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Al límite // ¿Correr o encaramarse?: That is the question; por Luis García Mora

Por Luis García Mora | 10 de julio, 2016
Fotografía de Alejandro Cegarra / Haga click en la imagen para ver la fotogalería completa.

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La crisis no solamente se torna insostenible para Maduro. También ejerce su peso sobre el poder militar que lo sostiene.

El martes, la fuerza armada no asistió a la sesión solemne de la Asamblea Nacional en la conmemoración del 5 de Julio, día de nuestra Independencia.

Como tampoco asistió el Presidente de la República.

¿Qué ocurre?

Esta corporación institucional está fuera de todo control civil democrático tras la reforma de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, ideada por el Chávez “militarista”, no aquel “civilista” como a comienzos de 1999 se ufanaba ante un escaso grupo de venezolanos invitados por él al Palacio de Miraflores, cuando me advirtió señalándome con el dedo: “Te voy a demostrar a ti, García Mora, que yo soy más civilista que tú”.

En principio, se ha ratificado al general Padrino López como ministro de la Defensa. Por su lealtad, a él como Presidente de la República, y a la Fuerza Armada, como sostén de la institución castrense y controlador del empleo táctico de la fuerza, cerrándole el paso así a la designación del general de la Guardia Nacional Néstor Reverol (jamás se ha nombrado ministro de esa cartera a un general de esa fuerza).

Una fuerza, la Guardia Nacional Bolivariana, que de acuerdo a los entendidos, es la más politizada, y ante la cual ha colocado como su comandante al general Benavides Torres, con distintas denuncias sobre Derechos Humanos.

Ahora se preparan para lo que viene.

Se desconoce a qué acuerdo llegaron el Presidente y su Ministro, si es que llegaron a alguno. De cualquier manera, es en ese supuesto compromiso sobre el que estaría descansando nuestra seguridad como pueblo. Es decir, el martes, en un acto inaudito, Maduro en la práctica colocó de lado a los más de treinta millones del estrato civil,  para “cuadrarse” con el Poder Militar.

¿Lo pensó bien? ¿Lo reflexionó serenamente este hombre electo por el voto soberano el 14 de Abril de 2013? ¿O se le impuso? ¿Quién se subordina a quién?

Son demasiadas las interrogantes políticas que están surgiendo desde ese día cuando Maduro prácticamente separó de manera insensata el poder militar de las FAN, del Parlamento, que representa el poder soberano y civil. Y yendo aún más allá, utilizó el desfile militar de Los Próceres para agitarlo como una amenaza al país ciudadano. Justo en la fecha en que se conmemoraban los 205 años de la Firma del Acta de Independencia.

Ni él ni los diputados oficialistas electos que hoy reniegan de la institución a la que se deben, ni los representantes de los poderes no escogidos por el voto popular, estuvieron presentes en el hemiciclo de la Asamblea.

Jamás antes el poder militar y el poder civil aparecieron tan separados.

Fue de un tajo

Por supuesto que de inmediato la oposición electa que controla constitucionalmente la mayoría parlamentaria desde las elecciones del 6 de Diciembre de 2015, advirtió el peligro. Y quedó como una mariposa en medio de la tormenta, la exclamación del presidente del Parlamento, justa, pero poco más o menos que pueril, con aquello de que “es inaceptable que el líder de la nación no acuda al tradicional apertura del cofre donde se encuentra el Acta”, cuando casi simultáneamente, ese “líder de la nación” afirmaba rodeado de tanques en Los Próceres, que ante la urgente necesidad generalizada de comida y de medicamentos, de esta crisis histórica, estructural, que nos abruma, nos oprime, y que ya clama en la opinión internacional, lo que necesitamos los venezolanos enfermos y hambrientos, es “un poder militar cada vez más grande, más poderoso”.

De traje oscuro y de corbata.

Sofocado por el calor, y pendiente de las bayonetas y los fusiles.

O, como decía el taxista, “como pajarito en grama”.

Esperando a Godot.

Símbolo del tedio y la carencia de significado de la vida humana, que no vendrá hoy, “pero mañana sí”, pero que conforma por ahora, como líder del país, el símbolo de un impacto profundo en la marcha hacia el despiporre total del país, del Estado y de lo que queda de sus fundaciones.

