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Macbeth: la brujería y el fracaso del gobernante ilegítimo; por Wolfgang Gil Lugo

Por Wolfgang Gil Lugo | 30 de mayo, 2017
The Spectrum Appearance of Banquo at Macbeth’s Feast, de Gustave Dore

The Spectrum Appearance of Banquo at Macbeth’s Feast, de Gustave Dore

“Con un poco de paciencia, veremos terminarse el reino de las brujas, sus hechizos se disolverán, y la gente recuperará su verdadera motivación: devolver al gobierno sus verdaderos principios” Thomas Jefferson

Entre el poder tiránico y la brujería existe una relación que no es casual. La tiranía es la forma más extrema de dominación, y la magia negra es la forma más radical para someter la voluntad de los otros. La brujería seduce a las mentes para que persigan el poder y los poderosos se sienten atraídos por una forma de espiritualidad que les permite hacer posibles sus más bajos deseos.

El ascenso de Macbeth

Shakespeare, siempre tan reflexivo sobre el problema del poder, nos muestra la conexión privilegiada que existe entre la tiranía y la magia negra. La tragedia de Macbeth es, junto con Hamlet, una de las obras más profundas que se hayan escrito. Es un drama histórico que retrata con fidelidad al hombre sediento de poder.

El argumento se basa en una historia sombría, cargada de presagios y alucinaciones, de crímenes y conjuros. Es un texto en el que se unen indisolublemente los alegatos del gobierno ilegitimo, junto con sus consideraciones morales y su conexión con las fuerzas espirituales oscuras.

La obra comienza cuando Macbeth regresa victorioso de derrotar una invasión procedente de Noruega. Pero la felicidad concluye cuando éste se topa con las brujas, las tres Hermanas Fatídicas, quienes le profetizan que será señor de Glamis, luego de Caudor, y finalmente será rey. Al ver el vaticinio cumpliéndose progresivamente, Macbeth es presa de la más desmedida ambición. Al considerar el acto de traición que debe cometer para convertirse en rey, lo asaltan las dudas.

Ante los escrúpulos morales que lo acosan, su esposa, Lady Macbeth, le convence de llevar a cabo el asesinato del rey Duncan. Ella percibe una bondad excesiva en su marido. Estima que le falta el odio suficiente para una acción decidida. Por eso le pide que la escuche atentamente y lo arenga. Quiere “vaciarle su coraje en sus oídos”. Lady Macbeth dará a su cónyuge la seguridad necesaria para consumar el crimen. Ella es la que extirpa la duda y lo hace cruzar los límites. Para cumplir su propósito se entrega a la invocación de los espíritus invisibles, los “espíritus de muerte”. Macbeth acepta convertirse en esclavo de su ambición y la muerte del rey es silenciada con más asesinatos. Con la sangre derramada, vende el alma a las brujas y sella su porvenir.

Inquieto, el nuevo soberano regresa al lugar de su encuentro con las brujas. Les pregunta por su futuro. Ellas conjuran a tres espíritus. El primero advierte a Macbeth que tenga cuidado con Macduff, un noble que sospecha que él es el regicida. El segundo señala que “ningún hombre nacido de mujer” podrá vencer a Macbeth. El tercero hace una curiosa profecía:

Macbeth seguirá invicto y con ventura

si el gran bosque de Birnam no se mueve

y, subiendo, a luchar con él se atreve

en Dunsinane, allá en la misma altura.

Macbeth se siente satisfecho con este extraño augurio. Interpreta que su reinado será tan inconmovible como el bosque que rodea a su castillo, e infiere que su gobierno será invencible para siempre.

La caída

Envalentonado por las favorables profecías de las brujas, Macbeth planea nuevos crímenes. Ordena asesinar a la familia de Macduff, como retaliación por la alianza que realizó éste con Malcolm, heredero legitimo del trono.

Luego de un reinado de terror, el gobierno de Macbeth se tambalea: Lady Macbeth comienza a sufrir remordimientos. Camina sonámbula por los pasillos del castillo. Intenta lavar manchas de sangre imaginarias de sus manos. Al final su tormento la conduce al suicidio.

Por otra parte, las fuerzas combinadas de Malcolm y Macduff se aprestan al asedio, para lo cual los soldados han cortado ramas del bosque de Birnam para cubrir su avance: prácticamente el bosque camina.

Agobiado por el cumplimiento de las profecías de las brujas, Macbeth sale al campo de batalla como una bestia herida. Se enfrenta a un Macduff ansioso de vengar la muerte de su familia, quien le revela a su contrincante la forma como nació: arrancado de las entrañas de su madre muerta, con lo que se cumple la última de las fatídicas profecías de las brujas.

Al final, Macduff se presenta ante Malcolm con la cabeza de Macbeth para aclamar al hijo del rey Duncan como el legítimo heredero del trono de Escocia.

La tentación del abismo

Cuando Macbeth se descubre sitiado pronuncia un discurso de una profunda filosofía pesimista:

“La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada” (Macbeth, Acto V, Escena V)

En ese discurso encontramos los síntomas de la tiranía como enfermedad. El ejercicio del poder despótico implica una desintegración de la personalidad: la brujería no es sino la expresión mística y mítica de esa desintegración. Los rasgos más oscuros de nuestra psique aparecen como demonios, entidades externas. Los efectos se convierten causa y las causas en efectos.

El gobernante legítimo es aquel que acepta con humidad que su cargo es solo temporal y su función servir a su pueblo. El gobernante ilegitimo considera que el poder es un privilegio del que no debe prescindir, y que primero está el ser servido antes que el bien común.

