezuela y luego realizar las fases siguientes.

Margarita Cadenas explica que desde el inicio identificó los temas específicos que quería desarrollar: la crisis de la salud, la criminalidad, el desabastecimiento en la alimentación, el castigo a la disidencia política y la violencia de los comandos de la Operación de Liberación del Pueblo, OLP. Cada una de estas mujeres representa cada una de estas situaciones. Kim trabaja en un hospital donde no hay insumos para restablecer la salud de los pacientes; María José es una mujer que cuenta con recursos económicos para hacer frente a la inflación de tres dígitos y al desabastecimiento que supera el 80%, pero que no tiene agua en su casa y vive con miedo a ser robada, secuestrada o asesinada. Eva es una muchacha que vive en un barrio de Petare y debe pasar dos días haciendo cola, a veces infructuosamente, para comprar alimentos. Luisa es la abuela de un preso político, un activista que cometió el “delito” de cuestionar al gobierno. Olga es una madre de familia que, como tantos venezolanos, creyó en el chavismo hasta que una noche entró a su casa un escuadrón de la OLP y acribilló a su hijo “por error”. “No era él”, le dijo un uniformado al otro después de haberlo asesinado.

En este largometraje no hay narrador que recoja las palabras. No hay voz en off, ni discurso, ningún manifiesto ni proclamas. No hay otro conductor que el hilo invisible de la desolación. Hay, sí, una mirada que decidió no estar afuera, sino encontrar su lugar al interior de las vidas de estas cinco mujeres, para crear con ellas un espacio de sororidad: la confidencia.

C.R: Entre todos los testimonios posibles por cada aspecto que querías visibilizar: ¿cómo elegiste precisamente estas cinco historias?

M. C: Esto se hizo en la fase de preproducción, y en ella hubo dos personas claves: mi sobrina, Mariana Eva Cadenas, cineasta formada en Bélgica y Luisa Berlioz, consultora comunicacional y coordinadora de producción en Venezuela, quien hizo el contacto con las diversas ONG que nos dieron apoyo. PROVEA, COFAVIC, Red de Apoyo y Fundación para el Debido Proceso fueron primordiales en esta etapa. Gracias al trabajo de Mariana Eva, Luisa y las ONG, fue posible el contacto con muchas personas que podían dar sus testimonios. En mayor o menor grado, todas las mujeres presentes en el documental están tocadas por la delincuencia, la ruina del sistema de salud o la falta de alimentos, pero han sido impactadas por una problemática específica en una mayor proporción. Otro aspecto que tomé en cuenta fue la edad: yo quería que fueran mujeres de diferentes edades.

Una vez que Mariana Eva Cadenas, siguiendo los criterios acordados, hizo una primera preselección de quienes podrían brindar sus testimonios, Margarita viajó a Venezuela. “Todos los casos eran importantes e interesantes, pero había que elegir solo cinco, y el criterio final fue la capacidad de comunicar: que pudieran expresarse, que su imagen fuera cercana, que transmitiesen”.

C.R: ¿Cómo recibían tu presencia, tomando en cuenta que Venezuela es un país donde impera el temor y el recelo?

M. C: La experiencia era para todas una posibilidad de catarsis. Había la sensación de que cada una de ellas se decía: al fin puedo hablar. Estas mujeres, además, podían dar su testimonio por diferentes razones: unas se iban del país, y eso también era interesante para el documental: mostrar el dolor de la separación. Otras, las que no se iban, hablan porque ya no tienen nada que perder.

Cierta izquierda europea, que durante muchos años insistió en mantener una mirada complaciente sobre la doblemente mal llamada “Revolución bolivariana”, ha tenido que aceptar, con incomodidad, que la realidad venezolana no se corresponde con lo que ellos quisieron ver. Ante la imposibilidad de persistir en la empatía, algunos han decidido cerrar los ojos y hacer silencio. Otros, como Jean-Luc Mélenchon, manejan el fracaso inventando nuevos delirios. El documental de Margarita Cadenas les pone difícil esa salida. Muy difícil, pues no hay ángulo a través del cual pueda colarse hacia la película una acusación de militancia. Su verdad no es otra que la de aquellas que cuentan eventos de su vida que son, a la vez, irrefutables y de una elocuencia devastadora.

En este filme hay una sexta mujer, ella también feroz, hermosa y maltratada. Su testimonio está presente a lo largo de toda la película. Caracas. Esa ciudad que no sabe quedarse callada.

C.R: ¿Cómo se desenvolvió el rodaje, en una ciudad tan difícil?

M. C: Fuimos un equipo muy discreto. Trabajamos con cámaras no invasivas. Hicimos todo lo posible por pasar inadvertidos. En Venezuela no se puede filmar una cola para comprar comida, o un hospital. La táctica era siempre llegar separados, grabar escondidos. Yo me sentí todo el tiempo como en una situación de espionaje y compartir esta experiencia con el equipo lleva a que entre todos se cree una profunda solidaridad. Por otra parte, y en lo que se refiere al documental que vemos, cada una de esas mujeres deja ver una manera particular de relacionarse con Caracas, que también forma parte de sus luchas. Una se desplaza en autobús, otra en moto taxi, otra, aquejada por la vejez, vive la ciudad desde la melancolía, otra la ve desde el mar. Todas dispuestas a enfrentar al mundo por sus hijos.