Y además de fracturarlo displicentemente, ¿qué más se le ocurre, qué intenta? Primero, personalizar la confrontación de Poderes para terminar de vaciar de institucionalidad el conflicto político.

Segundo, intentar constituirse -en medio de la vorágine- en el principal agente de diferenciación de un nuevo y artificial realineamiento político. Dice en cadena (para ahondar la posibilidad de una potencial fragmentación opositora): “Quiero un diálogo con Henry Ramos face to face”. (El presidente de la AN que el martes deja sin efecto el nombramiento de los 13 magistrados principales del TSJ y 21 suplentes del 23 de diciembre de 2015 por lo que no podrán emitir ningún tipo de sentencia). Con la certeza de que, como “jefe de la oposición”, se siente a dialogar junto a la comisión mediadora nombrada por él.

Y, tercero, lo más temerario quizá, complementar el reciente despliegue de lo que pareciera su más flamante fantasía, la de la omnipotencia armada y militar que lo posee, más propia del autócrata populista que sueña ser:

“!Métete conmigo, que soy el Comandante en Jefe de esta Fuerza Armada, oligarca rapaz!”

Rebanando la crisis hasta subsumirla bajo un refrito de telenovela que lo sostenga y no lo deje caer al vacío.

Junto al otro señuelo que empieza a agitar en un último intento por desviar los ojos de una crisis considerada la más importante de nuestra era: El de una “guerra no convencional” en la que se buscaría no celebrar un referendo revocatorio (constitucional) y reducir la capacidad “militar” del enemigo, logrando la rendición, aquiescencia o el apoyo secreto de una de las partes, en un conflicto no político sino supuestamente militar, con objetivos secretos indefinidos.

Que con sus tácticas intensifican el entorno de subversión y miedo, donde de lo que se trata es de obtener la coerción o la subversión de un cuerpo político.

Vale decir que para Nicolás no se trata de enfrentar una crisis alimentaria y de salud (humanitaria), sino como un Mugabe cualquiera, de una “guerra no convencional” que, imaginamos, se producirá en nuestras calles, frente a los colegio de nuestros hijos, alrededor de los centros comerciales.

Manu militari, pues.

“En tiempos de batalla, de lucha, Venezuela tiene una “verdadera” Fuerza Armada. ¡Vamos a resistir, vamos a luchar!, advierte. “Invocan (ellos) el intervencionismo”.

Cuando aquí de lo que se habla es de revocatorio.

Para lo que necesita “un poder militar cada vez más grande, más poderoso”.

Nos han ido rebanando el derecho a decidir

“Poco a poco”, como dice Ligia Bolívar. Desde las “zonas de seguridad” vedadas para la protesta social, de 2002 (30% del territorio) hasta la penalización de la toma de las vías (permitida en todas las democracias del mundo) y la aplicación de la Ley Antiterrorismo a las protestas, y el decreto 8610 que faculta a los componentes militares a actuar.

Y, como dice Cabello, “Hay que cerrar todos los caminos”.

Entonces, ¿cómo “revocamos el hambre”?, consigna que desde el miércoles echó a andar la oposición venezolana por toda la República hacia una gran movilización nacional.

El Estado secuestró la independencia de los poderes públicos en 2004 en el momento en que la oposición mal llevada decidió no presentarse a las parlamentarias, entregando la Asamblea. Pero como advirtiera esta semana la Iglesia, “En la practica, el referendo revocatorio comenzó el 6-D del año pasado, cuando se ganó por paliza el Parlamento”.

Hay vida democrática, aún.

Y todo depende, quizá, de la escrupulosa y acertada calibración de la dinámica y desarrollo de esta crisis, in crescendo, por parte de la dirección democrática.

A sabiendas, y sin titubeos, que las cartas están volcadas sobre la mesa, desde el pasado 5 de Julio.

Fecha patria, sí.

Y no por azar, mi querido profesor Germán Carrera Damas lo dice en una muy certera entrevista. Y hasta los astrólogos hablan de trígonos y cuadraturas de planetas que signan un momento de convocatoria de más estructura, racionalización y priorización, de junio de 2016 en adelante, dentro de un cambio expansivo.

