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Cuando los líderes son fieles a sus mentiras; por Ricardo Hausmann

Por Ricardo Hausmann | 23 de diciembre, 2016

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HANOI – ¿Qué tienen en común la crisis de pagos en Venezuela y el fin del Tratado de Libre Comercio de América del Norte anunciado por Wilbur Ross, el próximo Secretario de Comercio de Estados Unidos escogido por el presidente electo Donald Trump? Estos dos eventos aparentemente tan dispares están ligados por la extraña relación con la verdad que parecen compartir tanto Trump como el régimen chavista.

Todos los gobiernos mienten. Unos pocos creen sus propias mentiras. Pero las cosas se ponen peligrosas cuando actúan con el objeto de atenerse plenamente a sus mentiras. Esta es la trampa en que ha caído el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro, y parece ser la lógica en que se funda la decisión articulada por Ross de abandonar el NAFTA.

Muchos observadores han notado similitudes entre Trump y el fallecido Hugo Chávez, predecesor de Maduro, aunque representan polos opuestos del espectro político. Sin embargo, nuestros cerebros están diseñados para identificar patrones. Los niños pequeños aprenden el concepto de gato después de ver tan solo unos pocos ejemplares. Incluso los adultos clasifican las cosas en base a conceptos que realmente no pueden definir. En 1964, el juez de la Corte Suprema de Estados Unidos Potter Stewart expuso su ahora famoso criterio para decidir sobre la obscenidad: “La reconozco cuando la veo”.

Ello ciertamente parece válido con respecto a la conexión entre Chávez (quien falleció en 2013) y Trump. Chávez, y luego Maduro, adoptaron políticas que dejaron a Venezuela en una posición muy débil: gastos públicos exorbitantes, expropiaciones, controles cambiarios y de precios, y un temerario endeudamiento externo. Los mercados de capital globales perdieron su confianza en Venezuela en 2013, y el precio del petróleo se desplomó en 2014, con lo cual dichas políticas pasaron a ser insostenibles e hicieron que la economía cayera en picada.

Enfrentando una economía en declive, Maduro decidió echarle la culpa a una guerra económica librada en su contra por Estados Unidos y sus secuaces locales. El punto crucial es que esta guerra imaginaria acabó siendo la base lógica de las decisiones gubernamentales. Cada síntoma de la crisis se transformó en la consecuencia de una acción emprendida por el enemigo. La escasez fue resultado del acaparamiento por parte de especuladores. La inflación se produjo a causa de los precios excesivos cobrados por empresarios inescrupulosos. La depreciación de la moneda fue impulsada por un sitio web que informaba sobre el tipo de cambio. Y hay muchas personas que han sido enjuiciadas y encarceladas en base a estos postulados.

En su manejo de la crisis, Maduro se negó a autorizar la emisión de billetes de denominaciones más altas, lo que habría constituido un reconocimiento de la alta inflación que ha aquejado al país. El valor del billete de 100 bolívares, el de mayor denominación, que era de US$46,5 cuando se lo introdujo en 2008, cayó a apenas US$0,03, con lo que hasta los pagos pequeños requieren montañas de billetes.

El valor de la cantidad de billetes y monedas en poder del público ha bajado de alrededor de US$150 per cápita en 2012, a menos de US$6 a principios de este mes. Y esta escasez de billetes –causada en parte por la dificultad de suministrar tanta moneda corriente de tan poco valor– molestó de tal manera a los venezolanos que el gobierno finalmente tuvo que actuar.

Según Maduro, el problema era claro: mafias financiadas por la CIA estaban sacando los billetes del país. Para destruir a las mafias, Maduro decretó que los billetes de 100 bolívares dejarían de ser moneda de curso legal y que sus tenedores tendrían solo 72 horas para cambiarlos en los bancos. Y para evitar que durante este plazo las mafias devolvieran el dinero que tenían en el exterior, cerró las fronteras con Colombia y Brasil.

