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10 minutos con Gianni Vattimo; por Carlos Egaña

Por Carlos Egaña | 12 de abril, 2016

10 minutos con Gianni Vattimo; por Carlos Egaña

En una conferencia titulada Los mitos de Chtulhu, Roberto Bolaño se apropia del término pensamiento débil del título de un libro de un “filósofo italiano del siglo XX” cuyo nombre desconoce y quien, presumía, habría de seguir vivo entonces. Aquel enigmático, desdichado pensador a quien hizo referencia el escritor chileno es Gianni Vattimo, hoy diputado al Parlamento Europeo, quien se denomina “cristiano, [y por ello] comunista.”

Con la publicación de obras como El fin de la modernidad y La sociedad transparente en los ochenta, se introdujo en la onda de Baudrillard y Lyotard, y se adelantó a Jameson al teorizar sobre la posmodernidad. Un hombre de trayectoria, ideas e ideales demasiado notables, podrían decir muchos, para que Bolaño lo haya mencionado con tanto desinterés.

Este último paso de Vattimo por Caracas se debe a su participación en el XII Encuentro de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales, Venezuela en la Encrucijada. A pesar del estado crítico en que se encuentra el gobierno, el pensador italiano se mantiene fiel al proyecto chavista, aunque no de una manera ortodoxa, fanática, según sus propias palabras. Luego de una rueda de prensa que sostuvo con otros invitados del Encuentro en la Casa Amarilla, Vattimo pudo dedicarnos unos diez minutos de su tiempo.

En La sociedad transparente, usted afirma que en nuestra posmodernidad, “no hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que haya un punto de vista supremo, comprensivo, capaz de unificar todos los restantes.” ¿Cuál es, entonces, el punto de vista que hemos de escoger para mirar el pasado? ¿Acaso hay uno que nos conviene sobre los demás?
La historia es una imagen construida ideológicamente. La historia que hemos conocido hasta ahora en los libros de escuela, en la opinión común, es dominada por la idea del progreso, que es el progreso lineal, capitalista, etcétera. Tenemos que tomar distancia de esta visión sin imponer una única, totalizante, sólo aceptando tomar la nuestra en un mundo donde no hay la verdad absoluta. Hay interpretaciones, uno se toma la responsabilidad de interpretar de cierta manera. Yo por ejemplo intento interpretar la historia del Occidente desde un punto de vista socialista. Yo sé que no es el punto de vista objetivo de Dios. Es el punto de las clases a las que pertenezco: el proletariado, la intelectualidad.

En el mismo libro, dice: “Las imágenes del mundo que nos ofrecen los medios de comunicación y las ciencias humanas, aunque sea en planos diferentes, constituyen la objetividad misma del mundo y no sólo interpretaciones diversas de una ‘realidad’ de todos modos ‘dada’. Considerando la cantidad de mass media que se contradicen y luchan por establecerse como emisores de cierta verdad, ¿deberíamos recorrer a una hegemonía mediática para asegurar una objetividad más o menos estable?
No, absolutamente. Sobre todo tendríamos que liberar muchísimas voces, porque el problema de los medios posmodernos es que son muchos. Cambié un poco La sociedad transparente luego, escribí un último capítulo que apareció en las ediciones posteriores… Mire, cuando Berlusconi ganó las elecciones en Italia, era el dueño de la televisión privada, luego se volvió dueño de la televisión pública y esto causó que la multiplicidad de las interpretaciones no se realizara, la cantidad de medios se había vuelto un lío, apenas se desordenó el orden oficial.

