Vivir

¿De qué te quieres morir?; por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 6 de marzo, 2017

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Tengo un personaje de una novela que se tiene que morir, pero no sé de qué matarlo. En estos días, a causa de una charla que tenía que dar ante un grupo de cardiólogos, estuve investigando sobre el corazón. Todos los asuntos simbólicos y reales que hay alrededor de esa víscera cargada de metáforas son fascinantes, y sin embargo el infarto es una muerte —en general— muy poco poética. En el siglo XIX, cuando los escritores tenían que matar a su héroe o a su heroína, casi siempre recurrían a la tisis. La tuberculosis es suficientemente larga como para hacer despedidas, prolongadas estadías y separaciones en los sanatorios de montaña, curas aparentes, regresos y reencuentros, recaídas, y al fin una muerte dramática entre accesos de tos, esputos sanguinolentos, flacura y palidez extrema, y altas posibilidades de contagiar del mismo mal al amado o a la amada.

Las enfermedades venéreas no están mal si uno quiere darle a su personaje cierto aire de crápula. La sífilis, con todas sus secuelas, era útil para darles a los escritores pedagógicos el escenario perfecto para apuntar con el dedo índice y certificar un castigo divino. En el último cuarto del siglo XX, con buenos remedios específicos contra la tisis y la sífilis, la enfermedad terminal predilecta y más usada por mis colegas fue el sida. Durante tres decenios fue una enfermedad larga, incurable, fácilmente asociada a los excesos de droga o a la promiscuidad, y en el caso de mujeres castas contagiadas por sus maridos, una buena manera de denunciar la hipocresía y maldad de varones cobardes y disolutos.

El cáncer, con sus orígenes oscuros y misteriosos —sugiere Foster, un estudioso del tema— se presta para subrayar las paradojas de una muerte injusta. Si el personaje es bueno e inocente y además está en la cúspide de la felicidad y de la vida, un cáncer incurable le proporciona ese destino trágico que nos convence de que no puede haber un dios que permita un desenlace así. Ahí los escritores podemos explayarnos en todos los vericuetos del absurdo. Y aquí vuelvo al infarto: por mucho que la enfermedad coronaria se pueda usar para poner en acto abusos o traiciones que terminan por “romperle el corazón” a la víctima, el machetazo es tan cruento y el desenlace tan rápido que casi no da tiempo para pensar en nada.

Como uno es hijo de su país y de su tiempo, sería posible mirar, en aras de la verosimilitud, de qué se muere la mayoría de personas en la franja de edad y en el género del personaje del que tenemos que deshacernos. Los homicidios, las enfermedades pulmonares y los accidentes de tráfico son buenos candidatos. Pero ahogarse en el mar o en una laguna produce muchas más evocaciones e imágenes que una muerte de asfixia por epoc y conectados a una pipeta de oxígeno. Y el accidente de tráfico es tan brusco y devastador que nos quita todo el ánimo de seguir leyendo e incluso de seguir escribiendo. Nos queda la violencia, el asesinato. Lo que pasa es que en los últimos decenios no hay novela colombiana en la que no maten a alguien. A golpes, a cuchillo, de balazo, de rabia, de violación, de secuestro… Las variaciones se acaban y uno termina por cansarse de tanta sangre.

¿Qué nos queda? El rayo, el veneno, las culebras, una nube de abejas africanas, una bacteria hospitalaria, un suicidio, una eutanasia. Como dice el pueblo, de algo nos tenemos que morir. Pero hay muertes de muertes y, en palabras de Petrarca, “un bel morir tutta la vita onora”. ¿Cuál era la muerte honorable para el poeta toscano? Morir de amor; que el certero Cupido le atravesara el pecho con sus flechas. Morir de amor, matar de amor, matarse por amor. No, tampoco me convence esta muerte a estas alturas de la vida. Creo que no me va a quedar más remedio que concederle el indulto a este personaje. Así tenga que morirse, voy a dejarlo vivo. El libro puede acabarse sin que se sepa su último destino. Nadie sabe tampoco de qué se murió Sancho Panza, y puede que esté vivo.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (7)

monte
6 de marzo, 2017

Genial, aunque lo ideal es que los personajes se salven de la pelona, es decir, sobrevivan a todas las vicisitudes que se le presenten. Una sugerencia: Tal vez su personaje muera de una extraña enfermedad inducida que no pudieron curarle en una isla caribeña y encima, siga firmando decretos después de muerto, al fin y al cabo el Cid Campeador lo hizo.

Flor Bello
6 de marzo, 2017

Que buena definición…Pero termine el libro a su mejor manera. Lo felicito por su literatura.

André Ortega
6 de marzo, 2017

Es una lástima que la muerte más difícil, morir de viejo, no se considere epica

Luis Fernando Gutierrez C.
7 de marzo, 2017

BUENISIMO Hector… Te agarras de TODO para hacernos pasar un rato mas que agradable. Me he reido de veras. Gracias Hector. Aunque viendolo bien… Por que no imitas la realidad de esta Venezuela historica. Por que no haces a tu personaje una especie de ” comandante eterno” o algo parecido? Matalo, pero que no muera (????)

Manuel Guzmán A.
7 de marzo, 2017

Interesante observación del amigo André Ortega! Quizás no se considere, pues, morir de viejo se supone prácticamente parte de la vida.

CEFÁS ROCAFIRME
7 de marzo, 2017

Pues si, mi respetado amigo FACIOLINCE: es que el iletrado y cervantino escudero SANCHO PANZA, no ha muerto !, tal lo supone usted…como tampoco ha dejado de ser un VIVIENTE, menos un VIVIDOR, su dignísimo patrón, el alienado letrado manchego de a caballo, Don QUIJANO o QUIJOTE…Ambos andan – como “metidos de canto”- en muchos ARGUMENTOS de NOVELAS de radio o de TV, cuyo personaje central es INMORTAL; o, si acaso y sin tanto IMPACTO FUNESTO, debe morir por NECESIDAD, “muere sin morir” , como lo dijo-en verso- la santa MONJA de LISIEUX… pero tal personaje – quizás CATALÉPTICO- queda en suspenso, para seguir la historia, como un fantasma REDIVIVO, en una “segunda entrega” de la “mediática” NOVELA, que así se promociona, para la próxima…Pero también pueden andar, tales famosos e INMORTALES personajes de CERVANTES, vestidos de CONGRESANTES, en muchas ASAMBLEAS de LEGISLADORES, LEGISLANTES o J LEGULEYOS… manteniendo el diputado SANCHO PANZA, las reiteradas presidencias de las CÁMARAS !!! FELICITACIONES ! Don HÉCTOR, por su EXCELENTE CUENTO “de MUERTOS”

raquel arias areinamo
8 de marzo, 2017

Hector: a final de cuentas, me encanto saber que nos morimos de pocas cosas.

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