Es difícil describir el caos que se produjo. Justo cuando los venezolanos se estaban preparando para la Navidad, se encontraron con que no tenían dinero para pagar nada. Nadie quería aceptar sus billetes de 100 bolívares, y los bancos no tenían billetes para cambiar los que el público estaba entregando. Los ciudadanos sin cuenta bancaria, en su mayoría los pobres, perdieron lo poco que tenían. El sistema de pagos se desmoronó y el caos se desató en el país.

Ahora consideremos el NAFTA. Trump convenció a muchos votantes de que este era el peor acuerdo comercial que Estados Unidos jamás había suscrito. Según afirmó, el tratado había sido negociado por “gente realmente estúpida”. Millones de puestos de trabajo pasaron de Estados Unidos a México, perjudicando a los estadounidenses. La falta de buenos empleos en el sector manufacturero claramente fue una queja importante durante la campaña presidencial, pero comprobemos los hechos antes de culpar a México y el NAFTA.

En 1993, el último año previo a que entrara en vigor el NAFTA, el valor agregado de la manufactura mexicana era equivalente a solo el 7,7% de la estadounidense. Para 2014, había subido a alrededor del 10% del nivel estadounidense, un aumento que representa cerca de US$50 mil millones. Como en Estados Unidos la productividad promedio de un trabajador es cercana a los US$150.000, si el aumento de la manufactura mexicana se atribuye exclusivamente al NAFTA, ello representa alrededor de 333.000 puestos de trabajo estadounidenses, o menos de uno de cada 400 empleos en Estados Unidos.

En el mismo periodo, el valor agregado de la manufactura estadounidense aumentó en US$972 mil millones, más de 19 veces el aumento mexicano. En comparación con los US$2.100 billones de valor agregado de la manufactura estadounidense, los US$50 mil millones de México representan un monto insignificante. Y es posible que Estados Unidos haya recibido otros beneficios debidos al tratado, como un mayor número de puestos de trabajo, gracias a un incremento en las exportaciones a México e insumos mexicanos más competitivos.

En el mismo periodo 1993-2014, el porcentaje de empleo en el sector industrial en relación al empleo total, se redujo en 8% en Estados Unidos, 8,5% en Japón y 9,8% en Alemania, pero apenas se alteró en México. Claramente, los puestos de trabajo que han dejado de existir en el sector industrial en Estados Unidos, también faltan en Japón y Alemania, y estos no se encuentran en México.

Es posible que Trump haya convencido a los votantes del sector industrial en decadencia del oeste medio de que sus puestos de trabajo están en México. Pero si realmente lo cree, se producirán daños graves antes de que la gente descubra la verdad. Como consecuencia de lo que se ha dicho sobre el retiro de Estados Unidos del NAFTA, el peso mexicano ha perdido cerca del 14% de su valor desde que se supo el resultado de las elecciones. Esta depreciación es más alta que los posibles aranceles que Estados Unidos impondría a los productos mexicanos si abandonara el NAFTA.

Mentir para salir adelante es una debilidad del ser humano. Pero se transforma en algo mucho peor cuando, como Chávez, Maduro y Trump, uno se atiene fielmente a su palabra.

♦♦♦

Traducción del inglés de Ana María Velasco

Ricardo Hausmann, ex Ministro de Planificación de Venezuela y ex Economista Jefe del Banco Inter-Americano de Desarrollo, es Director del Center for International Development at Harvard University y profesor de economía del Harvard Kennedy School.

Copyright: Project Syndicate, 2016.
http://www.project-syndicate.org

Ricardo Hausmann 

Comentarios (8)

Tropicana
23 de diciembre, 2016

Un buen artículo para la reflexión , Gracias Profesor. Sí, las mentiras caminan de norte a sur y de sur a norte.. por América, de ahí que es necesario andar con cuidado. !!

