Actualidad

El tupé de Trump y las trompadas; por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 22 de marzo, 2016

El tupé de Trump y las trompadas; por Héctor Abad Faciolince

Es así, Trump se abre paso a las trompadas, como su nombre lo indica, y como lo acaba de señalar el mismo Marco Rubio tras perder en su feudo, Florida: su manera de actuar, de hablar y, sobre todo, de mentir, favorecen la política del rencor e impiden hacer una campaña de propuestas.

Trump enciende el resentimiento entre sus partidarios y también el odio vengativo entre sus adversarios. Con esto consigue lo que quiere: generar un ambiente de choque emotivo que lleva a todo el mundo a su propio terreno, el del insulto, al abandono de los argumentos y a la caída en un pantanero donde nadie puede tener la razón porque todos gritan. Y es ahí donde ganan los acostumbrados a chillar, no a oír razones y datos, no a discutir ideas, sino a repetir consignas aprendidas de memoria y a mostrar los colmillos con frases iracundas, falsas y efectistas.

Cualquiera que tenga suficiente experiencia en las redes sociales sabe que este es el espíritu de los tiempos: un troll como Trump, que no podría meter baza en una tribuna bien informada, y sucumbiría allí por su pobreza argumentativa y por sus chistes flojos de cantina, tiene en cambio mucho juego en la caldera irracional donde prosperan los botafuegos, los biliosos que regurgitan frases populistas. Un negacionista burdo del calentamiento global como él, que se toma fotos cuando nieva para demostrar que no existe, sería abucheado en una reunión de expertos, pero recibe más likes y más retuits que los gráficos de un profesor de MIT. Y esos likes y esos tuits, traducidos en votos, significan poder. Poder de destrucción.

Con toda la arrogancia de la supremacía de los ricos y del hombre exitoso (en alguien que manipula las cifras de sus empresas para parecer más millonario de lo que es, y que oculta sus fracasos de empresario mediocre y fraudulento), con su discurso xenófobo que incita al odio religioso y racial, con sus delirios irresponsables sobre el comercio mundial y sobre los supuestos culpables de la “decadencia” americana (entre ellos un negro, para colmo extranjero), este neo político mezquino y oportunista ha sido justamente señalado por la revista The Economist como uno de los riesgos más graves para el futuro del planeta, al mismo nivel de un aumento indiscriminado y global del terrorismo de Isis.

Que en el país más poderoso del mundo una persona vulgar, violenta, desvergonzadamente machista, groseramente nacionalista y cínicamente mentirosa, tenga tanto éxito como para llevar a un insensato así a la candidatura republicana, nos dice mucho sobre el fácil riesgo de manipulación mediática de la angustia, los miedos y los sueños de enormes masas de ciudadanos ingenuos y mal informados. Un riesgo que se corre en Estados Unidos y con mayor razón aquí mismo, donde también campean los demagogos iracundos. Por momentos, aquí y allá, tienen más repercusión los incendiarios y los agitadores vociferantes que las voces que llaman a sopesar serenamente los hechos, lo posible y lo que en ciertas circunstancias es imposible prometer sin mentir. Al final, creo, también Estados Unidos se salvará del farsante, gracias a Hillary Clinton, pero todavía estamos expuestos a un gran susto que sería un desastre planetario.

Hay una novela que les recomiendo mucho, de Philiph Roth. Se llama La conjura contra América, y en ella un candidato pronazi, el aviador Lindberg, gana, en vez de Roosevelt, las elecciones en Estados Unidos. El mundo que heredamos tras la derrota de Hitler, sería otro: esa pesadilla imaginada genialmente por la literatura. El Trump de las trompadas se parecería mucho a este espanto, a este íncubo.

Pero fuera de Hillary Clinton, en este mundo frívolo de la mediocridad y la imagen, nuestra mayor esperanza está en el peluquero de Trump. A él, y a su copete con laca, a él y a su teñido rojizo demasiado falso para que todos se lo crean, a ese horrendo tupé, como a la nariz de Cleopatra o al bigotico ridículo de Hitler, le deberemos una vez más la salvación del mundo.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (1)

Irma Sànchez de Dìaz
23 de marzo, 2016

Yo lo ùnico que les aconsejaria a las Estadounidenses, que piensen muy bien su voto, que se miren en el espejo de Venezuela, ya Uds saben como piensa y lo que dice el Sr. Trump, aqui el candidato llegò como una dulce paloma, y despuès saco el pico y las uñas y nos araño a todos,y lo peor es que llegò con votos de gente, y, que inteligente e intelectuales, que ahora dicen que no votaron por el Señor. Aùn estàn tiempo piensen a quien le dan su VOTO, despuès no se quejen, para luego es tarde. Es todo.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.