Cuando el ansia de poder excede a las convicciones morales, se pierde el sentido de la vida. La tiranía introduce la nada en la existencia individual y social. En tal sentido, Shakespeare afirma que la vida es una sombra narrada por un idiota, que desborda ruido y furia. Es el triunfo del nihilismo, esa desolación en la que ningún significado sobrevive.

Cuando la soberbia del gobernante se sobrepone a la soberanía popular, sobreviene el vacío. El lenguaje seductor y ambiguo de las brujas lo conduce a la catástrofe.

Wolfgang Gil Lugo 

Comentarios (11)

Yajaira Freites
30 de mayo, 2017

UAUU! Prof Gil Lugo, que reelectura de esta obra de Shakespeare

Silvana Pezzella Abilahoud
30 de mayo, 2017

Justamente la tiranía es lo que acontece cuando la historia la cuentan los idiotas, y la escuchan los que no se esfuerzan en conocer los orígenes de sus defectos

Savi Vila
31 de mayo, 2017

Sobresaliente artículo, profesor. Por un momento esperaba hacer la natural conexión con el ociso inombrable ( le tengo una suerte de ostracismo verbal y no pronuncio su nombre) que tanto practicó la brujería, Los brujos de Chávez 2015 por David Placer (Autor), Juan Carlos Zapata (Editor), que hasta se comenta lo que hicieron los paleros con los restos de Simón Bolívar. Aún así, no cabe duda de la conexión entre brujería y tiranía en este esperpento extremadamente anti fragil de gobierno.

Rupert
31 de mayo, 2017

Excelente análisis. El problema es que la historia está llena de casos en los que el poder excede o rebasa la Moral. El hilo entre lo legitimo y lo irracional siempre, lamentablemente ha sido muy delgado, muy fino. La psique humana está muy bien retratada en la novela: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson.

El Kore
31 de mayo, 2017

Realmente el análisis sobre la brujería está sobrevalorado, no es lo mismo una profecía que un acto de magia oscura. Es la ambición y la propia naturaleza inescrupolosa del humano, un humano bueno que flaquea frente a la tentación y baja hacia su oscuridad, la que confiere ese ambiente de terror y tragedia a la obra. Las brujas pudieron ser unas pastorcitas sonámbulas o un sueño de la misma Lady M. Las brujas son solo un artilugio dramàtico que hilvana la historia pues representan el resonar del interior del protagonista. Lamento que estos análisis sean hechos por tan excelente docente adolescan de algunas fallas, como una falta de referencia a la brujería, tal vez leyendo a Caro Baroja, tal vez por sesgo propio de lo que es brujería o tal vez por la imperiosa necesidad de darle una explicación a nuestra realidad tan embrujada por el miedo, los politicos y la desinformación.

alejó
1 de junio, 2017

El gobernante se transformó en un hombre ambicioso que vio en el poder una manera de subsistir, de generar riquezas en una época en la que sí eras el rey estabas a la cabeza de las rede s de lealtad.Una historia que muestra que el poder corromper al ser humano La escena donde Macbeth se encuentra con las brujas, me recordo a las moiras de la mitología griega ; sí ponen atención cada una le muestra un período de su vida. En la obra podemos ver una metáfora de lo que sucede en el país un hombre aferrado al poder que entiende este último como un privilegio,no como un asunto temporal·

Sheyla Falcony
1 de junio, 2017

MUY BUEN ARTICULO..GRACIAS AMIGO..GIL LUGO.. El ser humano en su esencia animal..es un depredador..POR LO VISTO..el más peligroso del planeta porque tiene racionalidad en sus acciones….Cuidado con El..!!! De ahí que la SED de Poder, al derribar barreras lógicas.. siempre excede lo moral y lo congruente..Aquí la brujería es solo un arma negra que emana de los bajos fondos del inconsciente del depredador para justificar los actos de El y su grupo/depredador.. en acción. Por cierto la Teosofía ..como un apéndice de la filosofía universal.. explica con serios argumentos el tema… poder/brujería…

Gerardo Alberto Santelíz Cordero
1 de junio, 2017

La fotografía es perfecta: quién hubiese pensado que Shakespeare iba a pre-escribir una semblanza de nuestra historia con tan atinado detalle. No obstante, mucho peor han sido los efectos desde cuando nuestro Macbeth es idiota, Lady Macbeth silenciosa y no sufre, y las Hermanas Fatídicas han cobrado mucho y siempre a tiempo. Excelente escrito. Gracias a Wolfgang Gil por publicarlo.

Pasante
1 de junio, 2017

El Kore será que no creen en brujas? al menos sabrá que de vuelan, vuelan? El mundo invisible existe y hay en él fuerzas que demasiados no conocen. Lo inmundo está gozando sus últimos estertores. Nos esforzamos algunos en confiar así sea…

MenenaCottin
3 de junio, 2017

¿Quién es el ilustrador de la imagen que acompaña el escrito?

Irma Lovera De Sola
6 de junio, 2017

Quienes están detrás de la figura visible que se supone ejerce el poder, son en verdad quienes lo ejercen, quienes han sido seducidos por la ambición de poder y una vez logrado, permanecer en él. Lady Macbeth aparentemente quería el poder para su marido, pero en verdad lo quería para ella. Siguiendo el lenguaje elíptico del Profesor Wolfgang Gil, los “demonios” que deben ser exorcizados no son los mas visibles.

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