rafael vivas
24 de diciembre, 2016

Hay dos defectos que compartimos todos los humanos , a pesar de que somos falibles nos humilla ser falibles , nada hiere mas nuestro amor propio que incurrir en yerros que otros puedan notar , por ello los esfuerzos de los humanos por ocultar la existencia de esos yerros llegan a la desesperacion , lo que hace muy dificil admitirlos para poder corregirlos de modo que tendemos bien a auto enganarnos de que no son tales o que son culpa de otro o de circumstancias ajenas a nuestro control …., lo que eterniza y empeora sus efectos. El otro defecto es engolosinarnos del error ajeno (como si eso nos hiciera superiores ) y hacer escarnio del error ajeno , lo que desde luego no contribuye sino a acentuar la reticencia de la gente a admitir y corregir sus errores . Como ademas somos muy competitivos y nos gustan las confrontaciones para demostrar que somos mejores que nuestros rivales el efecto conjugado de estos defectos tan humanos es agregar innecesariamente a la infelicidad humana !!

Ignacio Arias
24 de diciembre, 2016

Gracias! … por fin entendi. (Feliz Navidad)

Irma Sánchez de Díaz
24 de diciembre, 2016

Que buen artículo Dr. Hausmann, yo so soy Economista, y mucho menos Profesor de Harvard,como es Ud, y me siento orgullosa, por ser Ud. un Venezolano, soy Administradora, pero he sacado mis propias Conclusiones, al oir hablar al Sr.Trump, del eliminiar el Libre Comercio, no se si lo dijo, sin saber lo que decia,porque a veces se dicen cosas sin pensarlas,sin pensar lo bueno o lo malo que se pueda sacar de todas estas Reformas,ojalá piense mejor las cosas cuando sea Presidente, y se rodee de personas capaces, y que el oiga, no sea como Chavez aqui,que no sabia nada de nada, y se rodeo de personas que sabian, pero el no escuchaba, por no dar su brazo a torcer,y que la gente pensara que era un ignorante, en muchas cosas,y otros que si sabian lo malo que estaba haciendo, pero no lo querian contrariar, y además se estaban beneficiando, llenando sus bolsillo,para muestra basta este DESASTRE, que estamos pasando actualmente, y no se sabe como se va a salir de este desastre.Es todo.

Rafael Vivas
25 de diciembre, 2016

La reflexion del Dr Haussman en justa y aguda , Trump y Maduro comparten la peculiaridad de proponernos ideas que falsean la realidad para enganar a sus seguidores y asi mantener o atraer para si su apoyo politico . El inverosimil saboteo monetario que denuncia Maduro para justificar su abolicion del billete de 100 Bs es tan mendaz como las denuncias de Trump a las supuestas iniquidades que para el trabajador industrial norteameircano representa la aplicacion de NAFTA. Lo preocupante es la facilidad con la cual una masa tan grande de gente acepta dejarse enganar en empalagoso halago a sus prejuicios !!

H.Augusto Pietri
27 de diciembre, 2016

Si de mentiras y asuntos estrambóticos se trata: ” Medalla de Oro” para el pseudo inquilino de palacio,; tal vez su próxima idea sea traerse a Giorgio, el del programa de TV del History Chanel para que nos describa como unos seres alienigenos y alienigenas, vinieron del espacio exterior, por encargo del imperio ( off course..) a traernos el caos en que vivimos y que somos un experimento de seres de otro planeta. Cuando caía el muro de Berlín, las agencias noticiosas de la RDA decían que estaba tan mal la Alemania occidental, que se habían dedicado a derribar el muro para pasarse a la parte comunista, por qué allí si había vivienda y de todo……

Victoria I
28 de diciembre, 2016

Una mentira que circule por Venezuela de orígen gubernamental..lo hace tranquilamente , sin tropiezos, porque en un país ..sin libertad de prensa para todos los ciudadanos, cualquier mentira puede caminar libre y sin obstáculos..Lo cual no sucede en un país con libertad de prensa y con información ESTADISTICA al alcance de todos..Una gran diferencia a considerar….Gracias PROFESOR.. por el artículo..un análisis serio .. en base a información real…

Nelson Olivares V
29 de diciembre, 2016

El problema reside en que la mayoría de los políticos no sustentan sus propuestas en base análisis realizados por asesores económicos y especialistas en las áreas que incursionan. Basan sus promesas en impulsos o creencias poco fundamentadas que adquieren una connotación populista que levantan falsas esperanzas.

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