¿Cree que deberíamos emprender un giro de regreso a la modernidad? Esto es, ¿cree que los modelos totalizantes de vida, como los que propone el cristianismo y el marxismo, deberían enfrentarse al avance de la posmodernidad?
Yo soy cristiano y comunista, pero pienso que un retorno del cristianismo y del comunismo hoy no se puede dar como una marcha atrás, sino como una asimilación de la conquista de la posmodernidad. Por ejemplo, que no haya una historia única de la humanidad es algo que incluso el cristianismo tiene que acordar, para no creer que extra ecclesiam nulla salus, como se decía, que “fuera de la Iglesia no hay salud.” Ni siquiera el Papa cree ahora en esto. Cuando el Papa se encuentra con el Dalai Lama, por ejemplo, qué hace: ¿Reza en su capilla porque ‘pobrecito este, que va a ir al infierno?’ No, se saludan, se abrazan, dicen que hay una espiritualidad humana. Esto es un fenómeno posmoderno: es la creencia de que hay una verdad, que es algo que se vive personalmente, que no necesariamente es la verdad objetiva. La pretensión de la verdad objetiva siempre ha sido la pretensión de los poderosos.

¿Cree que el alza de partidos populistas en Europa, como los podría catalogar Ernesto Laclau, partidos como Podemos y Movimento Cinque Stelle, responde a una necesidad histórica del continente?
Yo creo que sí; es decir, yo estoy del lado de Laclau: no demonizo al populismo. Obviamente hay distintos populismos. Hay populismo de derecha, de la Liga Norte, por ejemplo, que en Italia es horrible. Pero el populismo de Podemos ya es otra cosa. Los Cinque Stelle son muy ambiguos, no terminan de hallar una posición… Definitivamente yo prefiero movimientos con una fuerte huella ideológica. Los Cinque Stelle no se dicen comunistas, ni otra cosa. Terminan en una situación en que pueden ser conquistados por un no me importa quién, y puedan aliarse con las izquierdas o derechas, pero muy extrañamente. También me interesa el populismo como momento de explosión del sistema. Y después, no importa que esta revolución se organice ideológicamente, filosóficamente… No soy un populista absoluto, soy un populista relativo.

A pesar de su inicial afecto por el chavismo, pensadores como Noam Chomsky y Heinz Dieterich se han distanciado muchísimo de su proyecto gubernamental estos últimos años. ¿A qué piensa que se deba tal distanciamiento? ¿Por qué, en contraste, pensadores como usted han mantenido su apoyo a la llamada revolución bolivariana?
Yo no sé si Chomsky se alejó de la revolución bolivariana. ¿Tú piensas que esto ha ocurrido?

Sí, claro, recuerdo en particular las críticas de Chomsky con el tema de la jueza Afiuni.
Sí, obviamente, el problema…, el problema incluso del chavismo es que la intelectualidad de izquierda, y yo me incluyo, se siente mucho mejor en la oposición que en el gobierno. Desafortunadamente, en el gobierno tienes que tomar decisiones, tal vez, impopulares. Por eso digo que lo importante que debemos rescatar del chavismo es la idea de una democracia participativa, una participación activa de las misiones, de los grupos, etcétera —como ahora ocurrirá con el Congreso de la Patria, por ejemplo, en el que no sé qué va a pasar. Indudablemente es una forma de democracia directa que no se deja gastar por razones de Estado. Pero efectivamente, el problema existe. Recuerdo que antes de morir, el Comandante Chávez había prometido fundar una Quinta Internacional Comunista. Me esperaba que ocurriera. Parecía una idea interesante. Aunque el tiempo de la Internacional Comunista fue también el tiempo del comunismo triunfante en una gran porción de Europa. Ahora me doy cuenta que el único que podría fundar una Internacional Comunista es el Papa, porque con él a la cabeza no habría un problema de rivalidades. Cuando yo hablaba de Chávez en Brasil, eso era un punto fundamental. Efectivamente, el liderazgo de la revolución mundial es complicado, porque nos gustaría tenerlo. A mí me gustaría que hubiera de nuevo un Kominform, aunque podría mejor llamarse Papinform. Porque sí, la red informativa del Papa no tiene poder político efectivo, tiene un gran poder de opinión, puede condicionar muchísimo las opiniones públicas del mundo, sobre todo las de los cristianos.

Carlos Egaña 

Comentarios (1)

pedro tellez
18 de abril, 2016

Eso es posmodernidad: cristiano y comunista (y chavista). Estupendo.

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