Artes

Gratuitos y necesarios; por Antonio Ortuño

Por Antonio Ortuño | 26 de marzo, 2016

Gratuitos y necesarios; por Antonio Ortuño

Hace una semana se comentaban en este espacio las cifras más recientes de producción y venta de libros en el país, proporcionadas por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) y también las críticas de su dirigente, José Ignacio Echeverría, a las cuentas alegres de la pasada Encuesta Nacional de Lectura del Conaculta (hoy Secretaría de Cultura). Los números proporcionados por la Caniem muestran que los títulos de educación básica (en especial los de texto gratuito) siguen siendo, como desde hace decenios, el corazón económico del sector editorial en el país, mientras que el resto de las materias y temas sufren altibajos o de plano se han caído.

No es un asunto menor. Pensemos en la dimensión económica y cultural de que cada niño mexicano que curse los ciclos de educación básica y media reciba, cada año, un paquete de libros escolares como apoyo a los estudios de sus principales materias (y que, en una alarmante mayoría de los casos, sean los únicos libros que van a tener en la vida). Cierto es que, también cada año, o al menos con mucha frecuencia, se desatan polémicas sobre los contenidos de esos libros (tanto por lo que dicen como por lo que no o, de plano, por los yerros y erratas que los afligen). Sin ir más lejos, cíclicamente algún grupo “ultra” se queja o tijeretea los libros de ciencias naturales porque sus agremiados no están de acuerdo con que tengan un enfoque científico y no religioso (ellos dicen “moral”). Con todo, nadie que no sea un oscurantista impresentable puede sostener que sería mejor que estos libros no se entregaran.

Desde que fue fundada por el secretario de Educación (e ilustre escritor) Jaime Torres Bodet en 1959, siendo presidente López Mateos, la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (Conaliteg) ha desempeñado un papel central, y me atrevo a decir que positivo, en la educación mexicana. El primer director de la Comisión fue el gran Martín Luis Guzmán, quien, aunque tuviera una imborrable fama de vivales (hay un ensayo de Gabriel Zaid que lo manda a la lona en “Cómo leer en bicicleta”), tuvo un desempeño muy superior al de otros funcionarios de su tiempo (y el nuestro).

Ahora bien, si un programa que se estableció hace 57 años sigue operando sin cambios sustanciales (el mayor que se recuerda es que, a finales de los años noventa, se comenzaron a repartir libros también en las secundarias, cuando tradicionalmente fueron solo para primarias), algo no camina muy bien que digamos.  El modelo centralista y priista hizo agua hace decenios y, sin embargo, los textos gratuitos no han evolucionado mayormente en cuanto a estrategias y modos de elaboración, más allá de las actualizaciones de rigor de sus contenidos.

Pero hay algo más alarmante: que un tercio del mercado editorial del país dependa de ese programa. Si algún iluminado en la SEP decide cambiar el texto gratuito por unos PDF un día, colapsa la industria librera. Así, la verdad, no se puede.

Antonio Ortuño Narrador y periodista mexicano. Entre sus obras más resaltantes están "El buscador de cabezas (2006) y "Recursos Humanos" (finalista Premio Herralde de Novela, 2007). Es colaborador frecuente de la publicación Letras Libres y del diario El Informador. Puedes seguirlo en Twitter en @AntonioOrtugno

Comentarios (1)

Diógenes Decambrí.-
26 de marzo, 2016

Nunca he entendido que a estos esquemas de distribución gratuita de libros de texto para la Escuela Primaria (y vale para los otros niveles), les apliquen de manera rígida que se mantengan en propiedad privada, lo que obliga al Estado a elevados gastos cada año, para satisfacer la demanda de cada cohorte de estudiantes. Los libros deberían ser devueltos al final de cada año escolar, para ser aprovechados por los nuevos alumnos en ese nivel, y así el Estado tendría sólo que reponer los muy gastados o dañados, habría un ahorro substancial. Tan oscurantista impresentable es quien “se queja o tijeretea” los contenidos científicos, y exige que incluyan las falsedades religiosas (de SU religión exclusivamente, las otras -que son muchas- tampoco tienen derecho a participar), como quienes exijan que no distribuyan libros (los de catecismo SÍ, a toda hora y en todo lugar). Repudiar a Darwin y la teoría de la Evolución, equivale a mantener que la Tierra es plana y el Sol gira en torno a ella.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.