Ja.

“El control militar ha fracasado rotundamente”, sentencia el viejo sabio.

Pues actualmente “el militarismo controla el Estado, dejando pocos visos de civilidad”.

Ya no basta con controlar el poder. Tienen que impedir toda expresión que se salga del absoluto control despótico, reflexiona nuestro amigo, preguntándose: ¿Qué cosa ha logrado el control militar sobre Venezuela? ¿Qué resultado pudiera ser considerado como beneficioso para la sociedad?

¿Qué les queda como única posición de repliegue?

¿La violencia, ejercida en cualquiera de sus formas?

Desde el ejercicio de la violencia se está dando una “guerra política de desgaste”.

Las condiciones objetivas muestran que es muy probable (solo eso) una salida rápida. Que depende crucialmente (como decía otro) de que la gente crea que sí, que sí se puede, y actúe.

Que se requiere de una negociación en el futuro inmediato. Que es difícil detener el tsunami. Con cambios importantes rodeándonos. Las FARC, en una especie de nueva era, se comprometieron a entregar las armas en 180 días tras la firma de la paz. La OEA decide si interviene en la crisis venezolana. El Congreso de EEUU extiende las sanciones a los funcionarios señalados del régimen de Maduro hasta el año 2019. Mañana llega la delegación negociadora de Mercosur, José Luis Rodríguez Zapatero y Martín Torrijos, para reunirse por separado con la MUD y el Gobierno.

Al tiempo que la presidencia de turno de Venezuela provocó esta semana una profunda crisis en Mercosur, acaso porque se quiere evitar que Maduro convierta en una victoria diplomática esa asunción, pues le serviría para convocar una cumbre y mostrar al mundo que no está aislado.

Y como se dice desde Sao Paulo: “Nadie quiere salir en la foto al lado de Maduro”.

Así que la situación no solo se le torna cada vez más irrespirable a él; también se hace más fatigosa para un poder militar que tiene ante sus ojos el colapso de un modelo.

Luis García Mora 

Comentarios (6)

José E. Espinoza Dávila
10 de julio, 2016

Parafraseando a Jorge Luis Borges, que sabía de lo que hablaba, pues no se lo contaron si no que lo vivió –todas las dictaduras son malas, pero las más malucas son las militares—. Lo que nos viene es Don Corleone, pero no el de Mario Puzo, si no el de Fuerte Tiuna. Dios nos coja confesados.

alfredo silva
10 de julio, 2016

Bueno en humilde opinión y sin ser un letrado, lo que ha sucedido en el país durante 17 años, es simplemente la destrucción del país y quienes participan en ellos son los militares, y si alguien tenia dudas de estos estos, aquí están los resultado concreto el país hoy.

Olmar Centeno
10 de julio, 2016

Lamentablemente cierto, desde el título -muy bueno, por cierto- hasta el último punto

Freddy Siso
10 de julio, 2016

¿Vale la pena que Venezuela siga manteniendo un ejercito como el que tenemos? ¿Son esos militares amantes de la (plata) patria? ¿Cuánto nos cuestan esos miles y miles de hombres y mujeres que nada le producen a Venezuela?

Willians Francia
11 de julio, 2016

Claro,preciso y diáfano articulo; además de una excelente redacción. Constituyen lecturas de referencia.

nelson lanz
12 de julio, 2016

Ni correr ni encaramarnos amigo G.Mora. Confrontar, luchar, pelear es la repuesta. Correr es de cobarde. Encaramarse es de debiles. Si seguimos esperando el milagro del revocatorio nos vamos a quedar sin el santo y sin la limosna. Las dictadores no dialogan: reprimen. El dialogo que solicita el titere de los militares son argucias de una tiranos en decadencia que por permanecer en el poder es capaz de todo. Por eso no nos queda otra que la desobediencia civil. El desconocimiento total y absoluto de la dictadura comunista. El art. 350 es un asunto de vida o muerte. Yo quiero seguir viviendo y produciendo amigo Mora. Are todo lo que este a mi alcance para impedir que los militares terminen por destrozar nuestro bello país.

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