Vivir

Silencio, estoy durmiendo; por Alberto Salcedo Ramos

Por Alberto Salcedo Ramos | 5 de mayo, 2016

Silencio, estoy durmiendo; por Alberto Salcedo Ramos 640

Siempre me han inspirado pesar los enfermos de insomnio. He visto cuánto sufren al cargar con lastres como la fatiga y la depresión. En cambio me resultan antipáticos quienes eligen desvelarse por simple lujuria productiva o por expandir sus espacios de poder. Esas personas generan estrés. Como viven convencidas de que sus ambiciones determinan el curso del Universo, sabotean la tranquilidad de quienes amamos dormir.

Cada quien tiene derecho a hacer con su vida lo que se le antoje, ni más faltaba. Quienes quieran desvelarse, que se desvelen. Solo digo que procuro emplazar mi cama lejos de donde pernoctan esos tipos. No me gustan ni su insomnio ni su codicia. Les huyo, sobre todo, cuando los veo pronunciando discursos sobre las ventajas de andar perdiendo el sueño.

— Al hombre que pretenda ganar mucha plata, la cama lo mata –sentenció hace poco uno de ellos en un programa de televisión.

Luego siguió con su perorata: si vamos a “descansar eternamente” cuando muramos, ¿para qué ponernos desde ya a “dormir tanto”?

Me provocó tenerlo al frente para ripostarle:

— ¿Dormir tanto? ¡Dormir, tonto!

Y luego seguir durmiendo.

Dormir en un chinchorro colgado frente al mar Caribe, dormir sobre el pasto verde, dormir bajo un almendro en tiempo de brisa. Dormir, sobre todo, en la cama de uno. Acostarse con la conciencia tranquila para encontrarles más gusto al colchón y a las almohadas. Sacudir bien las sábanas para que los temores caigan al piso. Tumbarse en una actitud de total abandono. Respirar profundo, explayarse a lo ancho, renunciar. Desentenderse por unas horas de las miserias del mundo.

Sin esa muerte diaria sería imposible soportar la vida. Al sumergirnos en la inconsciencia renacemos con más bríos. Nos deshacemos temporalmente de ciertas cargas que pesan demasiado, purgamos el cerebro. Crecí entre campesinos que usaban un arcaísmo bellísimo para nombrar el momento en que despertamos: “recordar”. Se entiende que si en cada amanecer “recordamos” es porque, al estar dormidos, habíamos olvidado. En este caso olvidar no es sinónimo de pérdida sino de depuración. El sueño nos ayuda a suprimir lo inútil para defender lo valioso.

Además es un burladero que permite blindarse contra la realidad. Ningún cañón puede intimidarnos mientras dormimos. Quizá por eso todos deseamos que cuando la muerte venga por nosotros, nos encuentre roncando. La muerte no tiene ningún poder sobre un hombre que duerme. Mientras no “recordemos”, no la recordamos.

Hace poco se celebró el Día Mundial del Sueño. Los médicos volvieron a mencionar patologías como la apnea y los ronquidos, los empresarios volvieron a hablar de productivas siestas de diez minutos. Bostecé y apagué el televisor.

A continuación dormí dos horas de un solo tirón. Cuando desperté me sentí arrullado por el sonido de la lluvia en el techo. Una hormiga desorientada caminó de un lado a otro en la pared. Se veía tan frágil como hermosa.

Si hundirse en el sueño es una metáfora de la muerte, emerger de él es una especie de renacimiento. Abandonamos las cobijas como quien sale del útero. Renovados, imbatibles.

En ese momento, para celebrar la nueva vida que el sueño acababa de regalarme, salté de la cama y me puse a silbar una tonada de Ella Fitzgerald.

Alberto Salcedo Ramos 

Comentarios (4)

Flor Bello
5 de mayo, 2016

Quede como nueva después de esta narrativa, por lo demás excelente gracias por esta clase magistral sobre los beneficios de dormir profundamente.

MIGUEL GARCIA
6 de mayo, 2016

Excelente escrito, muy interesante el enfoque sobre dormir olvidando los avatares y despertar recordando con el renacer de un nuevo día. Estoy de acuerdo que los avaros creen tener la razón sugiriendo que debemos enfocar nuestras vidas hacia la acumulación de dinero, pero lo mas triste que estas personas acumulan bienes pero siguen siendo pobres porque no disfrutan de las comodidades que facilita el dinero.

Yazmin Diaz Noguera
6 de mayo, 2016

Arrullador y evocador… acabo de llegar de un inolvidable paseo por el parque nacional Canaima y me senti trasladada a las sensaciones que esperimente en el paseo ,senti en el paisaje que habian como dioses y guardianes de los suenos ancestrales de todos los venezolanos y su articulo me lo confirmo…muy bello gracias.

mercedes da silva
7 de mayo, 2016

Excelente escrito Lic. A. Salcedo Ramos.Precisamente sufro de insomnio y es cada noche una tortura.Tomo antidepresivos para dormir.Pero no tengo suenos ni recuerdos.Mis suenos cuando era adolescente,hasta parecian peliculas.Ahora cuando cierro los ojos, pienso que me muero por algunas horas.

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