C.R: Pero esa sensación de “espionaje”, esa dinámica de clandestinidad, no pasó a la imagen. ¿Cómo lograste que no pasara? Uno ve esas imágenes de tanta calidad estética y no puede pensar que son furtivas

M. C: Eso es posible lograrlo porque toda película se hace tres veces: la primera es cuando la escribes, la segunda cuando la filmas y la tercera cuando la editas. Una vez que llegué a Francia y entré en la etapa de posproducción, mi equipo aquí me ratificó que teníamos muy buen material y lo que hicimos fue mejorarlo. Esa calidad se debe a que por encima del miedo y de las dificultades del trabajo, funcionamos como un equipo muy cohesionado. Cuando finalizamos el rodaje, solo Mariana Eva, Luisa y César Briceño, director de fotografía, aceptaron que su crédito estuviera en la película. El resto del equipo, incluidos los proveedores, prefirieron guardar el anonimato por miedo a represalias.

Cuando Margarita regresó a París, la segunda mecenas se incorporó al proyecto y esto dio el impulso necesario para continuar el camino.

Otro hito importante en este recorrido desde la idea hasta el producto final fue la incorporación de Anairis Miranda al equipo en Francia. Productora venezolana de cine y TV (residente en París) Anairis hizo el vínculo con Les films d’ici, una compañía productora francesa de inmensa trayectoria y con una veta muy importante en materia de obras documentales. Gracias a este contacto, la empresa pasó a ser coproductora de Mujeres del caos venezolano.

C.R: ¿Por qué les interesó esta obra?

M. C: A Charlotte Uzu, productora de Les films d’ici, apenas vio el testimonio de Kim le pareció que se trataba de un documental importante. El ciudadano francés, en general, tiene poco conocimiento de la situación que vive Venezuela, aunque eso al fin está cambiando. Para Charlotte, el documental es una pista que puede llevar a entender por qué hoy estamos donde estamos. Esto es muy positivo y muy importante porque es necesario que el mayor número posible de personas sepa lo que estamos viviendo en Venezuela.

Tal pareciera ser el destino del filme, pues Mujeres del caos venezolano ya tiene una hoja de ruta para el circuito de festivales internacionales. Luego vendrán los premios. Y más tarde, llegado el momento, la salida en salas. Y la difusión televisiva. Por lo pronto, la proyección protocolar de París es una oportunidad de alcances excepcionales para mostrar en altas instancias políticas la dimensión de la tragedia que asola a Venezuela.

C.R: ¿Cómo se dio esta invitación de la Cancillería francesa, Amnistía Internacional y la Alcaldía de París? La presentación se dará en presencia del Embajador para los Derechos Humanos del Ministerio de Asuntos Europeos y Extranjeros. Es una convergencia importante en nivel y en alcance

M. C: La persona clave en esto es la pintora venezolana Alexandra Poleo. Hace algunas semanas, en la Maison de l’Amérique Latine tuvo lugar una proyección privada del documental, organizada por la Asociación Diálogo por Venezuela. A esa proyección asistió Alexandra, y días más tarde ella me invitó a acompañarla a una reunión que tenía en la Cancillería francesa. En esa cita hablamos de la situación de Venezuela, hay que decir que los asistentes estaban ya muy bien informados. Alexandra y yo hablamos del documental y ahí surgió la idea de una proyección para las ONG y para instancias políticas vinculadas a los Derechos Humanos en el mundo.

Alrededor de 250 personas conforman la lista de invitados. Para discutir con la audiencia sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela estará presente la Dra. Tamara Sujú, quien es actualmente Directora ejecutiva del observatorio de derechos humanos del Centro de Estudios para América Latina (CASLA), con sede en Praga. La conversación será moderada por Alexandra Poleo.

C.R: Ya está en curso una versión de Mujeres del caos venezolano para la televisión. ¿Cuáles son sus diferencias principales con respecto a la obra original?

M. C: Es más corta, y por la naturaleza de los públicos de la televisión fue necesario incluir voz en off para satisfacer un requerimiento narrativo. Hay que poner en contexto a las audiencias y esto lo resolví manteniendo un hilo completamente factual.

C.R: ¿Cuál lejos llegará el documental para la TV?

M. C: De eso se encarga actualmente un vendedor internacional.

C.R: ¿Y cuándo se verá el largometraje en Venezuela?

M. C: El día que un distribuidor del país esté interesado. Yo estaría feliz de que así fuese.

 

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Cristina Raffalli 

Comentarios (1)

briggitte
29 de junio, 2017

Excelente amiga! por tu y mis Hijos te aprecio olga meza!

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